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Monos sin estribillo

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Pocas veces la crítica y el público suelen coincidir con respecto a la obra de un artista popular. "AM", el anterior álbum de Artics Monkeys, fue una esas extrañas ocasiones en las que se produjo esa coincidencia, con todo el mundo saludando al disco más variado y maduro de los que alguna vez habían sido los adolescentes más acelerados del rock inglés. Por eso la expectativa ante su nueva entrega era importante, casi exagerada. Y cuando las ilusiones son muy grandes siempre está la posibilidad de una decepción contundente.

Ya los rumores que rodearon la creación de este trabajo estaban llenos de misterio. Se sabía que Alex Turner lo compuso casi en su totalidad en un viejo piano, un cambio importante teniendo en cuenta el típico sonido guitarrero del quinteto, y que las letras tratarían temas cercanos a la ciencia ficción y al absurdo. El punto es que las ideas del cantante eran tan distintas al estilo de la banda que el guitarrista Jamie Cook le sugirió que lanzara el material como un proyecto solista. Sin embargo al final el conjunto finalmente se acopló a la idea, agregándole capas sonoras y arreglos corales. El resultado se llama "Tranquility Base Hotel + Casino" y es el lanzamiento más polémico del año.

"Star Treatment", la canción que empieza este oscuro viaje, tiene una extraña elegancia gracias a que el piano se acopla bien con el noise de las guitarras eléctricas. Pero esto no se volverá a repetir con frecuencia durante el resto del trabajo. En la letra Turner afirma "Yo solo quería ser uno de los Strokes, ahora miren el desastre que me hicieron hacer", en una doble referencia a The Strokes y a "Look What You Make Me do", el muy criticado electro-hit de Taylor Swift. A diferencia de otras estrellas que se quejan con seriedad de su condición de celebridades, el músico se pone un traje irónico intentando despegarse de sus glamorosos colegas.

La psicodelia se hace presente en "One Point Perspective", "American Sports" y vuelve más adelante para "The First Ever Monster". Justo cuando quien escucha no puede disimular su rostro desorientado aparece el tema que le da nombre al disco, lo más parecido a una canción tradicional hasta el momento, con una atmósfera cool y misteriosa que recuerda a los momentos más oscuros de Pulp. El registro jazzero y freaky continúa con distintas variantes en cada pieza: algo de soul en "Golden Trunks", un aire a David Bowie en el corte "Four Out of Five", un poco de blues en "She Looks Like Fun", canción que podría haber sido parte del disco anterior.

La balada "The Ultrachesse" cierra este álbum que seguramente le generará muchas críticas a los monos árticos. Detrás de la mezcla de música lounge y atmósfera decadente se adivina cierta intención de recrear la atmósfera de los cantantes de jazz de otro tiempo, esos que parecían estar siempre atormentados por algún romance con un whisky en la mano. Y no hay nada de malo en esto; gente como Bryan Ferry y Nick Cave construyeron carreras enteras detrás de esa búsqueda. Pero lo cierto es que la banda londinense dejó atrás los riff y los estribillos en un trabajo que para muchos es un suicidio comercial. O quizás sea uno de esos discos malditos que son comprendidos muchos años después. Por lo pronto las fanáticas hicieron una petición online para que Turner se afeite la barba. A veces las brechas que existen entre los artistas y su público son más profundas de lo que se piensa.

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