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El triunfo del hombre pájaro

"Birdman" del director Alejandro González Iñárritu se alzó con el premio Oscar a la mejor película.

Cuando Sean Penn subió al escenario para muchos no hubo dudas: «Birdman» se llevaría el premio mayor de la noche. Más allá del chiste políticamente incorrecto con el que el actor presentó el galardón, las cuatro estatuillas para el filme de Alejandro González Iñárritu generaron cierta desazón entre muchos cinéfilos, quienes se inclinaban por «Boyhood«. Dos películas que representan maneras totalmente opuestas de hacer cine.

Es bueno que premien a González Iñarritu por «Birdman» y no por sus solemnes producciones anteriores. Películas como «Babel» y «Biutiful» apostaban de tal manera al drama extremo y al golpe bajo que no faltaron quienes las calificaran de porno-miseria. En el filme protagonizado por Michael Keaton hay humor y críticas al ego de los actores, cosas que son bienvenidas. Es verdad que es pretenciosa y busca transmitir tantas ideas que termina agotando, pero muchas grandes obras nacen así. Los premios que se llevó por su guión (co-escrito junto a los argentinos Armando Bo y Nicolás Giacobone) y por la estupenda fotografía de Emanuel Lubezki la transformaron en la gran ganadora.

Frente al gigantesco artificio propuesto por el Hombre Pájaro, «Boyhood» representa una apuesta por el realismo. Richard Linklater es uno de los pocos realizadores estadounidenses que se preocupa por los seres humanos y su cotidianidad. Aquí retrata el crecimiento de un niño texano, narrando su relación con sus padres divorciados en el medio de los cambios políticos del país. Si el filme del mexicano se sube a la supuesta hazaña técnica de estar rodado como si se tratara de una toma continua, «Boyhood» encandila con el hecho de haberse rodado a lo largo de 12 años. Pero, contradiciendo a quienes dicen que aquí no pasa nada, esta historia de gente común crece en la memoria con el paso del tiempo. A pesar de ello el largometraje se llevó apenas un Oscar por la actuación de Patricia Arquette.

Los ganadores a mejor actuación de reparto eran los más predecibles de la noche. Arquette ya se había alzado con todos los premios posibles, y lo mismo ocurrió con J.K. Simmons, ganador por su brillante interpretación en la notable «Whiplash«. Ambos dieron algunos de los mejores discursos de aceptación. En el rubro protagónico los triunfadores fueron Julianne Moore por «Siempre Alice» (una película con buenas intenciones pero bastante floja) y Eddie Redmayne por encarnar al físico Stephen Hawking en «La teoría del todo«. Teniendo en cuenta que las historias de estos filmes involucran Mal de Alzheimer y Esclerosis Lateral Amiotrófica respectivamente, parece confirmarse que la Academia siente predilección por los papeles relacionados con enfermedades terminales.

Es necesario decir que el anfitrión Neil Patrick Harris – comediante, mago, cantante, bailarín, etc – tenía todas las condiciones para descollar, y sin embargo defraudó. No hubo nada fuera de guión y los momentos anárquicos fueron pocos. Apenas la intervención de Jack Black al principio y la aparición de Harris en calzoncillos le pusieron algo de pimienta a la velada. Por suerte nunca se descendió a los niveles desastrosos de la ceremonia que en el 2011 encabezaron James Franco y Anne Hathaway. Pero todo lució poco natural, en una premiación saturada de números musicales.

Sin embargo algunos de los momentos más emotivos tuvieron que ver con la música. La poderosa interpretación de Glory, la premiada canción principal de «Selma«, hizo lagrimear a todos. Otra instancia notable fue el homenaje a «La novicia rebelde» al cumplirse 50 años de sus estreno. La elección de Lady Gaga para interpretar un medley de aquellas clásicas canciones hizo temer lo peor, pero resultó una grata sorpresa. Fuera de los musicales fue Graham Moore – guionista de «The Imitation Game» – quien resultó más inspirador con sus palabras de aliento que instaron a los diferentes a que no se sientan solos: «Stay Weird, stay different!»

Volviendo al cine entendido como gran artificio, hay que detenerse en «El Gran Hotel Budapest«. Wes Anderson viene creando pequeños mundos hiper-estilizados hace tiempo. Quizás por eso, aunque no ganó como director, su película triunfó en los rubros de mejor banda sonora, diseño de producción, maquillaje y vestuario. Algo bueno es que la siniestra «American Sniper» no ganó ninguno de los premios grandes. Clint Eastwood es una leyenda, pero cuando asoma su costado reaccionario es mejor saludarlo de lejos.

A pesar de la desilusión general, en el premio a la Mejor Película Extranjera primaron el compromiso político y las estéticas minimalistas que fascinan a los miembros de la Academia. «Relatos Salvajes» es un filme notable, pero está realizado de una manera muy mainstream, algo que no llama la atención del crítico promedio. «Ida» del polaco Paweł Pawlikowski es una historia que dispara varias lecturas y se aleja de lo que se estrena en las carteleras norteamericanas cada semana, por lo que su estatuilla era esperable. Igualmente Damián Szifrón tiene las puertas abiertas en Hollywood después de la performance de su película, por lo que no hay que entristecerse.

Más allá del pedido de González Iñarritu de una mayor tolerancia hacia los inmigrantes mexicanos y de la audacia de premiar a «Citizenfour» (sobre Edward Snowden) como mejor documental, no hubo momentos políticos en la ceremonia N° 87 de los Academy Awards. Claramente este año los grandes artefactos formales triunfaron sobre el realismo, algo que puede marcar una tendencia. Quién sabe, quizás la fórmula del futuro consista en filmar un drama sobre un enfermo terminal en un plano secuencia de tres horas de duración. Solo otra moda que durará tanto como los comentarios acerca de los guantes que usó Lady Gaga en la última ceremonia.

Por Luis Alberto Pescara 

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