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El año que convivimos con el virus

El 17 de noviembre del año 2019 se diagnosticó el primer caso de una nueva enfermedad que se terminaría llamando Covid-19. Aniversario de un hecho que puso al mundo patas para arriba.

Hay algo irónico en el hecho de que durante las últimas décadas el término ‘viral’ se usó más para referirse a fenómenos masivos de internet y su velocidad de propagación virtual, mientras que su significado original parecía perderse. Pero de pronto este último reapareció de una manera espectacular. Porque mientras todo el mundo pensaba formas de viralizarse en la red una nueva cepa de SARS o coronavirus hacía acto de aparición en una región de china. Un año después todos estamos hablando de tapabocas, hisopados, cuarentenas y hospitales colapsados. Se trata de un antes y después en la historia del mundo cuyas consecuencias aún son impredecibles.

Aunque la información no es clara, en gran parte por el manejo que el Gobierno de China hace de la información, se cree que el Paciente 0 fue un hombre 55 años de la provincia de Hubei el primero en acudir a un hospital con los síntomas de la enfermedad. Aquel 17 de noviembre los médicos solo pudieron identificar lo que parecía una “neumonía fuerte de causas desconocidas”. Durante el mes siguiente muchas personas, generalmente de edad avanzada, se presentaron en las mismas reacciones: tos, fiebre alta y grandes problemas respiratorios. Nadie relacionó estos síntomas con el SARS (severe acute respiratory síndrome) que había causado numerosas muertes en zonas de Oriente y Canadá en los años 2002 y 2003. Fue la doctora Zhang Jixian, especialista en ese patógeno, quien detectó anomalías en los pulmones de los pacientes que la hicieron sospechar que podía tratarse de una nueva variedad. Para fines de diciembre los casos crecían, con el Mercado de Comida Marina de Wuhan como epicentro de los contagios. El primer día del 2020 las autoridades chinas clausuraron el sitio, mientras los medios internacionales comenzaban a hacerse eco de los hechos.

Los hechos se precipitaron. Con la multiplicación de los casos en enero la idea de que se trataba de una epidemia se consolidó, aunque aún no se tenían pruebas de que podía contagiarse entre humanos; solo se sospechaba de su origen zoonótico (contagio de un animal a una persona). El 12 de enero se compartió públicamente el código genético del Covid-19, el que popularmente continuó siendo llamando coronavirus. En pocos días aparecieron los primeros casos en Tailandia, Japón, Singapur y Corea. La visita de un contingente de la Organización Mundial de la Salud el 28 dejó en claro que existía gran preocupación por la enfermedad, mientras que Wuhan, una ciudad con 11 millones de habitantes, era sometida a una estricta cuarentena. Pocos imaginaban que esa situación se repetiría en muchas ciudades del mundo durante los próximos meses. Finalmente, el 11 de marzo, la OMS decreto que el nuevo Sars-Cov-2 se consideraba oficialmente una pandemia. Para ese entonces la enfermedad ya se esparcía por Occidente, empezando por Europa. Desde entonces las curvas de contagio de cada país ocupan horas y horas de presencia mediática.

Como señalamos en el artículo «Páginas para contagiarse» la idea de una plaga que pone a la Humanidad en jaque ha sido recurrente a lo largo de la Historia. Todo indica que los sucesos de este 2020, que continuará el año próximo, tendrán un fuerte impacto tanto en la cultura como en el desarrollo del conocimiento científico. Personalidades de la filosofía, la psicología y distintas ciencias sociales ofrecieron su visión sobre los hechos, con distintos grados de seriedad. El libro «Sopa de Wuhan», una recopilación de miradas obre la pandemia con nombres ilustres como Giorgio Agamben; Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Franco «Bifo» Berardi, Judith Butler, Alain Badiou; Byung-Chul Han, María Galindo y Paul B. Preciado. Teniendo en cuenta que se trata de textos escritos en marzo es probable que estos autores y autoras quieran reescribir varios capítulos luego de todo lo acontecido desde entonces.

Es que esta multitud de teorías y manipulaciones alrededor de las noticias en un entorno de pura incertidumbre puede ser peligrosa. Como señala el teórico de la comunicación Carlos Scolari: “Parecería que cada sujeto o colectivo proyecta sobre la pandemia su visión del mundo y le hace decir lo que quiere: los anticapitalistas citan a Marx y sueñan con el fin de ese modo de producción, los ecologistas auguran el fin de un comportamiento abusivo del Homo sapiens con su entorno y, en cualquier momento nos tocarán el timbre los Hombres de Fe, con el folleto del “Apocalipsis” de San Juan en la mano, para avisarnos que the game is over”. Esta afirmación académica parece también explicar la intolerancia de los sectores más radicalizados. Ese es el material de fondo que Sacha Baron Cohen supo aprovechar para realizar su Borat 2, donde con un tono documental incorrecto retrata los discursos más delirantes que se esconden en ciertos sectores de la ciudadanía media. Pulsiones conspirativas y fanáticas que siempre existieron, pero que el Covid-19 vino a exacerbar.

Ojalá el 19 de noviembre del próximo 2021 nos encuentre recordando el segundo cumpleaños del virus en tiempo pasado. Hoy, con la carrera de las vacunas en marcha y más allá de las distintas posturas ideológicas al respecto, ser optimista parece la mejor opción. Hasta que ese esperado momento llegue solo nos queda acomodarnos el barbijo y escuchar cada día, como un mantra, el clásico de R.E.M: “It’s the end of the world as we know ir (and I feel fine)”.

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