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Animados y descarriados

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El lugar común señala que los dibujos animados son un terreno especialmente destinado a la niñez. Esto es bastante caprichoso, ya que originalmente nunca fueron pensados con ese fin. Probablemente sea su mezcla de libertad e imaginación lo que hizo que se los relacionara como una expresión destinada específicamente a la infancia, a pesar que siempre han tenido su costado oscuro y deforme.

Por supuesto que en los últimos años las cosas han cambiado y una multitud de animaciones extravagantes y más adultas han invadido la televisión. Durante los 90' clásicos como "La vaca y el pollito", "Ren & Stimpy", "Padre de familia" y los mismísimos Simpsons popularizaron el uso del humor absurdo, la ironía y las constantes referencias a la cultura pop. Más cerca en el tiempo esta tendencia se ha acrecentado en programas como Hora de aventuras, Rick and Morty y BoJack Horseman, en los que al tono delirante se le agregó una mirada adulta sobre muchos temas humanos y, muchas veces, existenciales.

Es necesario viajar en el tiempo para rastrear aquellas animaciones que provocaron dolores de cabeza entre los moralistas y los políticamente correctos. Uno de los primeros cartoons populares – y todo un símbolo de los comienzos del género – fue Betty Boop. Aparecida como un personaje secundario en 1926, no tardó en destacarse debido a su sensualidad y carácter espontáneo, siendo un buen ejemplo de cómo los primeros dibujos no estaban destinados al público infantil. Pero sus curvas y sus microscópicas minifaldas encontraron un fuerte oponente hacia 1934. Ese año entra en vigencia el temible "Código Hays" que ponía fuertes límites a los contenidos de las películas, todo bajo la rígida mirada moral de la Legión Nacional de la Decencia. Su vestido se alargó y sus aventuras cayeron en la ñoñez, factores que contribuyeron al declive de su popularidad.

Otro hecho que afectó notablemente el contenido de los cortos animados fue la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que las grandes empresas del rubro hicieron que sus personajes tomaran armas en el asunto. Los más veteranos seguramente recuerdan un dibujito de los estudios Warner Bros. en el que Bugs Bunny le hace la vida imposible a un japonés en una isla del Pacífico. Se trata de "Nip the nips", un ejemplo de propaganda animada en tiempos del enfrentamiento bélico. Incluso los estudios Disney, generalmente vistos como más suaves e inofensivos, no dudaron en mostrar al Pato Donald viviendo la pesadilla de trabajar en una fábrica de bombas nazis o destruyendo una base japonesa. Hay que señalar que estos filmes fueron expresamente realizados bajo la supervisión del gobierno de Estados Unidos, que financiaba los mismos.

El contenido racista de muchos cartoons no siempre estuvo ligado a periodos de guerra. Con el nombre de "Censored Eleven" se conoce a once cortometrajes de las décadas del 30' y 40' que a partir de 1968 dejaron de ser difundidos debido a que su contenido podía ser considerado ofensivo para ciertos grupos étnicos. Aunque los estereotipos más afectados son los de raza negra, también hay caricaturas referentes a esquimales y aborígenes. Hoy estos cortos son un material muy valorado por los coleccionistas. Otro personaje criticado por su tono es Speedy González, al punto de que el canal Cartoon Network decidió dejar de emitirlo en 1999, fundándose sobre todo en los amigos de "el ratón más veloz de todo México" que muchas veces aparecen como vagos y borrachos. Finalmente el personaje volvió a la pantalla gracias a que la Liga Unida de Ciudadanos Latinos lo reconoció como un icono cultural.

Donald-nazi

El otro gran tópico que suele alarmar a los moralistas es la violencia. El carácter libertario y maleable de los dibujos animados ha hecho que golpes, porrazos, explosiones y mutilaciones de todo tipo sean parte de su estética desde sus primeros tiempos. Varios maestros de la animación clásica, como Tex Avery, llevaron este recurso a límites surrealistas. Aunque los efectos nocivos de la violencia animada sobre los niños nunca han sido demostrados de un modo definitivo, se han creado dispositivos para blockear los contenidos más problemáticos para los más pequeños. La llegada de dibujos de acción violenta en los 80', como "G.I Joe" y "Transformers" reavivó este debate. Por no profundizar sobre el desembarco de los animé japoneses durante los mismos años, que suelen lidiar con temas altamente complejos desde lo sexual y psicológico.

Precisamente la ideología oculta detrás de los dibujos ha sido un tema de investigación de muchos especialistas. En el influyente ensayo "Para leer al Pato Donald" de Ariel Dorfman y Armand Mattelar se afirma: "Disney construye su fantasía imitando subconscientemente el modo en el que el capitalismo construyó la realidad y tal como desea seguir armándola". En otras palabras, son producciones que ocultan una apología del sistema. Por otro lado también se han criticado el individualismo de los superhéroes y la forma conformista en la que se representan muchos personajes femeninos.

Las polémicas en los últimos años no han cesado ya que las series se han vuelto mucho más irónicas y corrosivas. Los Simpsons han sido acusados de anti-católicos y de no promover los valores familiares (esto último dicho por George Bush padre), Ren & Stimpy de fomentar el maltrato a los más débiles, South Park de homofobia y trivializar temas como las violaciones y el sida, más un larguísimo etcétera. Pero aquellos que se sientan afectados por ver tanta acidez en estos programas no deben alarmarse tanto, pues aún es posible encontrarse en la web con capítulos completos de "Los ositos cariñosos".

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