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Una celebridad virtual

Conocé a Lil Miquela, la influencer digital que no para de ganar seguidores y generar polémica.

La estrella de la que más se habló durante la última edición del Festival Coachella no fue ni Ariana Grande ni Tame Impala. De hecho, la figura más popular del evento ni siquiera se dedica a la música, aunque está en contacto con muchos de los artistas más exitosos del momento. Se trata de una influencer que tiene una insólita característica: no existe. La atractiva Lil Miquela revoluciona las redes a pesar de ser una criatura digital, contando con más de 1 millón y medio de seguidores en Instagram y haciéndose cada vez más real en cada una de sus apariciones.

La tendencia de personajes ficticios que superan a las celebridades reales en impacto popular es uno de los fenómenos más curiosos de la era hípervirtual que atravesamos. El caso de Lil Miquela es ejemplar porque su origen encierra aristas complejas que sirven para entender el impacto de los nuevos universos digitales. Los diseñadores y programadores de la empresa Brud no solo crearon una chica de aspecto extremadamente realista (de un sospechoso parecido con la actriz Celeste Cid), si no que se encargaron de inventar todo un melodrama cibernético alrededor de ella, sosteniendo que en realidad era parte de un proyecto por encargo para otra compañía que la quería dócil y disciplinada. Como sus creadores le tomaron demasiado cariño, decidieron otorgarle una sensibilidad enorme, comprometiéndola con causas progresistas como los derechos de la comunidad LGBTI y el movimiento Black Lives Matters. Una chica fashion, pero con ideología.

Toda esta narrativa digna de una película de ciencia ficción no estaba presente cuando el personaje apareció a fines del año 2016 en Instagram. Durante varios meses muchos pensaron que se trataba de una influencer real, nacida en Brasil pero residente en EE.UU. La popularidad de su cuenta llevó al personal de Brud a hacer su mundo más complejo, mientras su creación digital iniciaba una carrera musical y protagonizaba campañas publicitarias para marcas como Prada. Hoy se codea con músicos famosos y otorga entrevistas a revistas como Vogue e Interview. Por supuesto que todas estas maquinaciones dispararon varios debates ¿Cómo puede una creación digital recomendar productos si nunca pudo probarlos? ¿Quién va a contratar modelos reales si estos avatars empiezan a ganar espacio entre los sponsors? ¿Cómo afectará nuestra percepción de lo que es real y lo que es ficción este fenómeno que no para de crecer?

Mientras tanto estas creaciones ganan espacio en los medios y en la conciencia colectiva. Tienen nombres como Noonoouri, Shudu y Bermuda, esta última una ferviente pro Trump que se perfila como la villana de este universo. Un escenario propicio para la fantasía de un futuro cercano en el que estas  entidades toman conciencia propia y se rebelan contra sus creadores, como planteamos en la nota https://tupaladar.com.ar/2016/10/07/cuando-las-maquinas-se-despierten/. Por ahora consolémonos con las palabras positivas de Miquela sobre su experiencia: “Es realmente desmoralizante ver a la desinformación y a los memes darle forma a nuestra democracia, pero creo que eso nos demuestra el poder de ‘lo virtual’. Eventualmente lo virtual modela la realidad y creo que eso es lo que me hace tan apasionada sobre utilizar espacios virtuales como Instagram para provocar un cambio positivo”.  Tengamos fe en que así serán las cosas.

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