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Los sonidos del silencio

En uno de los rincones más extraños de internet hay una tribu que disfruta de las cosquillas relajantes que despiertan susurros, soplidos, roces y tintineos. Un recorrido por el insólito mundo del ASMR.

A mediados del siglo XIX existió una escuela filosófica llamada trascendentalismo surgida como respuesta al crecimiento constante de las ciudades y la aceleración que esto representaba para la vida de los seres humano. Con representantes ilustres como Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau y Walt Whitman, estos autores proponían un retorno a la naturaleza, dejándose envolver por sus ruidos y experiencias. En el poema Sounds of Winter Whitman incluso concluye que esos suaves sonidos campestres ayudan a mantener el ritmo justo para vivir. Por suerte ninguna de estas personas llegó a ver como la Humanidad al final aceptó masivamente las tribulaciones de la vida urbana, lejos del soplido del viento y el canto de los pájaros que a ellos tanto los relajaban. Sin embargo, aún en estos tiempos febriles, hay personas que buscan la forma de encontrar tranquilidad en el disfrute de ciertos sonidos sutiles.

La popularidad de los videos de ASMR, siglas de Autonomous Sensory Meridian Response, es uno de los fenómenos más curiosos de internet. En ellos no pasan muchas cosas, apenas hay una persona susurrando, acariciando objetos, jugando con cristales y golpeando campanitas frente a un micrófono gigante, pero sus millones de visitas reflejan la necesidad que tiene mucha gente de experimentar ese cosquilleo relajante difícil de explicar que producen ciertos sonidos. En cierta manera esta tendencia es el equivalente a la música New Age que escuchaban los boomers estresados de las décadas del 80’ y 90’, pero sin la parte pretenciosa. En tiempos caóticos e intensos, la búsqueda de un remanso virtual donde darse un chapuzón es imperiosa.

La Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma que designa la sigla se refiere a ese hormigueo, similar a una ligera corriente estática, que nace en el cuero cabelludo y recorre la parte posterior del cuello cuando sentimos ciertos estímulos. Estos pueden táctiles, como un soplido o una caricia leve, pero también sonoros. Hasta la aparición de estos videos quienes deseaban relajarse vía YouTube recurrían a imágenes y sonidos de la naturaleza, estímulos con los que los autores trascendentalistas estarían muy de acuerdo. Pero ahora asistimos a una nueva era de relajación manufacturada, en la que cientos de creadores ponen una dedicación minuciosa en el arte de provocar cosquilleos y piel de gallina en gente ávida de pequeños placeres. Son sensaciones tan viejas como la Humanidad misma, pero a las que solo los poetas les habían prestado atención.

Los curiosos pueden acceder con facilidad a este fenómeno colocando ASMR en el buscador de YouTube para encontrarse con palabras como soft speaking, tingles, scalp massage, mouth sounds, tapping, for sleep, no talking y brushes describiendo el contenido de videos con millones de vistas. En su mayoría protagonizados por mujeres jóvenes, contienen desde puestas en escenas simples, en las que solo se van presentando los sonidos relajantes, hasta producciones elaboradas con estéticas naturales, góticas y hasta recreaciones de escenarios de Harry Potter. Pero sin lugar a dudas los posteos más populares son aquellos que, bajo el nombre de roleplay, teatralizan alguna forma de cuidado personal: una visita al médico, un masaje de cabeza o los murmullos de una pareja. La gente necesita sentirse atendida y el ciberespacio ofrece una solución. Además, existen numerosos canales en español, con youtubers como Murmullo Latino, Hermetic Kitten y Susurros del Sur abasteciendo a los hispanos ávidos de sonidos calmantes.

No hay acuerdo sobre quien hizo el primer video de este tipo, pero algunos terapeutas que buscaban acompañamiento sonoro para sus sesiones de masaje o relajación habían publicado sus propias colecciones de murmullos y tintineos durante los años 2008 y 2009. El término concreto ASMR apareció por primera vez hace una década, cuando la usuaria de Facebook Jeniffer Allen creó un grupo específico para compartir experiencias e investigar más sobre este fenómeno. Porque, curiosamente, ninguna rama de la ciencia se había interesado profundamente en esta extraña sensación. Pero eso cambió radicalmente.

El clínico neuronal Steven Novello de la Universidad de Yale sostuvo hace unos años que los hormigueos que provoca el ASMR son muy parecidos a un pequeño ataque que el cuerpo interpreta como placentero. Pero esta respuesta no es universal, ya que cada persona tiene su propia estructura bioquímica en el cerebro. Por eso es que mientras un 40% de la gente se ve afectada de forma moderada por estos sonidos, un 20% lo experimenta de manera intensa, mientras que el resto casi siente reacción alguna. Otros especialistas relacionan el fenómeno con la sinestesia, que es la inclinación que tienen ciertos sujetos a experimentar involuntariamente diferentes sensaciones ante algunos estímulos, aunque estas no sean las esperadas (como escuchar algo ante un color o sentir algo táctil ante un sonido). Obviando las explicaciones neuronales y químicas, la verdadera recompensa que trae este sentimiento viene luego de las cosquillas, cuando una oleada de calma se extiende por el cuerpo. Esto es lo que explica el creciente éxito de este tipo de videos.

Más allá de las explicaciones científicas, todo indica que el ASMR llegó para quedarse, con respetados cultores que son considerados artistas y fans que los siguen como si se tratara de estrellas pop. Ubicándose lejos del Cum On Feel The Noise de Quiet Riot y bien cerca de del Enjoy the Silence de Depeche Mode, esta tendencia evidencia algo que todos secretamente sabemos: en un mundo que se desploma la sola ilusión de tranquilidad u cuidado es bienvenida, aunque venga desde la pantalla de una computadora.

 

 

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