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Elementos filtrados por fecha: Viernes, 07 Diciembre 2018

Ni pasado, ni pisado

Uno de los capítulos más recordados de Los Simpsons es aquel en el que Lisa Simpson descubre la verdad sobre Jeremías Springfield, el fundador de la ciudad. Justo cuando está a punto de revelarle a toda la población la cruel realidad sobre su admirado prócer, quien era un despiadado criminal sin moral alguna, la hermana mayor de la familia decide no hacerlo. No se siente capaz de romperle el corazón a toda la gente que encontró en Springfield un símbolo de inspiración a lo largo de los años. De una manera muy simple el programa planteaba el dilema que subyace detrás de la búsqueda de la verdad histórica.

La Historia es una de las disciplinas más complejas por lo esquivo de su objeto de estudio. El acceso a las fuentes constituye un paso ineludible para todo historiador que quiere hacer su trabajo, actividad que lo empujan a apoyarse en disciplinas como la arqueología, la archivística, la antropología y el periodismo. Cualquiera sea la forma de investigación elegida por el especialista siempre debe tener presente que el contexto en el que ocurrió el tópico de interés y la coyuntura socio-política del documento o la persona que lo registra influiyen mucho sobre la solidez del resultado final. Incluso hoy, cuando las formas de captar los hechos se multiplicaron enormemente creando la sensación de que existe un acceso fácil a los sucesos recientes, el problema de lo dificultoso que es llegar a la verdad histórica está más vigente que nunca.

El griego Heródoto es considerado el padre de la historiografía en Occidente por ser el primero que de manera razonada buscó dejar un trabajo sólido sobre un hecho concreto, en su caso las Guerras Médicas entre griegos y persas. Su influyente obra Los nueve libros de Historia comienza con la frase "Heródoto de Halicarnaso presenta aquí los resultados de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que enfrentó a estos dos pueblos". Sin embargo este trabajo fundacional fue muy criticado por muchos expertos de distintas épocas, tanto por la inclusión de anécdotas de raíz legendaria como por apartarse con frecuencia del tema central de su investigación. Tucídedes, un colega contemporáneo nacido en Atenas, no dudó en afirmar que el libro contenía historias inventadas solo con el fin de entretener. Esta clase de polémicas se repetirán numerosas veces a lo largo de los siglos.

El carácter ambiguo de los hechos históricos parece una realidad con la que hay amigarse. En el libro Genealogía de la Historia un grupo de profesores españoles concluye que "Pensar la Historia significa ser consciente de que existe una realidad histórica a la que pertenecemos, de la que dependemos, y a la que únicamente podremos parcialmente aprehender. Significa renunciar a la omnipotencia del pensamiento y dejar de creer que con él podremos captar plenamente la realidad hasta el punto de someterla". Por esto es conveniente pensar los acontecimientos como misterios antes que certezas. Usando una metáfora más pop, mientras no exista un veloz DeLorean que permita realizar viajes en el tiempo no tendremos una forma infalible de conocer ciertas verdades históricas.

Por supuesto que esta incertidumbre hace que los hechos pasados sean fácilmente manipulables, lo que es una gran tentación para aquellos sectores de poder que quieren fortalecer ciertas ideas o provocar una determinada reacción en la opinión pública. Estas tergiversaciones a veces son pintorescas, como los manuales escolares de la dictadura de Franco en España que afirmaban que Walt Disney había nacido en un pueblo andaluz bajo el nombre de José Guirao Zamora. Pero otras manipulaciones tuvieron fines más siniestros, como la CIA falseando hechos para crear climas políticos enrarecidos en las naciones sobre las que EE.UU. tuvo intereses determinados. Estas tácticas de "contrainformación" jugaron un papel central en la instauración de las dictaduras latinoamericanas. También hay casos en los que ignorar o distorsionar un acontecimiento histórico está penado por la ley, como ocurre con las declaraciones y textos que niegan el Holocausto en distintos países del mundo.

Lisa-Jeremías-Springfield

Teniendo en cuenta su agitada historia, Argentina ofrece muchos ejemplos de legitimación y posterior reescritura de acontecimientos importantes. Un buen ejemplo es lo ocurrido con el 25 de Mayo de 1810, día de la formación de la Primera Junta de Gobierno. Durante la casi totalidad del siglo XIX no existieron representaciones de aquel día histórico. Recién avanzado el periodo llamado República Conservadora empezó a crearse el imaginario visual e ideológico que hoy reconocemos como propio de la Revolución de Mayo. En la construcción de ese ideario jugó un papel fundamental el periodista y político Bartolomé Mitre, quien les señaló a varios pintores de la época cuáles eran los momentos que quería retratar y la forma en que debían hacerlo. Estas imágenes aún pueden contemplarse en el Museo Histórico Nacional hoy en día. Así es como se construye lo que conocemos como historia oficial, la que termina siendo asumida como la verdad irrefutable en los manuales escolares y documentos del estado, pasando por alto el contexto específico de la elite que la originó.

También existen personajes específicos que disparan acalorados enfrentamientos entre los historiadores, dependiendo del cristal ideológico con el que se los mire. A nivel local la tinta no ha dejado de correr a favor y en contra de Juan Manuel de Rosas (1793 - 1877). Ya el relato "El Matadero" de Esteban Echeverría - considerado como el cuento fundacional de la literatura argentina – muestra a los federales como individuos crueles que no dudan en acorralar a cualquier disidente del gobierno rosista. La historia oficial siguió esta visión durante décadas, nuevamente bajo los lineamientos de Mitre, quien subrayaba el perfil despótico del líder federal, sobre todo durante su segunda presidencia. Con la llegada de revisionistas como Manuel Gálvez, Julio Irazusta y José Luis Busaniche en los años 30' la mirada sobre los primeros años de la historia argentina cambió radicalmente, desechando los textos críticos liberales contra quien hoy adorna los billetes de veinte pesos y recuperando a los caudillos como figuras centrales de la identidad local. Luego la Revolución Libertadora volvería a demonizar la figura de Rosas, asociándola con la del derrocado Juan Domingo Perón. Incluso durante los últimos años Pacho O'Donnell se enfrentó públicamente con Federico Andahazi cuando este empezó a difundir las relaciones amorosas cuestionables del líder.  

Sin embargo los mismos protagonistas de la Historia tuvieron a veces una visión menos fanatizada que aquellos que luego se encargaron de retratar su vida y época en los libros. Quizás por ello es que Rosas reconocerá el valor del "Facundo" de Domingo Faustino Sarmiento , texto furiosamente antirosista, y lamentará que en el bando federal no exista una pluma capaz de crear un texto a la altura del de su ilustre detractor sanjuanino. "El libro del loco Sarmiento es de lo mejor que se ha escrito contra mí; así es cómo se ataca, señor; así es cómo se ataca. Ya verá usted que nadie me defiende tan bien" fueron las palabras del Restaurador luego de leer el libro. Cuando el pasado aún es presente dispara miradas que a veces los futuros investigadores no toman en cuenta. Después de todo los términos Historia e histeria están a solo una vocal de distancia.

¿Cuáles son los verdaderos hechos históricos? ¿Qué pasa cuando la historia oficial deja de serlo y el revisionismo alternativo impone su mirada? Sin saberlo Lisa Simpson estuvo ante ese dilema el día que decidió no decirle la verdad a su pueblo para no romper la tranquilidad que el relato de siempre había instaurado. Así coincidió con el periodista que investiga el mito del Lejano Oeste en el western El hombre que mató a Liberty Balance de John Ford, quien al descubrir que el héroe que supuestamente asesinó al villano del título es en realidad un cobarde sentencia "cuando la leyenda se transforma en un hecho, se imprime la leyenda". La Historia está llena de leyendas que se vuelven hechos que a su vez siguen reescribiéndose una y otra vez. Un pasado que de pisado no tiene nada.

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