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La herencia progresiva

Apabullantes y pretenciosas, pero llenas de imaginación y originalidad, las grandes bandas del rock progresivo constituyen un capítulo curioso y polémico de la historia de la música.

Un 21 de septiembre de 1970 en las afueras de la ciudad de Lobos, Provincia de Buenos Aires, un locutor de radio local quiso organizar un Festival de Música Joven con algunos de los nombres más importantes del rock argentino de la época. Sin embargo, ante la llegada de buena cantidad de jóvenes a la ciudad, muchos vecinos entraron en estado de alarma, llamando la atención de la policía y los servicios de inteligencia, quienes buscaron boicotear la llegada de los “hippies”. El festival terminó suspendiéndose, aunque los acampantes vivieron un sano momento de comunidad. Por ese motivo 30 años después un grupo de melómanos instauró el Día del Rock Progresivo en Argentina en esa fecha, a modo de homenaje a ese espíritu de cambio.

Ocurre que a fines de la década del 60’ el rock había decidido que era momento de abandonar la adolescencia y ampliar los sonidos de su propuesta. Luego del blues, el rockabilly, el soul y la psicodelia, todos géneros usados con audacia por The Beatles para ampliar el vocabulario del pop, era momento de experimentar otros caminos. En definitiva, el rock sintió la necesidad de transformarse en un arte superior. De pronto muchas excéntricas agrupaciones coparon el panorama musical con conceptos grandilocuentes, complejos pasajes instrumentales, shows teatrales y letras llenas de fantasía en discos adornados por las tapas más icónicas de la historia.

Es momento de adentrase en algunos de los álbumes que forjaron ese rico movimiento. Si bien hay un predominio de artistas británicos y setentosos en la lista, músicos de otras latitudes y épocas también hicieron su aporte valioso. Nombres para explorar y dejarse sorprender.

In The Court of the Crimsom King – King Crimson (1969): El disco que lo empezó todo, ese que contiene todas las variantes que el rock sinfónico desarrollaría en el futuro. Empezando por el pesado 21st Century Schizoid Man, con su voz distorsionada e improvisaciones jazzísticas de vanguardia. A modo de contraste contiene momentos acústicos como I Talk to the Wind, llena de imágenes pastorales, redondeando un disco imprescindible que influenció a artistas tan distintos como Ozzy Osbourne, The Who, Tool y Belle and Sebastian. Hoy el Rey Carmesí sigue activo liderado por el hermético Robert Fripp, la demostración viva de que la curiosidad es fundamental para que la música no se quede estancada en un museo.

Storia di un minuto – Premiata Fornería Marconi (1972): Fuera de Gran Bretaña no hay dudas de que Italia fue el país que más aportes hizo al género, dotándolo de una belleza barroca y mediterránea lejana a la frialdad de muchas bandas similares. Rico en flautas, violines y mellotrones, pero con sus buenos momentos rockeros, este brillante debut de Premiata Fornería Marconi no ha dejado de crecer en reputación desde su aparición. Aunque la banda logró más popularidad cuando empezó a cantar en inglés, los trabajos en su lengua original son los mejores para apreciar su fuerza. Ellos abrieron el camino para otros artistas conceptuales de su país, como Banco del Mutuo Soccorso, Goblin y el primer Franco Battiato.

The Dark Side of the Moon – Pink Floyd (1973): El álbum que demostró que el rock progresivo podía vender millones de discos gracias a una música densa pero extrañamente elegante, con letras que hablan de temas con los que la gente puede identificarse: el paso del tiempo, el dinero, la guerra y la inminencia de la locura. Pink Floyd venía de un periodo muy experimental, buscando su sonido definitivo luego de que la partida de Syd Barret, el genio colapsado que fue su fuerza creativa durante sus primeros años. Tras su fuga enfatizaron las extensas improvisaciones en vivo, marco en el que Roger Waters emergió como nuevo líder, creando el concepto central del trabajo que puso a la banda en ese lugar consagrado que nunca abandonaría. Hoy canciones como Time, The Great Gig in the Sky y Money son clásicos que siguen hechizando a nuevas generaciones.

The Crime of the Century – Supertramp (1974): No todo fueron virtuosos solos instrumentales y bruscos cambios de ritmo durante esa época. También hubo grupos que priorizaron las canciones cortas y las buenas melodías, aunque sin abandonar la pompa. En esa vena se destacan The Alan Parsons Project, Electric Light Orchestra y los exitosos Supertramp. Estos últimos tardaron en lograr el reconocimiento, pero cuando lo lograron fue espectacular. El responsable fue este disco perfecto, puro equilibrio entre los estilos compositivos del hippie lírico Roger Hogdson y el jazzero cool Rick Davies. Ideal para quienes quieren entrar en el prog rock por vez primera.

Películas – La máquina de hacer pájaros (1977): Mientras Sui Generis estaba en su último año Charly García empezó a escuchar varias bandas europeas que poco tenían que ver con el folk candoroso del dúo. Por eso su siguiente proyecto incluyó músicos capacitados para hacer canciones de estructura libre, en las que el uso de los sintetizadores era central. De los dos álbumes lanzados por La Máquina este es el mejor; una colección de canciones redondas, valiosa no solo por la maestría en su ejecución, sino también por retratar la oscura realidad de la época (en Hipercandombe es fácil darse cuenta de qué hablaba Charly sin decirlo). Fuera de este disco, la música progresiva pegó fuerte en Argentina, con bandas respetadas como Crucis, Alas y Espíritu.

Duke – Génesis (1980): Siempre que se hable de Génesis surgirá el aburrido debate sobre si el periodo valioso de la banda es el sinfónico de los 70’, con Peter Gabriel como cantante, o el más accesible de los 80’ con Phill Collins al frente. La pelea puede enfriarse escuchando este disco, que captura a la perfección el momento en el que el grupo dejaba de ser símbolo de conceptos complejos y composiciones extensas para transformarse en una aceitada máquina de generar hits. Clásicos como Misunderstanding y Turning On Again conviven con la espectacular suite que cubre los últimos 10 minutos del disco, donde se nota la mano maestra del tecladista Tony Banks, verdadero cerebro del grupo. El equilibro perfecto entre prog y pop.

Rush – Moving Pictures (1981): Este trío canadiense forjó un estilo a mitad de camino entre la música progresiva y el heavy metal que terminó siendo muy influyente, un legado que luego siguieron proyectos como Dream Theater, Porcupine Tree y The Mars Volta. Pero este trabajo es accesible y arriesgado a la vez, un equilibrio que sus colegas no siempre lograron. Además, contiene el temazo Tom Sawyer, cuyo riff de teclado es uno de los más distintivos de la historia.

Alturas del Macchu Picchu – Los Jaivas (1981): El caso de Los Jaivas es único en la música popular latinoamericana. Con unos lejanos comienzos como grupo beat en Viña del Mar, el conjunto mutó en una propuesta que mezclaba con éxito folklore andino con rock progresivo. Como todo artista de nuestra región sufrieron persecución y exilio, por lo que este álbum, su obra maestra, fue grabado en Francia. Aquí quenas, zampoñas, cuatros y bombos conviven con sintetizadores y guitarras eléctricas en un todo majestuoso que nadie más pudo imitar. Basándose en un poema de Pablo Neruda los chilenos lograron un trabajo inagotable a la altura de los grandes clásicos.

Misplaced Childhood – Marillion (1985): Durante los años 80’ palabras como “sinfónico”, “progresivo” u “obra conceptual” no eran muy bien recibidas ni por el público ni por la crítica. Pero hubo una banda que trascendió a pesar de militar esos patrones, logrando incluso un par de hits, como Kayleigh, que aún hoy emocionan. Marillion llegó para ocupar el lugar que los dinosaurios de la década anterior habían dejado vacante, adecuándose con éxito a la era de MTV con este disco lleno de letras que hablan de infancias perdidas y relaciones que terminan.

ABWH – Yes (1989): Técnicamente no es un disco de Yes, solo porque no está el bajista Chris Squire, pero es sabido que Jon Anderson, Bill Bruford, Rick Wakeman y Steve Howe son el dream team que llevó al grupo a ser uno de los más importantes dentro del estilo. Como Génesis, ellos supieron adaptarse con éxito a la era del videoclip, pero esa metamorfosis afectó la relación entre sus miembros. Este álbum fue una especie de terapia en el que sanaban viejas heridas y volvían a la complejidad de sus primeros discos, como Fragile. Bellas canciones que retratan el estado del género en la época, muchas veces teñido con un tono New Age muy de moda en ese entonces.

In Absentia – Porcupine Tree (2002): ¿Hay lugar para el rock progresivo en el siglo XXI? Aunque sus artistas no suenen en la radio varias bandas siguen siendo muy prestigiosas y convocantes, siendo estos británicos los más representativos. Un grupo que nació como un chiste, apenas una serie de demos grabados por su líder Steven Wilson, pero terminó siendo uno de los artistas más estimulantes de las últimas décadas. Este disco es una gran puerta de entrada para luego recorrer el camino hacia atrás, hasta llegar a los grandes clásicos de los 70’. Un viaje que Wilson amaría, pues él mismo se encargó de remasterizar y difundir a los maestros que lo influyeron.

La lista de imprescindibles es mucho más larga e incluye nombres como Jethro Tull, Emerson Like and Palmer, Aphrodite’s Child, Kansas, IQ, Anathema y muchas más, sin olvidar a bandas que sin ser exclusivamente progresivas juegan con muchos elementos de este estilo, como Radiohead. Canciones elásticas y cambiantes que no se pueden bailar, pero invitan a ampliar horizontes y estimular la fantasía. En definitiva, verdadera música para volar.

 

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