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Delicias periodísticas de fin de año

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Para las fiestas el periodismo entra en modo piloto automático, las noticias pasan a temas tan trascendentes que se podrían envolver en una caja con un moñito al lado del árbol mocho reciclado cada año para navidad.

Los micrófonos están encendidos para cuánto doble de riesgo de Papá Noel se encuentre en paseos comerciales, con 40 grados a la sombra y menos kilos que hace un año producto de una alimentación poco adecuada, responden preguntas sobre las cartitas de navidad que niños ilusionados creen que serán respondidas en regalos que posiblemente nunca llegarán, el replanteo de los pequeños suele ser simple "no me habré portado bien, el año que viene lo haré mejor" (nunca pasará).

El dólar ya anda por 38, la economía no parece ayudar, o al menos el tipo de cambio para los cientos de Papás Noeles que resignados recorren jugueterías. Para colmo, los pibes quieren pirotecnia ¿para qué? Los animalitos se asustan y encima el aguinaldo se cae a pedazos en una simple explosión sin sentido. Consecuencia de esto llegan luego las noticias de padres e hijos en las guardias del hospital por que les explotó en la mano, una moda que se sigue agitando pero que nada tiene que ver con el espíritu festivo.

El servicio de transporte público también ocupará grandes espacios de difusión, innecesarios por cierto, al final la gente sacará su auto o buscará un lugar cerca para volverse caminando, los bondis no vienen nunca, los Taxis vienen todos llenos, los Uber que suben su valor según la demanda del momento salen aproximadamente la hipoteca del departamento.

En el medio de todo se anuncia con bombos y platillos que explotó el verano, y todos huyen a la playa donde tienen el gusto y placer de no descansar ya que encuentran a la misma gente que ven todos los días, pero con ojotas, Mar del Plata la más elegida para los porteños o para los mendocinos, por ejemplo, Reñaca en Chile, allí son los lugares para demostrar como las dietas han producido efectos en sus cuerpos y lucirse frente a las cámaras respondiendo preguntas tales cómo ¿hace mucho venís acá?, ¿hoy salís de noche?, ¿los chicos se divierten?, ¿cuánto sale alquilar una sombrilla?.

Pasa la primera fiesta, los espacios son ocupados por accidentes por conducir en estado de ebriedad, las familias que pegan panzadas con las sobras que quedan durante toda la semana para luego ir preparando la cena de fin de año, allí las cosas comienzan a tomar una nueva atención para nuestro destacado periodismo argentino, es ese momento único en el cual se sabe quién será el primer bebé del año. Es una noticia importantísima, dado que ese niño no solo fue el más rápido 9 meses atrás, sino que ahora bate records y es el Usain Bolt de 2019.

Analizando las tapas de los diarios año a año se observa que muchas veces nacen al mismo tiempo en una especie de carrera de mamaderas posmodernas y allí cruzan la línea de llegada al mismo tiempo. Qué difícil llegar a la conclusión de quién fue ese primero sin la ayuda del VAR.

Por eso, estos pequeños lucharán cuerpo a cuerpo, pañal contra pañal buscando ese desempate que los lleve a la gloria y el orgullo de ser el primer bebé del año.

Aquel bebé que quede en segundo lugar será sin dudas una espina que le quedará clavada en el medio del corazón por siempre, seguramente un trauma que perdurará toda su vida, solo tratable por algún psicólogo que disfrutará las mieles de esa herida abierta. A nadie le gusta ser subcampeón, de los segundo todos se olvidan, la noticia del día 1 de enero es esta fundamentalmente y lo seguirá siendo de por vida, en la velocidad de los tiempos que corren, el primer niño de cada año es un ejemplo, un modelo a seguir, una tapa de un diario, la imagen del día en la televisión, todo un rito, auténtica delicia periodística del primer día del año.

Por Raúl Grimberg Engel

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