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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Los simios no descansan

Cualquiera que ha visto algunos de sus recitales – en Youtube hay varios subidos – puede llegar con facilidad a la misma conclusión: Gorillaz es una de las mejores bandas de la actualidad. Aquella aventura que empezó hace 15 años gracias a las mentes inquietas del músico y cantante Damon Albarn y el dibujante Jamie Hewlett terminó transformándose en una de las apuestas más originales de la música del siglo XXI. Superada la crisis entre los dos creadores que puso en peligro el proyecto allá por el 2012 la banda resurgió más fuerte y prolífica que nunca.

"The Now Now" llega a solo un año de la edición de "Humanz", el álbum que significó el regreso de la banda después de un largo tiempo de incertidumbre. El cuarteto animado compuesto por Noodle, Russell, Murdoc y 2-D vuelve a las andadas con un disco lleno de sintetizadores y un sonido menos orgánico que el de entregas anteriores. Una percusión juguetona da inicio a "Humility", donde se incluye una jugosa porción de soul, otro de sus estilos favoritos. Para que todo sea perfecto no es casual que el invitado estrella del track sea George Benson, guitarrista leyenda dentro del jazz. Una canción de espíritu veraniego que puede servir para entibiar este crudo invierno del Hemisferio Sur.

Sin embargo a partir de "Tranz" el sonido de hace más electrónico, algo que persistirá durante el resto del trabajo. Snoop Dog, otro invitado habitual de la banda, le añade hip-hop a "Hollywood" a los versos que se suceden entre el estribillo cool cantado por Albarn. Aunque estas primeras descripciones pueden hacer pensar que se trata de otro de esos álbumes llenos de invitados a los que nos acostumbró el grupo a lo largo de su carrera, aquí las participaciones estelares fueron reducidas al mínimo. Esa búsqueda de la simpleza transforma a estas 12 canciones en lo más coherente que estos queridos cartoons editaron hasta el momento.

Algo que ayuda a la cohesión del trabajo es la onda psicodélica que atraviesa a todos los temas. Se trate de un tempo lento ("Fire Flies", "Souk Eyes) o más movido ("Lake Zurich") todo en "The Now Now" invita al trip bailable, algo que se disfruta mejor bajo influencia de ciertas sustancias, como afirma alguna de las letras. El efecto absoluto también puede lograrse los visuales que Hewlett preparó para los tracks en internet, los cuales son un viaje en sí mismo.

Además de Albarn y Hewlett, en el disco participan los miembros frecuentes Remy Kabaka en batería y percusión y James Ford en bajo y sintetizadores. Pero quienes continúan agregando páginas de escándalo son los miembros virtuales de Gorillaz, sobre todo ahora que Murdoc está preso y fue remplazado por Ace, un personaje proveniente del universo de Las Chicas Superpoderosas. Todas estas idas y vueltas alimentan la curiosidad de que la banda más interesante de estos años, tanto en lo musical como en lo personal, está compuesta por dibujos animados ¿Es un reflejo del estado del pop actual? Seguramente ellos estarían de acuerdo con esta idea.

  • Publicado en Música

Magia y piruetas bajo la carpa

En el clásico "Las alas del deseo" del director alemán Win Wenders un ángel se enamora de una trapecista y decide transformarse en un hombre mortal para conquistarla. Uno de los aciertos de la película es plantear al circo como algo capaz de hechizar a un ser divino, al punto de hacerlo renunciar a esa condición. El carácter bohemio e itinerante de esta antigua forma de entretenimiento siempre despertó gran fascinación y no solo entre los ángeles.

Uno de los recuerdos más imborrables de nuestra niñez la excitación que producía la llegada de un circo a nuestro barrio o ciudad. El desfile, el armado de la carpa, la posibilidad de ver animales extraños y los trailers poblados de familias viajeras eran todo un universo que disparaba las fantasías infantiles en muchos niveles distintos. Sin embargo el mundo circense cambió en los últimos años, abandonando muchas de sus características tradicionales en favor de una apariencia más cercana al espectáculo contemporáneo, espectacular con un gran acento en lo estético.

No existe una certeza exacta sobre cuando las distintas destrezas corporales - acrobacia, contorsionismo, malabarismo – se alejaron de sus orígenes atléticos y rituales para transformarse en espectáculos de feria que convocaban un público numeroso. Se especula que hace más de 3000 años ya existían grupos de artistas trashumantes viajando de pueblo en pueblo para entretener a la población. Especialmente en la antigua China las disciplinas acrobáticas alcanzaron una gran popularidad, con espectáculos de enorme sofisticación. A los acróbatas con el tiempo fueron agregándose payasos y adiestradores de animales para enriquecer el show. Paralelamente en Grecia, Egipto, Mesoamérica e islas del Pacífico surgían troupes similares que tenían una fuerte presencia femenina, como atestiguan antiguos grabados que llegaron a nuestros días.

La palabra "circo" llegaría varios siglos después, derivada del griego kirkos, que significa círculo. Esto se relaciona con la forma circular de los escenarios en los que comenzaron a representarse estos espectáculos en la antigüedad. Aquí es donde aparece el Imperio Romano, donde se popularizó el término circus con una connotación bastante más nefasta de la que tenía hasta el momento. Ese periodo dejaría cierta carga negativa sobre el término circo, que muchas veces sería entendido como en un evento preparado por el poder de turno para distraer a las masas. Fue el poeta latino Juvenal quien acuñó la frase "pan y circo" en una de sus sátiras para describir la política populista de los emperadores de la época. La expresión aún es ampliamente utilizada.

El circo romano renunciaba al carácter viajero de los espectáculos anteriores para llevarse a cabo en gigantescos estadios (llamados "arenas") cuyas ruinas llegan hasta la actualidad. Aunque en un primer momento se destinaban sobre todo a las carreras de carruajes celebradas en coincidencia con festividades religiosas e imperiales y a otras demostraciones de destreza física, no tardaron en albergar espectáculos mucho más crueles. Las peleas entre gladiadores, sumadas a las cacerías de animales salvajes traídos de África y Asia se volvieron cada vez más habituales en eventos masivos que tenían una enorme importancia social para el imperio. Muchos siglos después la pantalla retrataría aquellos shows truculentos en innumerables filmes, desde Ben Hur a Gladiador. Se calcula que este tipo de espectáculos desaparecieron hacia el siglo IV de nuestra era. Sin embargo los clanes de acróbatas, bufones, domadores, contorsionistas y escupidores de fuego continuarían recorriendo las aldeas hasta bien terminada la Edad Media.

Los historiadores coinciden en que el periodo moderno del circo nace gracias a Phillip Astley en 1768. Este inglés amante de los trucos ecuestres creó un anfiteatro circular en el que jinetes y corceles realizaban audaces piruetas. Más tarde Andrew Ducrow introdujo clowns, magos, trapecistas y animales exóticos a ese show, dándole forma a lo que hoy entendemos como arte circense. Durante la era victoriana la popularidad de este tipo de espectáculos creció enormemente, por lo que aparecieron muchas iniciativas similares en otros países del mundo. Otras figuras de importancia fueron el italiano Giuseppe Chiarini y los franceses Louis Soullier y Jacques Tourniaire, quienes al viajar por el mundo con sus gigantescas carpas de tela (el plástico aún no existía) fueron incorporando números artístico de distintas culturas. Así fue como las ancestrales acrobacias de países como China y la India finalmente llegaron a ojos occidentales, conformándose un show cada vez más cosmopolita. Con la creación de la Escuela de Circo de Moscú en 1927 se reconocería el valor artístico de esta tradición. En la actualidad Rusia sigue siendo el país donde las artes circenses tienen mayor reconocimiento académico, siendo una alta aspiración de todo aspirante a profesional del rubro entrar en alguna de sus instituciones.

Elefantes

En las últimas décadas el circo sufrió una nueva metamorfosis. Por un lado las asociaciones contra el maltrato animal comenzaron a militar por un manejo más humano de las criaturas que participaban de los espectáculos. Varios países iniciaron investigaciones al respecto, concluyendo que las condiciones en las que viven la mayoría de los animales de los circos son insalubres, sufriendo hacinamiento, estrés y múltiples agresiones durante los entrenamientos. Los países nórdicos, Inglaterra, Estados Unidos, Grecia, Bolivia y Singapur, entre otros, impulsaron leyes que restringen radicalmente el uso de animales no domésticos en los números. Por esto es que hoy solo aquellos emprendimientos que garantizan entrenamiento a cargo de profesionales y buenas condiciones de cautiverio pueden incluir elefantes o monos entre su oferta de espectáculos.

Sumado a esto desde los '70 se popularizó un nuevo tipo de performance llamada nouveau cirque, que combina los actos tradicionales con una propuesta visual elaborada centrada en un tema concreto, incorporando danza, teatro y numerosos efectos visuales. Formada en 1984 es sin dudas la prestigiosa compañía canadiense Cirque du Soleil la que más trascendió en este nuevo estilo, transformándose con los años en una gran empresa con varios shows circulando por el mundo, varios discos exitosos editados y más de 4000 empleados.

El corazón del circo hoy late más fuerte que nunca. No porque existan carpas centenarias llegando a nuestras ciudades, si no porque numerosos jóvenes eligen a diario ese mundo de acrobacias, malabares y payasos como una forma de aprovechar el tiempo libre, ejercitarse e incluso dedicarse profesionalmente ¿Cuál es el motivo para que en plena era de la hiperconectividad virtual se produzca esta explosión de una tradición tan antigua? La respuesta no importa porque al fin y al cabo esta vigencia es la confirmación de que a las pasiones hay que entregarse sin red, como un buen equilibrista.

Adiós a la realidad

Hace poco el prestigioso lingüista y activista Noam Chomsky dijo, algo desencantado, que "la gente ya no cree en los hechos". El mundo parece darle la razón con las nuevas generaciones cada vez más pendientes de las representaciones ficticias de internet y con los medios de comunicación regodeándose en la denominada "posverdad", esa construcción distorsionada con la que distintas fuerzas de poder buscan manipular la opinión pública. La idea de que los hechos concretos son menos importantes que la percepción que cada individuo tiene de ellos hoy tiene más vigencia que nunca.

Muchos señalan que una de las mayores causas del grado de violencia que se maneja en los debates que se dan en las redes sociales es la tendencia de muchas personas a confundir opinión con verdad. Cuando discutimos solemos demostrar una confianza ciega en nuestra postura, argumentando desde una seguridad que suponemos avalada por los hechos. Quienes tienen una posición diferente también hablan con una actitud similar, lo cual dificulta cualquier tipo de acuerdo. La multiplicidad de miradas sobre cualquier tema en las plataformas fomenta la idea de que no existe una realidad sola, si no tantas como individuos participantes.

¿A qué nos aferramos si no hay nada sólido que nos brinde la tranquilidad de lo inmutable? ¿Tiene sentido compartirles nuestra verdad a personas que no desean abandonar la suya? ¿En quién confiar en un mundo donde las imágenes y los hechos son cada vez más fáciles de intervenir? La discusión sobre cuál es el concepto de realidad desvela a los filósofos desde hace milenios, mucho antes que internet y los universos audiovisuales tuvieran relevancia alguna en la vida de la gente. Resulta esclarecedor ver como esos antiguos debates se repiten en muchas expresiones de la cultura popular contemporánea.

Los Antiguos Griegos fijaron la idea de lo real como algo ligado a los objetos y sucesos concretos desde la etimología, ya que la raíz de la palabra realidad viene de 'res' que en griego significa cosa. A tal punto estuvieron convencidos que la realidad era algo material que durante siglos buscaron encontrar cuál era el elemento primordial de todas cosas o arjé. Tales de Mileto dijo que era el agua, Pitágoras los números, Heráclito el fuego y otros - como Empédocles - sostuvieron que la materia esencial de todo era compartida por el conjunto agua, fuego, tierra y agua. Aunque estas formas de desentrañar lo real hoy resultan ridículas tuvieron el mérito de utilizar la razón a la hora de argumentar, alejándose de las explicaciones míticas y religiosas antiguas. Se trató de tempranos intentos de un razonamiento científico sobre el mundo.

Será Platón en el siglo V A.C. quien definirá lo relativa que es la realidad mediante la Alegoría de la Caverna, una de las ideas filosóficas más citadas de la Historia. En ella plantea a un grupo de hombres encadenados en el fondo de una caverna que apenas pueden ver los destellos que provoca una hoguera lejana en la pared que tienen enfrente, asumiendo a esas formas y sombras representan la totalidad del mundo. Pero si uno de los individuos rompiera sus cadenas y caminara hacia la fuente de luz se sentiría confundido por figuras nuevas que le parecerían menos reales que los tenues claroscuros que vio toda su vida. Si llegara a salir de la cueva se sentiría amenazado por la verdad incomprensible volviendo a refugiarse en la oscuridad, junto a sus compañeros de encierro. Años después Aristóteles, discípulo de Platón, manifestaría su desconfianza con respecto a la visión relativista de su maestro, acuñando la difundida frase "La única verdad es la realidad". Para él la esencia de las cosas estaba en las cosas mismas, no en una sustancia oculta detrás de estas, por lo que no habría razón para desconfiar de lo que nuestros sentidos nos muestran.

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Es inevitable realizar un paralelo entre la Alegoría de la Caverna y la Trilogía Matrix, en la que las personas aceptan la realidad solo porque les es presentada como tal, sin advertir que es una ficción que los esclaviza. Neo, el héroe del film, al aceptar la propuesta de Morfeo para abandonar su vida cotidiana asume el desafío de salir de la ficción que le daba seguridad. Matrix es el ejemplo más claro de un fenómeno típico de las ficciones audiovisuales actuales: el de las narraciones desdobladas en varias realidades paralelas.

Tanto en el cine clásico como en el grueso de las series que se produjeron durante los primeros 40 años de televisión los personajes vivían su historia de manera cronológica y en estado de vigilia, o sea que se movían en una realidad segura compartida por el espectador. Sin embargo hacia finales del siglo XX los sueños, los universos paralelos, las alucinaciones y las vidas pasadas empezaron a jugar un papel central en las narraciones. En la pantalla chica el cambio comenzó con Twin Peaks y los Expedientes Secretos X para más tarde transformarse en norma en éxitos como Lost, Fringe, Games of Thrones, Mr Robot y Westworld. Esta desaparición del relato único lleno de certezas busca desestabilizar al público, pero también confirma lo contrario: la mayor ambigüedad de los guiones es un reflejo de la desaparición del concepto de realidad absoluta en la gente. La cultura pop también parece darle la razón a los temores de Noam Chomsky.

En los últimos años varios pensadores insistieron en el concepto de que la civilización actual necesita la aceptación de ciertas ilusiones para funcionar. En 1973 Umberto Eco acuñó el término Híperrealidad a partir de sus observaciones sobre la cultura del entretenimiento en Estados Unidos. Allí advirtió que los parques de diversiones como Disneylandia son percibidos por sus asistentes como verdaderos, como si vivir esa "falsedad auténtica" los ayudara a justificar su realidad diaria. "Se reconstruyó un mundo de fantasía más real que la realidad, derribando el muro de la segunda dimensión, creando no una película que es pura ilusión, si no un teatro total" señaló el pensador italiano. Con posterioridad el francés Jean Baudrillard dijo que en nuestra sociedad de consumo la felicidad muchas veces solo se alcanza mediante la aceptación de una imitación o simulacro que se vive como verdadero. Actualmente la cultura de masas se encarga de embriagarnos con avatares, imágenes, juegos y ficciones cada vez más realistas, al punto que parecen reemplazar a la materia misma. Muchos críticos y pensadores ven esto como un gran peligro que puede distraernos de las problemáticas concretas. Esta idea es recurrente en gran parte de la ciencia ficción actual.

Ready Player One, última película de Steven Spielberg, reatrata un futuro distópico en el que la población vive hacinada en pobres monoblocks sin cuestionar su situación. Un sofisticado juego llamado OASIS le permite a la gente asumir otra identidad y vivir aventuras más allá de toda imaginación utilizando abundantes referencias a creaciones de la cultura popular (películas, música, libros, etc). Esto provoca una dependencia insana en muchos de los jugadores, lo que preocupa a James Hallyday, creador de OASIS, quien sostiene que "la realidad es la única cosa que real". Finalmente el juego es cerrado los martes y jueves para que las personas pasen más tiempo en contacto con el mundo concreto, una medida que no goza de mucha popularidad. Abandonar la caverna no siempre es una experiencia placentera, pero hoy más que nunca se ha vuelto algo necesario.

Series modelo siglo XX

El fenómeno existe desde hace varios años y ocupa espacio miles de páginas web, redes sociales y artículos académicos. El fanatismo por las series parece poner en jaque al cine, mientras que las productoras intentan ajustarse a las nuevas formas de consumo digital como pueden. Gracias a actores de primera línea, una estética cinematográfica y guiones de alta complejidad las ficciones seriadas terminaron fascinando a todo el mundo, quienes no paran de discutir cada capítulo apasionadamente. Los nuevos programas abandonaron los viejos modos televisivos para volverse más ambiciosos y complejos.

Quizás el primer quiebre se produjo con "Los Sopranos", la serie de HBO que durante el cambio de siglo buscó diferenciarse del resto, mezclando sabiamente humor negro e intriga policiaca con un espíritu trágico casi shakesperiano. A partir de allí se sucedieron las producciones notables: "Lost", "Mad Men", "The Walking Dead", "Breaking Bad", "Game of Thrones", "Stranger Things" y muchas más. Mientras el cine apuesta a trucos espectaculares para llevar público a las salas, la inteligencia y la originalidad no dejan de sorprender desde la pantalla chica. Desarrollamos estos temas en nuestro artículo "La vida en capítulos": http://tupaladar.com.ar/index.php/component/k2/item/634-la-vida-en-capitulos

Sin embargo, al adentrarnos en el vastísimo mundo de la televisión de antaño - y más allá de aquellos clásicos a los que uno les tiene un cariño personal - es posible encontrar muchos ejemplos de programas que se distinguieron de los estándares de su época. Muchos de ellos siguen teniendo una fuerte influencia sobre las producciones actuales. A continuación un listado de algunas series de culto que, con sus estilos innovadores y contenidos audaces, hicieron la diferencia en el siglo XX.

La Dimensión Desconocida (1959 / 1964): Cuando la televisión aún era una novedad Rod Serling, un joven guionista proveniente de la radio, se peleaba con los ejecutivos de televisión tratando de imponer sus particulares ideas. Frustrado ante las negativas, decidió crear un show propio en el que pudiera actuar con libertad, con historias fantásticas de final impredecible que se volvieron su marca de fábrica. Una infinidad de directores y actores dieron sus primeros pasos en "The Twilight Zone", cuyos capítulos aún sorprenden por su audacia formal y temática. Las palabras que Serling leía en off al comienzo de cada entrega ya son parte del inconsciente colectivo: "Estamos entrando en un mundo distinto de sueños e ideas. Estamos entrando en la dimensión desconocida".

El prisionero (1967 / 1968): En un capítulo de Los Simpsons, luego de que Homero siembra rumores falsos en internet, la familia aparece en una extraña isla en la que se les asigna un número a modo de nombre y son constantemente drogados de insólitas maneras. Se trata de un homenaje a "El prisionero", la serie que mejor captó el espíritu de los 60's. Como si James Bond hubiera sucumbido a los efectos del LSD, el cautivo "N°6" busca escapar de La Villa en la que está preso, mientras intenta descubrir por qué fue apresado y quién es el "N°1" que digita todo el misterio. Una obra maestra de la psicodelia televisiva.

Monty Python's Flying Circus (1969 / 1974): En América Latina los Monty Python fueron conocidos principalmente por su faceta cinematográfica antes que por su etapa televisiva. Sin embargo quienes tuvieron acceso a su programa gracias a los videocasetes que clandestinamente entraban al continente pudieron asombrase ante el absurdo de sketchs como "The Spanish Inquisition", "Ministry of Silly Walks"o "Dead Parrot" (hoy todos pueden verse en internet), todo ello sazonado con las innovadoras animaciones de Terry Gilliam. El mundo de la comedia nunca volvió a ser el mismo.

Sledge Hammer (1986 / 1988): Quienes creen que la incorrección política es un invento de este siglo se olvidan del insano humor que manejaba "Martillo Hammer". Misógino, fascista, sádico, fanático de las armas y siempre envuelto en discusiones con el Capitán Trunk, el maniático inspector personificado por David Rasche dejó una huella indeleble entre quienes siguieron sus peripecias. Con los numerosos tiroteos que se dieron en muchas escuelas estadounidenses hoy sería imposible hacer un programa cuya presentación eran varias tomas casi sensuales de una Magnum 44. Pero confiábamos en él; sabía exactamente lo que hacía.

Sledge

Max Headroom (1987 / 1988): Siempre que se habla del movimiento cyberpunk se citan sus raíces en la literatura de ciencia ficción y los filmes importantes que moldearon su estética. Sin embargo pocos recuerdan este programa que introdujo a la opinión pública varios temas de avanzada: los medios como forma de control social, los movimientos anónimos anti-sistema y la posibilidad de tener un alter-ego virtual; que aquí es el personaje que da nombre a la serie. Con una gran influencia de películas como "Mad Max" y "Bladerunner", esta serie marcó una forma novedosa de mostrar el futuro cercano. Una gema que merece ser redescubierta.

Twin Peaks (1990 / 1991): El cerebro retorcido de David Lynch mezcló elementos de varios géneros – particularmente el registro actoral de las telenovelas y el suspenso de una investigación policial – para crear una miniserie alucinante que no se parece a ninguna otra. Es cierto que la segunda temporada decayó un poco, pero sin lugar a dudas sus 30 episodios ya forman parte de la cultura popular. Todos aún nos hacemos la misma pregunta: ¿Quién mató a Laura Palmer?

Parker Lewis can´t loose (1990 / 1993): Las series que transcurren en la high school suelen estar llenas de lugares comunes, además de resultarnos lejanas culturalmente. Sin embargo esta sitcom de principios de los 90' rompió esos prejuicios mediante un tono auto-paródico y un motón de recursos surrealistas. El protagonista - un galán de secundaria en eterno conflicto con su hermana y con la maquiavélica directora de la institución - hablaba a cámara, rompiendo así la cuarta pared. Además usaba un ritmo de edición con clara inspiración en la mejor MTV.

Toda lista es incompleta y sin duda quedan muchas series en el tintero. Pero estos ejemplos merecen ser recordados como intentos primitivos de introducir vanguardias y cambiar paradigmas dentro de un medio que suele ser bastante conservador. De lo contrario nuestro fanatismo serial hoy debería satisfacerse con malas imitaciones de MacGyver, muy lejos del próspero talento que nos sorprendió en los últimos años.

  • Publicado en Cine/TV
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