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Cringe: un poco de vergüenza ajena

Internet no deja de popularizar palabras y conductas tan adictivas como cuestionables. El cringe, que se centra en disfrutar de la vergüenza ajena, resulta una de las más curiosas.

La vergüenza es uno de los sentimientos más poderosos que experimentamos, sobre todo por la marca que deja en nuestra memoria ¿Quién puede olvidar el recuerdo humillante de aquella vez que nos tropezamos frente a la persona que nos gusta? ¿O cuando contamos un chiste en público y a nadie le hizo gracia? Ni hablar del calor que pasamos si vemos a nuestros padres intentando parecer “modernos” bailando un tema de moda frente a nuestros amigos y amigas. Definitivamente ese calor incómodo, esa sensación de “trágame tierra” se disfruta más cuando le ocurre a otra persona. Incluso cuando el papelón ajeno nos provoca malestar al verlo.

Esta última situación define muy bien el significado del término cringe, anglicismo que terminó instalándose en internet para designar los momentos de vergüenza ajena, esos en los que sufrimos tanto como los protagonistas de la situación. Si bien la palabra ya existía en el idioma inglés para designar el acto de encogerse o enroscarse sobre el propio cuerpo (algo que hacemos instintivamente cuando nos sentimos amenazados), la web la impuso con su nuevo significado ¿Por qué disfrutamos de la incomodidad que produce ver personas haciendo el ridículo socialmente?

En su libro Cringe: A Theory of Awkwardness la periodista Melissa Dahl afirma que este sentimiento es muy similar a la sensación que nos provoca escuchar nuestra voz grabada, la cual percibimos como totalmente distinta a nuestra idea de cómo debería sonar, Nos cuesta aceptar que ese es el sonido espantoso de nuestra voz. En ese momento advertimos la grieta irreconciliable que hay entre la imagen que creemos proyectarle al mundo y como el mundo realmente nos ve. Ver a otros individuos en situaciones humillantes nos recuerda la existencia de esa división, desnudando uno de nuestros peores temores: el de no encajar en la sociedad.

Poner cringe compilation o cringy en el buscador de Youtube o en cualquier otra plataforma desemboca en una multitud de videos mostrando individuos en las situaciones más embarazosas. Nada se salva: audiciones espantosas a reality shows, adolescentes haciendo tutoriales fallidos, conspiranoicos malhumorados, novios rechazados públicamente, famosos haciendo una dudosa versión de “Imagine”, fanáticos religiosos y poco naturales spots de campañas políticas entran en la bolsa. Sean momentos televisivos o videos caseros, todo alimenta esa insólita pasión por compartir la humillación ajena. Por otro lado, las distintas redes sociales tienen varias cuentas destinadas a compartir capturas con los momentos menos felices de los usuarios. En Instagram a través de Tik Tok Cringe, Tínder Bizarro, Classic Cringe y Cringeposteo se puede acceder a cientos de capturas de perfiles, chats y fotografías de seres humanos que se auto perciben como cool, cuando en realidad solo transmiten incomodidad y pena.

Más allá del humor que persiguen muchas de estas iniciativas, algunas pueden desembocar en conductas negativas como la discriminación o el bullying. Un caso ejemplar es lo ocurrido con Juan Sánchez, un chico de 12 que en el año 2015 salió en el noticiero de Canal 7 de Bahía Blanca compartiendo su pasión por el dibujo y todo lo creativo. Si bien su frase “Me gusta el arte” se transformó en un latiguillo querible para muchos televidentes, cuando la emisora compartió el informe en sus redes varias personas empezaron a burlarse del pequeño diciendo que poseía factor cringe. Los comentaros crueles no tardaron en aparecer, demostrando que en internet la frase “No nos reímos de vos, nos reímos con vos” es aún más hipócrita de lo que suena. Unos meses después el dibujante Liniers, admirado por el muchacho, visitó la ciudad y aprovechó para solidarizarse con él. Una historia con final feliz.

Hacer papelones es algo inevitable en la vida, al igual que sentir algún tipo de empatía por quien protagoniza uno. El cringe nos recuerda el área difusa que existe entre la “normalidad” y la vergüenza, un espacio elástico que varía según el lugar y el momento en el que hagamos foco. Hay que acostumbrase a aceptarlo con humor, siendo conscientes que esa desgracia ajena también puede tocarnos en cualquier momento. Porque del ridículo se vuelve, pero de la crueldad no.

Para muestra vean el siguiente enlace Cringe & Fail recopilación

 

 

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