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Haciendo terapia con Woody

"Medianoche en París" es la última película más taquillera en Estados Unidos que tuvo el director Woody Allen.

Contra todo pronóstico y a los 75 años Woody Allen goza de buena salud. No nos referimos a su salud física, cuya situación desconocemos, si no a la de su obra, más presente que nunca en la pantalla contemporánea. Su última película «Medianoche en París» ha resultado ser su filme más taquillero en EE.UU acercándolo a las nuevas generaciones.

Hasta el cambio de rumbo marcado por «Match Point» en el 2005, Allen no atravesaba un buen momento. El nuevo siglo parecía recibirlo hostilmente y todos se referían a que sus mejores épocas ya habían quedado bastante atrás. Luego de su encuentro con Scarlett Johansson, actores tan populares como Javier Bardem, Owen Wilson, Collin Farrell y Penélope Cruz trabajaron bajos sus órdenes. Además el director ha abandonado su amada New York para buscar escenarios en otras latitudes como Londres, Barcelona y París.

Neurótico urbano, culto y amante del jazz, el neoyorquino ha creado a través de su filmografía una visión del mundo muy personal y ha encontrado una legión de seguidores e imitadores que no siempre están a su altura. Aquí una guía arbitraria y parcial intentando retratar una carrera que va para el medio siglo.

I Love New York (pero Europa me ama más): En «Hollywood Ending»(2002) un director de cine acepta un ambicioso proyecto para recuperar el prestigio perdido, pero de pronto es víctima de una extraña ceguera psicosomática. Mediante una complicada farsa, el realizador completa el filme y resulta un millonario fracaso en la taquilla; lo cual no evita que en Francia sea todo un éxito. Esta sátira puede interpretarse como la realidad del propio Woody Allen durante años, cuyos filmes resultaban mucho mejor recibidos en Europa que en su país natal.

La familia es un infierno: «Oedipus Wreks» es el segmento dentro del filme colectivo «Historias de New York» (1990) en el que Woody interpreta a un abogado que no puede lidiar con la sobreprotección de su madre, quién incluso continúa criticándolo desde el más allá. De la misma manera su personaje en «Robó, huyó y lo pescaron» (1969) avergüenza a sus padres al lanzarse a una fallida carrera delictiva; aunque todo indica que nunca lo alentaron durante su niñez. Las familias disfuncionales son el fruto de las pesadillas del mundo adulto en el cine de Allen.

Los hombres maduros las prefieren jóvenes: El personaje principal de «Manhattan» (1980) tiene un romance con una adolescente de 17 años, por lo cual Diane Keaton lo compara con Vladimir Navokov, el autor de «Lolita». Las relaciones con mujeres más jóvenes salpican la filmografía de Allen («Maridos y esposa» y la reciente «Que la cosa funcione» por citar algunas), pero «Manhattan» contiene en el final uno de los momentos más desesperadamente románticos cuando el protagonista se juega al todo o nada por el amor de la estudiante. Pero, como en la vida, a veces la valentía llega demasiado tarde.

Esos tontos intelectuales: Su obra está poblada por un tipo de personajes muy concreto. Se trata de personas de clase media alta, muchas veces académicos, intelectuales, escritores o directores de cine que son retratados con ironía. En «Ladrones de medio pelo» (2000) se muestra por primera vez un grupo de personajes bobos y su choque con el mundo de la alta cultura, con inesperados resultados.

A veces hay que ponerse serios: Hasta mediados de los ’70 sus películas pueden calificarse como comedias lunáticas. En ellas la historia es lo de menos y lo importante son los gags y diálogos absurdos en los que se muestra su experiencia como cómico stand-up y guionista de TV de los primeros años. A partir de «Interiores» (1980) el realizador también se destacó con dramas intensos de los que «Match point» es un acabado ejemplo. En ellas se nota la influencia de directores europeos como Igmar Bergman; aunque como le plantea a Allen un grupo de extraterrestres en «Stardust memories»: «nos gustan tus primeras películas, las divertidas». Pero varios de sus filmes son cómicos y dramáticos a la vez.

En el nombre de Sigmund: Neurosis, paranoia, claustrofobia, hipocondría y un largo etcétera han hecho del psicoanálisis una presencia fuerte en las historias del director de Brooklin. Quizás solo se trate de un individuo inteligente con serios problemas para adaptarse a su entorno.La solución a esta patología parece encontrarla el personaje de «Zelig» (1983) que desarrolla la habilidad de camuflarse automáticamente según el ambiente que lo rodea y así pasar desapercibido. Una de sus mejores películas.

El cine te puede salvar la vida: En «La rosa purpura del Cairo»(1985) la tímida mujer interpretada por Mia Farrow entabla una relación con el galán de una película de aventuras de los años ’30 que literalmente abandona la pantalla. A su vez en el final de «Hannah y sus hermanas» (1986) el personaje intenta suicidarse torpemente y tras esto se refugia en un cine donde se proyecta una película de Los Hermanos Marx. Allí descubre el sentido de la vida, que básicamente consiste en no preguntarse si existe un sentido o Ser superior que todo lo ordena y entregarse a la experiencia vital sin dudar ¿Quién puede estar en contra de esto?

También se pueden llenar páginas hablando de la vida personal de Woody Allen, quien alimentó los títulos de la prensa amarilla durante años. Pero es mejor cerrar con una de sus frases, esas que uno imagina que dice mientras afina su clarinete: «La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visitaba la Estatua de la Libertad.»

Por Luis Alberto Pescara

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