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Aires de dulce despedida

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Un disco nuevo del Indio Solari, el artista más convocante del país, siempre genera expectativas, sobre todo si pasaron cinco años de su último trabajo ("Pajaritos, bravos muchachitos") y, más aún, si en el medio el cantante anunció que tiene Parkinson.

Así, a los 69 años, el ex líder de los Redondos dio a conocer hace unos días "El ruiseñor, el amor y la muerte", un disco con quince canciones en el que sobrevuela un extraño aire cargado de melancolía, alegría y, por momentos, dulce despedida.

Para los fanáticos de Los Redondos, esperar ese disco definitivo en el que Solari vuelva al crudo sonido ricotero de los ochenta, repleto de frases que serán banderas, seguirá siendo una ilusión. Ya desde la última época de los Redondos, con trabajos como "El último bondi a Finisterre" y "Momo Sampler", el Indio mostró interés por la búsqueda de nuevos sonidos que fue encontrando en su etapa solista.

En "El ruiseñor, el amor y la muerte", Solari vuelve a cambiar el rumbo y se aleja de ese sonido repleto de capas, texturas y máquinas que mostró hace tiempo. Ahora pisa en un terreno más amable donde aparecen canciones sencillas, algunas festivas, otras más nostálgicas, con la voz al frente y las guitarras más contenidas, lejos de ese virtuosismo característico de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.

Se podría decir que es un disco más amigable al oído que no ha escuchado muchos trabajos del Indio. Las letras ya no están tan cargadas de ese componente críptico típico de su poética, aunque, obviamente, sigue trazando pasajes de misterio y ambigüedad.

En este trabajo, el Indio homenajea a las personas que lo inspiraron en su vida. Por eso la imagen de la tapa muestra a sus padres. En el interior del disco hay menciones a artistas como los cineastas Luis Buñuel, Herzog y Bergman; los músicos Wagner, Leonard Cohen, John Lennon, Bob Dylan y Frank Zappa; artistas visuales como Aubrey Beardsley, Hugo Pratt, Gustav Klimt, Xul Solar y Robert Crumb; escritores como Joseph Conrad, Jean Cocteau, Antonin Artaud, Norman Mailer, William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg, y Kurt Vonnegut; y militantes como la Pasionaria y Eva Perón, entre otros.

Las canciones son un fiel reflejo de "el amor y la muerte" que hace referencia en el título del disco. A pesar de que su biógrafo, Marcelo Figueras, dijo que el Indio tiene material para hacer varios discos más –y que tiene ganas de hacerlos–, la sensación que recorre El ruiseñor es la de un tipo que al borde de los 70 años, enfermo, con una conciencia muy clara de su finitud, empieza a despedirse, satisfecho, entre la evocación de amores pasados y la cercanía de la muerte.

De todas maneras, en el disco también hay varias canciones en donde Solari cuenta historias de personajes marginales, típicos de su literatura urbana, y en donde pinta una vez más el pulso de estos tiempos con precisión, humor e ironía.

Lejos de sus mejores trabajos solistas, "El Tesoro de los inocentes" y "Porco Rex", el Indio armó un disco sencillo y más calmo, con toques de romanticismo, y una leve melancolía que empieza a cubrir todo.

"El dolor más puro es el de haber sido tan feliz", canta, justamente, en el tema que da nombre al disco.

Por Gonzalo Ruiz

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