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Mucho más que britpop

Blur retornó a nuestro país y se despachó con un gran show en el Quilmes Rock.

Alivio es la palabra que mejor resume el sentimiento de este primer sábado de noviembre. Poco importa si se llamaba Berta o se trataba de un fenómeno sin nombre, pero la tormenta apocalíptica que se había anunciado para el fin de semana finalmente no se produjo. La lluvia que el día viernes obligó a reprogramar la primera fecha del Quilmes Rock – encabezada por Ciro y los Persas– para el día lunes se había retirado, dejando todo listo para el número más esperado del festival: el retorno de Blur a Argentina.

«Esta es la famosa impuntualidad inglesa» ironizó uno de los concurrentes, ya que la banda de Colchester empezó su show unos 20 minutos después de las 21 hs; horario en el que estaban originalmente programados. Pero cuando Damon Albarn subió al escenario preguntando «¿Están listos?» y sonaron los primeros acordes de «Girls and Boys» toda la impaciencia quedó atrás. Uno no puede imaginar un comienzo más explosivo para un recital que ese himno sobre el vértigo de las relaciones contemporáneas. Las 30.000 personas presentes saltando al unísono corroboraron esa idea.

Inmediatamente sonaron «Popscene» y «There´s no other way«, canciones que ya tienen más de 20 años y pertenecen a la etapa en la que el grupo aún mostraba influencias de los movimientos madchester y shoegazer en los que inicialmente fueron encasillados. Aquí el guitarrista Graham Coxon demostró por qué es admirado por gente como Noel Gallagher y Johnny Greenwood. Con una pedalera de efectos capaz de intimidar a cualquier aficionado que esté pensando en comprar su primer equipo, el músico de aspecto nerd (aunque no lució sus características gafas) disparó todo tipo de ruidos extravagantes, loops e infinitas distorsiones, dándole a Blur un sonido mucho más experimental que el que tiene en estudio. Además Coxon se ganó un merecido «Olé olé olé, Graham, Graham» cuando se hizo cargo de la voz en el hit «Coffe & TV«.

Varios músicos invitados se fueron sumando al escenario para algunas canciones. Cuatro coristas le agregaron sabor góspel a «Bettlebum» y «Tender«, entre otros, además de sumarse a un breve pero emotivo homenaje al recientemente desaparecido Lou Reed interpretando el estribillo de «Satelite of Love«. Una sección de vientos aunmentó algunas de las canciones más emblemáticas de la banda, como «To the End«, «End of the Century» y el himno «The Universal«. Canciones barrocas y orquestales, típicamente inglesas, que marcaron el punto más alto de ese movimiento que conocimos con el nombre de britpop. Pero quizás el invitando más sorpresivo fue Phil Daniels, quien monologó con su acento cockney en «Parklife» tal como lo hizo en la versión original. Daniels es un gran actor de extense carrera (protagonista de «Quadrophenia», el filme basado en el álbum de The Who) y corrió junto al líder durante la totalidad de esta sátira hecha canción. A los demás músicos originales de Blur – el bajista Alex James y el baterista Dave Rowntree – se los vio sólidos y relajados.

Pero aunque suene a lugar común es Albarn quien comanda el show en todo momento con una entrega inusual. Ver a uno de los músicos más inquietos de lo que va del siglo (ya sea con Gorillaz, con The Good, the Bad and the Queen, componiendo bandas sonoras o grabando con músicos africanos) arengando desde a un megáfono, tirándole agua a quienes estaban contra las vallas, corriendo por todo el escenario y bajando para mezclarse con el público es una ráfaga fresca en estos tiempos en los que la espontaneidad parece desaparecer de la industria musical. El cantante además se hizo cargo de la guitarra rítmica en varias canciones y del piano en el temazo «Under the Westway«; única canción nueva de la noche que parece abrir las puertas para más novedades en un futuro próximo. Y dejó todo, sonriendo y mostrando su diente de oro, en el inevitable final poguero con «Song 2»

Es cierto que el recital duró una hora y media exactas, faltando algunas canciones notables como «Charmless» y «No Distance Left to Run«. También es verdad que el escenario era austero, apenas una gigantografía de una autopista azulada en el fondo; pero nadie puede negar que lo que se vio el sábado a la noche fue a un grupo ecléctico y creativo. Hoy Blur es una banda más grande que cuando actuó por primera vez en el Luna Park en 1999. Por esto es que en el público convivían treintañeros que conocieron su apogeo durante los 90′ junto a concurrentes que apenas superaban la adolescencia y que descubrieron al cuarteto británico en los últimos años.

Antes había pasado Café Tacuba con su show contagioso y siempre estimulante. El nuevo predio Ciudad del Rock parece adecuado para esta clase de espectáculos masivos y, a pesar de que esto dificulta un poco su accesibilidad, el hecho de que se encuentra alejado de las zonas céntricas es una ventaja. Habrá que ver si se mejoran algunos aspectos, como una mayor cantidad de puntos de acceso al estacionamiento, para saber si se transforma en un sitio ideal para la realización de espectáculos al aire libre en Buenos Aires. Por lo pronto allí uno de los grupos más trascendentes del rock mundial brindó un muy buen recital. No es arriesgado decir que incluso sus otrora enemigos de Oasis lo habrían disfrutado.

 Por Luis Alberto Pescara

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