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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Curiosidades de un héroe sin capa

Hace unos días falleció Stan Lee y el mundo entero no dejó de llorar la muerte del padre de la más reconocible mitología pop contemporánea. Es que este hombre nacido en 1922 en el Bronx parecía dueño de una energía inagotable, supervisando la expansión constante del MCU (Marvel Cinematic Universe), apareciendo en incontables convenciones de comics, llevando adelante su fundación benéfica para acercar la infancia a la cultura y mostrándose siempre dispuesto a defender a sus personajes como creaciones artísticas ante cualquier crítica. Como si fuera una de sus creaciones, este hombre parecía inmortal.

Durante las horas inmediatamente posteriores a su deceso todos repasaron su vida, desde sus humildes comienzos en los que solo se encargaba de rellenar los tinteros de los dibujantes profesionales hasta su ascenso como la fuerza creativa central de Marvel Cómics. Así como todo el mundo conoce su asociación con Jack Kirby y Steve Ditko para crear clásicos como  Los Cuatro Fantásticos, El increíble Hulk, Capitán América, Spiderman, Iron Man y Doctor Stranger  entre otros, también hubo aspectos curiosos que muy pocos conocen. Aquí ofrecemos 5 hechos insólitos en la vida de un creador que marcó a fuego a más de medio siglo de generaciones.

El joven que escribía obituarios: Cuando aún era un aspirante a escritor consiguió empleo en la sección fúnebre de una revista neoyorkina, especializándose en escribir textos para recordar a las estrellas que pasaban a mejor vida. Aunque esto significó ese primer ingreso de dinero tan importante para cualquier adolescente, el futuro ícono de las historietas de las historietas renunció al empleo por encontrarlo "muy deprimente".

La tinta caprichosa que cambió el destino de Hulk: Los comics son fruto del trabajo en equipo y cada historia suele involucrar la participación de varias personas. Cuando nació Hulk en 1962 además de la idea y guión de Lee participaron el dibujante Jack Kirby y el colorista Stan Goldberg . La idea original de los creadores era que el fenómeno fuera de color gris luego luego de la transformación, así nadie lo relacionaría con ningún grupo étnico. Pero todo se complicó cuando Goldber tuvo muchos problemas para lograr el color adecuado. Finalmente el monstruo solo tuvo su piel grisácea durante la primera historia, ya que su creador decidió que verde sería una tonalidad menos problemática a partir del 2do número. El resto es historia.

Sobre drogas y censura: Uno de los aportes esenciales de Stan Lee al universo del cómic fue el de incluir temas contemporáneos en sus historias, haciendo a sus personajes más humanos. En 1971, interesado en hablar sobre el creciente uso de drogas entre los jóvenes, concibió una revista en la que el mejor amigo de Spiderman se hace adicto de unas píldoras al ser ninguneado por Mary Jane. Pero esta "Trilogia de la droga" no fue bien recibida por la Comics Code Authority, un comité que regulaba los contenidos de los novelas gráficas en EE.UU. Como su reglamento prohibía cualquier alusión al consumo de sustancias (además de aconsejar no tratar tópicos problemáticos como el racismo, la libertad sexual y la violencia urbana) la asociación decidió no aprobar la publicación de la historia. En un movimiento polémico el recientemente fallecido editor puso en circulación el primer número de la trilogía a pesar de no tener el sello aprobador de la CCA. Esto terminó debilitando al organismo censor, mientras que estos capítulos son mencionados por los críticos como unos de los mejores del héroe arácnido.

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La película artística que no puedo ser: Los 70' fueron una década particular para el cine, con lo culto y lo popular relacionándose de las maneras más provocadoras. Durante esos años el pope de editorial Marvel se reunió con Alain Resnais, quién venía de dirigir clásicos de la nouvelle vague como "Hiroshima Mon Amour" y "El año pasado en Marienbad", sabiendo que era un ávido fan de los cómics desde su infancia. Ambos pautaron preparar dos proyectos que buscaban inyectarle profundidad artística al universo heroico-pop. A pesar de conseguir presupuesto para realizar una de las historias, la negativa del realizador francés a modificar el guion terminó con esa ilusión. Nunca sabremos qué tan distinto habría sido el universo cinematográfico de los superhéroes con una mirada de auteur europeo.

El día que Stan trabajo para la competencia: A pesar de ser durante décadas el rostro más representativo dentro de las autoridades de editorial Marvel, Stan Lee fue invitado a principios de este siglo a escribir algunas historias para DC Cómics, su histórica competencia editorial dentro del mundo de la historieta. La colección, que apareció en el año 2001 y fue llamada Just Imagine, supuso un retorno al trabajo creativo para "Stan The Man", quien venía de tener agudos problemas financieros a fines de los 90'. El resultado de la aventura nos deja una de las relecturas más originales de algunos de los héroes más populares de la cultura global. Gracias a su pluma Batman se transformó en un afroamericano con un traje hiperrealista, Wonder Woman en una heroína peruana que lucha contra unos saqueadores de tesoros incaicos, Superman en un kriptoniano rubio llamado Salden que no puede volar y Flash en una joven universitaria que se vuelve híper veloz gracias a que su padre científico le inyectó ADN de colibrí. Un festival de audacia que constituye una rareza absoluta que todo amante del cómic debe conocer.

Estas curiosidades sirven para redondear a este personaje talentoso, carismático, enérgico y no pocas veces polémico. Gracias a Stan Lee los cómics ganaron complejidad y matices, con personajes con los que la gente común podía relacionarse. Por algo, cuando se le pedían consejos para los jóvenes que buscaban crear sus primeros cómics sostenía que lo importante era no tener prejuicios raciales, sociales o de género. "Es totalmente irracional e insano condenar una raza entera, despreciar una nación entera o demonizar una religión entera. Tarde o temprano, si la humanidad quiere merecer su destino, deberá llenar su corazón con tolerancia" dijo poco antes de morir. Porque además del título de patriarca de los superhéroes este hombre de bigote perpetuo y gafas tiznadas puede ser llamado padre del humanismo pop. Un gran poder que conlleva una gran responsabilidad.

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El rock de la banda sonora

Está instalada la creencia general de que las bandas que solo tuvieron un periodo limitado de popularidad, los famosos one hit wonders, pasados sus 15 minutos de fama se hunden en el anonimato. Como si la vida se terminara cuando los reflectores se apagan, muchos imaginan a las viejas estrellas deprimidas, dedicándose a actividades que poco y nada tiene que ver con su pasado musical.

Pero el music bussines ofrece más oportunidades para ganarse la vida. Muchos solistas o miembros de bandas encontraron trabajos como productores, arregladores, compositores y músicos de sesión, con carreras respetables a pesar de no tener reconocimiento mediático. Otra salida atractiva la ofrece el mundo del cine, con varios creadores que - lejos del ruidoso mundo del rock y el pop - aportaron algunos de los soundtracks más reconocibles de la historia a la pantalla.

A continuación repasamos varias personalidades que se ganaron un lugar de respeto entre melómanos y cinéfilos. Algo que también nos ayudará a descubrir lo importante que es la música en el cine ¿Serían tan épicos los títulos iniciales de Star Wars sin esas rimbombantes trompetas? Porque cuando vemos una película también la escuchamos. Y mucho.

Giorgio Moroder: Algo positivo del enorme éxito de Random Access Memory de Daft Punk fue que le dedicaron una canción a este señor nacido en el norte de Italia en 1940, haciéndolo conocido entre las nuevas generaciones. Pero cuando Moroder empezó su carrera en Alemania a fines de la década del 60' su propuesta tenía el estilo beat de la época, como si fuera un Palito Ortega ítalo-germano. Cuando en 1970 descubrió los sintetizadores su carrera se volvió más experimental, lo que lo colocó en el papel de requerido productor. En ese puesto trabajó con la reina disco Donna Summers en una seguidilla de clásicos de las pista de baile.

La puerta de la consagración para Giorgio llegó en 1977, cuando creó la banda sonora de Expreso de medianoche, potente historia de un turista estadounidense prisionero en una cárcel turca. Realizada solo con sintetizadores, su trabajo mereció un Oscar al mejor soundtrack y marcó una nueva forma de musicalizar películas, centrada en el uso de instrumentos electrónicos antes que en grandes orquestas. Durante los 80' nadie le hizo sombra a la hora de crear melodías para films como tan taquilleros como Scarface, La Historia sin fin, Flashdance y Top Gun. Como si fuera poco compuso Un'statte italiana, el mítico tema del Mundial de Italia 90'. Hoy este septuagenario es un activo DJ y viaja por el mundo recibiendo premios por su trayectoria.

Mark Mothersbaugh: Quienes crecieron en los 90' recuerdan con cariño la intro de Rugrats: Aventuras en pañales. Grande será su sorpresa al enterarse que detrás de esa melodía se encuentra el lunático cantante de Devo, banda de culto de la New Wave de EE.UU. Ocurre que durante los últimos 25 años los autores Wip It solo tienen presentaciones esporádicas, por lo que sus miembros deben idear otras formas de seguir activos. Mark fue el más inteligente al fundar Mutato Múzika, sello especializado en bandas sonoras para series, películas y videojuegos.

Además de Rugrats y las tres películas derivadas de la serie, Mothersbaugh compuso la música de El mundo de Beakman, Clifford el perro rojo y Las nuevas aventuras de Félix, el gato. Pero no solo los dibujos animados se vieron bendecidos por su talento, creando sountracks para varias películas del prestigioso Wes Anderson y largo etcétera que también incluye comerciales y videojuegos como el Super Mario Bros. Un tipo prolífico.

Hanz Zimmer: El clásico Video Kill the Radio Star se transformó en un símbolo de los cambios culturales de 1979, cuando el videoclip marcaba una nueva etapa en la manera de difundir la música. Entre los miembros de The Buggles se encontraba el alemán Hans Zimmer, un joven mago de los teclados que se había mudado a Inglaterra para insertarse en la exuberante escena post punk de ese país. Pero durante la primera mitad de los 80' no tuvo suerte, teniendo que circular como músico de soporte de varias bandas pop españolas e italianas. Paralelamente fundó una modesta empresa especializada en la creación de bandas sonoras para películas independientes.

Su salto a la fama llegó en 1988, cuando compuso la música para la exitosa Rainman protagonizada por Dustin Hoffman y Tom Cruise. Inmediatamente Hollywood se sintió seducido por su capacidad para mezclar grandes orquestaciones con sonidos electrónicos, por lo que Zimmer se trasladó a Los Ángeles. Desde entonces nunca paró de trabajar. Thelma & Louise, El Rey León, Gladiiador, El último samurái y las sagas Piratas del Caribe y Batman: The Dark Knigth Trilogy, entre decenas de otros trabajos, son agunas de sus obras. Además es el jefe de la subdivisión musical de DreamWorks, uno de los estudios más importantes de los últimos 20 años. Muchos logros para este músico de Frakfurt que odiaba las clases de piano cuando era niño.

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Danny Elffman: Parece que el costado más excéntrico del post-punk fue un caldo de cultivo para muchos compositores cinematográficos. Como Mark Mothersbaugh, Danny Elffman también era cantante en una banda disparatada e inclasificable. Oingo Boingo pasó de mezclar punk y cabaret a lograr cierto éxito con un sonido más accesible a mediado de los 80'. Como el proyecto nunca superó su status de banda de culto, este frontmant pelirrojo empezó a trabajar como compositor cinematográfico para aumentar sus ingresos. En 1985 otro joven que buscaba hacerse un lugar en la industria llamado Tim Burton lo convocó para musicalizar su largometraje debut, Pee-Wee's Big Adventure. Fue el nacimiento de una gran relación personal y profesional.

Elfman no solo compuso la música de casi todos los films de Burton, también le puso la voz a Jack Skellington, personaje central de El extraño mundo de Jack. Además su estilo gótico y fantasioso se destacó en films de superhéroes como la primera trilogía de Batman, Darkman, las Spiderman dirigidas por Sam Raimi (otro de sus amigos ilustres) y las últimas entregas de Justice League. Pero sin dudas su creación más famosa es el tema de una exitosa serie animada llamada The Simpsons.

Anne Duddley: Esta chica nacida en Kent, Inglaterra, recibió desde pequeña un riguroso entrenamiento clásico. Sin embargo, siendo una veinteañera, comenzó a ganarse la vida como sesionista, trabajo gracias al que conoció a Trevorn Horn, el mismo que había triunfado con el hit Video Kill the Radio Star en 1979. Durante varios años Anne fue la mano derecha del productor, perfeccionando la técnica del sampler, que permitía crear nueva música a partir de fragmentos de otras canciones. Sus experiencias fueron adoptadas por artistas como Rod Steward, Frankie Goes to Hollywood, Robbie Williams, Tom Jones y Seal, entre otros.

Mujer inquieta y decidida, formó parte de la formación original de Art of Noise, grupo de synth-pop de enorme influencia entre mediados de los 80' y principios de los 90', además de crear varias obras orquestales para la BBC. Todo este trabajo no evitó que se transformara en una activa compositora cinematográfica, destacándose en películas como El juego de las lágrimas, Full Monty (gracias a la que ganó un Oscar) y la exitosa adaptación del musical Les Miserábles del año 2012. Un largo camino el recorrido por esta tecladista que aportó su talento al pop ochentoso y terminó aceptando el desafío de hacer cantar a Russell Crowe.

La música es uno de los recursos más importantes dentro del relato cinematográfico, pero lo tenemos tan naturalizado que rara vez advertimos su importancia. Teniendo en cuenta que el rock tiene un fuerte componente teatral, no es extraño que haya aportado su cuota de ritmo y dramatismo al Séptimo Arte por medio de estos talentosos desertores. Después de todo la única banda que nunca se separa es la banda sonora.

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Una foto que retrata al mundo entero

Una creencia muy difundida en la cultura popular es que los aborígenes americanos tenían fobia a ser fotografiados porque creían que esa acción les robaba el alma. Usada muchas veces con fines humorísticos, esta afirmación no deja de ser un reflejo de cierto acercamiento colonialista a las culturas diferentes. La antropóloga Caroline J. Marr afirmó que si bien algunas tribus del noroeste de Estados Unidos manifestaban temor frente a las máquinas de fotos, esto se debía a que pensaban que eran armas. Las muertes causadas por los rifles de los colonizadores habían diezmado a los pobladores originarios, ocasionando un justificado temor ante cualquier artefacto desconocido.

Por otro lado existe un abundante legado de arte visual precolombino que prueba que los habitantes de nuestro continente sentían, al igual que los europeos, una pulsión por retratar el mundo que los rodeaba. La necesidad de capturar la realidad que nos rodea es tan antigua como la raza humana. Desde los tempranos dibujos en las cavernas prehistóricas hasta las cientos de selfies que hoy se toman a diario, todo obedece a la urgencia de nuestra especie por atrapar instantes específicos, dejando constancia perenne de un momento o escenario memorable. Esa lucha por contrarrestar aunque sea simbólicamente el paso del tiempo es la base del espíritu fotográfico. Y la explicación de su actual vigencia.

En los últimos años, coincidiendo la posibilidad de que casi todo el mundo disponga de un artefacto para registrar imágenes, se produjo un resurgir de la técnica del daguerrotipo. Cuando Louis Daguerre presentó al público este mecanismo en 1839, luego de perfeccionarlo durante muchos años basándose en técnicas como la camera oscura, nunca pensó en sus posibilidades artísticas y mediáticas. En el París posterior a la Revolución Industrial los inventores fascinados por las nacientes maravillas técnicas solían pensarse más cerca de la ciencia que del arte. Sin embargo personalidades como Charles Baudelaire denunciaron al nuevo invento como una abominación que venía a remplazar a la pintura y un periódico alemán conservador calificó al invento de "diabólico artificio francés". El temor de muchos europeos ante esta novedad era más irracional que las futuras sospechas de los nativos americanos.

El reinado del daguerrotipo – que necesitaba de una prolongada exposición de la imagen para que esta quedara fijada en una única lámina de plata – duró solo 20 años. Para la segunda mitad del siglo XIX máquinas cada vez más baratas y livianas empezaron a popularizar la fotografía. Pero el mayor cambio que trajeron estos avances fue la posibilidad de hacer numerosas copias de lo registrado, lo que marcó un cambio en la forma de difundir y consumir imágenes. Hasta entonces solo los monarcas, políticos y aristócratas tenían la posibilidad de retratarse, pero ahora las clases populares también accedieron a sesiones fotográficas, las cuales se asumieron como un lujoso ritual. Coleccionar momentos dentro de un libro especialmente diseñado para tal fin generó en las personas una forma totalmente nueva de acercarse al pasado. A partir de entonces el álbum de fotos familiar fue un objeto infaltable en cualquier casa, un archivo de consulta y nostalgia.

En las fotografías primitivas las personas aparecían posando de una manera ceremonial, muchas veces acompañadas de una modesta puesta en escena decidida por el fotógrafo. Esto obedecía a la aún fuerte influencia que los retratos pintados ejercían sobre la nueva disciplina, pero también a cierta necesidad de ficcionalizar la realidad. Este fenómeno es el centro de uno de los debates preferidos por los académicos que escribieron sobre esta disciplina: ¿Hasta qué punto es confiable la supuesta objetividad del registro fotográfico? Actualmente, cuando existen miles de formas de intervenir las imágenes al alcance de la mano, esta ambigüedad está más presente que nunca. Ya en la década del 70, Susan Sontag lo había sentenciado: "La fotografía no se limita a reproducir lo real, lo recicla".

Esa ilusoria sensación de verosimilitud fue rápidamente aprovechada por el periodismo. Hasta 1850 los diarios y revistas depositaban la parte visual de sus páginas en ilustradores y grabadores. Si bien la Guerra Civil de Estados Unidos (1861 – 1865) ya había sido registrada por fotógrafos especialmente enviados para cubrir el acontecimiento, hubo que esperar dos décadas para que el recurso se constituyera en infaltable en los periódicos más prestigiosos del mundo. La mayor liviandad de los nuevos artefactos junto a avances como la invención del flash en 1887 fueron de enorme importancia, mejorando la calidad de los registros para que las imprentas pudieran incluirlos entre los textos con más nitidez. Al año siguiente Jacob Riibs, dinamarqués afincado en Estados Unidos, publicó el libro How Lives the Other Half (Cómo vive la otra mitad), un retrato de los habitantes más pobres de Nueva York que es considerado fundacional dentro del fotoperiodismo, además de ser una confirmación de su poderío como documento social.

Fotografía

Se puede repasar el siglo XX ubicando de manera cronológica una serie de fotografías icónicas. El rostro de una madre migrante durante la Gran Depresión retratado por Dorothea Lange, el desembarco de Normandía registrado por Robert Capa, un monje budista inmolándose capturado por Malcolm Browne, una niña huyendo del napalm en Vietnam según la lente de Huynh Cong Ut o un buitre observando la agonía de un niño africano en la famosa foto tomada por Kevin Carter, son momentos que resumen una historia turbulenta. Pero el gigantesco fresco que conforman estas instantáneas no está exento de polémicas, como la puesta en duda de la verosimilitud de algunas fotos famosas (como Muerte de un miliciano de Capa)  o el dilema moral que implica la no intervención del fotógrafo frente a la situación monstruosa que retrata.

Actualmente la fácil intervención de lo fotografiado que permite la tecnología digital pone en cuestión al fotoperiodismo. En el año 2012 la premiada captura de una procesión fúnebre en el territorio de Gaza ocupado por las tropas israelíes, obra del suizo Paul Hansen, fue sometida a peritaje por parte de la prestigiosa World Press Photo. Todo indica que la imagen es una composición de varias capturas, provocando un debate sobre los límites éticos de presentar una fotografía como real cuando ha sido modificada. Una polémica vigente teniendo en cuenta que la práctica de aplicar filtros y 'retoques' a todo lo fotografiado es casi universal.

De todas maneras la riqueza de las imágenes siempre va a depender más de quien observa que de quien las toma. En este sentido es ejemplar la lectura que el filósofo alemán Walter Benjamin – otro fascinado por esta disciplina durante la década del 30' – hace de una foto del niño Franz Kafka. En ella se observa al futuro escritor con una mirada melancólica en una escenificación pretendidamente exótica. "En su tristeza sin riberas esta imagen ofrece un contraste con aquellas primeras fotografías en la que los hombres todavía no miraban el mundo con tanto desarraigo y abandono como aquel muchacho" sostiene el pensador. Benjamin intuye todas las desgracias que el futuro traería sobre el ser humano a partir de esa instantánea desoladora del autor de La metamorfosis ¿Qué conclusión sacaría de las cientos de selfies radiantes que se comparten hoy desde celulares, en facebook, Instagram o Twitter? Quizás toda esa impostada felicidad encierra algo más que una forma de compartir momentos, buscando distraer(nos) del horror del mundo.

En el relato "Del rigor de las ciencias" Jorge Luis Borges imagina a un grupo de cartógrafos que realiza un mapa tan preciso de un Imperio que llega a tener el mismo tamaño de este, registrando cada montaña, cada valle, cada recóndito rincón. Como fruto de esta meticulosidad los habitantes piensan el mapa como una realidad concreta, olvidándose que es solo una representación. Quizás si hoy unimos como un puzzle todas las fotos de todos los formatos que se toman todos los días en los más distintos sitios y situaciones, se pueda hacer real esta fantasía borgeana. El resultado final sería una gran fotografía que retrata al mundo entero. El dilema es que quizás tendría que ver muy poco con lo real.

El beatle incansable

¿Se puede decir algo nuevo después de más de 55 años de carrera? La respuesta más evidente es que es muy difícil que esto pase. La carrera solista de Paul McCartney no da señales de detenerse a casi 5 décadas de la separación de la banda que lo llevó a la inmortalidad. Cuando pasan unos años desde su último lanzamiento muchos piensan que finalmente se retiró a vivir de las jugosas regalías que las canciones de los Beatles le rinden mes a mes. Pero entonces la noticia de la grabación de un nuevo disco deja en claro que el músico de Liverpool no tiene intenciones de abandonar el negocio.

"Egypt Station" es el título del álbum de estudio número 18 de Sir Paul, sin contar las muchas recopilaciones y colaboraciones en las que participó. Si "New", su anterior lanzamiento, insinuaba una renovación del sonido con alguna que otra bienvenida incursión electrónica, aquí se apuesta a lo seguro, con alguna que otra pincelada refrescante. Un ejemplo de esto es el corte "Fuh You", fuertemente influido por el pop millenial de celebridades como Ed Sheeran.

Aquí lo que prima son las baladas, con muy pocos solos de guitarra. Allí está "I Don't Know", canción para piano ideal para escuchar una tarde melancólica de domingo, con el protagonista preguntando "¿Qué me está pasando?" sin obtener respuesta. No todas son dudas y durante varios pasajes el legado beatle se hace sentir, pero probablemente nunca tanto como en el folkie "Happie With You", que parece saludo directamente del Álbum Blanco. Lo mismo corre para "Confidante", cuyo tono nostálgico parece dedicado a Linda, su esposa fallecida en 1998.

No hay muchos más momentos rockeros durante este viaje. Uno de ellos es "Come On To me", que trae ritmo y la siempre envidiable capacidad del bajista y cantante para entregar estribillos simple y contagiosos. Un estupendo riff de vientos sobre el final eleva la canción a otro nivel. Otro es "Who Cares", inspirado por el maltrato de medios y haters hacia Taylor Swift, confirmando que el veterano artista está al día con los sucesos del star system actual. Por otro lado el groove de "Back In Brazil", rico en percusión, invita a mover la cabeza de forma inevitable.

Por supuesto que también aquí están esos temas 100% McCartney que podrían haber formado parte de cualquier vieja entrega de su discografía, como "People Want Peace" o "Hand In Hand". En dichos casos los cínicos bostezarán ante el inevitable deja vu. Pero por suerte los numerosos cambios de ritmo del casi progresivo "Despite Of Repetied Warnings", que recuerda a Wings, su grupo de los 70', nos dicen que este hombre de 76 años aún puede sorprender.

Paul McCartney nunca fue un vanguardista, para eso ya hubo gente como David Bowie. Lo suyo siempre fue la emoción y la melodía, dos elementos que abundan en esta estación egipcia cuyo arte de tapa pertenece al músico. En un momento de la vida en el que parece estar bajando varios cambios y aceptando su edad, como lo testimonian las canas que finalmente no oculta, este puede ser un buen disco para adentrarse en una obra solista que ya está a la altura de la de su legendaria banda de los 60'. Más de lo mismo, pero hecho de una manera más que placentera.

  • Publicado en Música
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