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Daniel, el travieso

¿Qué tienen en común un grupo de adictos escoceses, una ciudad sitiada por zombies y un joven indio participando de un reality show? Danny Boyle es el hombre que transformo en cine todas estas ideas.

La idea detrás de “Yesterday”, película que se estrenó días atrás en los cines argentinos, es tan simple como irresistible. La historia nos presenta a Jack, un músico con poca suerte, que luego de un accidente despierta en un mundo donde nadie conoce a los Beatles. Este anti-héroe tardará poco tiempo en buscar sacar provecho de semejante escenario. Se trata del último filme de Danny Boyle, un muchacho que pudo ser cura y terminó dirigiendo la ceremonia de apertura de los últimos Juegos Olímpicos, además de presentarnos un rico universo cinematográfico.

Aquella generación de directores ingleses influidos por la publicidad, el videoclip y la animación (Alan Parker, Terry Gilliam, los hermanos Tony y Ridley Scott) encontró descendencia. Pero además de la velocidad del montaje y el énfasis en lo visual, este hombre nacido en Lancashire agrega un fuerte espíritu pop, multicultural e irreverente a sus propuestas, siendo el resultado final un cóctel inusual que supo ganarse los favores tanto de la crítica como del público.

Danny nació en 1956, dentro de una familia de irlandeses católicos. Ese entorno lo llevó a desempeñarse como monaguillo durante ocho años, considerando la posibilidad de inscribirse en un seminario durante su adolescencia. Un sacerdote le aconsejó que siguiera otro camino, algo que hoy el director recuerda con humor: “No sé si aquel cura me salvó a mí del sacerdocio, o si el sacerdocio se salvó de mí. Pero al poco tiempo de renunciar a aquello empecé teatro, y creo que hay una conexión allí.  Directores como Martin Scorsese, John Woo y M. Night Shalaman también quisieron ser sacerdotes, por lo que pienso que hay algo muy teatral al respecto. Básicamente se trata del mismo trabajo: comportarse irresponsablemente y decirle a la gente que es lo que tiene que pensar”.

Luego de su paso por el mundo del teatro y de dirigir algunas producciones televisivas para la BBC, Boyle estrenó “Shallow Grave” (Tumba al ras de la tierra) en 1994, un thriller truculento ambientado en Edimburgo que gira alrededor de un maletín lleno de dinero que lleva a un grupo de amigos a la perdición. En él ya están presentes elementos de su estilo como la cámara inquieta, la violencia excesiva y el uso inteligente de la banda sonora. Realizado con un ajustado presupuesto, la película resultó un éxito, cimentando la fama del hasta entonces desconocido Ewan McGregor.

Pero dos años más tarde fue “Trainspotting” el filme que puso definitivamente en el mapa al realizador, transformándose en un ícono del cine de los ‘90. Esta cinta levantó gran polémica por su acercamiento original y no moralizante al mundo de las drogas. Además su soundtrack impecable (Iggy Pop, Blur, Pulp, Lou Reed) no puede faltar en la colección de cualquier melómano aplicado. El sorpresivo suceso detonará rumores sobre una continuación que demorará 20 años en llegar. “T2: Trainspotting 2” se estrenó en el 2017, retomando las desventuras de Rent, Spud, Sick Boy y Begbie en una Escocia globalizada pero quizás más decadente que la del film original. Más oscura que su antecesora, la película agradó aunque no recuperó la añorada magia noventosa.

Luego de lograr el éxito en 1997 llegó el momento del siempre conflictivo salto hollywoodense. Las dos primeras producciones del inglés en EE.UU. dividieron a los fans y a la crítica. “A Life Less Ordinary” intentó usar tópicos de la comedia americana clásica (ángeles buenos como en el cine de Frank Capra, una pareja fugitiva), pero sin abandonar los toques irónicos de sus obras anteriores. Más adelante “La Playa” mostró a un Leonardo Di Caprio buscando despegarse de su fama de galán post-Titanic interpretando a un joven que viajaba hasta una paradisiaca playa tailandesa para alejarse de la civilización, con caóticos resultados. Ambas películas son irregulares y tienen bruscos cambios de tono, reflejando las dificultades de adaptarse a las presiones de la industria americana.

Algo desengañado por su performance en Hollywood, Danny retornó a su tierra natal realizando películas muy diversas. La excelente “28 Days Later” revitalizó, casi una década antes que “The Walking Dead”, el subgénero zombie, con criaturas más rápidas y feroces, sumadas a posibles lecturas políticas anti-militares. Luego, en año 2007, estrenó la ambiciosa “Sunshine”, repleta de referencias a clásicos de la ciencia ficción como “2001”, “Solaris” y “Alien”.

Entre estas dos películas de temática fantástica Boyle realizó su filme más pequeño y humano, y por ello el más personal. “Millones” cuenta la historia de Demian, un niño muy creyente que encuentra una maleta repleta de dinero. Inmediatamente asistimos a los pequeños actos de bondad del chico, muy distintos de las ambiciosas ideas de su hermano mayor, que quiere gastarlo todo mezquinamente. Con apariciones kistch de varios santos, se trata de uno de los filmes religiosos más raros de la historia, lo que sirvió al director para amigarse con su infancia católica.

El año definitivo de su consagración fue el 2008 gracias a “Slumdog Millonaire” (¿Quién quiere ser millonario?). Resulta imposible no quedar atrapado por la historia de Jamal Malik, su vida en las calles y los desencuentros con su hermano y el gran amor de su vida. A pesar de las críticas por ciertas manipulaciones de la realidad india, la película fue un estruendoso éxito, ganando múltiples premios, incluido el Oscar a la mejor dirección. Luego “127 horas” confirmó que el cineasta no solo sabía narrar historias dinámicas y estilizadas, si no que sabía usar un escenario mínimo – un hombre atrapado en una roca – para crear tensión con recursos muy efectivos. Esa efectividad es la que también está presente en los momentos más inspirados de “Yesterday”. Este reciente proyecto además le sirve al realizador para recuperar credibilidad después de su renuncia al rodaje de la nueva película de James Bond el año pasado.

Danny Boyle fue el responsable de que en las Olimpiadas del año 2012 los Artic Monkeys y Mr. Bean estuvieran presentes en la apertura, esquivando la habitual solemnidad de estos eventos. La variedad de escenas y las referencias culturales presentes en ese show también puede leerse como un reflejo del eclecticismo que caracteriza al cine del director. Él se ha encargado de señalar cuál es el hilo conductor de sus películas: “Hay un tema que las recorre a todas: siempre hay alguien enfrentando una dificultad imposible. Y al final logra superarla”. Un buen resumen para una obra variada llena de creatividad.

 

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