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La espuma que dejó el Quilmes Rock

Tras la pandemia volvieron los festivales a la Argentina, para muchos músicos, este fue el primer reencuentro con su público. Quilmes Rock fue una fiesta, pero también tuvo sus pros y sus contras en un contexto en el cuál el covid, en menor medida, sigue presente.

Llegó el momento que todos esperábamos, la cultura en general fue un área muy golpeada por las restricciones y cuarentenas. Como todos sabemos los artistas tuvieron que recurrir a transmisiones por streaming, y diferentes modalidades virtuales o con aforo cuando comenzaron a levantarse algunas restricciones. aun así, prácticamente la última actividad en regresar a una nueva “normalidad” fue la escena musical.

La soledad que provocaba a los músicos la distancia virtual con su público hicieron que las ganas irrefrenables de tocar ante sus fans, hagan del Quilmes Rock un festival con las emociones a flor de piel. Así es como, por ejemplo, Ricardo Mollo manifestaba la importancia de tener a su gente frente a frente y poder verlos a la cara sin mascarillas; o grupos legendarios como Virus, quienes volvieron a tocar luego de 7 años mostrándose agradecidos por volver a hacerlo e inclusive reencontrándose en el escenario con quien fuera su único invitado, Benito Cerati.

Las colaboraciones en los diferentes shows fueron muchas, mostrando una unión entre los músicos e inclusive hasta grandes sorpresas como la increíble participación de Trueno con Gorillaz, demostrando nuevamente que las nuevas corrientes de la música urbana pueden romper barreras con géneros clásicos como el rock y el pop y fundirse en un abrazo musical.

La variedad musical y cantidad de escenarios fueron muchas, y como suele pasar en muchos festivales se superponían diferentes grupos en un mismo horario y eso hacía que muchos no pudiéramos disfrutar a nuestros artistas favoritos, un ejemplo de ello fue Turf quien coincidió con Kapanga o Richard Coleman con Divididos, con toda la gente disfrutando el show de la aplanadora del rock y solo 40 o 50 personas en el escenario de Coleman. Muchas veces termina siendo una cuestión de suerte para los artistas y el público el armado del line up.

Otras situaciones que suelen ser divertidas son la mezcla de sonidos de diferentes estilos, Barbi Recanati decía con humor durante su presentación: “Es muy gracioso la mezcla de sonidos, allá están todos bailando, acá estamos los emos tristes” mientras se escuchaba a los lejos en otro escenario a Los Auténticos Decadentes.

Muchas veces se cruzaban diferentes públicos tal como pasó al finalizar Bandalos Chinos, un plan más bien indie pop con los seguidores de Guasones, más del palo del rock “rolinga”, que se acercaban para ver a su banda que estaba pronto a comenzar “vamos Guasones, caretas” decía un fan al llegar, mientras que el público que se retiraba le devolvía un “sí, si, claro, aguante Guasones” con un tono sarcástico pero sin pasar a mayores.

Organización y logística

En cuanto a la organización hay muchas cosas a mejorar, una de ellas es el tema de los puestos de hidratación y su funcionamiento, desde hace años que son obligatorios en festivales. En Lollapalooza estaba permitido el ingreso con botella de agua vacía para poder llenarlas las veces que quieras y de libre disponibilidad. En Quilmes Rock fue diferente, en la entrada retenían las botellas al público que quería ingresar con ellas y decían que en los puntos de hidratación te dan agua. En los hechos había empleados que servían en vasitos chiquitos y si comprabas alguna bebida en el predio y querías rellenar luego esa botella no lo hacían, una forma de racionar el agua que no está buena para nada y que es un punto a mejorar.

Respecto a la comida había muy pocos food trucks en relación a la cantidad de gente, por lo que se generaban largas filas de hasta 2 o inclusive 3 horas para poder comer, perdiéndose de esa manera la posibilidad de ver varios shows. Para la próxima edición debería haber más opciones gastronómicas para que esto no vuelva a suceder y el público pueda disfrutar las diferentes propuestas musicales sin necesidad de perder tiempo haciendo horas de filas.

Por último y muy importante, fue muy difícil el tema de la vuelta a casa, con escasez de transporte público un sábado a la noche, víspera del Día del Trabajador, era muy complicado y la organización no puso atención al detalle más que solo a destinar estacionamiento gratuito para quienes llegaban en auto a Tecnópolis (la minoría).

En cuanto a las medidas de prevención generales por el covid, si bien la mayoría de los escenarios eran al aire libre, donde no es obligatorio el uso de barbijo, la utilización del mismo en el público fue casi nulo y ya es una tendencia que se viene dando en todos los eventos masivos realizados en espacios abiertos.

Con sus pros y sus contras, Quilmes Rock fue un gran reencuentro de músicos que ansiaban volver a tocar frente a su gente, con un público que necesitaba cantar sus canciones, disfrutar de la música, sumarse al pogo, como decía el mono de Kapanga “no seremos el pogo más grande del mundo pero si el más alegre” y eso es lo que fue el festival: alegría y emoción por volver a ver recitales en vivo tras 2 años de duras restricciones que nadie quiere volver a vivir.

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