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Luis Alberto Pescara

Luis Alberto Pescara

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Series modelo siglo XX

El fenómeno existe desde hace varios años y ocupa espacio miles de páginas web, redes sociales y artículos académicos. El fanatismo por las series parece poner en jaque al cine, mientras que las productoras intentan ajustarse a las nuevas formas de consumo digital como pueden. Gracias a actores de primera línea, una estética cinematográfica y guiones de alta complejidad las ficciones seriadas terminaron fascinando a todo el mundo, quienes no paran de discutir cada capítulo apasionadamente. Los nuevos programas abandonaron los viejos modos televisivos para volverse más ambiciosos y complejos.

Quizás el primer quiebre se produjo con "Los Sopranos", la serie de HBO que durante el cambio de siglo buscó diferenciarse del resto, mezclando sabiamente humor negro e intriga policiaca con un espíritu trágico casi shakesperiano. A partir de allí se sucedieron las producciones notables: "Lost", "Mad Men", "The Walking Dead", "Breaking Bad", "Game of Thrones", "Stranger Things" y muchas más. Mientras el cine apuesta a trucos espectaculares para llevar público a las salas, la inteligencia y la originalidad no dejan de sorprender desde la pantalla chica. Desarrollamos estos temas en nuestro artículo "La vida en capítulos": http://tupaladar.com.ar/index.php/component/k2/item/634-la-vida-en-capitulos

Sin embargo, al adentrarnos en el vastísimo mundo de la televisión de antaño - y más allá de aquellos clásicos a los que uno les tiene un cariño personal - es posible encontrar muchos ejemplos de programas que se distinguieron de los estándares de su época. Muchos de ellos siguen teniendo una fuerte influencia sobre las producciones actuales. A continuación un listado de algunas series de culto que, con sus estilos innovadores y contenidos audaces, hicieron la diferencia en el siglo XX.

La Dimensión Desconocida (1959 / 1964): Cuando la televisión aún era una novedad Rod Serling, un joven guionista proveniente de la radio, se peleaba con los ejecutivos de televisión tratando de imponer sus particulares ideas. Frustrado ante las negativas, decidió crear un show propio en el que pudiera actuar con libertad, con historias fantásticas de final impredecible que se volvieron su marca de fábrica. Una infinidad de directores y actores dieron sus primeros pasos en "The Twilight Zone", cuyos capítulos aún sorprenden por su audacia formal y temática. Las palabras que Serling leía en off al comienzo de cada entrega ya son parte del inconsciente colectivo: "Estamos entrando en un mundo distinto de sueños e ideas. Estamos entrando en la dimensión desconocida".

El prisionero (1967 / 1968): En un capítulo de Los Simpsons, luego de que Homero siembra rumores falsos en internet, la familia aparece en una extraña isla en la que se les asigna un número a modo de nombre y son constantemente drogados de insólitas maneras. Se trata de un homenaje a "El prisionero", la serie que mejor captó el espíritu de los 60's. Como si James Bond hubiera sucumbido a los efectos del LSD, el cautivo "N°6" busca escapar de La Villa en la que está preso, mientras intenta descubrir por qué fue apresado y quién es el "N°1" que digita todo el misterio. Una obra maestra de la psicodelia televisiva.

Monty Python's Flying Circus (1969 / 1974): En América Latina los Monty Python fueron conocidos principalmente por su faceta cinematográfica antes que por su etapa televisiva. Sin embargo quienes tuvieron acceso a su programa gracias a los videocasetes que clandestinamente entraban al continente pudieron asombrase ante el absurdo de sketchs como "The Spanish Inquisition", "Ministry of Silly Walks"o "Dead Parrot" (hoy todos pueden verse en internet), todo ello sazonado con las innovadoras animaciones de Terry Gilliam. El mundo de la comedia nunca volvió a ser el mismo.

Sledge Hammer (1986 / 1988): Quienes creen que la incorrección política es un invento de este siglo se olvidan del insano humor que manejaba "Martillo Hammer". Misógino, fascista, sádico, fanático de las armas y siempre envuelto en discusiones con el Capitán Trunk, el maniático inspector personificado por David Rasche dejó una huella indeleble entre quienes siguieron sus peripecias. Con los numerosos tiroteos que se dieron en muchas escuelas estadounidenses hoy sería imposible hacer un programa cuya presentación eran varias tomas casi sensuales de una Magnum 44. Pero confiábamos en él; sabía exactamente lo que hacía.

Sledge

Max Headroom (1987 / 1988): Siempre que se habla del movimiento cyberpunk se citan sus raíces en la literatura de ciencia ficción y los filmes importantes que moldearon su estética. Sin embargo pocos recuerdan este programa que introdujo a la opinión pública varios temas de avanzada: los medios como forma de control social, los movimientos anónimos anti-sistema y la posibilidad de tener un alter-ego virtual; que aquí es el personaje que da nombre a la serie. Con una gran influencia de películas como "Mad Max" y "Bladerunner", esta serie marcó una forma novedosa de mostrar el futuro cercano. Una gema que merece ser redescubierta.

Twin Peaks (1990 / 1991): El cerebro retorcido de David Lynch mezcló elementos de varios géneros – particularmente el registro actoral de las telenovelas y el suspenso de una investigación policial – para crear una miniserie alucinante que no se parece a ninguna otra. Es cierto que la segunda temporada decayó un poco, pero sin lugar a dudas sus 30 episodios ya forman parte de la cultura popular. Todos aún nos hacemos la misma pregunta: ¿Quién mató a Laura Palmer?

Parker Lewis can´t loose (1990 / 1993): Las series que transcurren en la high school suelen estar llenas de lugares comunes, además de resultarnos lejanas culturalmente. Sin embargo esta sitcom de principios de los 90' rompió esos prejuicios mediante un tono auto-paródico y un motón de recursos surrealistas. El protagonista - un galán de secundaria en eterno conflicto con su hermana y con la maquiavélica directora de la institución - hablaba a cámara, rompiendo así la cuarta pared. Además usaba un ritmo de edición con clara inspiración en la mejor MTV.

Toda lista es incompleta y sin duda quedan muchas series en el tintero. Pero estos ejemplos merecen ser recordados como intentos primitivos de introducir vanguardias y cambiar paradigmas dentro de un medio que suele ser bastante conservador. De lo contrario nuestro fanatismo serial hoy debería satisfacerse con malas imitaciones de MacGyver, muy lejos del próspero talento que nos sorprendió en los últimos años.

  • Publicado en Cine/TV

Gambeteando entre libros

En una entrevista del año 1978 Jorge Luis Borges fue consultado por cuál era su opinión sobre el Mundial de Fútbol que se realizaría en Argentina unos meses después. Su respuesta fue categórica: "el fútbol es popular porque la estupidez es popular". Seguidamente recordó que autores como William Shakespeare y Rudyard Kipling se referían a este deporte con gran desdén. A pesar de ser un anglófilo confeso el autor de Ficciones señaló: "Yo creo que el haber impuesto el fútbol en el mundo es el mayor crimen cometido por Inglaterra".

Ese mismo año Ernesto Sábato se reunió con funcionarios de la Junta Militar que gobernaba el país para reprochar los gastos excesivos que se habían destinado a la realización del evento mundialista, el cual además servía de pantalla para la oscura campaña "Los argentinos somos derechos y humanos". Se trató de una de las pocas veces en la que ambos escritores - quienes se lanzaron ponzoñosos dardos en muchas oportunidades – coincidieron en algo. ¿Siempre el mundo pasional, violento y excesivo del fútbol estuvo en la vereda de enfrente con respecto al sensible universo de la literatura? Por suerte no, ya que numerosos autores se ocuparon de retratar las virtudes del deporte más popular del planeta. Incluso hubo varios que llegaron a jugarlo apasionadamente.

En el año 2006 el alemán Günter Grass - ganador del premio Nobel de literatura en 1999 – también se mostró preocupado por el mundial que se realizaría en su país, aunque por motivos menos graves que los que preocupaban a Sábato. "Encuentro a la comercialización del fútbol terrible. Ya no hay competencia justa ni en primera ni en segunda división en Alemania. Esto hace a la pelea por el campeonato algo aburrido". Luego no dudó en emprenderla contra la FIFA: "Se han asegurado de que el fútbol no sea más un deporte para la gente, si no meramente un gran negocio". El autor de El tambor de hojalata jugó como wing izquierdo durante su juventud y - según sus propias palabras - era bastante bueno.

El mismo año en el que Grass demostraba su descontento con el presente del deporte, otros literatos decidían organizarse para demostrar sus habilidades en la cancha. The Writer's League (La liga de los escritores) es una idea impulsada por Alessandro Baricco, autor de la notable novela Seda, junto a otros hombre de letras y editores que fomentan encuentros futbolísticos informales. No es casual que sea un italiano quien encabece esta iniciativa, ya que son varios los escritores de ese país que manifestaron su simpatía con el calcio. Pier Paolo Pasolini – figura controvertida como pocas – no perdía ocasión para participar de un partido cuando se le presentaba la oportunidad. Gracias a esos encuentros desarrolló un paralelismo entre el balompié y poesía: "El fútbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, dribbliar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el fútbol una cosa sublime, es ésa".

Otro galardonado con el Nobel que se puso los botines fue Albert Camus, quien llegó a ser arquero profesional del Racing Universitaire d' Alger durante dos años. Siendo ya un autor reconocido no dudó en afirmar "Después de muchos años en los que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol, lo aprendí con mi equipo, el RUA". El autor de El extranjero no ha sido el único que se desempeñó debajo de los tres palos, puesto que también ocuparon el creador de Sherlock Holmes, Sir Arthur Connan Doyle, y el ruso Vladimir Nabokov.

Quizás porque el azar y la espera son parte de su naturaleza, los arqueros tienen un lugar de privilegio en las páginas futbolísticas. Aunque no tiene mucho juego, con el estupendo título de El miedo del arquero frente al tiro penal el austriaco Peter Handke editó en 1970 una influyente novela en la que un ex portero de un equipo importante se ve involucrado en un impensado crimen. Un tono muy distinto caracteriza El penal más largo del mundo de Osvaldo Soriano, en el que un partido de provincia interrumpido por disturbios ocasiona que un tiro desde los doce pasos se prolongue con importantes consecuencias para los personajes.

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Soriano – todo un sinónimo del escritor futbolero - pertenece a una generación de creadores latinoamericanos que no tuvo problemas en aceptar al balón pie como una parte importante de su cultura. Ya sea desde lo narrativo, como Roberto Fontanarrosa, o desde lo ensayístico, como Eduardo Galeano y Osvaldo Bayer, en las últimas tres décadas el supuesto enfrentamiento entre fútbol y literatura fue desapareciendo. El mexicano Juan Villoro señala en su libro Dios es redondo los motivos por los cuales el cuento es el género que mejor refleja el espíritu del juego: "El sistema de referencias del fútbol está tan codificado e involucra de manera tan eficaz a las emociones que es sí mismo su propia épica, su tragedia y su comedia. Como el balompié llega ya narrado, sus misterios inéditos suelen ser breves. El novelista no se conforma con ser un espejo, prefiere morir en otras direcciones". Eduardo Sacheri es uno de los pocos que ha logrado plasmar la pasión por la redonda en narraciones más extensas, como Aráoz y la verdad.

Los cuentos de fútbol generalmente están vinculados con el constado más pintoresco del deporte: los jugadores, los hinchas y las pequeñas hazañas o miserias que les ocurren. Pero otros apuntaron alto con relatos de enorme riqueza, como Roberto Bolaño, autor chileno exiliado en Barcelona durante la última etapa de su vida y fanático de "el Barça". A él le debemos el extraordinario Buba, un relato de goles, macumbas africanas y melancolía infinita que desentona de la tendencia festiva general al mostrar la tristeza y soledad que envuelve a muchos jugadores.

Contradiciendo las impresiones iniciales de Borges, es necesario mencionar que el inglés Nick Hornby en Fiebre en las gradas es quién mejor retrató cómo el fanatismo desmedido por un equipo puede afectar la vida personal de un hincha, pero sin evitar una mirada simpática hacia el personaje. Medio siglo antes su compatriota George Orwell – autor de clásicos como 1984 y Rebelión en la granja – escribió el artículo The Sporting Spirit, horrorizado por las conductas tribales que observaba tanto dentro como fuera del campo. Allí acuñó la difundida frase de que el fútbol es "como la guerra, pero sin los disparos". En realidad a Orwell le molestaba que el nacionalismo se mezclara con un juego que debería ser una experiencia puramente gozosa. Porque si se desnuda al fútbol de los odios, la violencia y los intereses económicos aún puede vislumbrarse ese espíritu lúdico que está presente en la infancia y que el gran periodista Dante Panzeri llamó "aquella satisfacción artesanal". Una sensación que deberíamos hacer todo los posible para recuperar.

Destilado charrúa

Los uruguayos nos caen bien. Desde trovadores clásicos como Daniel Vigletti y Alfredo Zitarrosa a músicos populares como Rubén Rada y Jaime Roos, el intercambio musical entre Argentina y "el paisito" ha sido siempre fluido. Y en los últimos 20 años la popularidad del rock charrúa le inyectó una renovada dosis de energía a esta tradición, con la La Vela Puerca como rompehielos de la movida. Los montevideanos hoy vuelven con "Destilar" para recuperar el terreno que otros compatriotas - como No Te Va a Gustar - ganaron en los últimos años.

Durante un tiempo el grupo coqueteó con un sonido más acústico, sin abandonar sus raíces ska–punk. Pero aquí prevalece la última vertiente, solo que ahora con letras menos festivas que las de sus primeros tiempos y un sonido más pop. La explosiva presentación rockera de "Velamen" será coreada por los fanáticos, al igual que la letra existencial de "Atala". "Vivimos de morir / Atala, no la sueltes / no la dejes ir ahora". En ese sentido los muchachos saben cómo llenar de contenido los ritmos contagiosos que facturan, como ocurre con el corte "La nube" y su buen solo de guitarra. Cuando el mensaje no es tan optimista la capacidad de Sebastián Teysera para retratar personajes a los que la vida les pasó por encima se manifiesta. Allí están "La revancha", cantada por Sebastián "Cebolla" Cebreiri, y "Baco" para atestiguarlo.

Por suerte hay otros temas que interesan al cantante puerco. "De negro y rojo", referido a la lucha feminista, recuerda que en sus comienzos las letras combativas eran prioridad. Pero la joya del disco es el bello "La luna de Neuquén", cuyo aire folklórico se acentúa por la participación de Raly Barrionuevo. Se trata de un sentido homenaje a Agostina Mármora, una artista del sur que el cantante Teysera conoció en Cabo Polonio y que falleció de una grave enfermedad con solo 23 años. El septeto adoptó la saludable costumbre de incluir canciones más melancólicas durante la última década. Sería genial que estos temas tengan un lugar cada más importante en futuros trabajos, ya que prometen melodías y letras hermosas.

Las guitarras de Di Bello y Butler y los vientos de Quijano y Piccone se encargan de crear un sonido que irremediablemente suena familiar, siempre con Lieutier y Canedo sosteniendo la solidez de la base. La banda de los sebastianes apuesta a lo seguro y sale ganando sin sorpresas una vez más. Un movimiento que seguramente no les traiga nuevos seguidores, pero que sin lugar a dudas dejará satisfechos a los fanáticos de siempre. Quizás ese es el destino de una parte importante del rock latino luego de la explotación del indie: acomodarse y sobrevivir. Y esto ya es un logro.

  • Publicado en Música

Huele a histeria adolescente

Los Back Street Boys editaron un nuevo tema para festejar sus 25 años de actividad. Es cierto que la canción imita sospechosamente al sonido de The Weeknd, pero de todas maneras cumple su cometido de despertar interés en los fanáticos y fanáticas que quieren reencontrarse con los ídolos que los acompañaron durante su pubertad. El fanatismo de los adolescentes por los intérpretes de música pop es uno de los fenómenos más significativos que trajo la cultura de masas durante el último siglo.

Las imágenes de miles de púberes sitiando hoteles, cortando calles, gritando hasta desmayarse y asustando a los padres originaron tanto burlas por parte del periodismo como serios análisis de los círculos académicos. En la actualidad, a pesar de los enormes cambios que la tecnología provocó en las formas de consumir música estas escenas se repiten con nuevas estrellas que – aunque ya no venden la cantidad de discos que las de otros tiempos- siguen contribuyendo al fenómeno. Aprovechando la búsqueda de modelos típica de esa edad difícil, muchos empresarios cimentaron negocios millonarios y, en algunos casos, hasta impulsaron la carrera de músicos influyentes.

Es cierto que resulta difícil tomarse en serio los alaridos punzantes de believers, directioners, jonáticos y demás grupos de incondicionales. Uno no puede dejar de pensar que, como tantas veces ocurrió en la historia de la música, estas estrellas en algún momento empezarán a eclipsarse, caerán en el olvido. Con suerte protagonizarán un regreso decoroso dentro de unos años como ocurrió hace unos años con los New Kids on The Block y los citados Back Street Boys, quienes a pesar de no sonar en las radios con sus nuevas canciones encabezaron un exitoso tour juntos. Parece que los púberes de fines del siglo XX, hoy devenidos en madres y padres atareados o prisioneros de trabajos mal remunerados, disfrutan reencontrarse con aquellas celebridades que les sonreían desde los posters que colgaban en sus habitaciones hormonales.

Una de las mujeres que concurrió al regreso de estas boy bands noventosas fue Jude Rogers, quien reflejó sus vivencia en el programa de la radio BBC "Mad About the Boy". Allí se ocupó de brindar otra mirada sobre el fanatismo en la música, centrándose sobre todo en su papel empoderador en las mujeres. La periodista galesa señalo que gracias a estas conductas masivas las adolescentes empiezan a explorar su sexualidad de una forma sana, desarrollando un fuerte lazo generacional con sus pares. Con acierto Rogers también señala cómo las reacciones de histeria solo son condenadas cuando las lleva a cabo una mujer: "Si un chico se compenetra realmente en un partido de fútbol y se pasa los 90 minutos del partido chillando y gritando nadie dice que eso es raro, algo que si se remarca en una chica". Una afirmación que hoy está más vigente que nunca.

Desde luego que este fenómeno no es nuevo. Frank Sinatra provocó que 300 policías fueran convocados para controlar a las 30.000 fans que lo esperaban a la salida de un teatro el 12 de octubre de 1944 (el hecho aún es recodado como el "Columbus Day Riot") y en la década siguiente las caderas de Elvis desatarían catarsis hormonales inéditas. Pero sin dudas es cuando cuatro chicos de Liverpool alcanzan las listas en el periodo 1963/64 que el fenómeno adquiere dimensiones faraónicas. La "Beatlemanía" se transforma en una pasión global y desconcierta a padres e investigadores, quienes a veces arriesgan explicaciones llenas de esnobismo y misoginia. El prestigioso historiador estadounidense Paul Johnson llegó a decir: "Aquellos que revolotean alrededor de los Beatles, que gritan en plena histeria, que esperan con rostros vacíos frente al televisor, son los menos afortunados de su generación,los bobos, los fallados". El tiempo demostró todo lo equivocado que estaba el autor de "Historia del cristianismo".

Otros grupos de los 60' - cómo The Beach Boys y hasta los inoxidables Rolling Stones – también fueron catalogados como estrellas para púberes, al igual que el solista Frankie Avalon, quien es homenajeado/parodiado en el hit de The Vaccines "Teenage Icon". Los Beatles convivieron con el fanatismo como pudieron, pero con los años el constante griterío eclipsaba su música los terminó agotando. Para cuando en agosto de 1966 ofrecen su último concierto en San Francisco la industria musical ya había tomado nota del fenómeno. Como había ocurrido con el star system durante los primeros años del cine, los ejecutivos tomaron conciencia de que para lograr el éxito había que encandilar a los fanáticos en el exacto momento en el que abandonan la infancia.

beatlemania

The Monkeys fue el primer ejemplo de grupo de rock orquestado por un productor pensando en capitalizar corazones y bolsillos adolescentes. Durante los 70' aparecen ídolos musicales catapultados por series de TV exitosas como David Cassidy de "La Familia Patridge" y Donny Osmond de "Los Osmond". Por otro lado los escoceses Bay City Rollers, asolaron al mundo con la llamada "rollermanía" durante el periodo 75/78. Todos ellos luego lucharon por despegarse de su imagen de producto pasajero, pero fracasaron. Con el cambio de década los grupos rompecorazones proliferaron en el mundo hispano, como lo demostró el suceso de los españoles Parchís y los portorriqueños Menudo. Todos estos grupos fueron mirados con desconfianza por los partidarios del rock más clásico, algo que afortunadamente fue cambiando con el tiempo.

Sin dudas el aspecto que más diferencia a los ídolos actuales de los de antaño es que el merchandising ha crecido de una manera monstruosa. Mientras que antes la idolatría podía ser satisfecha con la compra del álbum y las fotos del artista en cuestión, hoy el fanático es tentado con infinitos productos que explotan la imagen de la estrella, algo que hace peligrar la estabilidad económica de muchas familias. El bombardeo mediático que sufren los adolescentes para comprar todo lo relacionado con sus ídolos es abrumador y muchas veces esa sobre-explotación comercial termina afectando negativamente la carrera del artista.

La mirada de adultos nos hace conscientes que detrás de cada superstar hay un ser humano sometido a multitud de presiones, pero durante el desorden hormonal de la adolescencia es difícil mantener esa distancia. Igualmente hay que señalar que no todos los ídolos terminan en la sección policial de los diarios. Por cada Miley Cyrus protagonizando un escándalo semanal también existe un Justin Timberlake que demuestra moverse con inteligencia en el negocio. Pero los teens idols siempre tienen una segunda oportunidad cuando, ya adultos, sus fans estén dispuestos a verlos en vivo durante su esperado retorno. O al menos volver en partes, como las Spice Girls que hace un tiempo amenazaron con un retorno en formato de trío (Mel B, Geri y Emma), luego del abandono de Melanie C y Victoria. Incluso dentro del pop el pasado siempre se nos presenta distinto a como lo recordamos.

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