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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Gambeteando entre libros

En una entrevista del año 1978 Jorge Luis Borges fue consultado por cuál era su opinión sobre el Mundial de Fútbol que se realizaría en Argentina unos meses después. Su respuesta fue categórica: "el fútbol es popular porque la estupidez es popular". Seguidamente recordó que autores como William Shakespeare y Rudyard Kipling se referían a este deporte con gran desdén. A pesar de ser un anglófilo confeso el autor de Ficciones señaló: "Yo creo que el haber impuesto el fútbol en el mundo es el mayor crimen cometido por Inglaterra".

Ese mismo año Ernesto Sábato se reunió con funcionarios de la Junta Militar que gobernaba el país para reprochar los gastos excesivos que se habían destinado a la realización del evento mundialista, el cual además servía de pantalla para la oscura campaña "Los argentinos somos derechos y humanos". Se trató de una de las pocas veces en la que ambos escritores - quienes se lanzaron ponzoñosos dardos en muchas oportunidades – coincidieron en algo. ¿Siempre el mundo pasional, violento y excesivo del fútbol estuvo en la vereda de enfrente con respecto al sensible universo de la literatura? Por suerte no, ya que numerosos autores se ocuparon de retratar las virtudes del deporte más popular del planeta. Incluso hubo varios que llegaron a jugarlo apasionadamente.

En el año 2006 el alemán Günter Grass - ganador del premio Nobel de literatura en 1999 – también se mostró preocupado por el mundial que se realizaría en su país, aunque por motivos menos graves que los que preocupaban a Sábato. "Encuentro a la comercialización del fútbol terrible. Ya no hay competencia justa ni en primera ni en segunda división en Alemania. Esto hace a la pelea por el campeonato algo aburrido". Luego no dudó en emprenderla contra la FIFA: "Se han asegurado de que el fútbol no sea más un deporte para la gente, si no meramente un gran negocio". El autor de El tambor de hojalata jugó como wing izquierdo durante su juventud y - según sus propias palabras - era bastante bueno.

El mismo año en el que Grass demostraba su descontento con el presente del deporte, otros literatos decidían organizarse para demostrar sus habilidades en la cancha. The Writer's League (La liga de los escritores) es una idea impulsada por Alessandro Baricco, autor de la notable novela Seda, junto a otros hombre de letras y editores que fomentan encuentros futbolísticos informales. No es casual que sea un italiano quien encabece esta iniciativa, ya que son varios los escritores de ese país que manifestaron su simpatía con el calcio. Pier Paolo Pasolini – figura controvertida como pocas – no perdía ocasión para participar de un partido cuando se le presentaba la oportunidad. Gracias a esos encuentros desarrolló un paralelismo entre el balompié y poesía: "El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa".

Otro galardonado con el Nobel que se puso los botines fue Albert Camus, quien llegó a ser arquero profesional del Racing Universitaire d' Alger durante dos años. Siendo ya un autor reconocido no dudó en afirmar "Después de muchos años en los que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol, lo aprendí con mi equipo, el RUA". El autor de El extranjero no ha sido el único que se desempeñó debajo de los tres palos, puesto que también ocuparon el creador de Sherlock Holmes, Sir Arthur Connan Doyle, y el ruso Vladimir Nabokov.

Quizás porque el azar y la espera son parte de su naturaleza, los arqueros tienen un lugar de privilegio en las páginas futbolísticas. Aunque no tiene mucho juego, con el estupendo título de El miedo del arquero frente al tiro penal el austriaco Peter Handke editó en 1970 una influyente novela en la que un ex portero de un equipo importante se ve involucrado en un impensado crimen. Un tono muy distinto caracteriza El penal más largo del mundo de Osvaldo Soriano, en el que un partido de provincia interrumpido por disturbios ocasiona que un tiro desde los doce pasos se prolongue con importantes consecuencias para los personajes.

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Soriano – todo un sinónimo del escritor futbolero - pertenece a una generación de creadores latinoamericanos que no tuvo problemas en aceptar al balón pie como una parte importante de su cultura. Ya sea desde lo narrativo, como Roberto Fontanarrosa, o desde lo ensayístico, como Eduardo Galeano y Osvaldo Bayer, en las últimas tres décadas el supuesto enfrentamiento entre fútbol y literatura fue desapareciendo. El mexicano Juan Villoro señala en su libro Dios es redondo los motivos por los cuales el cuento es el género que mejor refleja el espíritu del juego: "El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que es sí mismo su propia épica, su tragedia y su comedia. Como el balompié llega ya narrado, sus misterios inéditos suelen ser breves. El novelista no se conforma con ser un espejo, prefiere morir en otras direcciones". Eduardo Sacheri es uno de los pocos que ha logrado plasmar la pasión por la redonda en narraciones más extensas, como Aráoz y la verdad.

Los cuentos de fútbol generalmente están vinculados con el constado más pintoresco del deporte: los jugadores, los hinchas y las pequeñas hazañas o miserias que les ocurren. Pero otros apuntaron alto con relatos de enorme riqueza, como Roberto Bolaño, autor chileno exiliado en Barcelona durante la última etapa de su vida y fanático de "el Barça". A él le debemos el extraordinario Buba, un relato de goles, macumbas africanas y melancolía infinita que desentona de la tendencia festiva general al mostrar la tristeza y soledad que envuelve a muchos jugadores.

Contradiciendo las impresiones iniciales de Borges, es necesario mencionar que el inglés Nick Hornby en Fiebre en las gradas es quién mejor retrató cómo el fanatismo desmedido por un equipo puede afectar la vida personal de un hincha, pero sin evitar una mirada simpática hacia el personaje. Medio siglo antes su compatriota George Orwell – autor de clásicos como 1984 y Rebelión en la granja – escribió el artículo The Sporting Spirit, horrorizado por las conductas tribales que observaba tanto dentro como fuera del campo. Allí acuñó la difundida frase de que el fútbol es "como la guerra, pero sin los disparos". En realidad a Orwell le molestaba que el nacionalismo se mezclara con un juego que debería ser una experiencia puramente gozosa. Porque si se desnuda al fútbol de los odios, la violencia y los intereses económicos aún puede vislumbrarse ese espíritu lúdico que está presente en la infancia y que el gran periodista Dante Panzeri llamó "aquella satisfacción artesanal". Una sensación que deberíamos hacer todo los posible para recuperar.

Destilado charrúa

Los uruguayos nos caen bien. Desde trovadores clásicos como Daniel Vigletti y Alfredo Zitarrosa a músicos populares como Rubén Rada y Jaime Roos, el intercambio musical entre Argentina y "el paisito" ha sido siempre fluido. Y en los últimos 20 años la popularidad del rock charrúa le inyectó una renovada dosis de energía a esta tradición, con la La Vela Puerca como rompehielos de la movida. Los montevideanos hoy vuelven con "Destilar" para recuperar el terreno que otros compatriotas - como No Te Va a Gustar - ganaron en los últimos años.

Durante un tiempo el grupo coqueteó con un sonido más acústico, sin abandonar sus raíces ska–punk. Pero aquí prevalece la última vertiente, solo que ahora con letras menos festivas que las de sus primeros tiempos y un sonido más pop. La explosiva presentación rockera de "Velamen" será coreada por los fanáticos, al igual que la letra existencial de "Atala". "Vivimos de morir / Atala, no la sueltes / no la dejes ir ahora". En ese sentido los muchachos saben cómo llenar de contenido los ritmos contagiosos que facturan, como ocurre con el corte "La nube" y su buen solo de guitarra. Cuando el mensaje no es tan optimista la capacidad de Sebastián Teysera para retratar personajes a los que la vida les pasó por encima se manifiesta. Allí están "La revancha", cantada por Sebastián "Cebolla" Cebreiri, y "Baco" para atestiguarlo.

Por suerte hay otros temas que interesan al cantante puerco. "De negro y rojo", referido a la lucha feminista, recuerda que en sus comienzos las letras combativas eran prioridad. Pero la joya del disco es el bello "La luna de Neuquén", cuyo aire folklórico se acentúa por la participación de Raly Barrionuevo. Se trata de un sentido homenaje a Agostina Mármora, una artista del sur que el cantante Teysera conoció en Cabo Polonio y que falleció de una grave enfermedad con solo 23 años. El septeto adoptó la saludable costumbre de incluir canciones más melancólicas durante la última década. Sería genial que estos temas tengan un lugar cada más importante en futuros trabajos, ya que prometen melodías y letras hermosas.

Las guitarras de Di Bello y Butler y los vientos de Quijano y Piccone se encargan de crear un sonido que irremediablemente suena familiar, siempre con Lieutier y Canedo sosteniendo la solidez de la base. La banda de los sebastianes apuesta a lo seguro y sale ganando sin sorpresas una vez más. Un movimiento que seguramente no les traiga nuevos seguidores, pero que sin lugar a dudas dejará satisfechos a los fanáticos de siempre. Quizás ese es el destino de una parte importante del rock latino luego de la explotación del indie: acomodarse y sobrevivir. Y esto ya es un logro.

  • Publicado en Música

Huele a histeria adolescente

Los Back Street Boys editaron un nuevo tema para festejar sus 25 años de actividad. Es cierto que la canción imita sospechosamente al sonido de The Weeknd, pero de todas maneras cumple su cometido de despertar interés en los fanáticos y fanáticas que quieren reencontrarse con los ídolos que los acompañaron durante su pubertad. El fanatismo de los adolescentes por los intérpretes de música pop es uno de los fenómenos más significativos que trajo la cultura de masas durante el último siglo.

Las imágenes de miles de púberes sitiando hoteles, cortando calles, gritando hasta desmayarse y asustando a los padres originaron tanto burlas por parte del periodismo como serios análisis de los círculos académicos. En la actualidad, a pesar de los enormes cambios que la tecnología provocó en las formas de consumir música estas escenas se repiten con nuevas estrellas que – aunque ya no venden la cantidad de discos que las de otros tiempos- siguen contribuyendo al fenómeno. Aprovechando la búsqueda de modelos típica de esa edad difícil, muchos empresarios cimentaron negocios millonarios y, en algunos casos, hasta impulsaron la carrera de músicos influyentes.

Es cierto que resulta difícil tomarse en serio los alaridos punzantes de believers, directioners, jonáticos y demás grupos de incondicionales. Uno no puede dejar de pensar que, como tantas veces ocurrió en la historia de la música, estas estrellas en algún momento empezarán a eclipsarse, caerán en el olvido. Con suerte protagonizarán un regreso decoroso dentro de unos años como ocurrió hace unos años con los New Kids on The Block y los citados Back Street Boys, quienes a pesar de no sonar en las radios con sus nuevas canciones encabezaron un exitoso tour juntos. Parece que los púberes de fines del siglo XX, hoy devenidos en madres y padres atareados o prisioneros de trabajos mal remunerados, disfrutan reencontrarse con aquellas celebridades que les sonreían desde los posters que colgaban en sus habitaciones hormonales.

Una de las mujeres que concurrió al regreso de estas boy bands noventosas fue Jude Rogers, quien reflejó sus vivencia en el programa de la radio BBC "Mad About the Boy". Allí se ocupó de brindar otra mirada sobre el fanatismo en la música, centrándose sobre todo en su papel empoderador en las mujeres. La periodista galesa señalo que gracias a estas conductas masivas las adolescentes empiezan a explorar su sexualidad de una forma sana, desarrollando un fuerte lazo generacional con sus pares. Con acierto Rogers también señala cómo las reacciones de histeria solo son condenadas cuando las lleva a cabo una mujer: "Si un chico se compenetra realmente en un partido de fútbol y se pasa los 90 minutos del partido chillando y gritando nadie dice que eso es raro, algo que si se remarca en una chica". Una afirmación que hoy está más vigente que nunca.

Desde luego que este fenómeno no es nuevo. Frank Sinatra provocó que 300 policías fueran convocados para controlar a las 30.000 fans que lo esperaban a la salida de un teatro el 12 de octubre de 1944 (el hecho aún es recodado como el "Columbus Day Riot") y en la década siguiente las caderas de Elvis desatarían catarsis hormonales inéditas. Pero sin dudas es cuando cuatro chicos de Liverpool alcanzan las listas en el periodo 1963/64 que el fenómeno adquiere dimensiones faraónicas. La "Beatlemanía" se transforma en una pasión global y desconcierta a padres e investigadores, quienes a veces arriesgan explicaciones llenas de esnobismo y misoginia. El prestigioso historiador estadounidense Paul Johnson llegó a decir: "Aquellos que revolotean alrededor de los Beatles, que gritan en plena histeria, que esperan con rostros vacíos frente al televisor, son los menos afortunados de su generación,los bobos, los fallados". El tiempo demostró todo lo equivocado que estaba el autor de "Historia del cristianismo".

Otros grupos de los 60' - cómo The Beach Boys y hasta los inoxidables Rolling Stones – también fueron catalogados como estrellas para púberes, al igual que el solista Frankie Avalon, quien es homenajeado/parodiado en el hit de The Vaccines "Teenage Icon". Los Beatles convivieron con el fanatismo como pudieron, pero con los años el constante griterío eclipsaba su música los terminó agotando. Para cuando en agosto de 1966 ofrecen su último concierto en San Francisco la industria musical ya había tomado nota del fenómeno. Como había ocurrido con el star system durante los primeros años del cine, los ejecutivos tomaron conciencia de que para lograr el éxito había que encandilar a los fanáticos en el exacto momento en el que abandonan la infancia.

beatlemania

The Monkeys fue el primer ejemplo de grupo de rock orquestado por un productor pensando en capitalizar corazones y bolsillos adolescentes. Durante los 70' aparecen ídolos musicales catapultados por series de TV exitosas como David Cassidy de "La Familia Patridge" y Donny Osmond de "Los Osmond". Por otro lado los escoceses Bay City Rollers, asolaron al mundo con la llamada "rollermanía" durante el periodo 75/78. Todos ellos luego lucharon por despegarse de su imagen de producto pasajero, pero fracasaron. Con el cambio de década los grupos rompecorazones proliferaron en el mundo hispano, como lo demostró el suceso de los españoles Parchís y los portorriqueños Menudo. Todos estos grupos fueron mirados con desconfianza por los partidarios del rock más clásico, algo que afortunadamente fue cambiando con el tiempo.

Sin dudas el aspecto que más diferencia a los ídolos actuales de los de antaño es que el merchandising ha crecido de una manera monstruosa. Mientras que antes la idolatría podía ser satisfecha con la compra del álbum y las fotos del artista en cuestión, hoy el fanático es tentado con infinitos productos que explotan la imagen de la estrella, algo que hace peligrar la estabilidad económica de muchas familias. El bombardeo mediático que sufren los adolescentes para comprar todo lo relacionado con sus ídolos es abrumador y muchas veces esa sobre-explotación comercial termina afectando negativamente la carrera del artista.

La mirada de adultos nos hace conscientes que detrás de cada superstar hay un ser humano sometido a multitud de presiones, pero durante el desorden hormonal de la adolescencia es difícil mantener esa distancia. Igualmente hay que señalar que no todos los ídolos terminan en la sección policial de los diarios. Por cada Miley Cyrus protagonizando un escándalo semanal también existe un Justin Timberlake que demuestra moverse con inteligencia en el negocio. Pero los teens idols siempre tienen una segunda oportunidad cuando, ya adultos, sus fans estén dispuestos a verlos en vivo durante su esperado retorno. O al menos volver en partes, como las Spice Girls que hace un tiempo amenazaron con un retorno en formato de trío (Mel B, Geri y Emma), luego del abandono de Melanie C y Victoria. Incluso dentro del pop el pasado siempre se nos presenta distinto a como lo recordamos.

La otra revolución francesa

"Yo hablo sobre solidaridad y ustedes hablan sobre un travelling en una película ¡Ustedes son unos bastardos!". Esta frase desafiante la dijo Jean-Luc Godard en Mayo de 1968, cuando junto a otros colegas – nombres ilustres como Francois Truffaut, Roman Polanski, Claude Lelouch, Louis Malle, Carlos Saura y Milos Forman – presionó a la organización del Festival de Cannes para suspender la edición de aquel año. La iniciativa buscaba apoyar las protestas de obreros y estudiantes que ocurrían en París y otras ciudades, las cuales habían terminado con una brutal represión.

Se cumplieron 50 años del Mayo Francés y todo el mundo tiene algo que decir al respecto. Aunque nadie desestima la importancia de los acontecimientos, no son pocos los que sienten cierto desencanto frente al fracaso de aquellas manifestaciones. Las aguas se dividen entre quienes recuerdan los hechos desde un romanticismo nostálgico y los que parecen darle la razón a las opiniones conservadoras de la época que veían mucha ingenuidad en esa utopía. Lo cierto es que aquellas revueltas causaron un impacto importante en las ideas y en la cultura del siglo XX, agregando aún más mística a la ya muy idealizada década del 60'. Un compleja serie de hechos, tanto a nivel local y global, ocurrieron para que aquel 10 de mayo los estudiantes se enfrentaran a la policía cuando está intentó entrar la Universidad de la Sorbona ocupada desde hacía meses. El apoyo espontáneo de trabajadores y vecinos le añadió épica a los sucesos. 

El cine también tuvo mucho que ver con el alzamiento de los estudiantes en Francia. Cuando Henri Langlois, el director de la Cinemateque Francaise que había difundido el gusto por los clásicos entre los jóvenes, fue depuesto de su cargo los reclamos se alzaron de inmediato. El país que acababa de causar revuelo en el séptimo arte gracias la Nouvelle Vague – movimiento en el que participaban varios de los cineastas arriba citados – no podía permitir que el gobierno ninguneara sin explicaciones a un referente que admiraban. Es cierto que los hechos se calmaron luego de Cannes 68', pero el cine reflejó de distintas maneras el impacto de esas semanas agitadas. Esta es una lista incompleta de títulos influidos por aquellos días de sueños y furia. 

Week-end (1967): Godard, el mismo realizador que se había ganado el amor de los cinéfilos de todo el mundo gracias a clásicos queribles como "Sin aliento" y "Band a part", experimentó un fuerte proceso de politización durante la segunda mitad de los 60'. Para esta película convocó a una pareja de populares estrellas de la televisión francesa y las sometió a una aventura surrealista por las carreteras de un país en guerra. El periplo incluye embotellamientos que duran horas, inmigrantes de las colonias reclamando por sus derechos y encuentros con hippies caníbales. Uno de los films más transgresores de la historia que resultó muy premonitorio por realizarse el año anterior a los hechos parisinos.

If...(1968): No solo en el país galo se respiraban aires revolucionarios e Inglaterra también entegó su dosis de cine subversivo. Malcolm McDowell, futuro protagonista de "La naranja mecánica", interpreta a un estudiante que empieza a desarrollar un fuerte rechazo hacia toda figura de autoridad. Su enfrentamiento con los directivos, sacerdotes y alumnos colaboracionistas, representantes del viejo establishment, irá creciendo hasta un desenlace incendiario. En el medio una serie de fantasías sexuales se encargan de mostrar el lazo que existe entre el erotismo, la política y la violencia. Filmada en paralelo a los sucesos del Mayo Francés, la película resultó triunfadora en el festival de Cannes de 1969.

El fondo del aire es rojo (1977): Cualquiera que quiera conocer la historia del ascenso y caída de la Nueva Izquierda durante los años 60' y 70' debe ver este riguroso documental del influyente Chris Marker. Durante la primera parte presenciamos como un socialismo optimista, que se distanciaba del comunismo soviético y simpatizaba con las causas de los países periféricos, fue adoptado por estudiantes y obreros de los países centrales originando una gran efervescencia política. La segunda parte tiene un tono más amargo, retratando como la intervención de las fuerzas conservadoras, sumada a las propias contradicciones de sindicatos y activistas, tiraron abajo la utopía de una Revolución a gran escala. Cuatro horas apasionantes por la que desfilan imágenes de Vietnam, el Che Guevara, las revueltas de México, la entrada de los tanques soviéticos a Praga y las asambleas rebeldes de todo el mundo, retratando un periodo único del siglo XX.

Milou en Mayo (1990): Louis Malle fue uno de los realizadores activos en la polémica edición interrumpida del festival de Cannes. Nacido en una rica familia de industriales, con el paso del tiempo el realizador buscó contar en "Los inocentes de Mayo" el impacto de la revuelta parisina en una familia burguesa que se reúne a discutir el reparto de una herencia en una paradisiaca casa de campo. Siendo las charlas frívolas y la avaricia la forma en la que los personajes se expresan, no saben muy bien cómo reaccionar ante los turbulentos enfrentamientos que difunden los diarios y la radio. Quizás nunca lleguen a entenderlos.

Mayo-68


The Dreamers (2003): Con seguridad la película más conocida sobre el Mayo Francés, algo que ciertos críticos cuestionan por su mirada simplista sobre los complejos hechos reales. El estadounidense Mattew se encuentra en París con los gemelos Théo e Isabelle (interpretados por las futuras estrellas Louis Garrell y Eva Green) cuando estos están protestando frente a la Cinemateque Francaise en favor de la restitución de Henry Langlois. Este comienzo será el único fragmento en el que las manifestaciones callejeras se verán en pantalla, ya que lo que sigue es más que nada un triángulo amoroso entre cuatro paredes. Hermosamente filmada por el veterano Bernardo Bertolucci, los momentos de carga sexual son matizados con charlas sobre cine, música y maoísmo. Un ensayo erótico sobre lo público y lo privado.

En el intenso ahora (2017): ¿Cómo repercutió el Mayo Francés en la memoria generacional del mundo? Este reciente documental brasileño recurre a un abundante material de archivo – desde imágenes de noticieros hasta registros domésticos de anónimos ciudadanos – para responder esa pregunta. Gracias a la voz en off del director Joao Moreira Salles, que equilibra el análisis crítico con el recuerdo poético, el film busca resignificar 1968 a través de tres hechos significativos: el Mayo Francés, la Primavera de Praga y la Revolución Cultural China. Basándose en esos registro esta película-ensayo retrata como la Historia grande repercute en la vida doméstica.

Varios de los slogans escritos por estudiantes y obreros en las paredes de París hace medio siglo se volvieron símbolos universales de descontento: "La imaginación al Poder", "Seamos realistas: demandemos lo imposible" y "Queda totalmente prohibido prohibir" son algunos de los más conocidos. Hoy los sobrevivientes de aquella época son menos afectos a las frases de combate, pero sostienen que los grandes cambios se logran insistiendo desde sitios pequeños. El mismísimo  Jean-Luc Godard dijo hace un par de años: "Desde hace tiempo sé que hay un solo lugar donde pueden cambiarse las cosas: en la forma de hacer películas; o sea, en el cine. Es un mundo pequeño. No es un individuo solo, es una célula viva de la sociedad". Algo para tener muy en cuenta en estos tiempos cínicos, en los que se insiste tanto sobre la imposibilidad de las utopías.

  • Publicado en Cine/TV
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