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Humor de parado

Los comediantes fueron copando los Stan up y eso se fue transformando en un fenómeno.

«Get Up, Stand Up» decía Bob Marley en una de sus canciones más célebres, defendiendo la importancia de ponerse de pie para luchar por nuestro lugar. Actualmente humoristas de todo el mundo parecen hacerse eco de aquel llamado, señalando con lengua filosa cuales son las pequeñas complejidades y neurosis de la vida cotidiana. La comedia stand-up vive un auge que no deja de crecer.

Fenómeno posmoderno por excelencia, el mundo se fue llenando de comediantes. De pronto todos se enfrentan a un micrófono para hacer observaciones sobre sus ex novios/as, sobre lo aburrido que es hacer cola en el banco, denunciar las torpezas de las compañías de celulares, la comida de las aerolíneas, los virus de internet y un infinito etcétera. Si en la antigüedad los bufones y juglares buscaban burlarse de los poderosos o se centraban en la tradición picaresca, hoy el humor nace de la observación meticulosa y personal de la realidad.

Las raíces del stand up comedy pueden rastrearse a fines del siglo XIX, en las tradiciones del music-hall inglés y el vaudeville francés. En aquellos escenarios ya existía la estética del cómico que se paraba frente a la audiencia para hacer su rutina humorística, en actos influidos por la pantomima clown, la picardía popular y la comedia física. Los rígidos códigos morales de la época obligaban muchas veces a los oradores a presentar manuscritos de sus monólogos frente a las autoridades, quienes decidían si alguna de las bromas debía ser modificada o retirada de la obra para no transgredir las buenas costumbres.

Será en Estados Unidos, durante la inmediata posguerra, donde el estilo encontró su forma contemporánea, parecida a la que conocemos hoy en día. Como si luego de un periodo bélico tan oscuro existiera la necesidad de descomprimir desde el humor, una primera generación de cómicos buscó desmarcarse de la comedia liviana que era popular en los teatros céntricos y en los programas de radio. Figuras como Bob Hope yGeorge Burns fueron las primeras celebridades dentro del naciente estilo, fuertemente enraizado en el music-hall.

Los cabarets y pubs de mala muerte se transformaron en el caldo de cultivo para las futuras estrellas del género, que de a poco se animaron a ser más extremos en los contenidos de sus actos. Alejándose de la corrección política, un fuerte elemento de crítica social empezó a aparecer en los monólogos de los jóvenes aspirantes, quienes muchas veces empezaban escribiendo textos para performers más veteranos. Así se fortaleció otra característica del stand-up: el cómico es autor de su propio guión, nada de chistes ajenos. Por esto es que dentro del género la aprobación del público es tan importante, ya que representa tanto el reconocimiento de su desempeño en el escenario como el de su creatividad como autores. En caso de abucheo el pobre humorista debía aceptar la invitación del maestro de ceremonias para dejar el escenario.

Por supuesto que al incluir tópicos adultos como política, sexo y religión la comedia en vivo empezó a volverse material de controversia. Y si hubo alguien que llevó la corrosividad al extremo, ese fue Lenny Bruce. Dueño de una turbulenta vida personal y un estilo basado en la libre improvisación («jazzístico» dijeron los críticos), este neoyorquino incorporó los insultos y las observaciones sobre su vida personal en sus actuaciones. Fue el primer cómico arrestado luego de una presentación y dejó una marca indeleble en todos los que vinieron después. El excelente film «Lenny» (1974) retrata sus agitados 40 años de vida en este mundo, con una gran actuación de Dustin Hoffman. En los 80′ ese lugar escandaloso lo ocupó el Bill Hicks, cuyos tremendos actos de incorrección verbal se pueden ver en youtube.

A partir de los 60’s se abrieron muchas puertas para la comedia stand-up. Allí nacieron el estilo politizado de George Carlin, las observaciones sobre los estereotipos raciales de Richard Pryor, el toque absurdo de Woody Allen; sin olvidar la aparición de las primeras mujeres de lengua peligrosa frente al micrófono. Muchos de ellos potenciaron sus carreras fuera del escenario, con presentaciones televisivas, actuaciones en el cine y ediciones de discos con sus rutinas. Esto sería una constante de las siguientes décadas, cuando Steve Martin, Eddie Murphy, Jim Carrey y Jerry Seinfeld protagonizaron el soñado pasaje del night club al estrellato mediático.

Hasta aquí puede parecer que la stand-up comedy es un estilo fundamentalmente norteamericano, pero también existen referentes locales que no siempre son reconocidos. Juan Verdaguer fue pionero en desmarcarse de la tradición del «cuentista» latinoamericana, para desarrollar un estilo elegante y personal, mucho antes que se pusiera de moda. Además fue un gran actor, demostrándolo en filmes como «Rosaura a las diez» y «La herencia». Más adelante figuras del café concert como Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle, junto a monologuístas políticos como Tato Bores y Enrique Pinti, terminaron definiendo la escuela nacional de comedia en vivo.

Hoy existe cierto peligro de saturación, con cualquier muchacho o muchacha ocurrente tomando el micrófono y disparando monólogos a quien quiera oírlos. Los jóvenes locales prefieren las pequeñas observaciones sobre la vida cotidiana y las relaciones amorosas por sobre los temas socio-políticos ¿Cobardía o una forma de ahorrarse la terapia? Todo es posible. La comedia contemporánea es una consecuencia de la posmodernidad, en la que la exhibición pública de lo privado y la exaltación de los pequeños ritos personales eclipsan a viejos sueños colectivos. Son pequeñas pastillas de humor irónico para hacer más llevaderos estos tiempos de individualismo feroz.

Por Luis Alberto Pescara

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