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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Un cheff para los chicos

Uno de los momentos de mayor emoción cinematográfica de los últimos años es el final de Ratatouille. Cuando el malvado crítico gastronómico Ego prueba el postre que el Chef Lingüini ha preparado con todo temor tiene una revelación que cambia su forma de ver la comida y la vida: le recuerda el sabor único de las comidas que su madre le preparaba durante la niñez.

Sean platos simples o complejos, lo que comemos durante nuestra infancia nos marca para siempre. Y esta escena tiene su justificación. Hace un par de años se hizo una encuesta entre los más prestigiosos gourmets europeos y los exóticos preparados de la alta cocina no figuraron entre las respuestas. Todos dijeron que su comida preferida eran aquellas suculentas pastas de su madre o las tortas de la abuela. Definitivamente los sentimientos son lo importante a la hora de comer, y nadie como un niño para dejar eso en claro.

Por supuesto que así como los chicos se vuelven locos por lo que les gusta, también reaccionan de las peores maneras frente a lo que odian. "El nene no me come" le dicen las madres preocupadas al doctor cuando su hijo se encapricha frente a ciertas comidas. Pero seamos honestos; todos odiábamos alguna comida cuando éramos pequeños. Ese momento en que volvíamos del colegio con la ilusión de encontrar, por ejemplo, unas sabrosas milanesas y nos agasajaban con una nefasta sopa de verduras constituye uno de los peores desengaños infantiles.

Hay que señalar que para que los niños sientan atracción por una comida el aspecto de esta es muy importante ¿Cómo esperar que un chico sienta ganas de comer un pimiento relleno con esa pinta de molusco prehistórico recién pescado? Por no citar el desagradable puré de zapallo y zanahoria; no casualmente relegado a ser la vianda oficial de los hospitales. Aquella sentencia que dice que la comida entra primero por los ojos se cumple a rajatablas en la mente de los pequeños.

Los pediatras aconsejan poner cariño y dedicación en los primeros platos que se les preparan a los chicos, ya que esto será vital en el desarrollo de su relación con la comida. Hay que pensar que estas personitas están estrenando su estómago y que es un largo aprendizaje el que va desde esas tempranas papillas hasta comidas más complejas. Es un proceso por el que todos los adultos hemos pasado y que olvidamos ahora que disfrutamos de un plato de picantes tacos mexicanos.

Según los especialistas el momento clave para que un hijo sea un comensal agradecido se produce durante la última etapa de la lactancia en la que se le preparan las primeras comidas. Así lo señala el doctor Eduard Estivill, autor del best seller "Duérmete niño" (una solución para los padres con insomnio por llanto constante) y que también ha estudiado seriamente el tema de la alimentación infantil.

Este médico catalán desarrolló una serie de pasos a cumplir para que el bebé vaya desarrollando el hábito de comer. Se debe elegir un lugar tranquilo fijo para darle de comer todos los días y recomienda que sea una única persona la que lo acompañe. Una vez preparados se emprende el primer intento de alimentar al niño durante unos tres minutos. Si el chico no acepta hay que retirar la comida para volver a insistir tres minutos después. Este mecanismo se repetirá dos veces más con un minuto más de duración cada una; al igual que los lapsos de descanso. Si finalmente el infante se niega a comer no hay que alarmarse. Descansaremos hasta la próxima comida, ya que hay que respetar las cuatro comidas diarias: desayuno, almuerzo, merienda y cena.

Por supuesto que rápidamente han surgido voces a favor y en contra de este sistema. A las dudas de que exista una fórmula exacta para hacer que un hijo coma se agrega el hecho de que en esta época vertiginosa muchos padres y madres simplemente no tienen el tiempo para cumplir con este rito. Por eso sigue sirviendo aquella amenaza materna de nuestra infancia: "si no te tomás toda la sopa no te doy el postre". Una estrategia con la que Mafalda seguro no estará de acuerdo. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

  • Publicado en Cocina

Adiós a un gran cronista

"Ya no doy muchas entrevistas porque en casi todas me preguntan: Las venas de América Latina ¿siguen abiertas?". Con esta frase reciente Eduardo Galeano señalaba la pereza de cierto periodismo y a la vez tomaba distancia de su libro más conocido. Porque a pesar de que muchos de sus lectores lo vieran como una especie de oráculo, el escritor siempre cultivó el perfil bajo y una mirada crítica hacia su propia obra.

El autor uruguayo que murió este 13 de abril fue mucho más que "Las venas abiertas de América Latina", aquel libro que se transformó en una crónica de las injusticias y la colonización sufrida por los países de la región. "No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, ya está superada" afirmó hace un año, sosteniendo que la prosa de izquierda de aquellos años (el libro es de 1971) es aburridísima ¿Cuántas personas tienen el valor de decir algo así sobre su propia creación?

Había nacido el 3 de septiembre de 1940 con el nombre completo de Eduardo Germán María Hughes Galeano en Montevideo, en el seno de una familia de clase alta y conservadora. Sin embargo desde adolescente mostró su inquietud con respecto a los temas políticos y sociales. La deformación de su apellido Hughes le sirvió para encontrar su primer trabajo como caricaturista político bajo el seudónimo de Gius. Con ese nombre empezó a colaborar con El Sol, un diario socialista, durante su adolescencia. A los 20 años ya se desempeñaba como editor del influyente semanario "Marca". Esta primera época como periodista – en lo que entrevistó a personalidades como Juan Domingo Perón y el Che Guevara – fue fundamental en su formación literaria.

Ya consagrado debió abandonar Uruguay, aquel lugar que cariñosamente llamaba 'el paisito', al estallar el golpe de estado del 27 de junio de 1973. Exiliado en Argentina fundó y dirigió la revista "Crisis", que formó a toda una generación de periodistas locales. Sin embargo este periodo también fue truncado repentinamente al tomar Jorge Rafael Videla el poder en 1976. El nuevo destino fue España, en donde retomó con continuidad su vocación como escritor, a la vez que sus textos eran prohibidos en numerosos países. Recién en 1985 puedo retornar a su tierra natal, ya consagrado como un autor emparentado con los movimientos revolucionarios y la literatura de izquierda. Con los años entregó títulos como "Memoria del fuego", "El libro de los abrazos", "El fútbol a sol y sombra", "Bocas del tiempo" y "Espejos".

 

Su forma de escribir llana, muchas veces centrada en breves semblanzas históricas o pequeñas fábulas, lo hicieron un autor ideal para descubrir durante los años de adolescencia y la primera juventud. Por ello este hincha de Nacional de Montevideo es uno de los escritores más viralizados en internet, con cientos de fotos con sus frases compartidas en las redes sociales. Esto lo transformó en alguien al que cierta intelectualidad miraba con desconfianza (un escritor que leen quienes no leen mucho), mientras que el propio Galeano buscaba desligarse – sin suerte – de su imagen de autor comprometido. Esto explica aquellas afirmaciones críticas con las que empezamos este homenaje, las cuales lo llevaron a ser malinterpretado en no pocas oportunidades.

Mientras cientos de frases profundas se multiplican en el universo virtual, aquí elegimos mostrar otra faceta del autor charrúa: la del hombre con un humor discreto que era capaz de reírse de sí mismo con inteligencia. Basta leer esta semblanza sobre su desesperación al ver como la calvicie avanzaba sobre su ser:

"Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número. Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso:

-Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no fuera.

También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí". // Luis Alberto Pescara @luchopescara

Un siglo y medio de maravillas

Hace unas semanas trascendió que Damon Albarn – haciéndose algo de tiempo entre su labor al frente de Blur y Gorillaz – estrenará a mediados de este años un musical basado en "Alicia en al país de las maravillas" llamado Wonderland. Simultáneamente el servicio postal británico lanzó una serie de estampillas con los personajes de la clásica novela.

Se cumplen 150 años de la aparición de la obra maestra de Lewis Carroll y todos quieren ser parte de los festejos. El autor, amante de los juegos de lógica matemática, seguramente habría observado la tendencia infame de los seres humanos de recordar hechos trascendentes solo en fechas redondas. Pero así de predecible es nuestra especie. Por suerte Alicia y su mundo no se rigen por estas reglas mundanas. Este relato transgresor caracterizado por las situaciones absurdas, las metamorfosis de seres y ambientes, la destrucción del lenguaje y los simbolismos oníricos influyó a toda la literatura posterior, anticipándose a las vanguardias del siglo XX.

Es sabido que la primera pasión del joven Carroll – cuyo nombre real era Charles Lutwidge Dodgson – fue la fotografía. Allí rápidamente se destacó por la belleza y espiritualidad de sus imágenes, transformándose en una figura importante en el rubro. Además de retratar a varios personajes ilustres de la época y de cultivar el paisajismo, el polifacético autor centró gran parte de su obra en fotografiar niñas pequeñas. Una de esas muchachas era Alice Pleasance Liddell, quien en 1862, durante un viaje en bote cerca de Oxford, le inspiró al autor la historia de una chica disconforme que se introducía en un mundo extravagante.

Dos años después Carroll había completado un manuscrito llamado "Alice's Adventures Under Ground" ilustrado por él mismo, el cual regaló a Alice y sus hermanas. Paralelamente presentó un texto más largo para su publicación en la editorial MacMillan, ya con el nombre definitivo de "Alice's Adventures in Wonderland" y que incluía los famosos grabados del ilustrador John Tenniel. Esta es la versión que todos conocemos.

En el momento de su edición el libro no causó un gran impacto, siendo las ilustraciones de Tenniel las que recibieron los mayores elogios. Recién con la aparición de su continuación "Alicia a través del espejo" en 1871 fue que los críticos empezaron a notar la creciente popularidad del primer libro, un fenómeno que no se detuvo con el paso de los años. El divulgador científico y ensayista Martin Gardner – que estudió intensivamente las implicaciones filosóficas, lingüísticas e históricas de la obra de Carroll – señala que el ninguneo inicial que sufrió la novela se debe al error de considerarlo una obra destinada únicamente al lector infantil. 

Por su carácter surrealista e intertextual, el libro ha despertado innumerables interpretaciones. Por un lado hay una mirada satírica hacia muchas costumbres de la era victoriana y referencias concretas a personajes de la alta alcurnia inglesa, como el primer ministro Benjamin Disraelí y el crítico de arte John Ruskin. Además los poemas y canciones que aparecen en el libro son versiones paródicas de canciones populares de la época.

Las posibles lecturas se disparan cuando Alicia cae en el hoyo - una sensación típica de los sueños – persiguiendo al Conejo Blanco. Allí la protagonista cambia de tamaño repetidas veces y se ve impulsada a beber y a comer todo el tiempo, algo que refiere a la crisis de identidad durante los años de crecimiento. Todo el periplo puede entenderse como una crítica a la aburrida rutina del mundo de los adultos, algo de lo que Alicia se quejará hacia el final de la novela. Por su parte, los inolvidables animales antropomórficos de la historia – el Conejo, el Ratón, el Dodo, el Gato de Cheshire, la Morsa, etc – remiten a la tradición iniciada por Esopo en sus fábulas. Todo esto fuertemente arraigado en la típica tradición inglesa del nosense.

A pesar de la enorme imaginería visual del mundo creado por Carroll, este ha tenido una suerte dispar en el cine. Durante el periodo mudo se hicieron varias adaptaciones fallidas, y el primer filme sonoro sobre el texto realizado en 1933 resultó un fracaso de taquilla. En 1951 Walt Disneypresentó su versión animada de la historia, centrándose sobre todo en el primer libro, más algunos elementos de "Alicia a través del espejo". Sin embargo la película desilusionó al público y al propio Disney, que llegó a decir que "le faltó corazón". Lo que si funcionó fue el costado musical de la producción, con varias canciones del filme ganando una gran popularidad.

Su difusión en la televisión y el redescubrimiento de su espíritu psicodélico por parte de las audiencias de fines de los 60's hicieron que finalmente accediera al status de clásico dos décadas después de su estreno.

Muchos se vieron decepcionados por la adaptación que dirigió Tim Burton en el año 2010, demasiado caótica y centrada en la pirotecnia visual. A pesar de esto son fuertes los rumores sobre una posible secuela. Es que parece que quienes mejor han rescatado el espíritu carrolliano se encuentran fuera de Hollywood. El filme checo "Alice" (1988) del genial Jan Svankmajer combina actores reales con animación stop-motion, centrándose en el costado oscuro de la historia. Los valientes que quieran adentrarse en los rincones más insondables de la web también pueden rastrear el musical erótico "Alice in Wonderland: A Magical Fantasy" (1976), el ácido cortometraje animado "Malice in Wonderland" (1982) y la bizarra versión argentina "Alicia en el país de la maravillas" (1976) de Eduardo Plá. Adaptaciones no aptas para cardiacos.

El texto de Lewis Carroll también influyó a numerosos músicos. Así lo atestiguan canciones como "I´m the Walrus" de The Beatles, "White Rabbit" de Jefferson Airplane y "Canción de Alicia en el País" de Seru Giran (con metáfora política incluida), para no citar ejemplos más contemporáneos perpretados por Avril Lavigne y Taylor Swift. Es que el universo de Alicia no deja de agigantarse a 150 años de su primera aparición. Aquellos que aún no lo conocen no deberían perder el tiempo y visitarlo, aunque sea para evitar que la Reina de Corazones se enfade y grite "¡Que les corten las cabezas!". // Luis Alberto Pescara @luchopescara

  • Publicado en Cine/TV

Santos, cervezas y un trébol verde

En uno de esos gags veloces típicos de "Padre de familia" se muestra un pasado imaginario de Irlanda: una sociedad avanzada, respetuosa y en constante progreso. La broma es que el país pierde esas virtudes con el descubrimiento del alcohol, entregándose inemdiatamente al exceso, la fiesta y al caos. El estereotipo llega hasta nuestros días, en una historia que conjuga tradición, religión y cerveza.

Es un misterio como la sufrida vida del misionero que introdujo el cristianismo a la verde isla se transformó en sinónimo de celebración global. San Patricio nació a principios del siglo V (la fecha exacta no ha sido precisada) en Gran Bretaña, cuando esta estaba ocupada por los romanos. Siendo un niño fue capturado por piratas celtas que lo trasladaron a Irlanda, donde fue obligado a trabajar como pastor durante seis años. Durante ese periodo desarrolló su fe, convirtiéndose al catolicismo poco antes de lograr huir y retornar a su hogar. Al reencontrarse con su familia se entrregó al estudio de la religión, pero no fue hasta que una extraña visión lo invitó a volver a Irlanda que aceptó su destino como misionero en ese país.

A Patricio se le atribuyen varias anécdotas milagrosas en la nación de los duendes. Las más conocidas son aquellas que detallan como explicó la Santísima Trinidad al pueblo pagano usando las hojas de un trébol (tres entidades que conforman una sola unidad), hizo desaparecer todas las serpientes del país y concretó su misión mediante largos discursos épicos, uno de los cuales duró tanto que su bastón hecho raíces y se transformó en un árbol. Pero su vida también estuvo llena de persecución y hambre. Quizás por esto es que la fecha de su muerte – se presume que fue el 17 de marzo del año 460 – empezó como un solemne feriado religioso. Sin embargo con el paso del tiempo fue transformándose en algo muy distinto.


Hacia el siglo XIX miles de irlandeses dejaron su país, que sufría una desastrosa hambruna cuando aún se encontraba bajo dominio inglés. La mayoría se asentaron en Norteamérica y Oceanía, pero también la Europa continental y Sudamérica fueron destinos elegidos. Orgullosos de su origen, estos viajeros empezaron a celebrar el Día de San Patricio de manera festiva, lejos de los ritos de la Iglesia Católica. Tomando el color verde y al trébol como símbolos de su patrono y - por extensión - de su país, las colectividades irlandesas fueron creciendo en visibilidad en todo el mundo.

En su país de origen son las ciudades de Dublín, Belfast, Galway y Cork en la que el feriado se manifiesta de forma más contundente. Fuera de Irlanda, es Chicago, EE.UU, la que realiza los festejos más importantes, con ejércitos de gaiteros recorriendo las calles mientras el río que cruza la ciudad es teñido de verde. En Inglaterra, más allá del encono histórico por las penurias que causaron durante la ocupación, ciudades como Londres y Liverpool albergan hoy una enorme comunidad irlandesa, por lo que la celebración se hace sentir con fuerza. Algo similar ocurre en Australia y Nueve Zelanda, en donde los monumentos más importantes son iluminados con el infaltable color verde.

Por supuesto que en los últimos años la celebración creció exponencialmente debido al marketing y la globalización. Las distintas empresas elaboradoras de cerveza aprovechan la fecha para promocionar sus productos, mientras que los bares organizan eventos especiales. En Buenos Aires el epicentro de todo transcurre en los bares del bajo, cerca del microcentro, por lo que muchos se dirigen a festejar apenas terminan su horario de oficina. Lo obligatorio es tomar cerveza negra (stout), ya que hay consenso en que fueron los irlandeses quienes la popularizaron a nivel mundial. Los más audaces también pueden animarse a un café irlandés, que incluye whisky, crema y azúcar morena.

Pero no todo es bebidas en San Patricio. Quienes quieran adentrarse en otras costumbres gastronómicas pueden probar platos típicos como el Colcannon – a base de papa, repollo y ajo- y el Irish stew, rico en panceta. Además, algo imaginable por tratarse de un país rodeado por el mar, los platos a base salmón, bacalao y crustáceos varios abundan.

Muchos se irritan por la importancia que cobró esta festividad en los últimos años, ya que consideran que se trata de otra tradición importada que se impuso por puro márketing capitalista. Sin embargo hay que recordar que todos los nombres del santoral judeocristiano son extranjeros, con historias que comenzaron en Palestina y Roma hace miles de años, pero nadie parece incomodarse por ello. Dicho esto solo queda relajarse cada 17 de marzo y tomar una Guinness tranquilo, esperando que algún leprechaun o duende celta nos guíe hasta el final del arco iris. // Luis Alberto Pescara @luchopescara

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