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El lado B del Lollapalooza

Durante el fin de semana se realizó una nueva edición del festival, la sexta en nuestro país. Fueron 3 días en los que el mainstream eclipsó la esencia del Lolla. Solo un puñado de artistas fuertes y consagrados como Arctic Monkeys y Lenny Kravitz, algunas sorpresas y mucho para analizar.

Desde su creación en 1991, en Chicago, este festival se presentaba como musical alternativo, comenzando por el rock  y el incipiente indie que asomaba en los Estados Unidos. Hoy parece estar un poco lejos de aquella idea original, fueron muchos los factores para ésta edición específica en nuestro país y que publicamos en Lollapalooza, el festival devaluado

Con entradas en mano y muchas ganas de ver a las principales figuras con importantes carreras en el mundo de la música como Arctic Monkeys y Lenny Kravitz había que adentrarse a un recorrido distinto al de otras ediciones. Más de 100 artistas integraban la grilla repartidos en 3 días y en una franja horaria que iba desde las 12 del mediodía hasta la 1 de la mañana. Mucho tiempo, mucha música, pero no tanto para ver como en otras ocasiones.

El mainstream, la moda, estuvo presente en los últimos años, pero como una parte del todo, no como un todo. La mitad del festival estuvo atravesado por el trap, un género que tiene sus amantes pero también sus detractores. Apuntado a un público que podría definirse en la franja etárea de los 13 a los 25 años, muchos padres asistieron con sus hijos y evidentemente la conexión musical no existió, atrás quedaron esos momentos vividos como por ejemplo un maravilloso encuentro generacional que se dio en el show de Duran Duran de 2017, donde los padres recordaron los hits de los 80´s, mientras sus hijos tocaban de oído esa etapa, pero coreaban las canciones del material más reciente de la banda de Simon Lebon.

Ahí comienza el desafío de éste festival, en intentar detectar cuáles pueden ser las propuestas más apropiadas para quienes buscan volver a sentirse identificado con el Lollapalooza y sentirlo propio, había algunas en escenarios distintos a los que dictaba el ya mencionado mainstream pero para llegar a ellas se debía buscarlas y caminar, mucho y por supuesto estar abierto a descubrirlas. Comenzando tal vez por el que fuera el show más contundente del día viernes: Twenty One Pilots, quienes brindaron un show musical muy potente, pero además con una estética increíble y un permanente ida y vuelta con el público, pocas veces visto, sorpresa para muchos que conocían la banda de oído solamente.

La presencia de artistas nacionales como Fito Páez, Juana Molina y Vicentico, más las bandas emergentes como Gativideo, Perras On The Beach, Telescopios, Salvapantallas y 1915, dieron la posibilidad de reencontrarse con clásicos y de encontrarse con nuevas propuestas que pueden llegar a ser el futuro del rock nacional que hasta el día de hoy muchos creen muerto.

Es para destacar, también, lo que fuera la presencia de la cultura brasileña, a través de Caetano Veloso junto a sus hijos Moreno, Zeca y Tom y también de Los Hermanos, uno de los principales referentes del rock brasileño, quienes brindaron muy buenos shows con una llamativa cantidad de público de Brasil, pero dando un espectáculo que hermanaba a todos los presentes  sin distinciones de nacionalidad.

Suele suceder en el festival que muchas veces se asiste por una cierta cantidad de bandas específicas que nos encantan, pero otras suelen llamar la atención y querer saber más de que se trata, una de ellas es Greta Van Fleet, siempre cuestionados como “imitadores” de Led Zeppelin. Lo cierto, es que esta banda de Centennials que rondan los 20 años, están cruzados por el rock de la vieja escuela y es posiblemente quienes no permitan ese temor a que el rock llegue a su fin, ya lo decía Neil Young en su canción «Hey Hey My My Rock and roll can never die”. Y si el cantante de Greta canta como Robert Plant y la banda tiene el estilo Zeppelin, ¿qué tiene realmente de malo?, el talento se nota, la música es muy buena y el show parte cabezas, no hay nada más que decir.

Otras shows interesantes que se vivieron fueron los de Foals, Snow Patrol; Interpol, aunque no haya sido el mejor que se les haya visto, al menos en comparación a la actuación que brindaron en la edición del 2015, pero no dejo de ser prolijo; y St Vincent con una estética impecable y por sobre todo mostrando una vanguardia admirable.

Capítulo aparte para los cuestionados desde el lanzamiento del Line Up: Lali, Lelé y La Mona Jiménez, y acá es donde se puede hablar del juego realizado por la producción. Se sabe que los tres no tienen mucho que ver con lo que representa Lollapalooza, aun así la jugada viene planteada por un lado de presentar “diversidad”, sabiendo además que el público del festival iba a criticar en las redes sociales, llenar de memes y reírse de cada uno de ellos, pero qué, finalmente en un acto de consumo irónico se acercarían a verlos, allí es donde pareciera que no se termina de cuidar a determinados artistas.

Fuera de lo musical, el festival cuenta con otras actividades que pueden realizarse, patio de comidas, Kidzapalooza para quienes van con sus niños y que cuenta con bandas de rock para chicos y clínicas de batería, guitarra y voz. Sectores de descanso y relax, Rock & Recycle que es una propuesta de reciclaje en la cual juntando botellas y latas se acredita dinero a quien realice la actividad para poder consumir dentro del predio y muchas actividades más. Obvio que para hacer todo, se necesita tiempo, que en esta edición fue mayor que en las anteriores.

Lollapalooza fue este año un recorrido alternativo, un descubrimiento constante, forzado, sí, por la escasez de propuestas para un público diverso que no necesariamente se identifica con la cultura predominante Trap. ¿Se pudo? Buscando mucho, sí, pero perdió en diversidad. Apenas finalizados los 3 días ya fue anunciada la séptima edición, esperemos que el espíritu original vuelva a hacerse presente por el bien del festival.

 

 

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