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Himnos para la autodestrucción

Metallica tiene nuevo material, el décimo en su rica trayectoria. Se llama "Hardwired... to Self-Destruct" y te contamos de que se trata.

Todos los integrantes de Metallica superan los 50 años de edad, sin embargo no parecen dispuestos a retirarse de la escena próximamente. Hace poco se los pudo ver «The Tonight Show with Jimmy Fallon» tocando su clásico «Enter the Sadman» con instrumentos infantiles junto al grupo de hip-hop alternativo The Roots. Paralelamente lanzan un apabullante disco doble en el que parecen burlarse de quienes los consideran parte de la prehistoria del rock pesado. La máquina que James Hetfield y Lars Ulrich echaron a andar allá por 1981 goza de buena salud en estas 12 canciones largas pero adictivamente violentas.

«Hardwired…to Self-Destruct» es el nombre del décimo trabajo de estudio de la banda que logró que el heavy metal sonara en las radios del mainstream. La autodestrucción de la que habla el título puede referirse al exceso de velocidad de gran parte de los temas del álbum, como queda claro en el machacante ritmo de la pieza que le da nombre al trabajo, o en la base marcial de «Atlas, Rise», aunque este último suma cierto aire a rock progresivo, como ocurre con los cambios de ritmo de «Confusion». Estas canciones bien podrían formar parte de algunos de los primeros discos de la banda, aquellos que influyeron radicalmente al metal más extremo en los años 80′.

Pero también hay lugar para otras facetas del grupo, como el extenso «Now That We´re Dead», «Dream No More» y «Am I Savage», momentos más cercanos al hard rock clásico. Y si bien en declaraciones a la prensa señalaron que los solos fueron improvisados en el estudio en lugar de ensayados previamente, el característico sonido de Kirk Hammett – ausente desde lo compositivo en este álbum – está presente en «Moth Into Flame» y en el mutante «ManUnKind», ricos en el uso del pedal wah wah.

Aunque algunos señalaron que «Hardwired…to Self-Destruct» supone una especie de resumen de la carrera del cuarteto de San Francisco, hay regiones de su historia que no fueron revisitadas en este trabajo. Nada de baladas (abstenerse los que esperen un nuevo «Nothing Else Matters») ni de instrumentales progresivos. Igualmente hay buenas canciones de naturaleza más melódica como «Halo On Fire» y «Here Comes Revenge», necesarias para aplacar tanta contundencia sonora, aunque sin abandonar jamás el doble bombo y los riffs hirientes. Incluso hay lugar para homenajear al querido paladín del metal Lemmy Kilmister, fallecido hace casi un año, en «Murder One». El tema es promocionado con un genial clip animado que repasa la carrera y los vicios del líder de Motorhead con notable nivel de detalle.

Al igual que en «Death Magnetic» (2008) aquí no está el histórico Bob Rock oficiando de productor, tarea que la banda prefirió realizar de manera independiente. Además de la impecable garganta y de la guitarra rítmica de Hetfield, la batería de Ulrich y la primera guitarra de Hammett, la banda se completa con Robert Trujillo, a cargo del bajo desde el año 2003. Todos ellos unen fuerzas para tratar de responder una de las grandes preguntas de lo que va de este siglo musical: ¿Hay lugar para el heavy metal en la era de los DJ´s y el pop bailable? La respuesta dependerá del grado de resistencia de los oídos de quien escucha.

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