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El apocalipsis controlado

Muse vuelve recargado con "Drones", que quizás sea el álbum más "realista" de este trío británico.

Los chicos recorrieron un largo camino. Muchos recordarán cuando visitaron Argentina como teloneros de U2 de la mano de «Starlight», su primer hit mundial. Hoy, con álbumes conceptuales que están más cerca del rock progresivo de los 70′ que del indie-pop y la electrónica que dominan la escena internacional, llenan estadios y ganan Grammys. Muse son el bastión definitivo para quienes aún creen en una música compleja capaz de difundir un mensaje importante.

La nueva criatura del trío inglés se llama «Drones» y retoma esa temática apocalíptica que los caracteriza. Si en sus anteriores trabajos la banda se había basado en el clásico «1984» de George Orwell para hacer críticas al autoritarismo y a la asfixia de la economía sobre los individuos, ahora el eje central son las conspiraciones internacionales y el lavado de cerebro provocado por los medios y el poder militar. Quizás se trate del álbum más «realista» de la banda, ya que incluye referencias a momentos históricos concretos, como la Guerra Fría, el conflicto de Medio Oriente y hasta fragmentos de discursos de John Fitzgerald Kennedy.

El comienzo es engañosamente ochentoso con «Dead Inside», con el bajo bien al frente. Luego un sargento iracundo grita y comienza «Phycho», un buen tema pesado con un riff irresistible en el que un recluta es empujado en transformarse en un asesino sin sentimientos por su superior («la mente es solo un programa y yo soy el virus que te transformará en un psicópata»). Todo se pone más pop con «Mercy», candidato a sonar en todas las radios durante los próximos meses.

Las tantas veces citadas reminiscencias sonoras del grupo con Radiohead y Queen aparece en «Reapers» y «The Handler», en los que se alude a los drones que dan título al disco y al último tema, supuesta metáfora sobre la deshumanización a la que conduce el exceso de tecnología. Aunque en general los temas responden a un sonido más rockero que el de sus últimos trabajos (hay menos electrónica y experimentación), la banda se da el gusto de un incluir el extenso track instrumental «The Globalist», con una orquesta añadiendo pompa y circunstancia.

Mathew Bellamy continúa siendo un correcto cantante y un guitarrista virtuoso e incendiario, mientras que la base constituida por Christopher Wolstenholme en bajo y Dominic Howard en batería es ajustadísima. Dicho de otra manera, Muse es una banda impecable en lo musical. Lo que suele despertar suspicacias son sus letras, que siempre exhiben una inclinación hacia el mensaje político grueso y a tocar constantemente de temas trascendentes. En ese sentido quizás la barrera idiomática les juega a favor a los no angloparlantes, que pueden centrarse en el sonido demoledor del trío. Y eso no está nada mal.

 

 

 

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