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La era de los cantautores

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Es extraño como un acontecimiento particular puede influir sobre la cultura de un país. Cuando ocurrió la tragedia de Cromañón – el 30 diciembre del año 2004 – se habló mucho del fin de una etapa en la que el rock era la música popular convocante por excelencia. El tan anticipado "estallido" del año 2001 había dejado a las grandes bandas sin ideas y era evidente que un recambio era necesario. De a poco un nuevo cancionero empezó a surgir, más cerca del intimismo que de la electricidad.

La tragedia del local de Omar Chabán hizo más rigurosas las legislaciones que regulaban los sitios para tocar música en vivo, empujando a los artistas a agudizar el ingenio. Mientras los grupos que durante los '90 llenaban estadios se separaban o se apagaban lentamente, una generación de jóvenes cantautores comenzaba a ganar espacio. Rescatando la vieja fórmula del trovador, rodeándose de instrumentaciones acústicas y apelando a géneros musicales de antaño, una propuesta musical fue tomando fuerza. Centros culturales, clubes y bares de barrio e incluso domicilios particulares acondicionados como escenarios fueron testigos del fenómeno. Algunos, como Lisandro Aristimuño y Onda Vaga, supieron ganar una popularidad importante, pero constituyen apenas la punta del iceberg.

A la hora de señalar a un "padrino" del movimiento, es inevitable no mencionar a Palo Pandolfo. Luego del sonido post-punk de Don Cornelio y la Zona el cantante ya había incursionado en la mezcla de ritmos (milonga, cumbia, folk) al frente de Los Visitantes; propuesta que llevaría a su plenitud en "A través de los sueños", su imprescindible primer disco solista del año 2001. Paralelamente Pandolfo impulsaba el colectivo poético "Los Verbonautas", gracias al cual Gabo Ferro – ex cantante de la banda hardcorde Porco y profesor de Historia – descubrió a los escritores malditos y decidió volver en solitario luego de un extenso alejamiento del mundo de la música. Sus álbumes "Canciones que un hombre no debería cantar" y "Todo lo sólido se desvanece en el aire" llamaron la atención de la crítica por lo particular de su voz y el contenido profundo de sus letras.

Otro veterano que tuvo un papel importante es Ariel Minimal, líder de Pez y ex Fabulosos Cadillacs. Además de grabar junto a Florencia Lestani y Mariano Esaín el fundamental "Flopa-Manza-Minimal" en el año 2002, el guitarrista comanda el sello discográfico Azione Artigianale, que ha editó solistas como Ferro, Flopa y Juan Ravioli.

Pero quizás el personaje que más ha hecho por fortalecer la idea de que todos estos creadores desperdigados constituyen un movimiento uniforme es Pablo Dacal. Además de su obra como cantante al frente de la Orquesta de Salón y en solitario (imperdible su disco "El Progreso"), Dacal impulsó la colaboración constante entre varios de los artistas citados, con el evento "Hay otra canción" en el Teatro Coliseo el acontecimiento más destacado. Además el músico editó el manifiesto "El asesinato del rock" explicando con agudeza en 17 puntos por qué ese género ya no constituye la única música que puede representar a la juventud de nuestro tiempo.

Por su trascendencia Lisandro Aristimuño es para muchos quien mejor representa a la nueva canción. Nacido en Viedma, Río Negro, e instalado en Buenos Aires desde el año 2001 siguiendo los pasos de su novia, este cantautor patagónico supo construir con tenacidad una carrera que conjuga rock, folklore y texturas electrónicas. Aunque su figura es una de las más originales del ámbito de la música argentina reciente, su estilo hipersensible lo hizo blanco de algunas burlas (quizás por eso su mejor disco es "Mundo Anfibio", más variado y experimental). Pero como señala Martín Graziano, autor del libro "Cancionistas del Río de la Plata", es un error creer que esta tendencia consiste solo en un puñado de cantautores acústicos y melancólicos.

Es que dentro de esta nueva canción existe una propuesta de enorme variedad. Tomi Lebrero desarrolla su particular psicodelia criolla y humorística, Lucio Mantel entrega temas folklóricos con delicados arreglos de cuerdas, Alvy Singer apuesta al jazz dixieland de la vieja escuela, y bandas como Onda Vaga y Los Campos Magnéticos (en las que participan varios de los solistas antes citados) reivindican el espíritu de fogón con sus repertorios pegajosos. También hay que señalar que las mujeres constituyen una parte fundamental en esta renovación. Las canciones de aire litoraleño de María Pien, el formato contagiosamente pop de Jimena López Chaplin, y la inquieta Paula Maffia - reversionando viejos standards con Las Taradas o haciendo temas originales con su nueva banda Orgía - son una estimulante presencia. Y finalmente invitados ilustres como Fito Páez y Kevin Johansen terminaron ayudando a todo el conjunto.

Todos estos intérpretes aceptan las más variadas influencias: música popular latinoamericana (desde Silvio Rodríguez a Jorge Drexler), tango, folklore, music-hall, la chanson francesa de los '60 y muchos rock nacional clásico. Porque más allá de los reproches, todos reconocen tener un pasado rockero que los marcó para siempre. "Otros le hablan al silencio cuando duerme el rock and roll" canta el catalán Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, imaginando que géneros como el vals, el bolero, el mambo, la cumbia, el pasodoble y otros salen a disfrutar aprovechando la tranquilidad que reina. Los nuevos compositores parecen hacerle caso y salen a atrapar melodías mientras los amplificadores están apagados.

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