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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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El último romántico

Vicentico dejó las cosas claras desde aquel lejano primer disco, aparecido hace 12 años. El plan siempre fue recuperar la imagen de los cantantes melódicos de antaño, aquellos que enamoraban a las amas de casa de hace tres décadas, cuando el término "música latina" aún no tenía el perfil comercial de la actualidad. Al titular su sexto disco "Último acto" el músico parece aclarar que el objetivo ha sido cumplido.

Por supuesto que en un primer momento el peso de su actividad al frente de Los Fabulosos Cadillacs – grupo con el que periódicamente sigue tocando – era muy difícil de ignorar y las comparaciones eran inevitables. Con inteligencia y algunas alianzas estratégicas (Andrés Calamaro, Diego Torres, Tony Bennett) Gabriel Fernández Capello fue cumpliendo su metamorfosis con pasos seguros, alejándose del sonido percusivo y bailable de su banda clásica para acercarse a la canción romántica. Y todo esto sin caer en lo excesivamente meloso.

Temas como "Si me dejan" y "La carta" ejemplifican el apego del artista por aquellos sonidos vintage, con órganos que bien podrían haber sido robados de algún disco de Sandro o Nino Bravo. Estilo que reaparece en su versión del hit "Paisaje", uno de los numerosos covers de temas propios y ajenos que pueblan el disco. Porque este trabajo está ensamblado según la tendencia de los últimos años del greatest hits a medias, con novedades, versiones remezcladas, producción lujosa y multitud de invitados. Quizás sea la única manera en la que hoy se pueda empujar a la gente a comprar discos en formato físico.

Entre los invitados está Valeria Bertuccelli, esposa de Vicentico, dándole un bienvenido toque amateur a "No te apartes de mi" de Roberto Carlos. Además el combo caribeño Our Latin Thing le añadió sabor a "Algo contigo", "Culpable" y "Los caminos de la vida". También anda por ahí el legendario Willie Nelson con su voz nasal participando en una adaptación country de "Solo un momento".

Son pocos los momentos en los que se apuesta a algo fuera del esquema musical establecido. Excepciones son el bello reggae "Las estrellas" junto a los jamaiquinos Sly & Robbie, el corrido a la mexicana "Cobarde" y los vientos feroces de "Esclavo de tu amor", potente primer corte de difusión. Pero no hay muchos riesgos en "Último acto", que goza de la prolija producción de Cachorro López.

¿Cómo hace un intérprete que afirma haberse iniciado en el canto gracias a Luca Prodan para salir ileso de esta propuesta? La respuesta es fácil: gracias a la ironía. Desde la tapa - en la que posa junto a dos clones travestidos y rodeado de discos de oro – el artista no se toma en serio a sí mismo. Nadie imagina a Axel o a Ricky Martin protagonizando semejante postal. "Lo tuyo es puro teatro" dice el estribillo de una de las canciones incluidas, algo que perfectamente puede aplicársele a Vicentico y su postura de crooner para todas las edades. Esto es puro teatro, pero suena muy bien. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

  • Publicado en Música

Pocos y acorralados

“Ven a Tasmania” cantaba esa voraz criatura conocida como Taz, en la genial apertura del dibujo de Looney Tunes. Y no le quedaba otra, ya que el hábitat del demonio de Tasmania real se ha reducido a esa isla ubicada al sur de Australia. Los cazadores, las especies introducidas que afectaron al ecosistema y los paragolpes de los coches diezmaron a un animal que alguna vez habitó todo un continente. 

No hace falta decir que atrás de todos estos factores se encuentra el hombre, principal responsable de la desaparición de cientos de especies a lo largo de los siglos. Al hablar de extinción siempre se piensa en ejemplos clásicos, como el dodo, el tilacino o tigre marsupial y el quagga (pequeña subespecie de cebra); pero en la actualidad existen una veintena de criaturas cuyo número de ejemplares es alarmantemente bajo. Aquí detallamos algunos de los animales que pueden desaparecer en un futuro próximo si no se toman las medidas adecuadas. 

Gorila: El estreno de “Gorilas en la niebla” (1988) retratando la lucha de la zoóloga Dian Fossey hizo pública la importante tarea que muchos especialistas realizan para evitar la desaparición del gorila de montaña. También mostró de lo que son capaces quienes lo persiguen. Hoy todas las subespecies de este primate están consideradas en peligro crítico de desaparición por la Unión Internacional de Conservación para la Naturaleza; demostrando que el hombre ni si quiera respeta a sus parientes cercanos.

Tortuga carey: A veces la coquetería cobra víctimas insospechadas. Durante décadas los adornos y anteojos hechos de carey eran sinónimo de glamour, lo cual contribuyó a la pesca indiscriminada de este quelonio, similar a la tortuga marina. Además de la amenaza humana, su reproducción es escasa debido a que sus nidos sufren múltiples ataques por parte de otras especies. Aunque su caza y comercio están penados por la ley, hoy hay más ejemplares de este reptil en cautiverio que en libertad. 

Pichiciego: Este insólito armadillo es una de las pocas especies animales que solo se encuentran en Argentina, particularmente en una franja que va desde el sur de la región pampeana hasta Cuyo. Blanco, pequeño y provisto de unas garras gigantes que le ayudan a “nadar” bajo la tierra, cada tanto algún ejemplar es capturado por algún lugareño. Desgraciadamente hay datos insuficientes sobre sus hábitos y no se está haciendo ningún intento serio por salvarlo. Una pena. 

Ballena Franca Boreal: Cuando Herman Melville publicó “Moby Dick” en 1851 usó la obsesión de capitán Ahab por cazar la ballena como una metáfora sobre como el hombre podía autodestruirse en la búsqueda de lo inalcanzable, lo divino. En ese momento la pesca de cetáceos no estaba controlada y con el paso del tiempo han sido estos gigantes del mar los que fueron destruidos. La ballena franca boreal es una de las especies más amenazadas debido a la caza indiscriminada tanto en el Pacífico como el Atlántico.  

Vaquita: Con este nombre se conoce a la especie más pequeña de marsopa existente, la cual rara vez supera el metro y medio de largo. Habita la costa norte de México, del lado del océano Pacífico, y su población se estima en apenas unos 150 ejemplares. Teniendo en cuenta que se trata de un animal que recién se descubrió a mediados del siglo XX, su desaparición parece inminente y se debe sobre todo a que cae en las redes destinadas a la captura de otras especies. Por esto es que se han tomado medidas para regular la pesca industrial en la región.   

Salamandra gigante china: No solo los animales simpáticos y vistosos corren peligro de extinción. Este anfibio de cabeza monstruosa y aspecto viscoso supo ser muy abundante en los ríos y lagos asiáticos hasta la década del 50’, cuando su población empezó a decrecer alarmantemente. A pesar de las medidas impuestas para su protección por el gobierno chino continúa siendo cazado como alimento y para su uso dentro de la medicina tradicional.  

Cóndor de California: Cuando se piensa en el cóndor inmediatamente vienen a nuestra mente los majestuosos paisajes andinos. Sin embargo existe otra especie menos conocida en la zona sur oeste de Norteamérica cuyo caso es ejemplar en lo referente a lo que se puede hacer para que  una especie subsista. En un momento los pocos ejemplares que existían en libertad fueron capturados y sometidos a un ambicioso plan de recuperación y cría en cautiverio. Varios cóndores nacidos dentro de este programa han sido devueltos a su hábitat natural, lo cual puede ser el primer paso para que esta gran ave vuelva a surcar los cielos.     

Desgraciadamente la lista continúa, incluyendo a tres especies de rinocerontes, al orangután y a varias subespecies de tigres y elefantes. Para que no todo sean malas noticias hay que señalar que el oso panda – símbolo histórico de las especies en peligro de extinción – ha empezado a aumentar su número lentamente, especialmente a partir de las fuertes medidas de conservación que se tomaron en los años 90’.

¿Qué pasaría si el escenario fuera el opuesto y el ser humano estuviera por extinguirse? Todo indica que esa falta de preocupación por los demás habitantes de nuestro planeta es un reflejo de lo poco que nos queremos a nosotros mismos. Quizás es momento de recordar al gran médico y filósofo Albert Schweitzer, quien dijo: “Es la compasión del hombre hacia los animales lo que lo hace un verdadero hombre”. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

 

El triunfo del Hombre Pájaro

Cuando Sean Penn subió al escenario para muchos no hubo dudas: "Birdman" se llevaría el premio mayor de la noche. Más allá del chiste políticamente incorrecto con el que el actor presentó el galardón, las cuatro estatuillas para el filme de Alejandro González Iñárritu generaron cierta desazón entre muchos cinéfilos, quienes se inclinaban por "Boyhood". Dos películas que representan maneras totalmente opuestas de hacer cine.

Es bueno que premien a González Iñarritu por "Birdman" y no por sus solemnes producciones anteriores. Películas como "Babel" y "Biutiful" apostaban de tal manera al drama extremo y al golpe bajo que no faltaron quienes las calificaran de porno-miseria. En el filme protagonizado por Michael Keaton hay humor y críticas al ego de los actores, cosas que son bienvenidas. Es verdad que es pretenciosa y busca transmitir tantas ideas que termina agotando, pero muchas grandes obras nacen así. Los premios que se llevó por su guión (co-escrito junto a los argentinos Armando Bo y Nicolás Giacobone) y por la estupenda fotografía de Emanuel Lubezki la transformaron en la gran ganadora.

Frente al gigantesco artificio propuesto por el Hombre Pájaro, "Boyhood" representa una apuesta por el realismo. Richard Linklater es uno de los pocos realizadores estadounidenses que se preocupa por los seres humanos y su cotidianidad. Aquí retrata el crecimiento de un niño texano, narrando su relación con sus padres divorciados en el medio de los cambios políticos del país. Si el filme del mexicano se sube a la supuesta hazaña técnica de estar rodado como si se tratara de una toma continua, "Boyhood" encandila con el hecho de haberse rodado a lo largo de 12 años. Pero, contradiciendo a quienes dicen que aquí no pasa nada, esta historia de gente común crece en la memoria con el paso del tiempo. A pesar de ello el largometraje se llevó apenas un Oscar por la actuación de Patricia Arquette.

Los ganadores a mejor actuación de reparto eran los más predecibles de la noche. Arquette ya se había alzado con todos los premios posibles, y lo mismo ocurrió con J.K. Simmons, ganador por su brillante interpretación en la notable "Whiplash". Ambos dieron algunos de los mejores discursos de aceptación. En el rubro protagónico los triunfadores fueron Julianne Moore por "Siempre Alice" (una película con buenas intenciones pero bastante floja) y Eddie Redmayne por encarnar al físico Stephen Hawking en "La teoría del todo". Teniendo en cuenta que las historias de estos filmes involucran Mal de Alzheimer y Esclerosis Lateral Amiotrófica respectivamente, parece confirmarse que la Academia siente predilección por los papeles relacionados con enfermedades terminales.


Es necesario decir que el anfitrión Neil Patrick Harris – comediante, mago, cantante, bailarín, etc – tenía todas las condiciones para descollar, y sin embargo defraudó. No hubo nada fuera de guión y los momentos anárquicos fueron pocos. Apenas la intervención de Jack Black al principio y la aparición de Harris en calzoncillos le pusieron algo de pimienta a la velada. Por suerte nunca se descendió a los niveles desastrosos de la ceremonia que en el 2011 encabezaron James Franco y Anne Hathaway. Pero todo lució poco natural, en una premiación saturada de números musicales.

Sin embargo algunos de los momentos más emotivos tuvieron que ver con la música. La poderosa interpretación de Glory, la premiada canción principal de "Selma", hizo lagrimear a todos. Otra instancia notable fue el homenaje a "La novicia rebelde" al cumplirse 50 años de sus estreno. La elección de Lady Gaga para interpretar un medley de aquellas clásicas canciones hizo temer lo peor, pero resultó una grata sorpresa. Fuera de los musicales fue Graham Moore - guionista de "The Imitation Game" – quien resultó más inspirador con sus palabras de aliento que instaron a los diferentes a que no se sientan solos: "Stay Weird, stay different!"

Volviendo al cine entendido como gran artificio, hay que detenerse en "El Gran Hotel Budapest". Wes Anderson viene creando pequeños mundos hiper-estilizados hace tiempo. Quizás por eso, aunque no ganó como director, su película triunfó en los rubros de mejor banda sonora, diseño de producción, maquillaje y vestuario. Algo bueno es que la siniestra "American Sniper" no ganó ninguno de los premios grandes. Clint Eastwood es una leyenda, pero cuando asoma su costado reaccionario es mejor saludarlo de lejos.

A pesar de la desilusión general, en el premio a la Mejor Película Extranjera primaron el compromiso político y las estéticas minimalistas que fascinan a los miembros de la Academia. "Relatos Salvajes" es un filme notable, pero está realizado de una manera muy mainstream, algo que no llama la atención del crítico promedio. "Ida" del polaco Paweł Pawlikowski es una historia que dispara varias lecturas y se aleja de lo que se estrena en las carteleras norteamericanas cada semana, por lo que su estatuilla era esperable. Igualmente Damián Szifrón tiene las puertas abiertas en Hollywood después de la performance de su película, por lo que no hay que entristecerse.

Más allá del pedido de González Iñarritu de una mayor tolerancia hacia los inmigrantes mexicanos y de la audacia de premiar a "Citizenfour" (sobre Edward Snowden) como mejor documental, no hubo momentos políticos en la ceremonia N° 87 de los Academy Awards. Claramente este año los grandes artefactos formales triunfaron sobre el realismo, algo que puede marcar una tendencia. Quién sabe, quizás la fórmula del futuro consista en filmar un drama sobre un enfermo terminal en un plano secuencia de tres horas de duración. Solo otra moda que durará tanto como los comentarios acerca de los guantes que usó Lady Gaga en la última ceremonia. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

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Un apocalipsis sobre ruedas

Todos hablan de “Rápido y furioso” por estos días. La franquicia protagonizada por Paul Walker, Vin Diesel y compañía logró transformarse en sinónimo de vértigo automovilístico, eclipsando a otras películas más oscuras sobre el tema. Por suerte este 2015 trae el retorno de la saga “Mad Max” a los cines para poner las cosas en orden.

Siempre que algún clásico es resucitado por los grandes estudios los fanáticos miran con desconfianza ante la posibilidad de que su espíritu sea arruinado. Para traer algo de tranquilidad hay que señalar que detrás de “Mad Max: Fury Road” – el filme que retoma la trilogía luego de 30 años – se encuentra George Miller, director, productor y guionista de las películas originales. Con un presupuesto de 150 millones y sin Mel Gibson en el protagónico, esta influyente historia pos-apocalíptica vuelve con más espectáculo pero con el mismo pesimismo de siempre.

Para entender cómo empezó todo es necesario ponerse en contexto. Durante la década del '70 existió un interés por explotar las posibilidades cinematográficas del automóvil, lo que originó decenas de producciones centradas en carreras y persecuciones protagonizadas por Burt Reynolds o David Carradine. Pero también existieron filmes como “Vanishing Point” y “Duel”, el brillante debut de Steven Spielberg, que usaron los autos y la carretera para explorar temas existenciales.  La apuesta más incorrecta llegó en 1979 desde Australia con una película de ciencia ficción que, sin naves espaciales ni espadas láser, lograría dejar su marca estética en la historia del cine.

El estreno de la primera Mad Max no despertó los mejores comentarios de la prensa. Un crítico calificó al filme como “favorito de asaltantes, sádicos y asesinos de niños”, mientras que The New York Times la condenó como “fea e incoherente”. La película refleja la violencia y el nihilismo típicos del cine de los ‘70. El mundo se había transformado en un lugar más cínico y  la figura de Max Rockatansky resume tanto la paranoia frente al avance de la delincuencia juvenil (otro tema recurrente de la época) como la desconfianza hacia las instituciones que debían defender al ciudadano. No es casual que el protagonista decida abandonar las fuerzas policiales al notar que empieza a parecerse más a los criminales antes que a los defensores de la ley. Es que en este futuro desolado la frontera entre el Bien y el Mal se desdibujó y la Justicia es apenas una falsa puesta en escena.

A pesar de las críticas la película resultó un sorpresivo éxito y durante dos décadas mantuvo el récord como el filme independiente más taquillero de todos los tiempos. A pesar de ser prohibido en países como Nueva Zelanda y Suecia, la cinta se estrenó sin cortes en EE.UU., donde todo el diálogo fue doblado por actores norteamericanos ya que el acento y los términos australianos resultaban inentendibles para el público local. Otra consecuencia del suceso fue que su protagonista – un Mel Gibson de 24 años – se transformó en una estrella internacional de la noche a la mañana.

Para la realización de la secuela “Mad Max: the Road Warrior” en 1981 el equipo contó con un presupuesto mayor y Miller pudo darle más vuelo a su inventiva visual. Con una estética cercana al comic y al video clip, el filme ahonda los elementos de western que ya estaban presentes en la primera parte (el desierto como escenario y el héroe solitario que decide ayudar a una comunidad asediada por forajidos). Aquí  también aparece la idea de un futuro en el que el combustible escasea y la Humanidad pelea por conseguirlo. Cuatro años más tarde llegó el cierre de la trilogía inicial con “Mad Max: Beyond the Thunderdome”, producida por un gran estudio y con Tina Turner como la villana de turno. Luego vino un paréntesis de tres décadas que muchos creyeron definitivo.

El cuarto filme de la saga estuvo durante años en lo que se denomina “development hell”; lo que quiere decir que una infinidad de complicaciones burocráticas y presupuestarias pospusieron su realización. Aunque Mel Gibson había aceptado volver a encarnar a Max, los múltiples problemas del proyecto hicieron que terminara desertando. El inglés Tom Hardy tiene ahora la responsabilidad de interpretar al personaje, compartiendo protagonismo con Charlize Theron. Luego de un accidentado rodaje en Australia y Namibia, Miller anunció que el 90% de los efectos especiales son reales, reduciendo al mínimo el uso de tecnología digital. Esto se nota en el tráiler y genera una gran expectativa en los nostálgicos del cine de acción de la vieja escuela.

En el notable documental “Not Quite Hollywood”, sobre la historia del cine de explotación australiano, Quentin Tarantino dijo “Nadie filma un auto como los aussies lo hacen”. Quizás esto se deba a que allí los vehículos son mostrados como artefactos destructivos, reaccionando contra el discurso publicitario que afirma que una persona no es un ciudadano completo hasta que tiene su primer auto. ¿Podrá “Mad Max: Fury Road” rescatar esa oscura decadencia de la trilogía original? Ojalá la respuesta llegue más rápido que el próximo aumento de la nafta. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

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