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Santos, cervezas y un trébol verde

Como ya es tradición cada 17 de marzo se festeja el día de San Patricio. Enterate en esta nota el origen y la historia de esta celebración.

En uno de esos gags veloces típicos de «Padre de familia» se muestra un pasado imaginario de Irlanda: una sociedad avanzada, respetuosa y en constante progreso. La broma es que el país pierde esas virtudes con el descubrimiento del alcohol, entregándose inemdiatamente al exceso, la fiesta y al caos. El estereotipo llega hasta nuestros días, en una historia que conjuga tradición, religión y cerveza.

Es un misterio como la sufrida vida del misionero que introdujo el cristianismo a la verde isla se transformó en sinónimo de celebración global. San Patricio nació a principios del siglo V (la fecha exacta no ha sido precisada) en Gran Bretaña, cuando esta estaba ocupada por los romanos. Siendo un niño fue capturado por piratas celtas que lo trasladaron a Irlanda, donde fue obligado a trabajar como pastor durante seis años. Durante ese periodo desarrolló su fe, convirtiéndose al catolicismo poco antes de lograr huir y retornar a su hogar. Al reencontrarse con su familia se entrregó al estudio de la religión, pero no fue hasta que una extraña visión lo invitó a volver a Irlanda que aceptó su destino como misionero en ese país.

A Patricio se le atribuyen varias anécdotas milagrosas en la nación de los duendes. Las más conocidas son aquellas que detallan como explicó la Santísima Trinidad al pueblo pagano usando las hojas de un trébol (tres entidades que conforman una sola unidad), hizo desaparecer todas las serpientes del país y concretó su misión mediante largos discursos épicos, uno de los cuales duró tanto que su bastón hecho raíces y se transformó en un árbol. Pero su vida también estuvo llena de persecución y hambre. Quizás por esto es que la fecha de su muerte – se presume que fue el 17 de marzo del año 460 – empezó como un solemne feriado religioso. Sin embargo con el paso del tiempo fue transformándose en algo muy distinto.


Hacia el siglo XIX miles de irlandeses dejaron su país, que sufría una desastrosa hambruna cuando aún se encontraba bajo dominio inglés. La mayoría se asentaron en Norteamérica y Oceanía, pero también la Europa continental y Sudamérica fueron destinos elegidos. Orgullosos de su origen, estos viajeros empezaron a celebrar el Día de San Patricio de manera festiva, lejos de los ritos de la Iglesia Católica. Tomando el color verde y al trébol como símbolos de su patrono y – por extensión – de su país, las colectividades irlandesas fueron creciendo en visibilidad en todo el mundo.

En su país de origen son las ciudades de Dublín, Belfast, Galway y Cork en la que el feriado se manifiesta de forma más contundente. Fuera de Irlanda, es Chicago, EE.UU, la que realiza los festejos más importantes, con ejércitos de gaiteros recorriendo las calles mientras el río que cruza la ciudad es teñido de verde. En Inglaterra, más allá del encono histórico por las penurias que causaron durante la ocupación, ciudades como Londres y Liverpool albergan hoy una enorme comunidad irlandesa, por lo que la celebración se hace sentir con fuerza. Algo similar ocurre en Australia y Nueve Zelanda, en donde los monumentos más importantes son iluminados con el infaltable color verde.

Por supuesto que en los últimos años la celebración creció exponencialmente debido al marketing y la globalización. Las distintas empresas elaboradoras de cerveza aprovechan la fecha para promocionar sus productos, mientras que los bares organizan eventos especiales. En Buenos Aires el epicentro de todo transcurre en los bares del bajo, cerca del microcentro, por lo que muchos se dirigen a festejar apenas terminan su horario de oficina. Lo obligatorio es tomar cerveza negra (stout), ya que hay consenso en que fueron los irlandeses quienes la popularizaron a nivel mundial. Los más audaces también pueden animarse a un café irlandés, que incluye whisky, crema y azúcar morena.

Pero no todo es bebidas en San Patricio. Quienes quieran adentrarse en otras costumbres gastronómicas pueden probar platos típicos como el Colcannon – a base de papa, repollo y ajo- y el Irish stew, rico en panceta. Además, algo imaginable por tratarse de un país rodeado por el mar, los platos a base salmón, bacalao y crustáceos varios abundan.

Muchos se irritan por la importancia que cobró esta festividad en los últimos años, ya que consideran que se trata de otra tradición importada que se impuso por puro márketing capitalista. Sin embargo hay que recordar que todos los nombres del santoral judeocristiano son extranjeros, con historias que comenzaron en Palestina y Roma hace miles de años, pero nadie parece incomodarse por ello. Dicho esto solo queda relajarse cada 17 de marzo y tomar una Guinness tranquilo, esperando que algún leprechaun o duende celta nos guíe hasta el final del arco iris.

 

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