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¿Para qué sirve un agente secreto?

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El principal motor de la acción en "Quémese después de leerse" de los hermanos Coen nace de un malentendido. Los personajes que interpretan Frances McDormand y Brad Pitt creen que la información que tienen entre manos es valiosísima y que tanto la CIA como la embajada rusa están dispuestos a pagarles una buena suma por ella. Más allá de la escasa inteligencia que muestran todo los partícipes de la historia, lo que se hace evidente al final es que casi nada tiene sentido, incluyendo el supuesto papel "normalizador" del Estado y sus agencias de vigilancia.

Ocurre que al terminar la Guerra Fría, con la desintegración de la U.R.S.S. y la caída del Muro de Berlin, muchos pronosticaron el final de las películas de espías. El comunismo era cosa del pasado y la paranoia desatada de la posguerra parecía desaparecer. Sin embargo en este siglo el espionaje cinematográfico goza de muy buena salud. A la superacción de "Misión Imposible: Nación Secreta", "Spectre" y el retorno de "Jason Bourne", últimas entregas de las más exitosas sagas del género, al retrato de un momento histórico concreto en "Puente de espías" de Steven Spielberg y al tono cómico de "Spy" y "Kingsman: The Secret Service", se le sumarán pronto estrenos como "Jack Reacher: Never Look Back" y "Bastille Day". Esto es un buen motivo para repasar temáticas y clichés de un tipo de historias que fascina al público desde hace décadas.

Autores y espías: Las raíces literarias del fenómeno ya se encuentra en novelas de misterio de la época victoriana, pero sin el trasfondo político. Será Joseph Conrad con su fundacional "El Agente Secreto" – ambientada en el marco de las luchas anarquistas de la época – quien en el año 1907 dio el puntapié inicial. Pero la temática recién se instala definitivamente luego de la Segunda Guerra Mundial. Allí serán dos los escritores que ocuparán el centro de atención: Graham Greene y John Le Carré, autores que serían adaptados al cine en numerosas oportunidades. Ambos habían sido espías por un tiempo para el gobierno inglés.

My name is Bond: Ian Fleming también había trabajado en los servicios secretos de Su Majestad, pero sus libros tuvieron un tono bien distinto al de los de Greene y Le Carré. Cuando en 1952 editó "Casino Royale" – primera aventura protagonizada por el ilustre James Bond – jamás imagino el impacto popular que causaría, introduciendo al espionaje en el inconsciente colectivo de todo el mundo. A pesar de que las novelas de 007 gozaron de gran éxito, no siempre fueron bien vistas por los académicos. Varios críticos señalaron que sus historias no tenían marco ético y que abundaban en voyerismo y sado-masoquismo. El prestigioso historiador Paul Johnson llegó a decir de Dr. No era "el libro más desagradable que había leído". Todo cambió cuando en 1961 los productores Harry Saltzman y Albert Broccoli compraron los derechos de los libros de Bond para adaptarlos al cine. Luego de un casting riguroso el escocés Sean Connery fue seleccionado para interpretar al personaje, añadiéndole un sentido del humor que estaba ausente en las novelas. A lo largo de su historia el agente recaudó más de 7 billones de dólares, mientras cambiaba periódicamente de rostro hasta llegar al recio Daniel Craig de las últimas entregas.

Héroes anónimos: Coincidiendo con la explosión de los films de Bond, en 1965 se estrenó "El espía que surgió del frío", adaptación de una novela de Le Carré que mostraba al espionaje de una forma mucho menos glamorosa. Allí Richard Burton interpreta a Alec Leamas, quien es relegado por las autoridades a llevar una vida gris como bibliotecario debido a su mal desempeño. El agente cae en la depresión y el alcoholismo, terminando como informante del comunismo alemán. Hacia el final el personaje señala que los espías son "sirvientes civiles jugando a cowboys vs. indios solo para darle algo de brillo a sus pequeñas vidas podridas". Son personas condenadas al hermetismo, en un estado de soledad y desesperación que no les permite abrir nunca su corazón, como algunos críticos señalaron sobre "Tinker Tailor Soldier Spy", estrenada aquí como 'El Topo'.

Se trata de un empleo poco confiable, ya que el gobierno no duda en soltarle la mano al espía si falla en su misión, mientras que sus logros casi siempre pasan desapercibidos para el gran público, ignorante de las verdaderas fuerzas que manejan el mundo. Esto crea una sensación de inmoralidad en el héroe, que muchas veces presiente que forma parte de algo monstruoso. "Peleamos para del lado correcto solo porque es lo que hemos elegido creer" le dice Ilsa al agente Hunt en la última "Mission: Impossible". Un desencanto que se ha ido acrecentando con los años.

Chicas pesadas: "Yo pienso que usted es un sexista, un dinosaurio misógino" le dice M, interpretada por Judi Dench, a James Bond en "Goldeneye". El género siempre abusó del recurso de damsel in distress, con las mujeres en apuros esperando a ser rescatadas por el protagonista, mientras lucían un espectacular vestuario (o carecían de él). La aparición de Dench como una figura de autoridad en la saga supuso un cambio de paradigma y hoy es común que los personajes femeninos tengan un peso equivalente al del héroe, siendo pivotales en la trama.

Hace unos meses Vanity Fair publicó un artículo con el elocuente título de "La muerte de la chica Bond es una de las mejores cosas que le ocurrieron a las mujeres en Hollywood". Es un repaso de varios de los roles femeninos del último año, que van desde la comedia pura de Melissa McCarty en "Spy" y la villana que en dicho filme interpreta Rose Byrne, hasta la talentosa Alicia Vilanker en "The Man from U.N.C.L.E.". Son personajes fuertes que empujan la acción hacia adelante, lejos del simple papel ornamental de antaño. Otros ejemplos son las divas Franka Potente, Julia Stiles y Joan Allen, que ayudaron al Jason Bourne de Matt Damon en diferentes filmes de la franquicia, y la vigorosa "Agente Salt" a la que Angelina Jolie le puso el cuerpo.

Locaciones: De Londres a Budapest, de New York a Bombay, de Paris a alguna isla del Caribe, en el cine de espías los personajes se mueven constantemente por todo el planeta, contagiándole al espectador enormes ganas de viajar. Pero estos cambios de paisajes no solo tienen un fin turístico, pues al visitar ciudades y paisajes las historias logran transmitir una sensación de conspiración global que es fundamental para el tono de las historias. Por otro lado los directores y guionistas saben aprovechar esos lugares para crear escenas espectaculares. Aquí se nota la influencia de Alfred Hitchcock, maestro en aquello de usar imponentes locaciones en la trama de sus films. ¿Qué son clásicos como "Notorious", "El Hombre que sabía demasiado" e "Intriga internacional" si no tempranos antecedentes del género?

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Parodias: Por el carácter inverosímil de muchas de sus premisas, desde ese agente secreto que poco tiene de secreto hasta lo rebuscado de los 'gadgets' que este usa, las películas de espionaje ofrecen mucho material para la parodia. Ya en los 60' el cine americano respondió al éxito de la saga Bond con su agente Derek Flint, interpretado por James Coburn en un tono fuertemente satírico. Paralelamente desde la pantalla chica El Superagente 86 se burlaba de todos los lugares comunes con inteligencia, logrando una vigencia que llega hasta nuestros días.

Muchos son los comediantes que no pudieron resistir la tentación de caerle al universo del espionaje: Leslie Nielsen en "Spy Hard", Rowan Atkinson en "Johnny English" y Mike Myers en la trilogía "Austin Powers" son algunos ejemplos. A modo de curiosidad hay que decir que Woody Allen interpretó a Jimmy Bond, sobrino del famoso agente, en la adaptación humorística de Casino Royale de 1967. Y por supuesto, no hay que olvidar el clásico "Top Secret" (1984) con Val Kilmer.

En un momento de "Kingsman: The Secret Service" Colin Firth mantiene una charla con el millonario excéntrico interpretado por Samuel L. Jackson sobre las viejas películas de Bond y ambos confiesan sus fantasías infantiles al verlas: el primero soñaba con ser un villano megalómano mientras que el segundo se imaginaba como un caballeroso espía. La escena es un notable resumen sobre el presente del género: los límites se desdibujaron y en el fondo los buenos y los malos se parecen más de lo aparente. En la era de Julian Assange y Edward Snowden la actividad no parece responder a banderas concretas, si no que forma parte de una lucha más grande cuyos verdaderos límites son difusos, con grandes decisiones que se toman frente a la pantalla de una computadora y no en una persecución de autos.

Por último hay que decir que el espionaje es una forma refinada de voyerismo, algo que lo emparenta de lleno con la naturaleza del cine. Quizás allí está la explicación del éxito de todas estas películas. Como canta Jarvis Cocker en la canción I Spy de Pulp: "And your minds are just the same as mine /except that you are clever swines /you never let mask slip / you never admit to it". A todos nos gusta espiar un poco, solo que siempre sostenemos con fuerza nuestra máscara para no admitirlo.

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