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Mucho más que terror

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Después de décadas de sufrir el ninguneo por parte de los sectores más conservadores de la crítica, el género del terror empezó a ser objeto de estudio y reconocimiento en los ámbitos académicos cinematográficos. Mientras que, desde Edgar Allan Poe en adelante, la literatura nunca tuvo problemas en incluir a las historias escalofriantes dentro de su canon, el séptimo arte ha resultado más esquivo, mirando al horror como un fenómeno menor destinado a los adolescentes y al público menos exigente.

Es cierto que los filmes de terror son baratos de producir y cuentan con seguidores cautivos que muchas veces ven los estrenos sin ningún espíritu crítico. Esto favoreció la proliferación de títulos mediocres, sobre todo a partir de la década del 80', cuando los estudios decidieron transformar en sagas repetitivas a muchos de los íconos del género. Esto terminó infantilizando la tradición forjada por grandes creadores como James Whale, George A. Romero y Darío Argento.

A pesar de este triste escenario, en los últimos años algunos directores lograron evitar la tentación de apostar solo al sensacionalismo y al aggiornamiento de viejas ideas. A continuación rescatamos algunas películas recientes que usaron los mecanismos narrativos del horror para decir algo más, ya sea con respecto a la narración audiovisual o a los claroscuros de la naturaleza humana. Producciones de distintos orígenes para asustarse, pensar e incluso emocionarse.

Let the Right One It (2008): Esta película sueca es el antídoto ideal para contrarrestar el daño que la saga "Crepúsculo" le hizo al cine de vampiros. La relación entre dos pre-adolescentes solitarios (un niño víctima del bullying y una niña adicta a la ingesta de sangre) es mostrada con una ternura insólita para el género, mientras la trama avanza con pausa pero con determinación. De esta manera la historia se entronca dentro del cine coming of age, donde los protagonistas atraviesan un conflicto fantástico para encontrar su camino a la madurez. Pero el humanismo no logra que el film olvide su atmósfera inquietante, algo a lo que la elaborada iluminación nórdica ayuda bastante. Todo desemboca en una escena final que es una verdadera lección de cine.

I Saw the Devil (2010): La idea de un policía que se obsesiona con un asesino serial luego que su novia pasa a integrar la lista de víctimas ya fue transitada varias veces, pero la intensidad que el coreano Kim Jee-Woom imprime en cada fotograma hace olvidar ese punto de partida convencional. La escalada de violencia y momentos extremos llega a puntos inverosímiles, mientras que Choi Min Sik (protagonista de "Oldboy") le presta su rostro siniestro a un villano inolvidable. Pero el 'héroe' no tarda en equiparar la maldad del criminal, desatando el tema subyacente detrás del conflicto ¿Es ética la venganza cuando nos empuja a comportarnos con una crueldad mayor a la de quien nos provocó? Como alguna vez señaló Friedrich Nietzsche: "Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."

It Follows (2014): Una de las mayores sorpresas de los últimos años fue esta historia construida a base de puro minimalismo. La joven Jay, luego de tener sexo con un muchacho durante una cita, se encuentra prisionera de una extraña maldición: "algo" - que nunca sabemos muy bien qué es - la persigue. La única manera de alejar a su misterioso acechante es acostándose con otra persona. Con esta simple consigna argumental la historia logra una gran atmósfera llena de ambigüedades. Una original actualización alrededor del tema clásico del terror sobre las complicaciones de la promiscuidad y sus lecturas morales. Para ver y discutir largamente.

Goodnight Mommy (2014): La verdad sea dicha, el guión de este film tiene una sospechosa similitud con el de "The Other", olvidada joya estrenada en 1972. De todas maneras esta historia sobre gemelos conspiradores que desconfían de la identidad de su madre tiene personalidad propia. Con escasos diálogos, sostiene el suspenso gracias a imágenes inolvidables como la de los chicos saltando en una cama elástica bajo la lluvia, una mujer en trance en medio del bosque o el sorprendente destino de una cucaracha crocante. Visualmente deslumbrante, esta anomalía made in Austria sabe muy bien que el resultado total de una buena película está hecho de pequeñas partes ensambladas con sabiduría.

A Girl Walks Alone at Night (2015): Cuando fue estrenada en el festival de Sundance esta película fue etiquetada como "el primer spaguetti western de vampiros iraní", aunque todo es una gran puesta en escena. Hablada en persa a pesar de haber sido rodada en California, la historia muestra un polvoriento pueblo en el que los hombres se dedican a saciar sus más bajos instintos. Mientras tanto una misteriosa mujer acecha por las noches ejerciendo su personal sentido de la justicia. Filmada en blanco y negro, con un soundtrack de indie-pop cuidadosamente elegido y un marcado perfil feminista, la producción podría ser acusada de ser una meticulosa operación independiente, pero su indudable originalidad la salva de todas las culpas.

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Get Out (2017): La conformación de parejas de distinto origen étnico todavía es un problema en Estados Unidos. Sin embargo, no es una complicación para Rose Armitage, la chica blanca que está ansiosa por presentar su pareja - el afroamericano Cris - a su acomodada familia. Este último se asombra ante la aceptación inmediata de los Armitage, en lo que a todas luces parece ser un fin de semana ideal. Pero ciertas conductas extrañas en la servidumbre negra y una inesperada sesión de hipnotismo empiezan a enrarecer todo. El debut como director del comediante Jordan Peele sorprendió a propios y extraños por la habilidad para introducir la problemática racial dentro de un esquema terrorífico. Y los dardos críticos aquí no caen sobre estereotipados neo-nazis o campesinos conservadores, si no sobre un grupo de adinerados progresistas.

Raw (2017): Una chica vegetariana llega a la universidad a estudiar veterinaria. Allí se reencuentra con su hermana, a la que nota bastante cambiada. En la institución conviven salvajes ritos de iniciación con un ambiente de erotismo exaltado. Aunque la prensa se hizo eco solo de las personas que se descompusieron durante su proyección en el Festival de Cannes, este film tiene mucho para decir sobre el despertar sexual entendido como necesidad de alimentarnos de los demás, mientras buscamos nuestra identidad. Estilizada y con notables actuaciones, "Raw" logra algo impensado: que el canibalismo se vea hermoso.

Existen muchos otros ejemplos de terror inteligente para recomendar. El retrato de una maternidad frustrante en "The Babadook", las chispas entre distintos estratos sociales de "Attack the Block" o los efectos del fanatismo religioso en "The Witch", también podrían estar en la lista. Títulos audaces que obedecen a la visión del fallecido Wes Craven: "En la vida real, los seres humanos se encuentran empaquetados en el más ligero de los envoltorios, amenazados por peligros reales y terroríficos, como la masacre de Columbine, pero la forma narrativa pone estos miedos en una serie de eventos manipulable y nos ofrece una forma de pensar de forma racional sobre nuestros temores".

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