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Alquimistas de la música y el humor

Con más de 50 años en la ruta Les Luthiers no solo acumula un gran reconocimiento por su original propuesta, si no también un montón de curiosidades. Te contamos algunas de ellas.

El reciente fallecimiento de Marcos Mundstock deja a Les Luthiers sin una de sus marcas de identidad más distintivas. Es que esa voz profunda, inmediatamente reconocible, era el pegamento entre los distintos números que presentaba el legendario grupo argentino. Sumado a la desaparición en el año 2015 de Daniel Rabinovich y el retiro voluntario de Carlos Nuñez Cortés dos años después, muchas son las especulaciones sobre cuál será el futuro del conjunto a partir de ahora. Ya durante la última década Roberto Antier, Martín 0’ Connor y Horacio Maturano venían trabajando como “luthiers suplentes” cuando alguno de los históricos debía faltar por algún imponderable.

Pero más allá de lo que pase en el futuro, el legado de esta agrupación, que manejó el arte de equilibrar música y humor con sabiduría de alquimista, ya marcó a fuego la cultura argentina. A continuación detallamos algunas particularidades de la historia de Les Luthiers, las cuales ayudan a explicar su enorme vigencia a lo largo de los años.

El fundador: Es probable que a quienes concurrieron a alguno de los shows del grupo les llame la atención que en el programa figura un tal Gerardo Masana con el título de “Fundador”. Ese calificativo no es exagerado, ya que Masana fue quien compuso la “Cantata Laxatón”, primera obra que, con el nombre de I Musicisti, interpretaron en 1967 en un festival de música realizado en Tucumán. Gerardo fue también quien creó los primeros instrumentos inusuales que luego serían marca de fábrica del grupo. Luego del debut tucumano, y con algunos cambios de formación, actuaron en el mítico Instituto Di Tella para, ya con su nombre definitivo, editar un primer disco unos meses después. Masana murió de leucemia en 1973, pero es homenajeado por sus compañeros hasta el día de hoy.  Para compensar la pérdida a partir de ese año Roberto Fontanarrosa ejerció como asesor creativo externo del grupo.

Los profesionales: Todos los integrantes del grupo tienen estudios universitarios, aunque solo dos poseen títulos relacionados directamente con la música: Carlos López Puccio es licenciado en dirección orquestal y docente, mientras que Jorge Maronna es compositor y guitarrista. Por su parte Mundstock estudió locución profesional y fue redactor publicitario, Daniel Rabinovich fue notario y Carlos Nuñez Cortéz es doctor en química, algo que complementa con estudios como concertista de piano. Este quinteto es el que tuvo mayor tiempo sin modificaciones, manteniéndose unido desde 1986 hasta 2015. Antes pasó por sus filas Ernesto Acher, graduado en arquitectura y diseño.

Esos extraños instrumentos: A lo largo de las décadas el listado de instrumentos inusuales que Les Luthiers fue presentando no dejó de crecer, llegando hoy al número de 40 invenciones. Todo un homenaje a la luthería, al arte de fabricar y reparar instrumentos, especialmente de cuerda. Entre estas creaciones se destacan el latín o violín de lata, la guitarra dulce (hecha con dos envases de dulce de batata), la mandocleta, el bass-pipe a vara, el cello legüero, el dactilófono (una máquina de escribir modificada para hacer música) y la marimba de cocos. Tras la muerte de Masana, ideólogo inicial de estos artefactos, el médico e inventor Carlos Iraldi se hizo cargo de su confección. Más tarde, al fallecer Iraldi en 1997, asumió la función el artesano y músico Hugo Dominguez. 

Un tal Mastropiero: En el año 2007 Les Luthiers festejó sus 40 años de carrera con un recital multitudinario gratuito en la Avenida Figueroa Alcorta. Luego de un par de canciones se pronunció, de manera casual, el nombre de Johann Sebastian Mastropiero. Inmediatamente el público estalló en una ovación. Esto demuestra la enorme popularidad que alcanzó este compositor ficticio; una fama tan grande que lo transformó en un integrante más del grupo. Los miembros crearon una elaborada biografía del personaje, contribuyendo a su leyenda: Habría nacido un 7 de febrero (aunque se desconoce año, siglo y lugar), se enfrentó con su familia debido a su inclinación artística, tuvo una agitada vida amorosa con pomposas amantes como la Archiduquesa Úrsula von Zaubergeige, la gitana Azucena y la condesa Shortshot. Estas inspiraron varias de sus obras y le dieron una docena de hijos, de los cuales sólo reconoció uno. A pesar de su dudosa moral (muchas de sus obras son aparentemente plagiadas), Mastropiero define el arco estilístico de la obra de Les Luthiers: empezó parodiando a la música clásica y terminó haciendo boleros, tangos, chacareras, jazz y mil cosas más.

Siempre de gira: Aunque varios de sus integrantes se definieron como poco amantes de los viajes, el destino empujó al grupo a una vida de ómnibus, hoteles y aeropuertos. Cuando en Argentina ya habían alcanzado una notable masividad y giraban mucho por las provincias, se animaron tímidamente a hacer un par de presentaciones en Uruguay en 1971. Dos años después visitaron Venezuela, donde fueron recibidos como celebridades. A partir de allí los viajes a países latinoamericanos crecieron en frecuencia. Gracias a la universalidad de su humor pudieron adaptar su propuesta a otras culturas con versatilidad. En 1977 visitaron Brasil con un espectáculo en portugués, mientras que se presentaron en el Lincoln Center de New York con un show en inglés tres años más tarde. Pero el suceso obtenido en España, donde su popularidad creció a base de los cassettes grabados que circularon entre los jóvenes durante años, es el más sorprendente. A partir de los años 80’ imágenes de largas filas, con gente acampando para obtener una entrada, fueron algo común en la península ibérica. Con los años llegó una copiosa lluvia de galardones y honores españoles.

En el pasado mes de octubre el grupo fue homenajeado en Madrid por el Instituto Cervantes, la prestigiosa institución que promociona la enseñanza del español y la difusión de la cultura hispanoamericana. Allí, acompañados de invitados como Joan Manual Serrat,  dejaron en una bóveda objetos que consideran parte importante de su legado: partituras, fotos, discos y artefactos que serán desempolvados nuevamente recién en el año 2042, fecha elegida por los agasajados para que esas pertenencias vean la luz nuevamente, listas para ser contempladas por un nuevo público. Ellos realizaron la donación con toda tranquilidad. Saben que números como “La cumbia epistemológica”, “La gallina dijo Eureka”, el gato “El explicado”, “El sendero de Warren Sánchez” o el bolero “Perdónala” siempre seguirán provocando carcajadas, independientemente del tiempo que pase.

 

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