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Para gente despierta

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Existen bebidas que logran tener un grupo de adeptos, que por lo general se vuelven "casi fanáticos" de la misma y en la vereda de enfrente se encuentran aquellos a los que ese líquido no les gusta para nada.

Esto que planteamos es totalmente aplicable a la ginebra, amada por varios y no querida por otros tantos.

La ginebra nació como medicina en Holanda a fines del 1600, pero rápidamente cambió su destino al paladar de los bebedores Europeos.

Básicamente, es un destilado de granos de cebada sin tostar, aromatizado con enebro. Sin aditivos, seca y de alta graduación (entre 43 y 48 grados) pega como el martillo de Thor.

Los más afectos a esta nueva bebida fueron los ingleses durante el inicio de la Revolución industrial. Su bajo costo de producción, la hizo más popular que la cerveza en las clases bajas de Londres. El gín es una variación de la ginebra original, a la que los anglos adicionaron especias intensas, mayormente hindúes, logrando una bebida más perfumada y penetrante que la original.

La presencia del Imperio británico en tierras sudamericanas durante ese periodo fue constante, y junto con ella llego la ginebra. Se popularizó entre nuestros criollos por la misma razón que en la Londres industrial: su bajo costo y accesibilidad. Llena está la literatura argentina de referencia a la pasión que los gauchos tenían por la giniebra y su efectos posteriores. Esto se puede observar, ya que aparece de manera redundante en las líneas del Martin Fierrode José Hernández.

De los márgenes rurales se vino a las grandes urbes, donde siguió presente como trago de arraigo popular en los arrabales hasta mediados del siglo XX. Fueron los inmigrantes de la Europa latina, mas devotos al vino y los aperitivos, los que generaron nuevos patrones culturales que lentamente impactaron en su consumo, transformándolo en marginal.

Un leve repunte en el uso cotidiano de la ginebra lo genero la cultura rock durante la década del ochenta impulsado, sobre todo, por el fanatismo de Luca Podrán, líder de la banda Sumo, a este destilado transparente que usaba como mascara de otras adicciones, durante su paso por las calles y oídos argentos. Lo habitual era tomarla en vaso largo con 2 hielos y soda. Luca le dio un empujón al consumo de esta bebida, ya que fanáticos de la banda o del rock de esa época también la comenzaron a consumir.

En nuestros tiempos posmodernos, el consumo de ginebra sigue siendo bajo, opacado por el gín sajón que gana terreno en su clásica combinación con agua tónica. De cualquier modo el elixir gaucho, sigue ahí, noble, potente y agazapado, invitándonos a recuperar el orgullo de ser nosotros mismos. // Gerónimo Pirán

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