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Compendio de curiosidades olímpicas

En vísperas del comienzo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 hacemos un repaso por sus orígenes y por algunos de sus capítulos más extraños.

Pocas naciones gozan de una reputación más admirable en cuanto a su eficiencia y disciplina que Japón. Por eso es probable que a comienzos del año 2020 el país oriental ya tuviera todo preparado para realizar los Juegos de la XXXII Olimpiada, tal es el nombre oficial del evento que comienza el próximo 23 de julio. La crisis solitaria global, que obligó a una restructuración del calendario de eventos en todo el mundo, afectó a la organización, llenando de incertidumbre tanto a deportistas como al público. Pero es una buena noticia que una de las celebraciones más antiguas de la humanidad tenga una nueva edición, enriqueciendo así una tradición plagada de curiosidades y hechos ridículos.

Los antiguos griegos celebraron por primera vez los Juegos Olímpicos clásicos en el año 776 antes de Cristo en la ciudad de Olimpia, de donde la celebración tomó su nombre. Teniendo en cuenta que esa primera edición solo consistió en una carrera de 190 metros llanos, no debe haber sido un acontecimiento muy emocionante para los asistentes. En posteriores encuentros se fueron agregando el grueso de los juegos clásicos que llegan hasta hoy: pentatlón, carreras más extensas, lanzamientos de disco y jabalina, salto en largo y lucha libre. Incluso los heraldos y los trompeteros que anunciaban cada actividad tuvieron su propia competencia. En esos enfrentamientos se calificaban la claridad y “explosión” de voces y trompetas, con varios participantes legendarios.

En un principio las competencias se realizaban solo entre ciudades griegas, siendo Élide y Esparta las primeras potencias ganadoras de medallas. Cuando el Imperio Romano invadió el territorio griego los juegos continuaron, incorporando a competidores romanos al evento. Pero entonces la continuidad del evento se vio afectada por factores político-religiosos, ya que los dioses helénicos (los juegos estaban originalmente consagrados a Zeus) empezaron a ser desplazados por los de la Roma Imperial. Debido a esto en el año 393 de nuestra era las olimpiadas fueron prohibidas por el emperador Teodosio I, que las acusó de ser un rito pagano, coincidiendo con el momento en el que el imperio adoptaba definitivamente al cristianismo como su religión oficial.

Entonces se abrió un largo paréntesis en el que las olimpiadas parecieron extinguirse. Recién en el siglo XVII surgieron algunos emprendimientos que buscaron revivir la mística de las viejas competencias griegas. En Inglaterra se realizaron los Cotswold Olimpick Games, que muchos consideran instrumentales en reavivar el interés en las celebraciones deportivas, al igual que L’Olympiade de la République de Francia décadas más tarde. Esta festividad es responsable de la adopción del sistema métrico como medida de medición en los deportes. Durante la siguiente centuria varias ciudades europeas tuvieron iniciativas parecidas.

Finalmente, fruto de una larga gestión que comenzó cuando Grecia logró independizarse del Imperio Otomano en 1930, los Juegos Olímpicos renacieron de manera oficial, impulsados por el millonario Evángelos Zappas y el rey Otón I, quienes financiaron la reconstrucción del Estadio Panathinaiko, que ya había albergado a los juegos en la etapa clásica. Así fue como en 1896 se realizaron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos modernos gracias a las gestiones del magnate francés Pierre de Coubertín. Entonces comenzó la etapa olímpica que llega hasta nuestros días. En aquellos pioneros Juegos de la I Olimpiada apenas participaron 241 atletas de 14 países. Estos números no pararon de crecer cada edición y hoy son más de 10.000 los deportistas participantes.

De Coubertín creó el Comité Olímpico Internacional (COI) con solo doce países, siendo Argentina el único latinoamericano. Esta entidad es la encargada del protocolo y organización de los juegos, además de decidir que deportes serán parte de la celebración. Por ello cada entrega dispara una puja entre las más variadas actividades por formar parte del cronograma (y también por no ser excluidas del mismo). Además de recuperar varias de las competencias de la época clásica, la organización fue incluyendo o ignorando deportes a lo largo del último siglo. Ellos son los culpables de que el cricket y el bridge fueran parte del evento en algún momento, mientras que acciones tan populares como el automovilismo aún esperan su reconocimiento olímpico.

Para las olimpiadas de Tokio 2021 se determinó que el surf, el karate, el skate, la escalada deportiva y le béisbol sean parte de la celebración. Los dos primeros deportes hace décadas que tramitan su habilitación, siendo incluidos en esta ocasión por ser parte de la tradición japonesa y porque el entorno marítimo facilita su implementación, respectivamente. Un deporte debe poseer al menos 75 federaciones masculinas y más de 40 federaciones femeninas en distintos países para que el COI decida incluirlo en el cronograma olímpico. Además, el país anfitrión puede sugerir la inclusión de disciplinas que sean culturalmente importantes para su nación u otras en las que proyecte un buen desempeño. Desde luego que la suma de nuevas actividades provoca que otras queden afuera del evento, en algunos casos para no volver jamás.

Debido a estos constantes cambios por la celebración de los cinco anillos pasaron competencias realmente delirantes. Por ejemplo, tanto la cinchada como la escalada de cuerda fueron un clásico olímpico en las ediciones de principios del siglo XX, lejos del destino de atracción de kermesse que tienen actualmente. Mucho más peligrosas fueron las actividades que involucraron armas de fuego aprobadas alguna vez por el Comité Olímpico. La edición del año 1906 incluyó al duelo con pistolas en el fixture olímpico, aunque de una manera totalmente inofensiva: un hombre armado le disparaba a un maniquí disfrazado desde una distancia de 30 metros. Más bochornoso fue el deporte conocido como “running deer” en el que el blanco era la silueta de ciervo de cartón en movimiento. Pero lo peor fue el final que tuvieron unas 300 palomas en las segundas Olimpiadas modernas, utilizadas para una cruel competencia de tiro al pichón.

El pasado 26 de marzo la antorcha olímpica llegó a Fukushima desde Grecia, empezando un recorrido por distintas ciudades niponas que culmina en la ceremonia inaugural de Tokio del 23 de julio. Luego de un año de demora y en un momento en el que el mundo necesita distraerse con urgencia, estos juegos se ven marcados por el aumento de disciplinas femeninas, en búsqueda de una mayor igualdad de género. Un gesto de justicia que ayuda a compensar décadas de postergación. Por otro lado, el COI ya anunció que para las olimpiadas de París 2024 el breakdance será una de las actividades del fixture. Imposible no preguntarse qué diría Zeus al respecto.

 

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