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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Las puertitas del señor Lynch

Son varias las series que concluyeron sus últimas temporadas en estos meses. Los fanáticos de "Games of Thrones", "Mr. Robot" y "Westworld" – entre otros éxitos – no dejan de manifestar su impaciencia en las redes. En el medio del torbellino mediático pocos hicieron mención a la serie más original del año, que también es la más vieja en pantalla pues su primera temporada se emitió en 1990. Hablamos de "Twin Peaks", el inclasificable policial surrealista que retornó con una tercera temporada que sorprendió a su público fiel. Detrás de su extraño universo se encuentra David Lynch, uno de los realizadores más personales en actividad.

A pesar de pertenecer a la misma generación que Steven Spielberg y sus imitadores, este director nacido en Montana en 1946 poco tiene que ver con las sagas estelares y las aventuras fantásticas típicas del Hollywood de los 80'. Compartiendo con sus colegas la mirada exploradora sobre el cine clásico, se diferencia porque no realiza un reciclaje pop a la manera de George Lucas o Quentin Tarantino, si no que busca el costado alucinante de las imágenes. El séptimo arte no es un lugar para contar historias, si no una cantera llena de pesadillas para este hombre de particular peinado.

Existen varios lugares comunes a la hora de definir el estilo de David Lynch: surrealista, violento, experimental, poco amante de la linealidad narrativa y - sobre todo - onírico. Teniendo en cuenta que la comparación entre los sueños y el cine es una vieja obsesión de los críticos, su obra ha sido foco constante de ensayos al respecto, aunque él siempre se mostró reacio a todas las interpretaciones. Cuando en 1979 una estudiante le preguntó si estaba de acuerdo con quienes decían que "Eraserhead", su primer largometraje, era "un sueño sobre cosas oscuras y problemáticas" la respuesta fue contundente: "No. Ni siquiera estoy seguro de saber lo que eso significa", aunque concluyó que "Es una buena afirmación esa igual ¿No le parece?".

Una década antes de esa entrevista el joven David era un estudiante de pintura desilusionado con las academias de arte a las que había asistido. Luego de que un fallido viaje por Europa y de ser padre de Jeniffer, su primera hija, se interesó definitivamente por el cine. De todas formas nunca abandonó su primera pasión y continuó pintando con regularidad. Numerosas veces reconoció su admiración por artistas como Francis Bacon, Oskar Kokoschka y Edward Hooper, cuyas estéticas dejaron una notable influencia en su obra como cineasta.

Sin embargo, a pesar de esos comienzos dentro de la disciplina de combinar colores, sus primeras películas fueron rodadas en blanco y negro. Si en "Eraserhead" (1977) rescató el espíritu experimental del cine mudo con paisajes urbanos desolados de atmósfera de cuento de terror, para "El hombre elefante" (1980) viajó a la Inglaterra victoriana contando el calvario de uno de los freaks más célebres de la historia: Joseph Merrick. El hecho de estar basada en una historia real y de poseer un tono más tradicional no asfixió su poética personal, mostrando ahora una faceta humana muy conmovedora. De pronto este realizador de espíritu gótico y grotesco se transformó en una de las grandes promesas del cine de la época, con un estilo muy distinto al de sus contemporáneos. Esto último también explica el fracaso de "Dune" (1984), su creación más despareja en la que intentó acercarse a la ciencia ficción con poca fortuna.

Luego de este enorme traspié Lynch exigió mayor libertad, encontrado su estilo definitivo. En "Terciopelo azul" (1986) profundiza su mirada sobre ciertos géneros clásicos – particularmente el cine negro y el melodrama – deformándolos de manera novedosa, con la fundamental colaboración del músico Angelo Badalamenti, con quien trabajaría durante el resto de su carrera. En esta película también aparece su fascinación por lo que ciertos estudios culturales llaman "small town Americana". El cineasta parece sentirse cómodo retratando la vida extraña de los pequeños pueblos de la Norteamérica profunda, con su conservadurismo, sus ocultamientos y su amor por los interiores decorados con dudoso gusto. En el film la curiosidad lleva a Jeffrey (interpretado por Kyle MacLachlan, futuro protagonista de "Twin Peaks") a investigar el misterio detrás de una oreja tirada en un descampado. A partir de allí descubrirá la oscuridad latente bajo la superficie de la realidad pueblerina, con Dennis Hopper dándole vida al perverso Frank, uno de los personajes más atemorizantes de la historia del cine.

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En ese universo el realizador les permite a sus actores desempeñarse de un modo poco realista, con un registro cercano al de las telenovelas diarias y a la comedia absurda. Quizás esto es lo que lo hace aprovechar el muchas veces cuestionado estilo over the top de Nicolas Cage en "Corazón salvaje" (1990). Es una táctica que será llevada al límite en "Twin Peaks", la miniserie que marcó un hito en la ficción televisiva ese mismo año. Una vez más hay un misterio que resolver - el asesinato de Laura Palmer – y nuevamente todo se enrarecerá hasta extremos impensados. A medida que los capítulos se suceden los elementos sobrenaturales aumentan, mientras la galería de personajes excéntricos no deja de crecer. Una excentricidad que incluso es compartida por el tozudo anciano de "Una hora sencilla" (1999), su película más normal y luminosa.

Para este cineasta interesado en la naturaleza ambigua del cine y en el poder perverso de la industria que lo sostiene decidió filmar la ciudad donde la"fábrica de sueños" funciona de una manera poco convencional. "Lost Highway" (1997), "Mulholland Drive" (2001) e "Imperio" (2006) conforman una particular trilogía sobre Los Ángeles y el negocio del cine, actividad mostrada como algo casi criminal. En los tres films los protagonistas sufren dramáticas metamorfosis (en el caso del primero es literal, Bill Pullman muta en otra persona para resolver la intriga) y en todos ellos hacer películas es un asunto turbio lleno de mentiras y gangsters. Del conjunto muchos consideran "Mulholland Drive" como la historia más redonda del realizador, con Naomi Watts perdiendo su inocencia al perseguir el sueño de triunfar en Hollywood. Y si esta película ya desconcertaba al espectador con sus giros absurdos y su atmósfera pesada, "Inland Empire" directamente desafió la paciencia de todos, incluidos los fanáticos más acérrimos de Lynch, quienes terminaron con una mirada más perpleja que la de Laura Dern a lo largo de la historia.

Aunque hace 10 años que no estrena un largometraje, el hombre que alguna vez fue un argulloso boy scout se mantiene muy activo. A su pasión por la pintura y la fotografía se le suman sus discos de música ambient, sus ficciones en la web (como la sitcom metafísica "Rabbits"), las charlas sobre la importancia de la meditación trascendental y su carrera paralela como realizador de videoclips y publicidades. Ahora que el detective Dale Cooper volvió a visitar las extrañas calles de Twin Peaks el interés por la obra de David Lynch vuelve a crecer. Él afirma trabajar en su autobiografía definitiva para contrapesar "toda la porquería que se dice sobre mí ahí afuera". Habrá que esperar su publicación para enterarse pormenores de su amistad con íconos musicales como Trent Reznor, David Bowie y Eddie Vedder. Con esas amistades da gusto adentrarse en estas pesadillas tan oscuras como fascinantes.

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Rock que da pelea

Mucho se habló últimamente sobre como el rock ha perdido su lugar central como el sonido juvenil por excelencia. Géneros como la electrónica, el pop, la música latina y los distintos ritmos de raíz negra parecen ocupar un lugar en las preferencias de la nueva generación, mientras que las clásicas formaciones en las que la guitarra eléctrica estaba al frente parecen estar relegadas. En el medio de esta preeminencia de la música bailable Foo Fighters sigue enarbolando la bandera de "grupo rockero" a la antigua. Y consigue salirse con la suya.

Junto con Pearl Jam y Red Hot Chilli Peppers la banda liderada por David Grohl encarna no solo el espíritu de los 90', si no también cierta idea del rock n' roll como motor poderoso de humor y rebeldía, algo cada vez más escaso en la música popular. "Concrete and Gold" es el noveno álbum de la agrupación y los muestra furiosos, pero sin perder ese olfato para la melodía que los caracteriza. La breve intro "T-Shirt", que se presenta falsamente como una balada, deja todo servido para "Run", con su riff ideal para hacer headbanging. La canción tiene un video en el que se puede ver a los integrantes disfrazados de un grupo de ancianos rebelándose contra las normas de un asilo, destruyendo las instalaciones y molestando a unos jóvenes en un auto. Quizás así los músicos se ven a sí mismos, como sobrevivientes de un pasado que siguen dando pelea.

La batería marchosa de "Make it Right" y el pegajoso "The Sky is the Neighborhood" demuestran un acercamiento a cierto sonido más negroide. Todo este sonido poderoso parece contradecir a los dicho por los integrantes en las entrevistas anteriores al lanzamiento del trabajo, que dijeron que el disco sonaría como si "Motorhead hiciera una versión de Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band". De todas maneras la impronta Beatle se materializa físicamente, con la participación de Paul McCartney tocando la batería en "Sunday rain", tema en el que la voz líder la aporta el baterista Taylor Hawkins. Aparentemente Paul – que es buen amigo de Grohl desde que lo ayudó en su periodo de recuperación luego de una lesión que sufrió hace dos años en Inglaterra – entró al estudio y grabó su parte en solo dos tomas.

En el álbum hay varios invitados insólitos, empezando por Justin Timberlake en el citado "The Sky is the Neighborhood", el saxofonista Dave Koz en el muy gritado "La Dee Da" y Shawn Stockman, miembro de los Boiz II Men, en una extraña alianza para el oscuro tema que le da nombre al disco. Es que cierto pesimismo recorre estas 11 canciones y tiene que ver con el presente político de EE.UU. El contenido de las letras, sin ser abiertamente políticas, parecen referirse a Donald Trump: "Estoy viendo a un candidato que tiene evidente desprecio por el futuro ambiental, por los derechos de las mujeres, por lo diplomático. Tengo tres hijas que me van a sobrevivir por décadas ¿Cómo van a pasarla bien a menos que exista un cambio positivo y progresivo?" señaló el líder.

Con la ayuda del productor indie Greg Kurstin el quinteto (además de Grohl y Hawkings integrado por Pat Smear, Chris Shiflet, Nate Mendel y el recientemente incorporado tecladista Rami Jaffe) otorga un disco sólido, casi anacrónico en su factura. Ellos nos invitan a unirnos en su cruzada: "Podés correr junto a mi si quieres ¡Despierta y corre por tu vida junto a mí!". Habrá que hacerles caso.

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Legado y orgullo africanos

"A los blancos hizo Dios, a los mulatos San Pedro, y a los negros los hizo el diablo para tizón del infierno" dice un famoso verso del Martín Fierro que ejemplifica como eran vistos los habitantes de raza negra en Argentina en el siglo XIX. Muchos afirman que de esta manera José Hernández, un hombre ilustrado de buena familia, buscaba mostrar lo fuerte que seguían los prejuicios aún después de la abolición de la esclavitud. Otros hacen lecturas más incómodas. Sin embargo la herencia cultural africana está presente en nuestra vida cotidiana de mil maneras.

La vocación europeísta de historiadores y políticos argentinos siempre ninguneó a los habitantes provenientes de África y sus descendientes, aunque en el Buenos Aires de 1810 un tercio de la población era negra. Los esclavos eran traídos de Angola, Guinea y el Congo en barcos principalmente portugueses y llegaron a constituir una parte importante de la identidad local. Incluso San Martín reconocerá la valentía de los batallones de piel oscura que lucharon en las guerras por la independencia ¿Qué es lo que hizo que toda esa población fuera desapareciendo? ¿Por qué en Uruguay y Brasil su presencia es visible y en Argentina, a pesar de tener una historia muy similar, no ocurre lo mismo? Las razones son variadas y complejas.

Luego de la abolición definitiva de la esclavitud en 1853 la comunidad de color argentina siguió padeciendo distintas formas de discriminación, lo que provocó la aparición del movimiento Democracia Negra liderado por el intelectual Lucas Fernández. Este postulaba ideales socialistas varios años antes que Marx, Engels y Bakunin fundaran la Primera Internacional de los Trabajadores en Londres. Desgraciadamente hacia 1871 una gravísima epidemia de Fiebre Amarilla asoló Buenos Aires y la población negra fue la más afectada al no poder abandonar los barrios pobres del sur de la ciudad, mientras que la mayoría de las personas de origen europeo se mudaban hacia al norte bonaerense. Esto aceleró un proceso que ya había empezado durante la década anterior, cuando el enrolamiento masivo de soldados morenos para la Guerra de la Triple Alianza causó un fuerte diezmo en la colectividad afro. Luego el mestizaje con otros grupos étnicos hizo lo suyo para que los rasgos raciales fueran difuminándose. Hay que señalar que si bien en el interior la población negra no era tan numerosa, las capitales provinciales también albergaron pequeñas comunidades de ese origen.

El sociólogo Gino Germani sostiene además que el estado argentina buscó "blanquear" al país, no solo favoreciendo la inmigración europea, si no también cambiando las categorías demográficas. A mediados del siglo XIX se dejaron de usar los términos negro, moreno y de color en los relevamientos poblacionales, optando por el ambiguo "trigueño", que fue una forma de negar la africanidad argentina. De todas maneras las personas oriundas de ese rico continente siguieron llegando a nuestro país. A los descendientes de los esclavos de la época colonial se les sumaron las olas migratorias de la primera mitad del siglo XX, venidas en especial desde Cabo Verde, y la diáspora senegalesa de los últimos 20 años. Recién el censo nacional del año 2010 volvió a incluir la variable referida al origen étnico, arrojando el dato elocuente de que en más de 62.000 hogares argentinos hay al menos una persona que se reconoce como afrodescendiente, algo que en los últimos años ocasionó un proceso de revalorización de esa herencia.

Como parte de este reconocimiento al libro pionero "Cosas de negros" de Vicente Rossi, publicado originalmente en 1926, se le agregaron numerosas publicaciones esclarecedoras sobre el tema. Entre las décadas del 50' y 60' fueron importantes las investigaciones de africanistas locales como José Luis Lanuza. Pero sin duda el libro más influyente sobre el tema es "Afroargentinos en Buenos Aires" de George Reid Anderson, traducido en 1989 al español. El volumen sentó precedente para títulos como "Buenos Aires negra" de Daniel Schávelzon y el ensayo fotográfico "A los negros argentinos ¡Salud!" de Ángela Correa, ambos esenciales para cualquiera que quiera interiorizase en el tema. Más allá de estos libroos centrados en lo histórico, hay dos rubros que generaron varios textos centrados en la gran herencia africana que contienen: la lengua y la música.

Una notable cantidad de palabras que utilizamos a diario tienen raíces afro, muchas veces con el sentido ligeramente cambiado. El término mina, tan popular para referirse a una mujer de una manera genérica, proviene del dialecto angolés kimbundu, donde lejos de cualquier connotación despectiva significa "mujer amada". Otro ejemplo es mandinga, de uso corriente a la hora de referirse al diablo, un término que proviene del África occidental y quiere decir "selva". Algunas palabras no variaron tanto su sentido y son polémicas, como ocurre con mucama, que significa esclava. Otros vocablos africanos comunes son quilombo, bochinche, ganga y chongo.

Gardel y negros

Es sabido que uno de los aportes más importantes de la cultura negra en América se encuentra en la música. Desde el blues hasta el mambo - pasando por el hip-hop - se desarrollaron dentro de las comunidades afroamericanas. Esto también ocurrió en el Río de la Plata. "Tango" es una palabra que evolucionó desde tangú, término del dialecto ibibio de la zona de Níger-Congo. Literalmente significa "lugar circular cerrado" y se usaba en la América del siglo XIX para designar a los sitios donde los esclavos y sus descendientes se reunían a bailar. De hecho el tango rítmicamente tiene una fuerte base africana, que se ha ido mezclando con melodías y armonías europeas. Ese patrón rítmico es aún más marcado en la milonga y el candombe, otras dos palabras nacidas en Angola. Es importante también citar que Carlos Gardel, durante muchos años, estuvo acompañado los guitarristas negros Guillermo Barbieri y José Ricardo (ver foto). 

Son varios los nombres ilustres con sangre africana en sus venas. Desde el soldado Falucho, fusilado en 1824 por negarse a rendir honores a la bandera realista, hasta el extraordinario guitarrista de jazz Oscar Alemán, los afrodescendientes dejaron su marca en muchos ámbitos de la cultura local. El legendario pianista Horacio Salgán, el cómico Alfredo Barbieri (hijo de Guillermo y padre de la vedette Carmen), la escritora Griselda Gambaro, el arquero Héctor "Chocolate" Baley (inmortalizado por Los Piojos en "El Balneario de los Doctores Crotos") y Fidel Nadal - ex Todos tus Muertos - son otros destacados.

En una escena del film "Malcom X" de Spike Lee el protagonista se sorprende al ver las connotaciones negativas que tiene la palabra "negro" en el diccionario. "Esto debe haber sido escrito por un blanco" reflexiona sorprendido. Ese razonamiento puede aplicarse a la historia oficial argentina, que durante décadas se encargó de invisibilizar el aporte africano a nuestra identidad. Sin embargo está presente en nuestra lengua, nuestra música y costumbres. Es hora de sentirse orgullosos de ello.

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Zares, espías y astronautas

Durante el próximo año se hablará mucho sobre Rusia y los motivos no serán sociopolíticos o bélicos. La realización de la Copa Mundial de Fútbol 2018 en el país más grande del planeta nos enfrenta a lo tergiversada que está su imagen en occidente. En el imaginario popular los estereotipos rusos más difundidos comprenden rubios regordetes bebiendo vodka en un bar o espías comunistas enfrentándose a algún engominado héroe de turno. Pero esta milenaria nación tuvo un peso enorme en el desarrollo de la cultura mundial.

Independientemente de la suerte que corra el Seleccionado Argentino de fútbol, este es un buen momento para adentrarse en algunas de las curiosidades del país anfitrión. Cuna de influyentes autores y de revoluciones que cambiaron el curso de la historia, Rusia es una caja de sorpresas que nos interpela más de lo que pensamos. Aquí enumeramos algunos hechos dignos de mención de este territorio que atraviesa dos continentes.

Asiáticos y femeninos: Aunque la actual Federación Rusa tiene sus orígenes principales en pueblos eslavos ubicados en lo que hoy es Europa del Este, de los 145 millones de habitantes del país unos 42 millones se encuentran en Asia. Por ello muchos de sus habitantes (tártaros, túrquicos, kasajos, coreanos, etc) tienen rasgos no occidentales, cercanos a los de grupos étnicos orientales. La mayoría de estas personas se encuentran en zonas rurales y representan el sector más olvidado del país. Debido a la baja tasa de natalidad de las últimas décadas actualmente son muchas las políticas implementadas por el Estado para incrementar los nacimientos en esas inhóspitas regiones de la estepa. En paralelo la cantidad de población masculina que murió en la Segunda Guerra Mundial afectó sensiblemente a los porcentajes de género del territorio. Porcentualmente hay 86,8 hombres cada 100 mujeres, lo que lo transforma en el país continental con mayor población femenina del planeta.

Un imperio impenetrable: Luego de décadas de sufrir distintas invasiones durante su etapa de formación, el ilustre Iván "el terrible" se decidió a concentrar el poder en Moscú y desde allí lanzarse a ganar tierras hacia el océano Pacífico, triunfando sobre los mongoles y otros pueblos. De esta forma quedó constituido el Imperio Ruso, que regido por la figura del zar (palabra derivada del título de César usado por los romanos) se transformó en el más extenso estado cristiano del Viejo Mundo. De las distintas dinastías que ocuparon el trono fue la familia Romanov la más recordada, extendiéndose su mandato desde 1613 a 1917. Durante el periodo imperial el país participó de guerras contra el Imperio Sueco, el Imperio Otomano y - la más famosa - contra el ejército liderado por Napoleón Bonaparte, el cual llegó incluso a ocupar la capital moscovita. Sin embargo los contrataques rusos y el crudo invierno empujaron al invasor a retirarse perdiendo un 90% de sus hombres en el trámite. De todas maneras, durante el siglo XIX, el poder de los zares se debilitaría de manera inevitable, lo que desembocaría en la Revolución Bolchevique liderada por Vladimir Lenin en octubre de 1917. Este suceso marcaría a fuego la historia contemporánea.

Tierra de escritores: Los autores rusos han dejado una huella muy importante en la literatura universal, al punto tal que no es exagerado afirmar que todo lo que leemos hoy está marcado por ellos de alguna manera. A partir del siglo XIX hubo una seguidilla de escritores que dieron a luz grandes obras en distintos géneros literarios. El puntapié inicial lo dio el romántico Alexander Pushkin, al que siguieron los novelistas Fiodor Dostoyevski ("Memorias del subsuelo", "El idiota", "Crimen y castigo", "Los hermanos Karamasov"), León Tolstoi ("La guerra y la paz", "Anna Karenina", "La sonata de Keutzer") y Nicolai Gogol, maestro del relato breve. Dentro del teatro Antón Chejov ("Tío Vajnua", "La Gaviota") marcó a fuego las artes dramáticas, mientras que - durante el cambio de siglo - Konstantín Stanislavski ideó un sistema de técnicas de actuación hoy respetado por los intérpretes de todo el mundo. Con posterioridad a la Revolución Rusa, durante los años soviéticos (1922 / 1991), escritores como Boris Pasternak y Alexander Solzhenitsyn siguieron agrandando ese ilustre legado cultural, aunque con frecuencia tuvieron problemas con las autoridades.

Rojos: Quienes crecieron durante el periodo de historia contemporánea recordado como la "Guerra Fría" conocieron una imagen de los rusos muy influenciada por la propaganda anticomunista. Si bien durante la Segunda Guerra Mundial EE.UU. e Inglaterra no dudaron en aliarse con Joseph Stalin para pelear contra el enemigo común, una vez terminado el conflicto la por entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) se transformó en un fantasma ideal para asustar al ciudadano medio. Desde persecuciones concretas a personas con pensamientos de izquierda (la siniestra "Caza de brujas" de los años 50') hasta las maniobras de la CIA para derribar gobiernos latinoamericanos, sin olvidar los innumerables artículos periodísticos y novelas de espionaje alrededor de la "amenaza roja", se trató de una época en la que el Kremlin, edificio central del estado ruso, se demonizó como un centro de lavaje cerebral que buscaba minar las democracias del globo. En este contexto Hollywood jugó un papel central, con películas de fuerte carga ideológica que iban desde lo recomendable, como "El embajador del miedo" (1962), hasta lo bizarro, como "Rocky IV" (1985). La cultura popular estadounidense se alistó casi con unanimidad contra el 'peligro comunista' digitado desde Moscú. Recién con el desmantelamiento de la KGB y el Ejército Rojo – instituciones destinadas a la seguridad nacional durante los años soviéticos – cesó esta campaña de propaganda en 1991.

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Rusos en el espacio: Una consecuencia de vivir en la parte del mundo que está bajo la órbita capitalista es que muchos logros científicos de Rusia fueron soslayados. Esto es notorio respecto a los logros obtenidos por ese país durante la denominada "carrera espacial". Ya desde fines del siglo XIX la idea de viajar a las estrellas estaba presente en el imaginario ruso, como lo demuestra el trabajo pionero del físico Konstantín Tsiolkovski, quien publicó más de 500 trabajos de investigación sobre la posibilidad de realizar viajes interplanetarios antes de morir en 1935. Su labor visionaria le valió el mote de "Padre de la cosmonáutica" y fue fundamental para el desarrollo tecnológico de la nación. Cuando desde la base de Baikonur (el cosmódromo más viejo del mundo) despegó un cohete conteniendo el satélite Sputnik 1 en 1957 se trató de un hito histórico que empujó a EE.UU. a acelerar sus avances en ese campo. Un mestravesía después el Sputnik 2 viajó con el primer tripulante vivo, la famosa perra Laika, lo que le permitió a los científicos investigar el comportamiento de un organismo en el espacio. En 1961 el piloto Yuri Gagarin lideró el primer vuelo tripulado al espacio exterior y dos años después Valentina Tereshkova se transformó en la primera mujer en orbitar alrededor de la tierra, dando 48 vueltas a la Tierra a lo largo de 3 días. Aunque durante años los planes de conquista espacial quedaron en espera, recientemente Rusia afirmó que se encuentra preparando una excepcional travesía a Marte, lo que confirma su espíritu de vanguardia en el tema.

Ya desde su constitución geopolítica – una confederación compuesta por 21 repúblicas - Rusia es un territorio complejo, con varias situaciones internas sin resolver, como lo atestigua el cruento enfrentamiento con la República de Chechenia. Mientras atraviesa el cuarto mandato como presidente del polémico Vladimir Putin, hoy es una de las economías con mayor crecimiento del mundo y tiene el arsenal de armas de destrucción masiva más contundente del globo.

Los rusos también están entre los mayores consumidores de alcohol, al punto que varias políticas de Estado han intentado frenar esta tendencia. Medidas que incluyen la prohibición de la venta de bebidas etílicas los fines de semana o el aumento al doble del precio del vodka no logran impedir que un 30% de los hombres de la estepa mueran por enfermedades relacionadas con esa adicción ¿Será causa o consecuencia de su historia, tan próspera como turbulenta? Seguramente durante el año 2018, en el que debido a la Copa Mundial de fútbol todos los reflectores del mundo estarán dirigidos hacia esta tierra ancestral, la ingesta espirituosa se incrementará a cifras nunca alcanzadas. Una buena forma de resistir los crudos inviernos de la tundra y de olvidar los malos resultados deportivos.

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