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Melancolía Cadillac

Los Fabulosos cumplen 30 años y lo celebran con la salida de un nuevo disco: "La salvación de Solo y Juan".

Nunca se van del todo. Siempre están cerca, dando vueltas por el continente, haciendo recitales en México, Centro América o en todo lugar donde fueran solicitados. Pero en su país de origen los Fabulosos Cadillacs tenían una deuda y era la de retornar con un disco completamente nuevo, que no fuera una colección de viejos temas remozados. Con «La salvación de Solo y Juan» la banda viene a saldar esa deuda.

El grupo está cumpliendo 30 años y lo festeja con 14 canciones nuevas que amplían su abanico sonoro, el que desde siempre ha sido variado. Hilando todo hay una historia, la de los hermanos del título – Solo y Juan Clementi – que deben abrirse paso en un mundo que los llevará por caminos bien distintos. Se trata de un disco conceptual, «ópera rock» diría la gente más grande, ambicioso y melancólico. El sonido de una sirena en la playa que abre el trabajo deja claro la imaginería costera que la banda propone, una idea desarrollada por Vicentico y Sr. Flavio con la ayuda del poeta mexicano Adolfo Vergara Trujillo, quien los ayudó a para pulir el melodrama.

Luego de esta obertura viene «No era para vos», una hermosa canción pop que empieza tranquila y luego explota en grandes coros que recuerdan a The Who. La atmósfera folk continúa en «Navidad» y su colchón de guitarras acústicas. Es entonces cuando en «Juan» aparecen los vientos, que en este trabajo tienen una participación acotada. Hacen su aparición varias de las canciones más rítmicas del disco. «El Rey del Swing» invita al baile mientras el cantante grita «dame tu alma», pero es «La tomenta» el tema más ‘cádillac’ del disco, lleno de bronces y con un atronador bajo funk que recuerda a «El genio del dub». Precisamente Cianciarulo le pone voz a una visión oscura de la escuela en «El profesor Galíndez», mientras que el corte «Averno, el fantasma» es un danzón contagioso, 100 % latino.

Sin embargo el álbum no renuncia al intimismo con canciones como «Mamá» (prestar atención a sus guitarras distorsionadas) y al spinettiano «El impacto». También se destaca el pegajoso «Canción de Solo para Juan», en el que se acercan al sonido pop-rock de bandas como Estelares y Massacre, con unos buenos sintetizadores al final. Todo cierra de manera energética con el tempo soulero de «La música salvara al mundo», un tema pensado para ser himno desde su título.

En la conferencia de prensa de presentación de «La salvación de Solo y Juan» los músicos sostuvieron que el disco es un viejo proyecto que fue creciendo a lo largo de los años con mensajes, mails y pequeñas grabaciones hechas por separado. Ahora el proyecto finalmente fue ensamblado con la ayuda de los históricos Fernando Ricciardi (batería), Sergio Rotman (saxo), Daniel Lozano (trompeta) y Mario Siperman(teclados). Pero la gran novedad de esta etapa es la incorporación de Florián Fernández Capello en guitarra y Astor Cianciarulo en batería, los hijos de Vicentico y Flavio respectivamente, quienes ya habían tocado varias veces durante las giras. Su adición le suma energía y un sonido más contemporáneo a la banda.

Este álbum está destinado a despertar polémicas, ya que decepcionará a los fans de la vieja guardia. Con una total ausencia de ska y reggae, se trata de una apuesta distinta más cercana al rock alternativo que al sonido festivo de Madness o Mano Negra. Pero más allá de las opiniones hace falta mucha necedad para no reconocer la audacia de un grupo clásico que sigue explorando caminos desconocidos. Estos señores ya no recorren bares y fondas, habrá que acostumbrarse.

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