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Más real que la realidad

¿Qué ocurre cuando algo que creemos verdadero resulta ser falso? La reciente noticia sobre un influencer cincuentón que fingía ser una joven japonesa actualizó el debate sobre la manipulación de la imagen.

Es difícil pensar que cara pusieron los 20.000 seguidores de la joven motociclista que en Twitter se hacía llamar @azusagakuyuki cuando descubrieron que no era quien decía ser. Algunos habían observado ciertas cosas raras en las fotos: un brazo con demasiados pelos o un reflejo fugaz que mostraba una cara diferente. Ante estas irregularidades, el programa de variedades japonés The Late Monday Show logró rastrear a la persona detrás de la cuenta solo para descubrir que en realidad era un hombre de unos 50 años que modificaba digitalmente su rostro para parecer una juvenil muchacha que recorría pintorescos sitios de Japón en su moto.

Aunque las primeras suposiciones que dispara este hecho son oscuras, Toggu, nombre real del motociclista, dijo que todo nació como un juego, cuando un día subió una fotografía con su rostro rejuvenecido mediante la aplicación FaceApp e inmediatamente empezó a tener cientos de likes y nuevos seguidores. A partir de allí sostuvo el engaño creciendo rápidamente en popularidad. “Es obvio que la gente prefiere ver a una mujer joven y bonita antes que a un tío de mediana edad” se sinceró el hombre. Contrariamente a lo esperado, Toggu recibió principalmente respuestas positivas en su cuenta, con sus fans alentándolo para que siga adelante con su tarea como influencer. Este curioso hecho vuelve a poner sobre el tapete el debate sobre nuestras conductas en esta época donde los límites entre lo real y lo ficcional se desdibujan.

Mientras las redes sociales permiten con facilidad acceder a aplicaciones y mecanismos que modifican las imágenes de una manera cada vez más realista, la desconfianza sobre el grado de verdad que estas encierran no para de crecer. Esta tendencia ya está alcanzando dimensiones institucionales, con organismos y gobiernos mostrando preocupación al respecto. En el año 2019 el FBI informó que FaceApp representaba una “amenaza de contrainteligencia” tanto por la cantidad de imágenes que almacena sin autorización como por su capacidad para adulteras. Por otro lado, en los ámbitos jurídicos estudian hasta qué punto las fotos digitales pueden ser tomadas como pruebas fidedignas debido a que se hace cada vez más imperceptible detectar si fueron manipuladas. Todo esto es más trabajo para los peritos policiales y legales del mundo.

Dentro de disciplinas como la cibernética se acuñó el término uncanny valley (valle de la incertidumbre) para describir a la relación que hay entre un objeto o figura artificial que busca imitar la forma humana y la reacción que provoca en el observador. A medida que esa representación es más real, ya sea un robot o una creación digital 3D, la persona que la contempla puede experimentar inquietud y extrañeza. Sin embargo, a juzgar por las reacciones positivas que obtuvo el influencer japonés, quizás en el futuro a la gente no le preocupe cual es el nivel de realismo que una imagen o persona pueda tener. De hecho, es probable que estas polémicas les causen gracia a los humanos de aquí a un siglo, de la misma manera en la que hoy nos reímos de quienes hablaban de los primeros automóviles como una amenaza en el año 1900.

Pero para saber qué ocurrirá finalmente tendremos que esperar. Por lo pronto podemos entretenernos con estos conventillos digitales que hacen que nuestro proceso de abandono de la realidad sea más divertido.

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