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¿Quién quiere ser un superhéroe?

Los héroes existen desde tiempos ancestrales en las narraciones de distintas culturas.

En uno de sus monólogos irónicos a cámara Deadpool se sincera con los espectadores: “Bueno, puedo ser súper, pero no soy un héroe. Y si, esto que hice técnicamente es un asesinato.  Pero algunas de las mejores historias de amor comenzaron con un asesinato. Y eso es lo que exactamente es esto, una historia de amor”. Con su tono autorreferencial el protagonista desnuda las contradicciones de la épica heroica: muchas de sus acciones son éticamente cuestionables y tienen motivaciones tan egoístas como conquistar a una chica deseada.

Mucho se escribió durante los últimos 15 años sobre la proliferación de películas de superhéroes. El fenómeno llegó a tal punto que hoy parece no haber otro tipo de cine dentro de la industria. Las historias más intimistas o personales casi no tienen salas de exhibición, ya que las grandes cadenas reservan la mayor cantidad de pantallas posibles a los musculosos personajes con capas, máscaras y trajes apretados. Detrás de todo hay una nueva mitología que – muchos académicos dicen – está reemplazado el lugar que ocupaban la religión y otras instituciones tradicionales. El nuevo Olimpo es fantástico y realista a la vez, con personajes que se desdoblan en varios universos, mueren, resucitan y cambian de bando y hasta de orientación sexual con frecuencia ¿Hay un límite para estas sagas que se reinician de nuevo cada vez que es necesario? Quienes sacaron su entrada para “Avenger’s End Game” con semanas de anticipación parecen confirmar que el fenómeno está lejos de decaer.

El uso de la palabra mitología para hablar de estos filmes espectaculares no es casual. Los héroes existen desde tiempos ancestrales en las narraciones de distintas culturas. La investigación más profunda al respecto la hizo el mitógrafo estadounidense Joseph Campbell, quien estudió a lo largo de su vida los mitos y leyendas populares de una enorme cantidad de pueblos de distintos puntos del globo. Basándose en los rasgos en común que encontró desarrolló la teoría del monomito, en la que describe la estructura narrativa de ‘el camino del héroe’ presente en diferentes civilizaciones. Este puede resumirse así: “El héroe se lanza a la aventura desde su mundo cotidiano a regiones de maravillas sobrenaturales; el héroe tropieza con fuerzas fabulosas y acaba obteniendo una victoria decisiva; el héroe regresa de esta misteriosa aventura con el poder de otorgar favores a sus semejantes”. Esta folktale se repite tanto en la “Odisea” de Homero como en el origen de Thor, Superman o Wonder Woman, con múltiples variantes a lo largo de la Historia.

Lo que hoy muchos denominan popklore (unión de pop + folklore) es una síntesis potenciada por la cultura de masas de aquellos esquemas tradicionales. Si bien los éxitos contemporáneos ponen énfasis sobre todo en las victorias y logros del héroe o heroína de turno, como los mitos clásicos sufren su poderosa excepcionalidad como una especie de maldición. Eso que los hace únicos también es fuente de grandes problemas que hacen su vida una tragedia. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”  es el famoso consejo que el Tío Ben la da a Peter Parker cuando este empieza a descubrir las dificultades detrás de ser Spiderman. Si a los héroes folklóricos sus peripecias les traían conflictos con los dioses, los superhéroes contemporáneos son perseguidos por el Estado y tienen enormes conflictos cuando intentan llevar una vida afectiva normal.

Aunque el nacimiento de los superhéroes contemporáneos suele ubicarse a fines de la década  del 30’ del siglo XX, hubo antecedentes importantes. La novela inglesa “La pimpinela escarlata” (1908) presentó un temprano ejemplo de personaje heroico serial que se oculta detrás de una identidad de ciudadano normal. Más tarde algunas historietas pulp (que por entonces agrupaban principalmente historias de detectives) presentaron a “El Zorro” (1919) y “The Shadow “(1930), criaturas ágiles y físicamente fuertes, aunque sus poderes no eran fruto de una mutación o de un origen extraterrestre. Hay que decir que si bien el génesis de este género es fundamentalmente norteamericano, sagas francesas como Fantómas y Judex, junto al héroe japonés Ogon Bat, fueron importantes para el desarrollo de los futuros clásicos. Todos ellos fusionaban elementos del imaginario gótico del siglo XIX con tópicos del naciente policial negro y la fantasía.

Pero el evento disparador del nacimiento de los superhéroes fue el lanzamiento del primer número de Action Cómics el 18 de abril de 1938. Con Superman en la tapa destrozando un auto, la revista es hoy la más buscada entre los coleccionistas, transformándose en la base para el imperio de DC Comics, hasta entonces una modesta editorial con problemas financieros.  El éxito de la publicación empujó a sus creadores a presentar a Batman  Robin, Wonder Woman y Aquaman, entre otros, durante los siguientes meses. Paralelamente editorial Marvel (cuando aún se llamaba Timely Cómics) imponía a Capitán América y a la Antorcha Humana. Daba comienzo lo que se conoce como The Golden Age of Comics, que se extendió entre 1939 y 1955 aproximadamente. En ella no solo los protagonistas se popularizaron, si no que sus correspondientes supervillanos también crecieron a la par.

Además de DC y Marvel, que hoy son enormes empresas multimedia, en los primeros años circularon otras casas editoriales menores que dejaron huella, como Archie Cómics y Fawcett’s Comics. Esta última dio a conocer a Shazam en 1939, personaje que llegó al cine recientemente luego de varios intentos. Su nombre es un acrónimo de las iniciales de 5 héroes inmortales del pasado: Salomon, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio, un reconocimiento a las figuras mitológicas de cuya tradición los modernos encapotados descienden. Faltaban muchos años para que estas creaciones desembarcaran exitosamente en el cine, por lo que sus desventuras eran seguidas solo por los adolescentes que compraban las revistas de su saga favorita en los kioscos.

La aparición de superhéroes femeninos fue un proceso paulatino, muchas veces atado a los cambios socioculturales de cada época. Aunque hoy el Marvel Cinematic Universe nos convenció de ser el cosmos ficcional más democrático de todos, en los primeros tiempos DC fue pionera en darle más lugar a las mujeres fuertes en su staff, con Wonder Woman a la cabeza. Creada en 1941 y con raíces en la leyenda de las amazonas, esta icónica heroína terminó siendo símbolo de las luchas feministas a partir de la década del 70’. La otra criatura notable es Gatúbela, la estilizada criatura que le quitó el sueño a Batman durante más de 70 años. Salvo estos casos puntuales, las heroínas tuvieron la terminación girl en lugar de la más lógica woman en sus nombres, poniéndolas en un lugar de menor madurez respeto a sus socios varones. Entonces hay una Supergirl y una Spidergirl, pero no una Superwoman o una Spiderwoman, como sería lógico. Recién entrando en los 80’ estas chicas dejarán de ser versiones  aggiornadas de los héroes masculinos para tener personalidad propia.

El salto de todos estos personajes de las páginas de las revistas al cine fue bastante problemático. La saga de Superman de hace 40 años tiene un lugar en el corazón de varias generaciones, pero está lejos de ser una obra maestra. Mucho más suerte tuvo Batman al ser llevado a la pantalla por realizadores como Tim Burton y Christopher Nolan, tipos con poéticas originales. Pero durante la primera década de este siglo se estrenaron adaptaciones muy fallidas de Daredevil, Elektra, Los 4 Fantásticos, Gatúbela, Linterna Verde y el increíble Hulk, lo que llevó a muchos a pensar que el cine no estaba preparado para las creaciones de mentes brillantes como Stan Lee, Jack Kirby, John Byrne, Alan Moore, Grant Morrison, Frank Miller y demás genios que le dieron forma esta nueva mitología. Finalmente fue Marvel la empresa que, a lo largo de 16 películas, logró entusiasmar al público y a parte de la crítica con sus films, proponiendo un acercamiento a la comedia en franquicias de X-Men, Iron Man y Guardianes de la Galaxia; una notable oposición a la oscuridad que caracteriza a DC.

Claramente hay un peligro de saturación ante tanta producción, aunque la complejidad y madurez de algunas películas recientes, como “Logan”, hacen pensar que el género está abandonando su adolescencia para buscar nuevos terrenos. El periodista Juan Manuel Domínguez, autor del libro “Super Hollywood: los héroes del cine salvan al cine”, afirma  que los superhéroes son “una invención hedonista, cuyo mayor estandarte es usar el calzoncillo por fuera del pantalón. Creo que ese factor, que ahora se está comenzando a comprender, puede llegar a salvar al género. La tendencia era la contraria: apagar los tonos del diseño original, llevarlos a un lugar más oscuro”. En definitiva, para poder evolucionar, el cine necesita personajes heroicos que se diviertan con sus poderes en lugar de sufrirlos como calamidades. Pero si lo que predomina es la repetición de esquemas deberemos darle la razón a Tina Turner cuando, hace décadas, cantaba “We Don’t Need Another Hero”.

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