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Magia y piruetas bajo la carpa

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En el clásico "Las alas del deseo" del director alemán Win Wenders un ángel se enamora de una trapecista y decide transformarse en un hombre mortal para conquistarla. Uno de los aciertos de la película es plantear al circo como algo capaz de hechizar a un ser divino, al punto de hacerlo renunciar a esa condición. El carácter bohemio e itinerante de esta antigua forma de entretenimiento siempre despertó gran fascinación y no solo entre los ángeles.

Uno de los recuerdos más imborrables de nuestra niñez la excitación que producía la llegada de un circo a nuestro barrio o ciudad. El desfile, el armado de la carpa, la posibilidad de ver animales extraños y los trailers poblados de familias viajeras eran todo un universo que disparaba las fantasías infantiles en muchos niveles distintos. Sin embargo el mundo circense cambió en los últimos años, abandonando muchas de sus características tradicionales en favor de una apariencia más cercana al espectáculo contemporáneo, espectacular con un gran acento en lo estético.

No existe una certeza exacta sobre cuando las distintas destrezas corporales - acrobacia, contorsionismo, malabarismo – se alejaron de sus orígenes atléticos y rituales para transformarse en espectáculos de feria que convocaban un público numeroso. Se especula que hace más de 3000 años ya existían grupos de artistas trashumantes viajando de pueblo en pueblo para entretener a la población. Especialmente en la antigua China las disciplinas acrobáticas alcanzaron una gran popularidad, con espectáculos de enorme sofisticación. A los acróbatas con el tiempo fueron agregándose payasos y adiestradores de animales para enriquecer el show. Paralelamente en Grecia, Egipto, Mesoamérica e islas del Pacífico surgían troupes similares que tenían una fuerte presencia femenina, como atestiguan antiguos grabados que llegaron a nuestros días.

La palabra "circo" llegaría varios siglos después, derivada del griego kirkos, que significa círculo. Esto se relaciona con la forma circular de los escenarios en los que comenzaron a representarse estos espectáculos en la antigüedad. Aquí es donde aparece el Imperio Romano, donde se popularizó el término circus con una connotación bastante más nefasta de la que tenía hasta el momento. Ese periodo dejaría cierta carga negativa sobre el término circo, que muchas veces sería entendido como en un evento preparado por el poder de turno para distraer a las masas. Fue el poeta latino Juvenal quien acuñó la frase "pan y circo" en una de sus sátiras para describir la política populista de los emperadores de la época. La expresión aún es ampliamente utilizada.

El circo romano renunciaba al carácter viajero de los espectáculos anteriores para llevarse a cabo en gigantescos estadios (llamados "arenas") cuyas ruinas llegan hasta la actualidad. Aunque en un primer momento se destinaban sobre todo a las carreras de carruajes celebradas en coincidencia con festividades religiosas e imperiales y a otras demostraciones de destreza física, no tardaron en albergar espectáculos mucho más crueles. Las peleas entre gladiadores, sumadas a las cacerías de animales salvajes traídos de África y Asia se volvieron cada vez más habituales en eventos masivos que tenían una enorme importancia social para el imperio. Muchos siglos después la pantalla retrataría aquellos shows truculentos en innumerables filmes, desde Ben Hur a Gladiador. Se calcula que este tipo de espectáculos desaparecieron hacia el siglo IV de nuestra era. Sin embargo los clanes de acróbatas, bufones, domadores, contorsionistas y escupidores de fuego continuarían recorriendo las aldeas hasta bien terminada la Edad Media.

Los historiadores coinciden en que el periodo moderno del circo nace gracias a Phillip Astley en 1768. Este inglés amante de los trucos ecuestres creó un anfiteatro circular en el que jinetes y corceles realizaban audaces piruetas. Más tarde Andrew Ducrow introdujo clowns, magos, trapecistas y animales exóticos a ese show, dándole forma a lo que hoy entendemos como arte circense. Durante la era victoriana la popularidad de este tipo de espectáculos creció enormemente, por lo que aparecieron muchas iniciativas similares en otros países del mundo. Otras figuras de importancia fueron el italiano Giuseppe Chiarini y los franceses Louis Soullier y Jacques Tourniaire, quienes al viajar por el mundo con sus gigantescas carpas de tela (el plástico aún no existía) fueron incorporando números artístico de distintas culturas. Así fue como las ancestrales acrobacias de países como China y la India finalmente llegaron a ojos occidentales, conformándose un show cada vez más cosmopolita. Con la creación de la Escuela de Circo de Moscú en 1927 se reconocería el valor artístico de esta tradición. En la actualidad Rusia sigue siendo el país donde las artes circenses tienen mayor reconocimiento académico, siendo una alta aspiración de todo aspirante a profesional del rubro entrar en alguna de sus instituciones.

Elefantes

En las últimas décadas el circo sufrió una nueva metamorfosis. Por un lado las asociaciones contra el maltrato animal comenzaron a militar por un manejo más humano de las criaturas que participaban de los espectáculos. Varios países iniciaron investigaciones al respecto, concluyendo que las condiciones en las que viven la mayoría de los animales de los circos son insalubres, sufriendo hacinamiento, estrés y múltiples agresiones durante los entrenamientos. Los países nórdicos, Inglaterra, Estados Unidos, Grecia, Bolivia y Singapur, entre otros, impulsaron leyes que restringen radicalmente el uso de animales no domésticos en los números. Por esto es que hoy solo aquellos emprendimientos que garantizan entrenamiento a cargo de profesionales y buenas condiciones de cautiverio pueden incluir elefantes o monos entre su oferta de espectáculos.

Sumado a esto desde los '70 se popularizó un nuevo tipo de performance llamada nouveau cirque, que combina los actos tradicionales con una propuesta visual elaborada centrada en un tema concreto, incorporando danza, teatro y numerosos efectos visuales. Formada en 1984 es sin dudas la prestigiosa compañía canadiense Cirque du Soleil la que más trascendió en este nuevo estilo, transformándose con los años en una gran empresa con varios shows circulando por el mundo, varios discos exitosos editados y más de 4000 empleados.

El corazón del circo hoy late más fuerte que nunca. No porque existan carpas centenarias llegando a nuestras ciudades, si no porque numerosos jóvenes eligen a diario ese mundo de acrobacias, malabares y payasos como una forma de aprovechar el tiempo libre, ejercitarse e incluso dedicarse profesionalmente ¿Cuál es el motivo para que en plena era de la hiperconectividad virtual se produzca esta explosión de una tradición tan antigua? La respuesta no importa porque al fin y al cabo esta vigencia es la confirmación de que a las pasiones hay que entregarse sin red, como un buen equilibrista.

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