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Hacerse la América

La inmigración es un tema que data desde hace varios años, acá te mostramos películas que hacen hincapié en este fenómeno.

El tema de la inmigración siempre está en el centro del tapete. En la actualidad la crisis de los refugiados reavivó en Europa el debate sobre hasta qué punto las naciones deben abrir sus fronteras cuando importantes muchedumbres se ven obligadas a abandonar su país debido a conflictos económico-políticos. Por otro lado las declaraciones reaccionarias de Donald Trump en EE.UU. muestran el odio que este fenómeno despierta en las personas más conservadoras.

No sería descabellado afirmar que la historia de la Humanidad consiste en una larga sucesión de conflictos y migraciones. Se trata de un fenómeno que existe desde siempre, por lo que las historias de individuos, familias y pueblos enteros que debieron rehacer su vida en un contexto totalmente nuevo son una parte constitutiva de toda identidad nacional. El cine retrató esos procesos de distintas maneras: a veces narrando el esfuerzo de los protagonistas por llevar adelante sus sueños y otras veces centrándose en como la imposibilidad de adaptarse conduce a muchos al vicio y la criminalidad.

Aquí repasamos un listado con películas de distintos orígenes y estéticas que hacen hincapié en el fenómeno migratorio. Todas ellas nos recuerdan que para que disfrutemos de nuestra comodidad actual antes existió gente que pasó por el terrible proceso de dejar su pueblo y pelear dentro de una cultura nueva que no siempre la trató bien. y Se trata de historias que se repiten todos los días.

América, América (1963): Nacido en Grecia, llegado a New York como parte de una familia empobrecida y finalmente triunfador en Hollywood, Elia Kazan sintió la necesidad de homenajear a los inmigrantes que lograron vivir el American Dream a pesar de todas las adversidades. El joven protagonista vaga por los pueblos miserables de Turquía solo movido por la obsesión por viajar al Nuevo Mundo. Esta épica de tres horas del polémico director (famoso por su papel de delator durante los años de la Caza de Brujas en los 50′) no ha perdido su fuerza a pesar de los años.

La angustia que corroe el alma (1974): También conocida como «Todos nos llamamos Alí», narra la historia de dos almas solitarias en el Berlín de los 70′. Emmi es una mujer sesentona que a partir del encuentro en un bar inicia una relación con Alí, un inmigrante marroquí mucho más joven. «No hay que tener miedo, porque el miedo se come al alma» le dice él a la insegura señora, en uno de sus primeros encuentros. Aunque el amor que sienten es sincero, las reacciones negativas por parte de quienes los rodean terminarán afectándolos. Una historia tremenda, pero que es una buena puerta de entrada al universo del alemán Rainer Werner Fassbinder.

Scarface (1982): Aunque un texto al final del filme aclara que la historia «solo retrata las acciones de algunos pocos representantes de la comunidad cubana», lo cierto es que muchos hispanos residentes en Estados Unidos se vieron afectado por este clásico de Brian De Palma.Pero la violenta vida de Tony Montana sirve también para desnudar el espejismo del American Way of Life, cuya promesa de prosperidad se sostiene gracias a los sueños rotos de las muchas personas que quedan afuera de él. Una obra maestra para volver a ver siempre.

Tiempo de gitanos (1989): El filme que puso a Emir Kusturica en el mapa cinematográfico es una historia llena de energía, pero que de a ratos deja entrever las tensiones raciales que llevarán a los Balcanes a la guerra un par de años más tarde. Perham es un adolescente con poderes telekinéticos que vive en el sur de Yugoslavia junto a su hermana Danira, su abuela protectora y su tío apostador. Un día entra en contacto con Ahmed, «el rey de los gitanos», quien promete ayudarlo a curar la enfermedad de su hermana si lo acompaña en un viaje. Todo terminará en una espiral que los llevará a los bajos fondos de Milán, de donde solo podrán salir apelando a la astucia y a la magia. Con varias escenas visualmente brillantes y la siempre contagiosa música de Goran Bregovic, se trata de un brillante retrato de este pueblo nómade por excelencia.

Un horizonte lejano (1992): Ron Howard decidió homenajear a sus ancestros en esta superproducción con Tom Cruise y Nicole Kidmaninterpretando a dos irlandeses muy distintos que viajan a América a probar suerte. Él es un pobre campesino y ella la hija de un acomodado hacendado ¿Hace falta decir que a pesar de que no se entienden el romance no tardará en aflorar? Sin lugar a dudas el mejor momento del film es la escena épica en la que deben competir con otros inmigrantes por una porción de tierra en las legendarias Land Run de Oklahoma, una competencia organizada por el gobierno para que los viajeros recién llegados tuvieran la posibilidad de ganar unas hectáreas para asentarse. Un ejemplo de la importancia que los extranjeros jugaron en la conformación de la identidad nacional estadounidense.

Cautivos del amor (1999): Dos exiliados se encuentran en Roma. El músico inglés Jason Kinsky y la refugiada africana Shandurai (Thandy Newton, de exótica belleza) no tienen nada en común, aunque el primero no parece darse por aludido, buscando conquistar a la muchacha de todas las maneras posibles. Ella se encuentra más preocupada por sacar a su esposo de la cárcel, donde está encerrado por motivos políticos. Contracara perfecta de «El último tango en París», otro clásico de Bernardo Bertolucci con el que comparte ciertos aspectos argumentales, aquí los personajes se alejan de la sordidez para demostrar en qué debería consistir el amor cuando se deja al egoísmo de por medio.

Bolivia (2001): Con el estilo neorrealista de esta historia Adrián Ismael Caestano demostró definitivamente que era un realizador de talento. Freddy Flores – actor no profesional – interpreta un ciudadano boliviano que llega a Buenos Aires luego de haber perdido su trabajo en su país natal, donde quedaron su esposa e hija. Encuentra rápidamente trabajo en un café de Villa Crespo, donde el dueño se aprovecha de los indocumentados para conseguir mano de obra barata. La xenofobia y la soledad marcan la vida de Freddy, dueño de un carácter humilde y servicial que lo llevará hacia un desenlace inesperado. Una producción modesta que sin embargo refleja como pocas cuál era la realidad argentina en el año 2001.

Todos somos el resultado de antepasados que debieron ponerse en movimiento para sobrevivir y empezar de cero en una tierra extra. Viajar, mudarse y migrar también son formas de evitar el anquilosamiento, aunque el traslado sea forzoso. Por ello el nómade debe aferrase a la idea de que las carencias actuales son solo un estado pasajero, antes de que lleguen mejores tiempos. Como dice «The Inmigrant Song» de Led Zeppelin: «Por eso ahora mejor pará y reconstruí todas tus ruinas / Para que la paz y la confianza puedan ganar el día a pesar de todas tus pérdidas».

Por Luis Alberto Pescara

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