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Máquinas de soñar

Pocos materiales más inspiradores para la ficción que los sueños, un mundo tan fascinante como difícil de controlar. El cine aprovechó esa anarquía muchas veces.

En su ensayo «Tener o Ser»  Erich Fromm afirma “Sin un mapa del mundo natural y social los seres humanos se sentirían confusos, y no podrían actuar con finalidad y coherencia porque no podrían orientarse, ni encontrar un punto fijo que les permitiera organizar las impresiones que experimenta todo individuo. El mundo tiene sentido para nosotros, y nos sentimos seguros con nuestras ideas, por el consenso de los que nos rodean. Aún si el mapa está mal hecho cumple su función psicológica”.  Partiendo de esta frase se puede afirmar que este entorno de cuarentena le borró ese mapa a toda la Humanidad.

Sin el tejido cotidiano que nos hace sentir seguros, el inconsciente parece hallarse a la deriva. La prueba más evidente de esto son los sueños copiosos y extravagantes que estamos experimentando.  Con la gente compartiendo en reuniones de Zoom, Meeting o redes sociales lo vívidas que son las historias que los asaltan mientras duermen, los psicólogos explican que con esas ensoñaciones nuestro cerebro busca compensar toda la experiencia real que ahora nos falta, sometidos a este extenso encierro sanitario. Curiosamente la otra actividad que más apasiona a la población durante la cuarentena también es otra forma de huir de la realidad: el consumo infinito de películas y series.

Las comparaciones entre el cine y los sueños son muchas, desde la obvia descripción de Hollywood como “la fábrica de sueños” hasta ensayos influyentes de pensadores como Walter Benjamin que profundizaron la idea. Es que el cine puso a los seres humanos en una situación novedosa y aterradora: todo aquello que siempre habitó en su imaginación por primera vez se podía representar de una manera completa, sin los límites formales de la literatura, la pintura o el teatro. Esto generó esas inevitables analogías entre lo onírico y la creación de películas. Aquí recomendamos algunos filmes que se adentran en ese extraño mundo en el que nos sumergimos mientras dormimos.

Vértigo (1957): A Alfred Hitchcock siempre le interesaron los sueños, por lo que no es casual que incluyera secuencias rescatando su atmósfera en clásicos como Rebecca y Spellbound.  Pero sin dudas es el sueño de Vértigo el que se ha vuelto icónico gracias a su uso de la animación e imaginería psicodélica, 10 años antes que la psicodelia fuera popular. Más allá de esta secuencia en particular, gran parte del film (que narra la historia de un investigador privado con temor a las alturas que se obsesiona con una mujer muerta) tiene una atmósfera deliberadamente onírica y etérea.  Una obra maestra extraña filmada en espectacular tecnicolor.

Pesadilla en lo profundo de la noche (1984): Varios adolescentes del pueblo de Springwood están sufriendo extrañas pesadillas: un personaje de facciones desfiguradas los acosa dentro de sus sueños. Las cosas se ponen oscuras cuando Tina muere durante uno de esos trances, preocupando a sus amigos Nancy y Glen. Pronto descubrirán que el siniestro ser no es una simple presencia sobrenatural, si no que representa una venganza contra un hecho perpetrado por sus padres en el pasado. De pronto dormirse será lo peor que pueda ocurrirle a los personajes, mientras los límites entre realidad y fantasía empiezan a desdibujarse. A Nightmare On Elm Street es un film único dentro del terror por quebrar todos los clichés de su época con gran creatividad narrativa y estética, además de presentarnos a la primera estrella pop contemporánea del género: Freddy Krueger. A modo de atracción extra, incluye el debut cinematográfico de Johnny Depp, protagonista de una escena antológica que nos advierte sobre los peligros de ver televisión en la cama. Imperdible.

Sueños (1990): Hacia el final de su carrera, debido a sus dificultades para conseguir financiamiento en Japón, Akira Kurosawa tuvo que recurrir a coproducciones internacionales para poder realizar sus ambiciosas películas. Así fue como Steven Spielberg ejerció de productor ejecutivo en este film en el que el maestro oriental puso en escena ocho historias basadas en sueños recurrentes que tenía. Estos comienzan como fragmentos culturalmente localistas e infantiles para abordar problemas más universales al narrar la madurez. Con potentes momentos memorables, como Martin Scorsese interpretando a Vincent Van Gogh dentro de una pintura o un premonitorio retrato de una hecatombe nuclear, es considerada por muchos como el legado final de este gran director.

Waking Life (2001): A lo largo de tres décadas Richard Linklater construyó una de las carreras más personales del cine estadounidense, destacándose tanto en películas pequeñas como Boyhood o la trilogía Before (con la dupla Ethan Hawke y Julie Delpy) como en taquilleras producciones de Hollywood como School of Rock. Este film de principios de milenio es su apuesta más arriesgada, un collage filosófico que une diálogos profundos con una pirotecnia visual extraordinaria. Esto fue resultado del uso de la técnica rotoscópica, gracias a la cual las imágenes filmadas por Linklater fueron intervenidas por varios ilustradores y animadores para crear una lograda atmósfera onírica. De a ratos apabullante, pero siempre fascinante, vale la pena acompañar al anónimo soñador protagonista en su periplo.

 

La science das reves (2007): Esta realización francesa estrenada localmente con el nombre de La ciencia de los sueños plantea un inteligente problema ¿Qué tan difícil es llevar adelante una relación cuando no se distingue bien entre sueño y realidad? El joven Stephan puede explicar la situación, pues desde niño su vida onírica es tan intensa que interfiere con sus habilidades sociales. Extranjero en una Francia cuyo idioma no domina demasiado, vive atrapado en un trabajo que no le ofrece muchos estímulos. Una madre intrusiva y un compañero laboral obsesionado con el sexo no lo ayudan demasiado. Será su misteriosa vecina Stephanie (no es casual ese nombre casi gemelo) quien hará un esfuerzo por acoplarse al mundo del soñador, detonando una catarata de coloridas imágenes. Dirigida por el creativo Michel Gondry, presenta al mexicano Gael García Bernal y a la francesa Charlotte Gainsbourg como la insólita pareja central.

Surviving Life (2010): Nacido en 1934, Jan Svankmajer pasó por varias experiencias teatrales antes de unirse al Grupo Surrealista Checoslovaco y formar parte del movimiento cinematográfico de vanguardia que revolucionó el país durante los 60’. La omnipresente censura comunista no evitó se transformara en uno de los cineastas más respetados del mundo, con colegas como Terry Gilliam y Tim Burton expresando su admiración. Su particular estilo, que mezcla stop-motion, pixilación, marionetas y actores reales, llega a máxima expresión en Surviving Life. Como en casi todas las recomendaciones de esta lista, aquí los protagonistas también descubren que sus experiencias oníricas son más intensas que la realidad. Pero en el medio hay un matrimonio en crisis, ranas y gallinas invadiendo la ciudad, vouyerismo y una sesión de psicoanálisis en la que Sigmund Freud y Carl Jung discuten desde los cuadros del consultorio, contribuyendo al caos general. Una imaginería exuberante que divierte e incómoda por partes iguales.

Al presentar su película Svankmajer dijo “Por desgracia, nuestra civilización no tiene tiempo para los sueños. No hay dinero en ellos”. Los hechos parecen darle la razón al cineasta, ya que ahora, con los engranajes generadores de ganancias momentáneamente congelados, los sueños florecen durante nuestro descanso en una inesperada primavera. Cuando el vértigo de la rutina se detiene la cabeza viene a recordarnos que, ante todo, somos máquinas de soñar.

 

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