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Hasta que la muerte los separe

Cuantas veces se dice y se dijo: "el vino mientras más pasa el tiempo se disfruta mejor". "Viejos son los trapos" o también como sostuvo un ex presidente argentino "Viejo es el viento y sigue soplando".

Lo concreto es que Deep Purple, estos «veteranos» de la música, vinieron de gira a la Argentina. Ya habían pasado por Rosario, por Buenos Aires (dos Luna Park) y por Córdoba. En su última presentación le tocó el turno a Mendoza y ahí estuvo Tupaladar.

Estos artistas tuvieron la oportunidad de demostrar profesionalismo; entereza, a pesar del paso del tiempo y calidad musical. El power quinteto, mostró que está vigente y que se mantiene muy lejos de la naftalina.

Con la puntualidad que caracteriza a la mayoría de los ciudadanos ingleses, a las 22 se apagaron las luces del auditorio Ángel Bustelo y comenzaron a sonar los primeros acordes.

Alrededor de 2.300 personas, la mayoría entre 40 y 60 años, recibió de gran manera la primera visita (¿y la única?) de Deep Purple a tierras mendocinas.

Ian Gillan en voces, Roger Glover en el bajo, Ian Paice en batería junto con Steve Morse en guitarra y Don Airey en teclados (estos dos últimos los «más nuevos»), comenzaron a desplegar la sinfonía púrpura sobre el escenario.

Nunca mejor elegido el tema de arranque del show, «Highway Star» como para que de movida los presentes comiencen a satisfacer sus necesidades musicales básicas.

Varios comenzaron a pellizcarse y a mirarse unos con otros para ver si el hecho histórico que estaban observando era verdad, o si se trataba de tan solo un sueño. Es que una de las bandas más longevas y legendarias del planeta estaba en nuestros pagos.

Casi sin respirar siguieron «Maybe I’m a Leo«, «Strange kind of woman» y «Rapture of the deep«, como para no dejarle chance a la distracción y poder disfrutar de un enganchado de más de 20 minutos.

Con sonido potente e impecable, con un Gillan que mantiene la voz intacta, salvo por algunos pequeños agudos que ya no salen, Purple desplegaba lo mejor de sus 43 años de trayectoria.

Fueron casi dos horas de recital, donde tiraron gran parte de la carne al asador al hacer temas clásicos y también los más contemporáneos. Aunque se quedaron fuera del setlist «Burn» y «Woman from Tokio«.

Su estilo progresivo y experimental hace que este quinteto inglés tenga cada una de las piezas musicales ajustadas a la perfección. Un ejemplo de esto es «Lazy«, que hizo podio en las canciones más ovacionadas de la noche.

También fueron parte del apetecible combo «The well dressed guitar«, «Knocking at your back door«, «Perfect strangers«, «Space truckin» entre otros.

Claro que hubo momentos individuales de zapadas cinco estrellas. El que más hizo fue Morse, que pese a no ser Ritchie Blackmore ni Joe Satriani, tiene la «clave» para sacarle el jugo a su guitarra. Airey (que le tocó reemplazar al gran Jon Lord) ganó buena parte de los aplausos cuando improvisó con sus teclados distintas melodías, entre ellas notas de Piazzolla. El binomio conformado por Paice y Glover deleitó a los presentes con sesiones de bajo y batería.

El punto culmine del recital de Deep Purple se vivió cuando Morse punteó diferentes acordes de grandes temas como «Day Tripper» de The Beatles, «Stairway to heaven» de Led Zeppelin y «Sunshine of your love» de Cream entre otros. Ahí le dio paso a uno de los riffs más conocido del mundo y comenzó a sonar «Smoke on the water» (el crédito es tuyo Blackmore). Uno de los himnos del rock hacía su presentación en la tierra del sol y del buen vino. Como era de esperar, el público coreó el estribillo a más no poder. Una manera de agradecer lo hecho por el grupo.

Ese fue el principio del fin, los músicos bajaron del escenario pero la excitación de los presentes hizo que nadie se moviera del lugar, que las palmas se pusieran coloradas y que esperaran a que volvieran a subir las tablas. Y así fue, porque hubo tiempo para el bis con dos perlas del quinteto: primero «Hush» y después «Black Night«.

El «magnifico, súper, increíble» de Gillan, sumadas a un montón de alabanzas hacia la gente dichas en inglés, indicó el final de una noche que será recordada como histórica por estos pagos.

¿El saldo? Una satisfacción maravillosa y única en la gente, una sensación de meterse en el auto de «Volver al Futuro» pero sin Marty McFly ni Doc, pero si con cinco músicos perecederos que siguen hiper vigentes y que da la sensación que seguirán rockeando por el mundo hasta que la muerte los separe.

Por Ernesto Ramos

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