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El gran debut

Conocé cuales fueron las primeras películas de directores de cine que hoy lograron la consagración.

«La juventud es una enfermedad que se cura con los años» dijo el dramaturgo George Bernard Shaw en su vejez. Parece haber resentimiento en la frase, quizás añorando esa mezcla de irresponsabilidad y energía que con la llegada de la madurez va desapareciendo. Y aunque la edad trae la solidez de la experiencia, la originalidad y audacia de las primeras obras rara vez vuelve a aparecer en los emprendimientos adultos.

En el cine esto se hace explícito cuando se visitan las primeras películas de directores hoy consagrados. En muchas ya está presente el talento que luego los haría famosos, pero con el plus de una frescura y audacia irrecuperables. A continuación un listado con los debuts en la realización de varios de los nombres más importantes de la cinematografía contemporánea; todos ellos muy recomendables.

El cuchillo bajo el agua (1962): Aquí ya está todo claro. La ópera prima de Roman Polanski exhibe todas las obsesiones temáticas y formales que caracterizarán al resto de su obra. Una pareja decide pasar un día lejos de la ciudad a bordo de un velero, pero en el camino conocerán a un joven que terminará cambiando sus planes radicalmente. Con apenas tres personajes y un excelente aprovechamiento del escenario el director flanco-polaco construye un relato lleno de intriga y abierto a múltiples interpretaciones. Ideal para ver ahora que falta poco para que se estrene su esperada adaptación de «Venus in furs».

Duel (1971): Con 25 años Steven Spielberg ya había dirigido varios cortometrajes y un par de episodios de series cuando la cadena ABC decidió encargarle la dirección de algunos telefilmes. El resultado fue tan brillante que al poco tiempo «Duel» fue expandida y estrenada en los cines. La historia de un vendedor de artículos de electrónica que empieza a ser perseguido por un gigantesco camión sin que medie explicación alguna es fascinante y casi metafísica ¿Quién es el conductor del gigantesco vehículo? ¿Qué lo moviliza a perseguir al inocente David Mann? Una muestra de la solidez narrativa del futuro hombre todopoderoso del cine estadounidense.

The cars that ate Paris (1974): El australiano Peter Weir realizó una exitosa carrera en EE.UU. con películas como «Testigo en peligro», «La sociedad de los poetas muertos» y «The Truman Show», entre otras. Pero sus filmes más personales siguen siendo los que dirigió en su país natal, empezando por la inclasificable «Los autos que se comieron París» (¿a alguien se le ocurre un mejor nombre?). El París del título no es la capital francesa, si no un pueblo ficticio que basa todas sus rutinas y su desarrollo económico en provocar accidentes automovilísticos. Esta consigna delirante narrada con un tono entre siniestro y humorístico trasforman a esta película en uno de los filmes más originales de los 70′.

La parte del león (1978): Adolfo Aristarain debió aceptar varios trabajos por encargo (incluidas bizarras comedias con Cacho Castaña y el Darín pre-Campanella) antes de llegar a transformarse en uno de los directores argentinos más respetados. Pero su debut es un impecable policial en el que Julio De Grazia interpreta a un tipo de lo más común que termina descendiendo al mismísimo infierno al encontrar el botín del robo de un banco. Al tratarse de un homenaje al cine negro los títulos finales están dedicados a directores clásicos como Alfred Hitchcock, John Huston y Howard Hawks.

Violent Cop (1989): Takeshi Kitano era un comediante y figura televisiva muy popular en Japón hacia fines de los 80´. Cuando el director Kinji Fukasaku se enfermó y no pudo hacerse cargo de «Violent Cop» el actor no dudó en colocarse detrás de la cámara en la producción de la que además era protagonista. Desde su excelente secuencia inicial Kitano dejó en claro su personalidad como realizador y dio el puntapié inicial a una filmografía donde los excesivos yakuzas conviven con el más puro humanismo. Un policía violento que terminó desarrollando una de las filmografías más interesantes del cine actual.

Cronos (1992): Todos quieren a Guillermo del Toro. Ya sea como director o productor el mexicano viene dejando una marca de fuego en el género fantástico de los últimos años con filmes como «El espinazo del diablo», «El laberinto del fauno» y la saga «Hellboy». Pero pocos conocen su primera producción, una particular historia de alquimistas que buscan la inmortalidad y vampiros en el DF contemporáneo. Además es una buena oportunidad para ver a Federico Luppi en un papel muy distinto de los que normalmente interpreta.

No siempre se consigue estar a la altura de un debut promisorio, pero las carreras de estos realizadores confirman que las ideas de la juventud pueden prolongarse con la llegada de la experiencia. Porque como dice el lugar común, lo importante no es llegar si no mantenerse. Basta con recordar a M. Night Shyamalan, que después de «Sexto sentido» y alguna otra película interesante viene perpetrando una alarmante seguidilla de bodrios. Evidentemente a muchos crecer no los ayuda para nada.

Por Luis Alberto Pescara

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