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Razones para batirse a duelo

Durante siglos muchos individuos eligieron pautar un duelo para resolver sus diferencias. Te contamos la historia de esta práctica y cuáles fueron los casos más célebres.

Se trata de un enfrentamiento mortal al que decenas de libros y películas se ocuparon de agregarle un fuerte valor romántico. Los duelos pautados por dos partes para solucionar – armas de por medio – una enemistad insalvable fueron un rito muy arraigado hasta principios del siglo XX en gran parte del planeta. Sea por motivos ideológicos, para ganarse el favor de una dama o para vengar una simple ofensa verbal, esta mezcla de caballerosidad exagerada con posibilidad de asesinato siempre resultó muy atractiva.

Hoy es común afirmar que los duelos fueron prohibidos en casi todos los territorios, siendo vigentes solo en ciertas comunidades tribales de Asia, Medio Oriente y en el estado de Texas, EE.UU, donde se lo adorna con el mote de “combate mutuo”. Sin embargo la historia de Occidente arroja el dato curioso de que en muy pocos países esta actividad fue legal alguna vez. Con muy mala prensa entre la gente y nulo apoyo oficial, los duelos fueron menos frecuentes de lo que se cree a lo largo de la Historia. «El Concilio de Trento», organizado por la Iglesia Católica en el siglo XVI, amenazó con excomulgar “no solo a los duelistas, sino también a los gobernantes y autoridades que no se ocuparan de suprimirlos”. Y es sabido que en la Europa de hace cinco siglos las decisiones de la religión tenían un peso radical. Hubo que esperar a la Revolución Industrial  para que los nuevos burgueses vieran en este desafío una forma de defender sus acomodados ideales.

Las personas que sienten añoranza por un tiempo que no vivieron suelen referirse al pasado como una época en la que la gente “tenía más valores y códigos de honor”. Esta lectura romántica en realidad ignora que el honor de los caballeros del siglo XIX y principios del XX era puro orgullo de clase, una idea que ciertos aristócratas les refregaban en la cara a otros aristócratas cuando se sentían ofendidos. Y si bien en las clases populares los duelos también existieron (la literatura gauchesca está poblada de ellos), la concepción exaltada por el relato histórico es aquella defendida por las familias patricias y los militares caprichosos. Esto dice bastante sobre cuál es la tendencia ideológica de las crónicas oficiales que triunfaron en el imaginario general.

La literatura fue en gran parte responsable de popularizar este ritual entre la gente de buena cuna. Algunos escritores no se limitaron a la ficción y llegaron a tomar armas para solucionar un conflicto. Es el caso del escritor ruso  Alexander Sergei Pushkin, un genio precoz y aventurero. A pesar de que los duelos eran ilegales en Rusia, el autor participó en varios a lo largo de su vida hasta el fatal 8 de febrero de 1837, cuando su cuñado Georges D’Anthés – quien cortejaba a escondidas a su esposa – lo hirió de muerte de un disparo en el abdomen. Aunque el poeta agonizó durante dos días terminó perdonando a su agresor en su lecho de muerte. Pushkin fue – junto con otros autores de su siglo como Dumas, Stendhal, Clarín y Chejov – uno de los impulsores de la imagen heroica de esta actividad dentro de la ficción.

Pero quizás el libro definitivo sobre el tema es «El duelo» de Joseph Conrad, que narra como un agravio aparentemente sin importancia termina enemistando para siempre a los tenientes Feraud y D’Hubert, quienes se van enfrentando durante 20 años en una serie de contiendas que tienen a las Guerras Napoleónicas como telón de fondo. Una obra maestra que sirvió de inspiración a Ridley Scott para su brillante debut cinematográfico llamado «Los duelistas» en 1977. Tanto el libro como la película retratan el momento clave en el que los duelos se popularizaron primero en Italia y Francia para luego llegar al resto de Europa y América.

Era lógico idealizar al duelo como una solución sensata a ciertos conflictos. No solo se trataba de un método de resolución mucho más veloz que los siempre lentos procedimientos jurídicos, sino que también tenía sus propios reglamentos que fomentaban la idea de que, si se hacía de una manera “civilizada”, agredir o matar a otra persona por una diferencia en apariencia insalvable estaba bien. A lo largo de las décadas cada región tuvo su propio reglamento, generalmente redactado por algún noble ávido de responder agravios mediante una violencia elegante. Lo que no solían contemplar estos instructivos era como iba a cuidarse de la ley quien saliera victorioso del encuentro, ya que para el Código Penal se trataba de un asesino sin excusa alguna.

A nivel local el primer “Manual Argentino de duelo” se publicó en 1878. Allí se especificaba que las disputas podían efectuarse con espada o pistola, que cada contrincante debía tener un ‘padrino’ que lo representara e hiciera los preparativos para el evento y que mujeres, niños, ancianos y enfermos no podían ser parte de la práctica. En total fueron más de 2400 los duelos registrados en Argentina, la mayoría en los barrios porteños de Palermo y Belgrano. De todos los enfrentamientos nacionales se destaca el de Hipólito Irigoyen contra Lisandro de la Torre ocurrido el 6 de septiembre de 1897. El futuro presidente radical no tenía idea de esgrima, por lo que se preparó a las apuradas con un profesor durante los días previos. Para sorpresa de todos logró herir en varias oportunidades a de la Torre, saliendo victorioso del encuentro. El derrotado usó una espesa barba para ocultar las cicatrices durante el resto de su vida, mientras que Irigoyen se volvió fanático de la esgrima, disciplina que practicó hasta su vejez.

Una gran cantidad de personalidades célebres se batieron a duelo en distintos periodos: el filósofo Descartes, el co-autor del «Manifiesto Comunista« Friedrich Engels y  el precoz matemático Evariste Galois son algunos de los que defendieron su honor armas de por medio (el último no salió vivo de la experiencia). Incluso hay historias tan insólitas como la de los jóvenes alemanes Hans Fallada y su amigo  Dietrich von Necker. Corría el año 1911 y la atracción sexual mutua que sentían estaba lejos de ser socialmente aceptada, por lo que los muchachos decidieron poner en escena un duelo para disfrazar lo que en realidad era un pacto suicida. Todo salió mal, ya que el primero mató a von Necker e intentó suicidarse luego con un tiro en el pecho al tomar conciencia de su crimen involuntario. El hombre sobrevivió milagrosamente, pasó por varias instituciones psiquiátricas y luego de un largo periodo de alcoholismo desarrolló una respetable carrera como escritor. Sin dudas aquel fatal incidente juvenil le sirvió de inspiración para su obra.

La hoy habitual presencia de publicidad en los medios de prensa también se decidió en un duelo. En 1836 el francés Emile de Girardín revolucionó el mundo del periodismo cuando abarató el precio de su diario La Presse al incluir auspicios pagos en sus páginas. La reacción de los demás periódicos fue hostil ante la iniciativa, ya que consideraban que la información no debía mezclase con los intereses comerciales. Uno de esos puristas era Armand Carrel, quien decidió batirse a duelo con Girardín para defender sus ideales y terminó muerto de un disparo. En pocos años todos los medios incluyeron propagandas para tener un valor más competitivo. Por lo tanto se puede decir que cada banner o molesta ventana publicitaria que asoma en internet debe su existencia a aquella bala certera que hace casi dos siglos decidió el destino de estos dos hombres. Aun siendo ilegales, los duelos se las arreglaron para tener consecuencias de largo alcance.

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