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Emociones al alcance de tus dedos

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Para festejar el último Día del Orgullo LGBT Facebook incorporó a fines de junio un nuevo emoji que no tardó en hacerse viral. La página se llenó de la bandera color arco iris durante varios días, celebrando así la diversidad sexual en todo el mundo. Esta medida, que escandalizó a algunos conservadores, sirvió para evidenciar lo familiarizados que estamos con las nuevas formas de comunicación. Imágenes, símbolos e íconos de todo tipo son compartidos masivamente en móviles e internet, resumiendo sentimientos, expresiones y hasta posturas ideológicas.

Los académicos se refieren a los tiempos que vivimos como "la era de la híper-información", caracterizada por la circulación copiosa e indiscriminada de datos de todo tipo. Estos ya no provienen de unos pocos medios legitimados, si no que cualquier individuo puede generarlos y encontrar interlocutores interesados. Esta proliferación de información terminó siendo perjudicial para los textos extensos, que exigen un tiempo de lectura que el individuo contemporáneo no siempre posee. Esto propició la aparición de pequeñas unidades de expresión que responden a nombres como emoticón, emoji y meme: imágenes simples que permiten decir mucho.

Aunque la aparición del neologismo emoticón (combinación de las palabras 'emoción' e 'ícono') para designar a los símbolos expresivos que pueden crearse combinando los símbolos de un teclado es reciente, existen antecedentes de esta idea que se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. El periódico New York Times, el semanario satírico Puck y el escritor Ambrose Bierce fueron pioneros en combinar de manera intencional los caracteres tipográficos de sus máquinas de escribir para imitar algunos gestos faciales. En todos los casos se trató de ejercicios humorísticos, los cuales no tuvieron consecuencias sobre la escritura de la época.

Recién, a comienzo de los años 80' el científico informático Scott Fahlman usó una carita sonriente (smiley face) para identificar los mensajes en broma de aquellos que tenían un fin serio, a los que marcó con un pequeño rostro triste. Esto agilizó la correspondencia académica dentro de la universidad de Carnegie, Pennsylvania, por lo que rápidamente se popularizó en otras instituciones. Luego, en las primeras charlas virtuales de mediados de los 90's, los primitivos internautas y usuarios de telefonía celular empezaron a ampliar este nuevo lenguaje de signos que no ha dejado de crecer desde entonces.

A pesar que gramáticamente parece una palabra similar, emoji es un término que tiene un origen muy distinto al de emoticón. Se trata de la conjunción de dos palabras japonesas - 絵) equivale a imagen y 文字 a letra – que designan a los ideogramas y caracteres usados por los usuarios de webs y celulares del lejano oriente. En este caso, además de los signos creados desde el teclado, se fueron agregando distintas figuras y letras de alfabetos exóticos (como el cirílico) para poder expresar cada vez más situaciones sin tener que escribir palabras. Estos signos se popularizaron con velocidad en China y Corea, países que también hicieron sus aportes. Con el paso del tiempo los íconos occidentales y orientales comenzaron a mestizarse, proceso que se aceleró con la popularización global de los software de origen japonés.

Muchos de estos signos pasaron a formar parte del Unicode, que es el sistema estándar de caracteres creado para la fácil transmisión y visualización de textos en informática. Dicho de otra manera, se trata de un código universal que comprende los símbolos y grafemas que formarán parte de los sistemas operativos más populares, desde simples letras, números y signos de puntuación hasta figuras geométricas, símbolos de las distintas monedas del mundo, lenguas muertas y un largo etcétera. Con la inclusión de emoticones y emojis a esta clasificación no son pocos quienes se preguntan sobre el futuro de los alfabetos tal como hoy los conocemos. Además, a pesar de no resistir los protocolos de Unicode, a esta nube siempre creciente se le agregan los infinitos memes que circulan día a día por las redes.

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Cuando en su libro "El gen egoísta" el biólogo Richard Dawkins acuñó el término "meme" para designar a toda idea, comportamiento o estilo que se trasmite de una persona a otra dentro de una cultura, nunca imaginó el nuevo sentido que dicha palabra tendría durante la era digital. La finalidad original de este concepto era explicar la evolución de la información, entendida como algo vivo cuyos cambios pasan a formar parte de la constitución de los individuos. Para Dawkins las anécdotas, chistes, canciones, fotos, obras de arte, fotos y películas constituyen memes: unidades culturales que acarrean mensajes más allá del formato textual. Dentro del mundo web el término ha sido adoptado para definir a las imágenes y videos que se esparcen viralmente a través del mundo virtual, generalmente con un fin paródico.

Muchos educadores y académicos comienzan a preguntarse sobre los efectos que este lenguaje fragmentado tiene sobre las formas comprensivas de las nuevas generaciones. Los "nativos digitales", aquellos niños y adolescentes nacidos luego de la explosión digital, manejan los códigos de este universo sin problemas, mientras comienzan a sentirse ajenos a los textos extensos, las palabras correctamente escritas y los tiempos cansinos que exponer un sentimiento demanda para una persona de formación analógica. Incluso hay países que diseñan íconos específicos para proteger a grupos vulnerables, como una aplicación que permite el uso de emoticones relativos a violencia familiar u que ayuda a identificar a víctimas del bullying.

Mientras esto ocurre muchas personas mayores sienten confusión frente a esta abrumadora nube de símbolos regida por la funcionalidad y la inmediatez. Pero es mejor no alarmarse ante lo irreversible. Durante los minutos que implicó la lectura de este artículo una cantidad enorme de emoticones, emojis y memes de todo tipo fueron compartidos por miles de de personas de todo el mundo. Solo el tiempo dirá si en el futuro la comunicación llega a prescindir de la palabra escrita, por lo pronto pocos signos con mucho significado parece ser la norma. Será una decisión personal elegir entre adaptarse para no quedar marginado de la circulación masiva de información o presenciar con melancolía como los idiomas se desdibujan bajo la nueva jungla global de signos.

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