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La vida en capítulos

El fanatismo por las series hoy juega un papel importante en las interacciones sociales, teniendo en nuestras rutinas y relaciones un lugar cada vez más central.

Resulta extraño pensarlo, pero hace poco más de 10 años nadie sabía quiénes eran Jon Snow, Verónica Mars, Walter White, Carrie Underwood, Rust Cohle y Don Drapper. Algunos de estos nombres ya eran una idea nebulosa en la cabeza de ciertos guionistas, pero era imposible pensar que algún día estarían presentes en las conversaciones diarias de miles de personas. El final polémico de “Game of Thrones” causó decepción y euforia en partes iguales. Una emisión mítica que confirma que hoy las series tienen una presencia constante en nuestras vidas. Un fenómeno contemporáneo que parece haber llegado para quedarse.

Cuando empezó este siglo tampoco conocíamos la palabra spoiler, un neologismo que designa el acto de revelar un hecho importante de un programa o película a alguien que lo desconoce. Es que el fanatismo por las series hoy juega un papel importante en las interacciones sociales, teniendo en nuestras rutinas y relaciones un lugar cada vez más central. Pero lo más importante es que estamos ante una nueva etapa en lo referido a la forma en que consumimos ficciones. Incluso ya existen ensayos profundos sobre el tema como el libro “Complex TV: The Poetics of Contemporary Television Storytelling” de Jason Mitchell, que destina más de 400 páginas a analizar los mecanismos narrativos de las series más exitosas de los últimos años.

Los especialistas hablan de una “Second Golden Age of Television” para referirse a la actual efervescencia, contrastándola con la primera era dorada de las décadas del ‘50 y ‘60. En ese periodo, al ser la televisión un medio en el que todo estaba por hacerse, hubo grandes dosis de experimentación que permitieron la existencia de programas novedosos e influyentes como “La Dimensión Desconocida”, “Alfred Hitchcock presenta”, “Star Trek” y “El Superagente 86”. Con presupuestos mínimos se buscaba vencer el prejuicio de que la pantalla chica era un entretenimiento menor frente al cine. Toda una generación de talentosos guionistas, directores y técnicos le dieron forma a una nueva manera de contar historias. Paralelamente la TV se reveló como muy efectiva a la hora de imponer tendencias y productos, algo que fue su principal fuente de ingresos durante décadas. “Mad Men”, una de las series más aclamadas de los últimos años, retrata con agudeza la ideología reinante en aquellos tiempos.

Durante los ‘80 y ‘90 el formato sitcom y las series policiales de estilo clásico dominaban la programación. Desde luego que existían excepciones como la notable “The X-Files”, que mostró que era posible abordar la ciencia ficción y el suspenso sin descuidar la química entre los protagonistas, o “Seinfeld” abriendo las puertas de la incorreción política con inteligencia. Y por supuesto existió “Twin Peaks”, un Objeto de Ficción No Identificado que aún nos fascina. Pero el quiebre real llegó con “The Sopranos” en 1999. La serie de HBO sobre los avatares de una familia de mafiosos de New Jersey subió el listón bien alto: personajes carismáticos y complejos, enorme habilidad para sostener la intriga en varias tramas paralelas y un equilibrio entre el drama y la perfección formal se ofrecían sazonados con mucha ambigüedad moral. Cuando en el año 2004 “Lost” volcó estas virtudes dentro del género fantástico y cimentó un fanatismo masivo vía internet todo quedó listo para una nueva era en las ficciones televisivas.

La popularidad de los foros de discusión sobre estos programas tiene mucho que ver con los cambios en las estéticas y formas de narrar. En los tiempos en que los canales vivían principalmente de la publicidad emitida durante la programación, el rating era prioritario y obligaba a los productores a esquivar los contenidos potencialmente polémicos. Pero la universalización de la TV por cable y, sobre todo, al auge del streaming como forma masiva de consumo cultural se abrió la posibilidad de llegar directamente a una audiencia ‘de nicho’ sin tener que pensar en los números y en la competencia de cada franja horaria. Esto les dio mayor libertad a los creadores para acercarse a historias más audaces tanto estética como temáticamente

El citado libro de Mitchell sostiene que hoy las series son planeadas de un modo global, lo que permite a los autores trabajar el desarrollo del storytelling en profundidad, imaginando arcos narrativos que pueden durar temporadas completas y haciendo que personajes menores terminen jugando un papel fundamental en los momentos menos pensados. Si el manual del guionista ortodoxo dicta que para que exista una historia basta con acompañar el conflicto central con un tímido sub-plot, hoy es común que varias líneas argumentales avancen en paralelo con el mismo peso. Como referencia basta ver las idas y vueltas casi operísticas de “The Wire”, “The Walking Dead” o “Games of Thrones”, que presentan una ambiciosa paleta narrativa.

A diferencia de los shows clásicos, donde buenos y malos aparecían bien diferenciados, hoy los protagonistas ganaron más ambigüedad. El resultado es tan fascinante como aterrador, ya que nos asomamos al lado oscuro de lo humano y en lugar de rechazo sentimos una fuerte identificación. Un ejemplo cabal es el Frank Underwood de “House of Cards” exhibiendo sus ideas maquiavélicas tanto en sus acciones como en cínicos monólogos a cámara en los ilustra sobre cada situación, rompiendo la famosa cuarta pared. Kevin Spacey parece haberse tomado muy en serio el papel a juzgar por las denuncias en su contra. Pero el personaje que mejor ilustra la ambigüedad de los héroes contemporáneos es el Walter White en “Breaking Bad”, un profesor de química corriente que termina transformándose en un zar de las drogas sintéticas. Acompañamos y sufrimos cada una de sus decisiones, olvidándonos por completo del carácter ilegal de sus actividades.  Esta amoralidad se extiende a programas como “Dexter”, “True Detective”, “The Americans” y “You”, entre otros.

En cuanto a las imágenes  también hubo una ruptura de tabúes en distintos planos. Nunca en televisión se mostraron hechos tan explícitos como en la actualidad. Series como “The Walking Dead”, “American Horror History” o “Ash vs. Evil Dead” tienen un grado de violencia y gore que antes estaba relegado a ciertas películas clase B o a apuestas extremas del ‘cine de autor’. Lo mismo ocurre en el plano de lo sexual. Si la desnudez femenina hace tiempo que ya fue aceptada dentro de las ficciones, programas como “Spartacus” hicieron lo propio con los cuerpos masculinos, democratizando la oferta erótica de sus historias.  Por su lado GoT no dudó en incluir incesto y orgías de todo tipo, desafiando muchas veces la tolerancia del espectador medio.

La representación de la mujer y de las sexualidades disidentes también está alcanzando un nuevo nivel de franqueza. El programa carcelario “Orange Is The New Black” lleva seis temporadas haciendo lo contrario a la norma: presenta el sexo LGTBI como central en la trama, alejándose de la tendencia clásica de mostrarlo como algo excepcional dentro de lo que se cuenta. Esto se logra gracias a un guion sensible unido al elenco más variado en raza, orientación sexual y aspecto físico de la televisión actual. Por otro lado la intimidad femenina es abordada con realismo en series como “True Blood”, “Girls” y “Big Little Lies”, mientras que las buenas críticas por presentar mujeres fuertes e independientes son frecuentes para casi todos los shows citados.

La lista de programas valiosos es interminable: “Hannibal”, “Penny Dreadfull”, “Better Call Saul”, “Fargo”, “Stranger Things” y “Sex Education” son los títulos más notables a los que se suma un variado e infinito etcétera. Solo queda entregarse sin culpa a la adicción que llenar nuestro tiempo libre con ficciones de todo tipo, una pasión que después de todo nos acompaña desde hace siglos. Si el ciudadano del siglo XIX se dejaba atrapar por una novela de piratas o un relato gótico, hoy disfrutamos con la misma pasión frente a nuestras pantallas de una espectacular batalla o de las desventuras de dos oscuros detectives para resolver un retorcido caso. Mundos ficticios en los que necesitamos reconocernos y que ahora están a solo un click de distancia.

 

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