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14 Hot Hits: Una historia de los compilados musicales

Antes de las playlists de Spotify existieron colecciones de éxitos que fueron la educación musical de toda una generación. Un repaso adictivo hecho de pasión y nostalgia.

Hubo un tiempo que no fue hermoso y en el que no éramos libres de verdad. La atmósfera de paranoia que caracterizó a Argentina durante la segunda mitad de la década del 70’ tuvo su reflejo estético en unos medios de comunicación distraídos por el fútbol y las frivolidades del espectáculo. Con pocas excepciones, la música que sonaba en la radio estaba alejada de todo espíritu crítico. Con muchos artistas valiosos en el exilio y las propuestas internacionales entrando con cuentagotas al país, los músicos de rock locales debían ingeniárselas para estar al día, enfrentando serias dificultades para lograr algo de difusión.

Las baladas románticas, el folklore menos comprometido y los instrumentales fuertemente orquestados reinaban en las emisoras AM de hace cuatro décadas. Una ensalada melosa de la que la prensa progresista cultural, representada por la revista El Expreso Imaginario, se burlaba en una tapa sarcástica dirigida al omnipresente Julio Iglesias, cuya visita al país en 1979 despertó un furor solo comparable al que la recientemente fallecida Raffaella Carrá desató unos meses antes. En ese entorno solo quienes tenían la suerte de viajar al exterior con frecuencia podían acceder a alguna novedad discográfica importada para seguir el pulso musical de otras capitales del mundo.

Pero el melómano curioso, ávido por descubrir novedades que la radio no le brindaba, siempre podía explorar los surcos de las recopilaciones que editaban los sellos discográficos más importantes. Pero allí tampoco había escapatoria al kitsch: en el vinilo 15 Hit Sounds Volumen 2 del año 78 convivían Génesis, The Alan Parsons Project y Kate Bush con Roberto Carlos, Sergio Denis y la mencionada cantante italiana sin que nadie se alarmara. Tres años después 17 Top Hits incluía piezas de Moris, Giorgio Moroder, Valeria Lynch, Dire Straits, Kiss y Mocedades. Una variedad que hoy asustaría a cualquier programador de música, pero que era lo que caracterizaba a aquellas selecciones de éxitos editadas en los vinilos y casetes de la época.

La historia de los compilados alcanza al menos a dos generaciones que siguieron a sus ídolos, descubrieron intérpretes nuevos y musicalizaron fiestas gracias a estas colecciones. Incluso terminaron copiando su mecanismo al grabar versiones personalizadas con sus canciones favoritas. Porque antes que las maneras de consumir música mutaran vertiginosamente en los últimos 20 años (del casete al CD, del archivo en la computadora al streaming online), fueron esas recopilaciones las que marcaron el gusto popular pre-internet. Esto se acrecentó durante los años 80’, cuando abandonaron el cambalache estilístico antes descripto para apuntar a targets demográficos más específicos. A partir de entonces cada género fue por su lado.

Estos Greatest Hits anuales no eran solo inocentes intentos de agrupar todos los éxitos de la temporada en un solo volumen, ya que la intención real de las discográficas era empujar al oyente a comprar el álbum completo de cada intérprete seleccionado usando el single promocional como anzuelo. Por ello la parte trasera de los vinilos solía incluir información detallada sobre los lanzamientos individuales de cada artista que participaba del álbum. Al igual que esas listas de Spotify en las que elegimos una canción predilecta para que luego el algoritmo nos sorprenda con propuestas desconocidas, estas recopilaciones equilibraban lo familiar con lo novedoso. Incluían el éxito que sonaba en la radio, pero también eran un instrumento para descubrir otros sonidos.

Gigantes como EMI, BMG, WEA y CBS (junto a sellos hoy desaparecidos como Polystar, Musi Hall y Gapul) editaban selecciones de temas que, gracias al auge de las FM y su promesa de un sonido cada vez más pulido, empezaron a ganar en calidad con el paso del tiempo. Tenían nombres muy intercambiables entre sí, como 14 Hot Hits, 15 Hit Sounds, 12 Pop hits o 17 Top Hits, lo que las hacía bastante fácil de confundir. Otras buscaban diferenciarse con títulos que aún resuenan en quienes tienen más de 40 años, como las series Vibraciones, Llena tu cabeza de Rock y Wea Originals, las cuales son muy recomendables por lo impecable de su sonido y catálogo.

Entonces tener un compilado propio se volvió algo prestigioso, por lo que entre 1984 y 1991 muchas radios y programas de televisión lanzaron sus colecciones de éxitos. Emisoras como Rock and Pop, FM Horizonte y programas como Mesa de Noticias e Imagen de radio entregaron al mercado sus ambiciosas recopilaciones. Este recurso fue copiado de la colección FM USA, de gran éxito en Norte América, que ensamblaba los temas imitando una verdadera transmisión radiofónica, con los locutores hablando entre canción y canción. Era un recurso parecido al que hoy usan videojuegos como el GTA en sus distintas versiones. Dentro de esta tendencia la recopilación FM RA es la más ejemplar, con los jóvenes Lalo Mir y Elizabeth Vernaci anunciando temas de Virus, Sumo y Soda Stereo, entre otros. Porque el rock nacional también tuvo sus compilados durante la primavera democrática, cuando su popularidad reinaba en Latinoamérica.

Son varias las curiosidades que pueden capturar la atención de un joven de este siglo al observar el packaging de estas recopilaciones. La castellanización de los nombres de las canciones invita a la risa, mostrando como los editores se las ingeniaban para traducir términos que no tenían equivalente alguno en nuestro idioma. Así es como “Suedehead” de Morrisey (que alude a una tribu urbana inglesa de los 80’) fue titulado enigmáticamente como “Rapado”. En otros casos la interpretación era tan literal que se volvía absurda. “Roll With It” de Steve Winwood fue bautizado como “Rueda con él”, cuando la expresión ‘Déjate llevar’ sería más adecuada. Más allá de estas observaciones hay que decir que en muchos casos la selección era impecable y un enorme porcentaje de los temas hoy son considerados clásicos.

Quizás el mayor triunfo de los compilados es que tuvieron un efecto de contagio en los adolescentes de los 80’ y 90’, ya que la popularización de los casetes vírgenes le ofreció a cualquier mortal la oportunidad de preparar su propia recopilación. Esas grabaciones hechas especialmente para un amante, amigo o familiar; o creadas para musicalizar un viaje o una fiesta, jugaron un papel central en la formación de la Generación X. Irónicamente esto terminó afectando la popularidad de los compilados oficiales, lo que junto con la llegada de internet fue un golpe de muerte para estas colecciones de hits. Hoy son un recuerdo lejano del último tramo del Siglo XX.

Pero a no distraerse, que su legado está presente en las playlist que ciertos héroes anónimos arman en Spotify o Youtube. Ambas plataformas tienen varios de los compilados aquí citados, gracias a la dedicada pulsión nostálgica de sus usuarios. Estamos hechos de las canciones que escuchamos y nos acompañan toda nuestra vida, sin importar el formato que las contenga. Por eso nunca caerán en el olvido.

 

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