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El Muro Monumental

Solo se puede empezar usando un lugar común: es muy difícil poner en palabras el enorme despliegue audiovisual ofrecido por Roger Watersen el escenario del estadio Monumental.

«The Wall Live» es algo distinto a un recital de rock. Se trata de un espectáculo intenso y envolvente que genera un apabullamiento sobre quien lo presencia. Y desde esa realidad parte esta crónica.

El ex líder de Pink Floyd y uno de los artistas más influyentes de la historia de la música está en nuestro país. Tupaladar no podía perderse el recital del año, o quizás el mejor show que se haya visto hasta ahora.

A las 21:15 hs, las luces se apagaron y un reflector alumbró a dos personas de negro que entraron cargando y manejando al maltratado muñeco que representa a Pink, protagonista de la obra, mientras de fondo se escuchaba el diálogo final de la película «Espartaco» de Kubrick. Y luego de la melodía de «Outside of the wall» (que pasa desapercibida en el disco de estudio) los pomposos acordes iniciales de «In the flesh» dieron comienzo oficial al recital. Un Waters sonriente hace su entrada, saluda al público y patea el muñeco, justo antes de ponerse el uniforme negro y cantar la famosa frase: «¿Así que pensaste que te gustaría venir a ver el show?»

Empezando con un despliegue de pirotecnia equivalente al de cinco Vendimias juntas y un avión de guerra que cae desde la platea alta para estrellarse sobre el escenario queda claro que el espectáculo se apoya en una serie de golpes de efectos que se suceden canción tras canción. Hay una gran complicidad por parte del público que conoce la historia que se cuenta al pie de la letra, por lo que cada momento es esperado pero sorprendente a la vez. Y detrás de todo hay una banda disciplinada y sólida con la difícil misión de recrear el sonido del Pink Floyd de hace 30 años atrás.

Y el sonido es simplemente deslumbrante. Los efectos sonoros durante las dos primeras partes de «Another brick in the wall» son tan reales que es inevitable girar la cabeza buscando la fuente física de los gritos infantiles o del famoso helicóptero. En este punto aparece la marioneta del maestro, que será desafiado por los niños del coro. Mientras tanto los asistentes, a paso marcial, empiezan a construir la pared que terminará ocultando a los músicos.

Antes de tocar una reprise acústica de «Otro ladrillo en la pared», que será el único tema nuevo de la noche, Roger Waters saludó al público en un español precario y dedicó el show a los desaparecidos. Extraño es el camino que ha seguido este interprete que empezó formando parte de una banda de música espacial y psicodélica para después poner los pies sobre la tierra para hablar de temas políticos concretos y reales. Pero el bajista no busca ser el Víctor Heredia inglés, si no que adecúa su trip personal al contexto global con gran inteligencia.

Recital y espectaculo «The Wall» del cantante Britanico, Roger Waters, en el estadio de River Plate El 7_03_2012 Foto: FABIAN MARELLI

Riéndose de su propio narcisismo, el cantante anunció que interpretaría «Mother» junto a una imagen de él mismo haciendo esa canción en el Earl’s Court de Londres en una de las presentaciones de The Wall de 1980. «Así también podrán ver que tan arruinado está Roger hoy» señaló. Luego, durante «Goodbye blue sky», las bombas que caen desde los aviones tienen formas de logos de empresas y símbolos religiosos, mientras el muro se tiñe de color rojo sangre.

En general las animaciones de Gerald Scarffe han sido respetadas tal como las recordamos de la película de Alan Parker, con algún ligero retoque digital como las flores sexuales de «Empty spaces» o la marcha de los martillos. Tras la aparición del muñeco de la mujer-mantis de 25 metros en «Don´t leve me now» y «Goodbye cruel world» llega el intermedio de unos 20 minutos. El muro ya está completo y allí se podrán ver fotos de caídos en distintas guerras que la gente ha enviado al sitio web de Waters.

El comienzo de la segunda parte es oscuro y desconcertante. Mientras suena la bella «Hey you» la banda está oculta y solo pueden verse algunas proyecciones de impresionante nitidez sobre la pared. Durante el siguiente segmento el mensaje antibélico de la obra se subraya con imágenes emotivas del reencuentro de soldados con su familia y la frase de Dwight Eisenhower «cada arma que se hace, cada barco de guerra que se fabrica y cada misil disparado significan un robo hacia aquellos que tienen hambre y no tienen alimento; hacia los que pasan frío y no tienen abrigo». Luego un momento esperado: «Comfortably numb» con el muro estallando en colores y el solo del guitarrista Dave Kilmisnter que no logra hacer olvidar el inolvidable sentido melódico de David Gilmour.

Aquí el personaje Pink ya se ha transformado en un dictador fascista, y Roger Waters no duda en ametrallar a la audiencia antes de preguntar «¿Hay algún paranoico en el estadio?». Durante «Run like hell» y «Waiting for the worms» sobrevuela el lugar con la inscripción «¿Debería confiar en el gobierno?» en su vientre. Hay que señalar que el porcino de goma aterrizó en la parte trasera del campo y fue sometido a una violenta golpiza por parte de los concurrentes. Confiamos en que saldrá rápido de terapia intensiva y será convenientemente reparado para estar presente en los siguientes shows.

Y finalmente, después de las lisérgicas animaciones de «The trial», el muro se derrumba, como algunas vez lo hizo en Londres y en Berlín. De entre los escombros los músicos emergen con instrumentos acústicos para interpretar «Outside of the wall» completa y de paso ser presentados por este clon de Richard Gere nacido en Cambridge. El público había sobrevivido a dos horas y media de ataque a los sentidos, algo que por cierto siempre caracterizó a The Wall desde su concepción.

A pesar de que el evento tiene momentos rockeros, aquí estamos más cerca de la puesta en escena de un espectáculo audiovisual operístico y teatral antes que de un recital. En ese sentido la gira de «The Dark Side of The Moon» era más volada y orgánica. Aquí Roger Waters ha puesto el énfasis en el mensaje y aquella obra que había nacido como una crítica a las miserias de ser una estrella ha mutado en algo más global, resignificándose políticamente en el siglo XIX. De esta manera el viejo y huraño bajista de Pink Floyd ha logrado compartir su visión del mundo con personas de varias generaciones, algo que es la aspiración de todo artista verdadero.

Por Luis Alberto Pescara

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