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La unión hace la fuerza

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Con el reciente fallecimiento de Tom Petty solo quedan dos integrantes vivos de The Travelling Wilburys. Aquel grupo formado hace 30 años era integrado nada menos que por Petty, Roy Orbison, George Harrison, Bob Dylan y Jeff Lyne, siendo estos dos últimos los únicos que aún sobreviven. Este dato, además de hacer evidente lo implacable que es el paso del tiempo, nos recuerda cómo hay músicos que al sentir el impulso de unir fuerzas en un proyecto común no dudan de hacerlo realidad. Un experimento que no siempre dio buenos resultados.

Los supergrupos, como se llama a las formaciones constituidas por solistas o integrantes de bandas previamente consagradas, son una larga tradición dentro del rock. Surgidos muchas veces por puro azar y otras como resultado de una amistad compartida, estas iniciativas suelen tener una vida breve pero intensa. De todas maneras sirven para recordarnos que más allá de los negocios millonarios existen artistas que gustan de reunirse a tocar y escribir canciones para recordar la pasión que los movía cuando eran anónimos jóvenes que soñaban con triunfar mientras ensayaban en un sucio garaje. Aquí citamos algunos de estos emprendimientos – muchos influyentes, otros algo olvidados – que reflejan el costado solidario y melómano de algunos nombres ilustres del último medio siglo de música popular.

Cream: A pesar de tratarse de un conjunto casi adolescente (sus edades rondaban entre los 21 y 26 años) ellos ya eran veteranos de la escena del blues británico que se conocían por compartir escenarios en pubs y tener largas charlas sobre música negra norteamericana. Habiendo pasado por formaciones como The Yarbirds, The Bluesbrakers, Manfred Mann y The Graham Bond Organization, Cream es inevitable a la hora de abrir cualquier lista de supergrupos. Eric Clapton. Jack Bruce y Ginger Baker formaron la banda a mediados de 1966 para investigar hasta qué punto se podían estirar las posibilidades del blues-rock mediante infinitas improvisaciones, contribuyendo a que este género creciera en complejidad técnica. Con esta misión en sus cabezas crearon clásicos como "White Room", "Sunshine of Your Love" y "I Feel Free". Este último refleja el motor principal de este power trío: pura libertad musical.

Crosby, Stills, Nash & Young: Toda regla tiene su excepción y si las bandas surgidas de la colaboración entre varios solistas duran poco este cuarteto es un ejemplo de durabilidad, aún con una trayectoria llena de intermitencias. Son una verdadera coproducción internacional: David Crosby y Stephen Stills son estadounidenses y provienen de The Byrds y Buffalo Springfield respectivamente, verdaderas instituciones dentro del country rock. A ellos que se les sumaron el inglés Graham Nash y – más adelante – el canadiense Neil Young. Los primeros tres actuaron juntos en Woodstock, consagrándose inmediatamente, pero la lucha de egos se hizo evidente. Entonces convocan a Young que, con su temperamento más oscuro, logra poner algo de equilibrio en un proyecto en el que todos cantaban. Con él graban sus mejores discos a principios de los 70'. Luego el amor por las drogas de Crosby, el éxito solista de Young y el carácter irascible de todos en conjunto volvieron su carrera más zigzagueante. De todas maneras se juntan cada tanto, ya sea como trío o cuarteto, para que los viejos hippies admiren su impecable folk vocal. Quizás por ello, a pesar de sus innumerables peleas, hoy amenazan con volver para mostrar su odio a Donald Trump.

Asia: No eran buenas épocas para el rock sinfónico a comienzos de la década del 80'. El punk y la new wave se habían encargado de demonizar a los dinosaurios progresivos como aburridos y pretenciosos, mientras estilos mucho más simples dominaban los rankings. En ese contexto John Wetton de King Crimson, Steve Howe de Yes, Carl Palmer de Emerson, Lake and Palmer y un joven llamado Geoff Downes buscaron adaptarse a las nuevas coordenadas formando Asia. En un primer momento les fue bastante bien, llegando a las radios gracias al hit "The Heat of the Moment" y emprendiendo una exitosa gira. Desgraciadamente las diferencias no tardaron en aparecer y los miembros empezaron a retornar a sus bandas originales y a emprender otras aventuras artísticas. Todo terminó de la peor manera, con una pelea legal por el nombre de la banda que hizo que en un momento hubiera dos Asia tocando en distintos escenarios del mundo. La triste conclusión parece ser que los músicos progresivos no saben divertirse.

The Power Station: En 1984 los miembros de Duran Duran estaban agotados luego de sus primeros tres años de estrellato. Entonces decidieron tomarse un descanso en el que el cantante Simon Le bon y el tecladista Nick Rodhes formaron Arcadia, mientras que el bajista John Taylor y el guitarrista Andy Taylor buscaron por un sonido más rockero con The Power Station. Para completar la banda reclutaron al sólido baterista negro Tony Thompson y a la garganta poderosa de Robert Palmer, ensayando un par de semanas en un estudio neoyorquino. Sorprendidos por los resultados se apuraron a grabar un disco que es una demostración de poderosa elegancia, sazonada con punzantes arreglos de vientos. Hasta el día de hoy canciones como "Some Like it Hot" y su versión de "Get it On" de T-Rex son infaltables en el repertorio de las radios nostálgicas al estilo Aspen.

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Temple of the Dog: Todo empezó como un homenaje. Corría 1990 y Mother Love Bone era un grupo muy respetado en Seattle, pero cuando su cantante Andrew Wood murió dejó a la naciente escena grunge desamparada. Entonces, para superar el mal momento, Chris Cornell convocó a miembros de Soundgarden y Pearl Jam para crear la mega banda Temple of the Dog, cuyo único disco es el santo grial del sonido alternativo que luego dominaría la década. Canciones con furia melancólica y largos desarrollos guitarrísticos, más la voz invitada de Eddie Weder en "Hunger Strike", son exponentes de un proyecto que no recibió la atención adecuada en su momento y hoy se revela como clásico. Aunque la gira de reunión que hicieron en 2016 hizo fantasear a muchos con nuevo material, la reciente partida de Cornell dejó la ilusión trunca para siempre, cerrando la historia de un grupo que empezó y terminó con un luto.

The Good, the Bad and the Queen: Se trata de una de las uniones más insólitas de años recientes. Gorillaz, el ambicioso proyecto animado de Damon Albarn, recluta a los ex The Clash Mick Jones y Paul Simonon para salir de gira con una orquesta multiétnica. El resultado es un suculento banquete musical en el que hay de todo: hip-hop, punk rock, brit pop, electrónica y mucho más, con el agregado de versiones de los éxitos de las dos bandas originales. Vale la pena ver los videos de su presentación, con los veteranos punks disfrazados de marineros y Albarn sonriendo satisfecho. Una colaboración que pasó algo desapercibida pero merece ser revisitada.

Este recorrido cronológico deja a muchos supergrupos afuera, sin embargo es un buen pantallazo para ver como los músicos más famosos no pueden evitar seguir compartiendo su pasión con otros colegas, incluso en espacios de tiempo libre. Un costado muy lúdico de las estrellas que por desgracia nunca suele durar más de 1 o 2 álbumes. Parafraseando al mayor éxito de The Travelling Wilburys, se trata de colaboraciones que hay que manejar con cuidado ("Handle with Care").

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