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En defensa de las brujas

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Existen recursos retóricos usados de modo caprichoso en situaciones particulares, verdaderos comodines del habla que se repiten sin conocer lo que en realidad implican. Un buen ejemplo es la expresión "caza de brujas", tan fácil de manipular que es usada tanto por personas que se sienten incomprendidas o perseguidas como por quienes buscan victimizarse frente a la opinión pública. Sin embargo la historia de la criminalización de la brujería esconde un mundo de injusticia y lucha que es importante conocer para entender el presente.

Para poder dimensionar los hechos de forma correcta es necesario apartarse de los tópicos difundidos por la cultura popular. La imagen de una anciana con sombrero y nariz aguileña inclinada sobre un caldero en el que prepara un misterioso brebaje es una construcción nacida en los grabados medievales que luego se multiplicó gracias a la literatura y al cine. Esa iconografía grotesca comenzó a difundirse en el siglo XIV, durante el momento de mayor expansión de la Inquisición, el conjunto de normas que la Iglesia Católica implementó para combatir la herejía. Un periodo oscuro de la historia occidental que comenzó con un tribunal en Languedoc, sur de Francia, para después imponerse en toda Europa y sus colonias alrededor del mundo.

Por supuesto que las historias de magia y hechicería existían desde mucho antes de la Edad Media, constituyendo una parte fundamental de la cultura de los pueblos. Quienes realizaban estas actividades tenían conocimientos prácticos en campos como la medicina, la nutrición, la botánica y la química, mucho antes que el conocimiento científico cobrara la forma académica que hoy tiene. Las mujeres representaban una gran cantidad de estas figuras de autoridad, administrando su sabiduría en las comunidades antiguas durante épocas en las que la población no tenía la oportunidad de estudiar de manera masiva, ejerciendo como parteras y consejeras.

El Cristianismo, ya institucionalizado como religión predominante, buscó terminar con todas las actividades que consideraba paganas. En un primer momento se centró en pueblos como los cátaros, en el judaísmo y en la homosexualidad, para luego ampliar su condena a aquellas mujeres que practicaban alguna forma de curandería o adivinación. Las persecuciones comenzaron en el siglo XIV, luego de una orden del pontífice Juan XXII, la cual inspiró en 1487 al clérigo alemán Heinrich Kramer para editar el texto "Malleus Malleficarum", presentándolo como el "manual definitivo sobre brujería". Aunque su contenido manipulaba tramposamente los hechos mezclándolos con la más pura superstición, se volvió un material de cabecera para inquisidores y juristas.

El texto pergeñado por Kramer impuso muchos de los mitos relativos a las brujas a pesar de ser objetado por muchos académicos de la época. Su fama se trasladó al gran público, que durante casi 200 años lo sostuvo como el libro más leído luego de la Biblia. Pueblan sus páginas ideas como la adoración de las hechiceras hacia el Diablo, su capacidad para lanzar maldiciones, volar sobre escobas, robar bebés, reunirse en aquelarres e incluso coleccionar órganos sexuales masculinos. Esto último evidencia la característica más evidente del "Malleus Malleficarum": su profunda misoginia. En un fragmento el volumen señala sin vueltas "Toda la brujería proviene de la lujuria carnal, la cual en las mujeres es insaciable" ¿A qué se debía ese temor al placer femenino?

Los motivos son mucho más complejos que el simple fanatismo religioso. En momentos en los que Estado y Religión buscaban imponer la idea del matrimonio - con el hombre en el centro - como única forma posible de familia, la existencia de muchachas independientes capaces de impartir conocimientos en una comunidad no era bienvenida. La profesora y activista italiana Silvia Federici en su libro "Calibán y la bruja" señala que el proceso jugó un papel central en el ascenso del capitalismo como sistema económico dominante al confinar a la mujer en su papel de sujeto reproductivo, algo ideal para multiplicar la fuerza de trabajo. Detrás del fuego de las hogueras y las torturas brutales se imponía una nueva forma de entender el trabajo y las relaciones de género.

Brujas

No existen cifras exactas sobre cuántas mujeres fueron asesinadas durante el periodo de la histeria anti-brujas, aunque según las fuentes solo en Europa hubo entre 30.000 y 50.000 ejecuciones, las que alcazaron su pico durante los siglos XVI y XVII. En América el fenómeno también se hizo sentir con algunos casos célebres como los juicios en la ciudad norteamericana de Salem o los asesinatos de hechiceras andinas. La falta de datos concretos evidencia cómo los estudiosos ningunearon el tema durante mucho tiempo, indistintos ante un genocidio cuyas víctimas fueron principalmente mujeres solteras campesinas. Recién en la década del 70', durante un periodo de fuerte empoderamiento femenino, se dimensionaron en su justa medida los hechos, apareciendo los primeros textos serios al respecto. Como dice Federici: "Las feministas reconocieron rápidamente que cientos de miles de mujeres no habrían sido masacradas y sometidas a las torturas más crueles de no haber sido porque planteaban un desafío a la estructura de poder".

En paralelo con los nuevos estudios académicos la cultura popular empezó a modificar la forma de retratar a las brujas. En los años 90' el éxito de series como "Charmed" y "Sabrina: la bruja adolescente" - sumado al de films como "Jóvenes brujas" - puso al mundo de los hechizos en un nuevo foco de atención. Recientemente hasta los Estudios Disney ofrecieron su visión humanizante de las villanas clásicas en "Maléfica". Estos cambios empujaron a la revista alternativa Vice a publicar un artículo titulado "¿Por qué los adolescentes aman tanto a la brujería?" en el que la socióloga Helen A. Berger, especialista en neo-paganismo, señala que cada vez más chicas se animan a salir de "closet de la escoba", interesándose en la historia de la práctica y contactándose online con gente que comparte esa pasión. Incluso la Wicca, surgida a mediados del siglo XX, es una nueva forma de brujería con sus propios rituales y un acercamiento solidario a la idea de lo mágico.

Pero la verdadera revancha no tiene nada que ver con el revisionismo crítico de personajes populares ni con formas posmodernas de entender la brujería. En el libro "El retorno de las brujas" la investigadora mexicana Norma Blázquez Graf sostiene que el acelerado crecimiento de la cantidad de mujeres que entran al ambiente de la ciencia y la investigación hoy en día es una respuesta a aquella brutal interrupción sufrida hace siglos. El conocimiento femenino, tan importante en las culturas antiguas, vuelve con fuerza a ocupar un lugar importante en el mundo. Ahora la escoba - después de todo un símbolo de los quehaceres domésticos – descansa para permitir que se celebren nuevos aquelarres. 

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