GK Game - шаблон joomla Joomla

Todos somos ALF

Valora este artículo
(1 Voto)

Suena el timbre de la casa, Willie se acerca a la puerta para ver quién es, son los vecinos, los Ochmonek; antes de abrirles la puerta corre a pedirle a ALF que se esconda en el garaje para que no lo vean.

Los argentinos tenemos algo que ver hoy en día con tan afamada serie y ese simpático extraterrestre de nombre de pila Gordon Shumway. El G20 golpeó nuestra puerta, Mauricio, nuestro Willie, mandó a los porteños a su garaje, a hacer turismo de fin de mes. Poca plata, no hay subte ni trenes, Tigre está demasiado lejos y la billetera también.

Si fuera tan necesario esconder la basura debajo de la alfombra al menos hubiese sido un poco más digno pagar unas mini vacaciones para ese fin de semana largo inventado, pero no, ni eso. A la vergüenza de la Argentina, los argentinos, hay que buscarles la manera más económica de que su grasitud no manche la ropa de un país tan ordenado económicamente ni perfecto como el nuestro.

Pensemos en que los principales referentes mundiales no están para nada informados de nuestra realidad, no queremos que se sorprendan viendo que hay gente de color (qué horror), ni mucho menos personas que duermen en la calle (qué horror 2). La Argentina actual es alegría, es carnaval, es el último canapé en la bandeja de una vernnisage. ¿Por qué entonces deberían ver lo malo? si siempre existen esas posibilidades de llamar gente especializada que se ocupa de mostrar banalidades en medios hegemónicos desviando la atención cual mono con platillos en un circo de poca monta.

Patricia Bullrich nuestra ministra de (in) seguridad no quiere riesgos, esos loquitos revolucionarios que deliran diciendo que hay hambre deberán aguantarse un par de días sin un plato en su mesa. No pasa nada, nadie murió por no comer dos días, mientras tengan un vasito de agua ya es suficiente. Lo dice la ciencia: el cuerpo es 70% agua, mientras se mantenga hidratado tira un par de días más, además, a fin de mes ya están acostumbrados a no comer y entre comer arroz y fideos a no ingerir alimentos ¿cuál es la diferencia?

Nuestro héroe en esta historia y principal referente, Alf, solo quería comer una cosa: a Suertudo, el gato de la familia, ese tierno y comestible animalito que nada sabía hacer, solo escapar de un extraterrestre hambriento que solo quería su cabeza. Tal vez deberíamos analizar si realmente estamos teniendo la suerte de tener una familia tan contenedora como los referentes del G20.

Mientras tanto las cuentas no estarían cerrando, el 30 de noviembre no se sabe que se debería hacer, ¿los súper estrenos de Canal 9? ¿Salida a algún parque con la familia y amigos? Ésta última no parecería ser una opción muy viable ¿cómo volveríamos si nos quitan el transporte? Por suerte tenemos los diarios que nos iluminan con sus títulos: "Pijamada, karaoke y asado: estrategias de los porteños para sobrevivir en una ciudad sitiada por el G20" y no solo eso, sino que además al momento de copiar la nota se aclara: "Este artículo fue realizado por periodistas profesionales y cuenta con Editor responsable. Te agradecemos que quieras compartirlo pero te solicitamos que lo hagas desde este link..." (link not found).

Es decir, alternativas tenemos miles, somos esos pequeños revoltosos de los cuales sus padres quieren sacárselos de encima un fin de semana para tener esas ansiadas relaciones carnales que se les vienen negando desde la llegada de sus retoños. Qué lindo cuándo éranos chiquitos y se hacían esas juntaditas a mirar pelis con los amiguitos y cuando alguien se dormía le hacíamos alguna maldad para divertirnos, lástima que estamos grandes y nos independizamos hace 202 años.

¡Karaoke, qué gran idea! No se me hubiera ocurrido nunca, imagínense, 3 días a pleno, cantando canciones, una especie de Lollapalooza casero pero con un mejor line-up: la abuela rapera, el tío borracho y los sobrinos que no pegan una letra completa. Por suerte a las 17 y después de esperar 4 horas el asado, esa comida tan nuestra estará servida en la mesa, qué envidia la de los del G20! Allá ellos con su sushi, su salmón rosé, pobrecitos, nunca tendrán la posibilidad de conocer un argentino.

Por Raúl Grimberg

Log in or create an account