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Para fomentar la idea de consumo de un producto o servicio es fundamental difundirla, darla a conocer. La publicidad es la encargada de que esto se produzca, aunque a veces la misma sea alabada o criticada.

Esta técnica de comunicación tiene sus inicios en los orígenes de la civilización y el comercio. Con el correr de los años diferentes disciplinas como la sociología, la psicología, la economía y la antropología han ido aportando su grano de arena para poder llevar un mensaje adecuado al público receptor.

Ahora bien, antes de introducirnos en el tema es necesario establecer la diferencia entre publicidad y propaganda.  Si bien a veces estos términos son usados de manera intercambiada por algunos, hay que decir que esta última tiene como fin difundir y persuadir con ideas políticas, sociales, morales y religiosas, sin objetivos directamente económicos.

Una determinada empresa que quiere dar a conocer y vender su producto, recurre a la publicidad por su impacto directo y «agresivo» en las personas. Lo que ocurre en la gran mayoría de los casos, es que el publicista le vende al público un estilo de vida, en vez de la mercadería en si.

Por ejemplo cada vez que vemos una publicidad de desodorante masculino observamos que quien se coloca este producto comienza a tener éxito con hermosas mujeres que se mueren por estar junto con el hombre recién perfumado. Si uno lo lleva a la vida real, esto no funciona. Por más que uno se ponga de un saque la mitad del desodorante no significa que conseguirá la «chica de sus sueños».

Muchos de los cortos comerciales muestran una realidad ideal en donde nos intentan seducir con la posibilidad de ser poderosos, exitosos, aventureros, jóvenes y sexys, entre otras características.

Es por eso que cualquiera de las publicidades que salen en la televisión, en radio, en gráfica, en internet o en carteles, nos vende un estilo o prototipo de vida por encima del producto ofrecido.

La publicidad tiene como objetivo mostrar los beneficios de un determinado producto o servicio, resaltando la diferencia sobre las otras marcas. También intenta cautivar a la persona para que adquiera y consuma lo que se está ofreciendo.

En los últimos años el auge publicitario creció con creces y aumentó el número de agencia dedicadas a este rubro y también las contrataciones que reciben las mismas.

Hay muchas fórmulas que generalmente «caen» bien parados en la recepción del público. Ejemplos de esto son la utilización de bebes, de animales, o hasta de alguna canción pegajosa. También siempre es mejor visto un corto comercial que apele al sentido del humor o a la emotividad.

Los publicistas trabajan en el mensaje subliminal que le llega al público siempre esto sujeto al producto que uno quiera vender. Es por eso que ser jóvenes, ricos y guapos es algo que a la mayoría de los mortales les gustaría.

Lo que se intenta con las publicidades es agradar, que no sea de mal gusto ni chocante. ¿O por qué creen que en los cortos de toallitas femeninas el líquido vertido es azul? Otro ejemplo de esto se da en las publis de los yogures que aceleran el tránsito, el color violeta es el elegido (en vez del original) para mostrar el estreñimiento.

Nadie puede desconocer el impacto de la publicidad en nosotros y muchas veces el comportamiento a la cual nos lleva. Pero tampoco hay que demonizarla, sino tomarla como tal y disfrutar de los creativos comerciales.

Por Ernesto Ramos

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