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Elementos filtrados por fecha: Martes, 19 Junio 2018

Gambeteando entre libros

En una entrevista del año 1978 Jorge Luis Borges fue consultado por cuál era su opinión sobre el Mundial de Fútbol que se realizaría en Argentina unos meses después. Su respuesta fue categórica: "el fútbol es popular porque la estupidez es popular". Seguidamente recordó que autores como William Shakespeare y Rudyard Kipling se referían a este deporte con gran desdén. A pesar de ser un anglófilo confeso el autor de Ficciones señaló: "Yo creo que el haber impuesto el fútbol en el mundo es el mayor crimen cometido por Inglaterra".

Ese mismo año Ernesto Sábato se reunió con funcionarios de la Junta Militar que gobernaba el país para reprochar los gastos excesivos que se habían destinado a la realización del evento mundialista, el cual además servía de pantalla para la oscura campaña "Los argentinos somos derechos y humanos". Se trató de una de las pocas veces en la que ambos escritores - quienes se lanzaron ponzoñosos dardos en muchas oportunidades – coincidieron en algo. ¿Siempre el mundo pasional, violento y excesivo del fútbol estuvo en la vereda de enfrente con respecto al sensible universo de la literatura? Por suerte no, ya que numerosos autores se ocuparon de retratar las virtudes del deporte más popular del planeta. Incluso hubo varios que llegaron a jugarlo apasionadamente.

En el año 2006 el alemán Günter Grass - ganador del premio Nobel de literatura en 1999 – también se mostró preocupado por el mundial que se realizaría en su país, aunque por motivos menos graves que los que preocupaban a Sábato. "Encuentro a la comercialización del fútbol terrible. Ya no hay competencia justa ni en primera ni en segunda división en Alemania. Esto hace a la pelea por el campeonato algo aburrido". Luego no dudó en emprenderla contra la FIFA: "Se han asegurado de que el fútbol no sea más un deporte para la gente, si no meramente un gran negocio". El autor de El tambor de hojalata jugó como wing izquierdo durante su juventud y - según sus propias palabras - era bastante bueno.

El mismo año en el que Grass demostraba su descontento con el presente del deporte, otros literatos decidían organizarse para demostrar sus habilidades en la cancha. The Writer's League (La liga de los escritores) es una idea impulsada por Alessandro Baricco, autor de la notable novela Seda, junto a otros hombre de letras y editores que fomentan encuentros futbolísticos informales. No es casual que sea un italiano quien encabece esta iniciativa, ya que son varios los escritores de ese país que manifestaron su simpatía con el calcio. Pier Paolo Pasolini – figura controvertida como pocas – no perdía ocasión para participar de un partido cuando se le presentaba la oportunidad. Gracias a esos encuentros desarrolló un paralelismo entre el balompié y poesía: "El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa".

Otro galardonado con el Nobel que se puso los botines fue Albert Camus, quien llegó a ser arquero profesional del Racing Universitaire d' Alger durante dos años. Siendo ya un autor reconocido no dudó en afirmar "Después de muchos años en los que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol, lo aprendí con mi equipo, el RUA". El autor de El extranjero no ha sido el único que se desempeñó debajo de los tres palos, puesto que también ocuparon el creador de Sherlock Holmes, Sir Arthur Connan Doyle, y el ruso Vladimir Nabokov.

Quizás porque el azar y la espera son parte de su naturaleza, los arqueros tienen un lugar de privilegio en las páginas futbolísticas. Aunque no tiene mucho juego, con el estupendo título de El miedo del arquero frente al tiro penal el austriaco Peter Handke editó en 1970 una influyente novela en la que un ex portero de un equipo importante se ve involucrado en un impensado crimen. Un tono muy distinto caracteriza El penal más largo del mundo de Osvaldo Soriano, en el que un partido de provincia interrumpido por disturbios ocasiona que un tiro desde los doce pasos se prolongue con importantes consecuencias para los personajes.

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Soriano – todo un sinónimo del escritor futbolero - pertenece a una generación de creadores latinoamericanos que no tuvo problemas en aceptar al balón pie como una parte importante de su cultura. Ya sea desde lo narrativo, como Roberto Fontanarrosa, o desde lo ensayístico, como Eduardo Galeano y Osvaldo Bayer, en las últimas tres décadas el supuesto enfrentamiento entre fútbol y literatura fue desapareciendo. El mexicano Juan Villoro señala en su libro Dios es redondo los motivos por los cuales el cuento es el género que mejor refleja el espíritu del juego: "El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que es sí mismo su propia épica, su tragedia y su comedia. Como el balompié llega ya narrado, sus misterios inéditos suelen ser breves. El novelista no se conforma con ser un espejo, prefiere morir en otras direcciones". Eduardo Sacheri es uno de los pocos que ha logrado plasmar la pasión por la redonda en narraciones más extensas, como Aráoz y la verdad.

Los cuentos de fútbol generalmente están vinculados con el constado más pintoresco del deporte: los jugadores, los hinchas y las pequeñas hazañas o miserias que les ocurren. Pero otros apuntaron alto con relatos de enorme riqueza, como Roberto Bolaño, autor chileno exiliado en Barcelona durante la última etapa de su vida y fanático de "el Barça". A él le debemos el extraordinario Buba, un relato de goles, macumbas africanas y melancolía infinita que desentona de la tendencia festiva general al mostrar la tristeza y soledad que envuelve a muchos jugadores.

Contradiciendo las impresiones iniciales de Borges, es necesario mencionar que el inglés Nick Hornby en Fiebre en las gradas es quién mejor retrató cómo el fanatismo desmedido por un equipo puede afectar la vida personal de un hincha, pero sin evitar una mirada simpática hacia el personaje. Medio siglo antes su compatriota George Orwell – autor de clásicos como 1984 y Rebelión en la granja – escribió el artículo The Sporting Spirit, horrorizado por las conductas tribales que observaba tanto dentro como fuera del campo. Allí acuñó la difundida frase de que el fútbol es "como la guerra, pero sin los disparos". En realidad a Orwell le molestaba que el nacionalismo se mezclara con un juego que debería ser una experiencia puramente gozosa. Porque si se desnuda al fútbol de los odios, la violencia y los intereses económicos aún puede vislumbrarse ese espíritu lúdico que está presente en la infancia y que el gran periodista Dante Panzeri llamó "aquella satisfacción artesanal". Una sensación que deberíamos hacer todo los posible para recuperar.

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