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Maldito tu eres

Te mostramos algunos escritores conflictivos cuyas obras no se vieron afectadas por su caracter o su forma de ser y actuar.

El lugar común suele decir que las vidas turbulentas y extravagantes son patrimonio exclusivo de las estrellas de cine o los músicos de rock. Sin embargo la literatura también ha tenido sus personajes conflictivos y pintorescos, una galería de autores cuya vida personal resulta tan atractiva como su obra. Bienvenido al mundo de los escritores malditos.

La adolescencia y primera juventud suele ser ese momento en el que nos interesamos por lo oscuro, lo diferente. Nuestra personalidad, en plena exploración, se siente atraída por cine, la música y los libros que juzgamos diferentes y opuestos a lo normal. Cuando entremos en la madurez tendremos tiempo para descubrir los clásicos, pero durante nuestros años formativos es la época para descubrir las plumas malditas de la historia. Aquí algunos de esos nombres en los que el talento y la tortura interior van de la mano.

Edgar Allan Poe (1809-1849): «Soñó sueños que ningún mortal se atrevió a soñar antes» es lo que dice la placa que lo recuerda en la ciudad de Baltimore. Los cuentos de Poe son el link obligatorio por el que hay pasar para entender casi toda la literatura contemporánea. Clásicos como «El gato negro», «El corazón delator», «El extraño caso del doctor Valdemar» y muchos otros pertenecen al género del horror solo para las miradas superficiales. La verdad es que manifiestan la incertidumbre y desesperación existencial de una manera irrepetible. El universo de este periodista alcohólico y solitario sigue prolongando una influyente sombra hasta nuestros días.

Arthur Rimbaud (1854-1891): Nunca se sabrá por qué en 1875, con solo 21 años, Rimbaud decidió dejar la literatura y lanzarse a una vida aventurera, de comerciante de armas y otros empleos pintorescos. Pocos advirtieron que aquel muchacho que viajaba por toda Europa, el Este de Asia y Norte de África era el autor de «Una temporada en el infierno» e «Iluminaciones», obras maestras destinadas a marcar a fuego a toda la poesía posterior. Símbolo absoluto del poeta maldito, su conflictiva relación con Paul Verlaine ha dado material para varios libros y películas, y su lírica es constantemente homenajeada en las letras de músicos como Bob Dylan y Jim Morrison.

Raúl Barón Biza (1899-1964): El partido radical argentino rara vez recuerda que en su filas militó el Barón Biza. Personaje problemático como pocos, terminó una agitada vida pública y privada suicidándose luego de arrojarle un vaso de ácido sulfúrico a su segunda esposa. Este final tremendo hace que sea difícil focalizarse en su obra, siempre eclipsada por su tormentosa vida personal. Para colmo la valorización de sus libros se complica ya que son difíciles de conseguir. Desde hace décadas libros como «El derecho de matar» y «Todo estaba sucio» no han sido reeditados y se han transformado en algo así como el Santo Grial para los coleccionistas. Igualmente aquellos cibernautas que se esmeren pueden rastrear los documentos en la web.

Yukio Mishima (1925-1970): El 25 de noviembre de 1970 este escritor entró a los cuarteles del ejército de Tokio junto cuatro miembros de su ejército personal e intentó arengar a las tropas para que se levantaran y le devolvieran el poder al Emperador. Cómo no consiguió el resultado deseado cometió «seppuku» (lo que los occidentales conocemos como «harakiri»), algo que había planeado durante años. Su particular discurso nacionalista y su vida llena de excesos lo transformaron en un autor odiado tanto por la izquierda como por los conservadores. Sin embargo el carácter rupturista de sagas como «El mar de la fertilidad» lo hacen imprescindible.

Jack Kerouac (1922- 1969): El galán de la generación beat, compañero de viajes y experiencias con William Burroughs y Allen Ginsberg, falleció a los 47 años cuando empezó a toser sangre, fruto de una cirrosis luego de una vida de bebedor profesional. Ni siquiera su acercamiento al budismo logró salvarlo. Antes de eso, en 1954, había publicado «On The Road», la novela que le cambió la cara a la literatura norteamericana del siglo XX. Un libro inflamable y, aparentemente, también inadaptable, ya que se vino planeando una adaptación al cine desde hace décadas. Finalmente este año se estrenará una película basada en el texto, con producción de Francis Ford Coppola, dirección del brasileño Walter Salles y música de Gustavo Santaolalla.

Conde de Lautremont (1846-1870): Solo le bastó un título -«Los cantos de Maldoror»- para marcar a fuego movimientos como el surrealismo y situacionismo. Nacido en Montevideo, pero con formación francesa, su verdadero nombre era Isidore Lucien Ducasse y pasó totalmente desapercibido durante su breve existencia para ser rescatado posteriormente por los vanguardistas. El asesinato, la tortura, el plagio, el sadomasoquismo y otras perversiones son alabados en su libro, en un tono ambiguo y lleno de humor negro. Un magistral y perdurable ejemplo de romanticismo gótico rioplatense.

Escritores malditos; locos lindos siempre dispuestos a abrirte la cabeza en el momento que más lo necesitas. Lecturas obligatorias durante nuestra juventud rebelde, habrá que esperar a ingresar a eso que llamamos madurez para saber si sus prédicas se sostienen en el tiempo. Y si con los años nos aburguesamos vergonzosamente, siempre podremos releer «Hombrecitos», pura dulzura para nuestros años de geriátrico.

 

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