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Nueve décadas de Mr. Eastwood

Actor, director, productor, figura política e ícono de la masculinidad, Clint Eastwood cumplió 90 años en plena actividad y vigencia. Repasamos la vida, obra e ideas de un inoxidable.

En la última entrega de los Oscars un veterano de la industria se fue con las manos vacías. El caso Richard Jewell, último filme de Clint Eastwood, perdió en la categoría de mejor actriz de reparto, su única nominación, algo inusual en la carrera del realizador. Es que la película, que narra la historia real de un guardia de seguridad falsamente acusado por la ley y los medios de organizar un atentado terrorista, despertó una notable polémica en la opinión pública estadounidense. Pero esto no es ninguna sorpresa, ya que dentro del clima nacionalista impuesto por la presidencia de Donald Trump no hay mucho lugar para una película que muestra las miserias del American Dream.  

Si nos aferramos a la idea de que el cine es una forma alternativa de turismo, pues viendo las películas de un país en particular podemos aprender mucho sobre su cultura y sus habitantes, es adecuado decir que nadie representa la idiosincrasia estadounidense mejor que Eastwood. Detrás de su sólido clasicismo narrativo y admirable capacidad de trabajo (desde hace décadas estrena una película por año) es posible rastrear todas las glorias y miserias del país del norte.

Incluso su historia personal responde al ideal americano del self made man: el hombre que se hizo a sí mismo. Nacido en San Francisco el 31 de mayo de 1930 en una familia de obreros, su testarudez lo hizo transformar sus limitaciones en virtudes, forjando un modelo a seguir para cualquiera que quiera interpretar a un duro en la pantalla grande. Por eso, aunque en los últimos años diversificó su registro con dramas más complejos y realistas, no es casual que su figura siga fuertemente ligada al western, el género culturalmente más representativo de su país.

Siendo un veinteañero Clint estuvo 5 años concurriendo a castings en distintas productoras de Los Ángeles, con los que solo logró algunos papeles secundarios en un par de películas. Justo cuando su realidad económica parecía tocar fondo se puso las vestimentas vaqueras por primera vez en 1958 al ganar un papel fijo en la serie Rawhide. Era el trabajo estable que necesitaba. Durante casi ocho temporadas el programa fue un éxito, dándole al joven actor su primer racha de popularidad. Pero durante la última época del show, cuando el actor ya estaba harto de interpretar a un cowboy pulcro y bonachón, llegó la oportunidad definitiva que cambió su vida: una oferta exótica para trabajar en un western italiano que se filmaría en Andalucía, España, bajo la dirección de Sergio Leone.

Son varios los motivos por los que Por un puñado de dólares (1964) marcó un antes y después en la carrera del futuro realizador. Por un allí aprendió los trucos de la dirección de la mano de Leone, un maestro en el arte de combinar lirismo y violencia con un estilo visual único. Pero además aquí nació el personaje que lo distinguiría para siempre cinematográficamente: un tipo solitario y hosco, de mirada penetrante, de pasado incierto e ideales no siempre ejemplares. Como él mismo Eastwood explicó años más tarde: “Decidí que era el momento de ser un anti-héroe”.

Al éxito de esta película le siguieron otros dos espagueti-westerns bajo la batuta de Leone: Por unos dólares más y El bueno, el malo y el feo. Aunque esta trilogía no fue bien recibida por los críticos norteamericanos, descontentos porque los europeos manipulaban un género que consideran propio, estableció a su protagonista como estrella internacional. Se puede decir que en todas las futuras incursiones en el far west que dirigió más adelante, como High Plains Drifter (1973) y El jinete pálido (1985), es posible encontrar ecos de su personaje taciturno de los films italianos, aunque con mayor melancolía. El mismísimo John Wayne, icono de las películas de cowboys clásicas, se enojó con Clint diciendo que en sus películas “la gente del pueblo no reflejaba el verdadero espíritu de nuestros pioneros, el que hizo grande a nuestro país”. Pero el mundo estaba cambiando y el cine lo reflejaba.

El primer esfuerzo de Eastwood como director fue Play Misty for me (1971), un excelente filme de suspenso en el que un dandy maduro es acosado por una mujer a la que rechazó. El mismo año llegó su actuación en Dirty Harry, en donde interpretó a Harry Callahan bajo las órdenes de Don Siegel. Este policía violento recibió duras críticas por hacer justicia a su manera, en una época en la que la violencia urbana era un tema de gran preocupación para los medios mientras se vivían profundos cambios sociales. Esto no evitó que Harry el Sucio reapareciera en cinco películas más. De a poco el actor se transformó en una estrella rentable, con una larga serie de éxitos de acción y suspenso como Escape de Alcatraz y En la línea de fuego, aunque también hubo comedias como Every Wich Way but Loose.

Su posición cada vez más fuerte en Hollywood le permitió ganar independencia como realizador hasta lograr una madurez ejemplar. Esta evolución tuvo su punto cumbre en Los imperdonables de 1992, una obra maestra que reflexiona sobre la inutilidad de la violencia y la verdadera naturaleza de los viejos mitos del Oeste. El filme está dedicado a Leone y a Siegel, los directores que más influyeron a Eastwood. El humanismo de esta fábula puede leerse también como la opinión definitiva del realizador sobre el sinsentido de la venganza, contradiciendo así las acusaciones de conservadurismo que siempre recibió. Esa visión no estereotipada del Bien y el Mal también se refleja en  películas complejas como Un mundo perfecto y Río Místico. Además en su larga carrera hay films tan personales como Bird, sobre la agitada vida del saxofonista Charlie Parker, y Los puentes de Madison, un clásico del romanticismo cinematográfico que demuestra que los duros también tienen un costado tierno. Todas son pruebas de una personalidad ideológicamente más compleja de lo que muchos piensan.

Sus opiniones políticas muestran cierta paranoia frente al mundo, pero a la vez exhiben un compromiso moral por buscar el bien común; una contradicción típicamente estadounidense. A pesar de haber apoyado a presidentes republicanos como Richard Nixon y Ronald Reagan, Clint criticó la intervención armada de EE.UU. en otros territorios y apoyó públicamente al movimiento feminista y al matrimonio igualitario. En sus filmes realizados en el siglo XXI dejó en claro su deseo de entender al otro, al extraño. Por un lado esto se nota en la elección de historias decididamente feministas, como Million Dollar Baby o Changeling. Pero también están las películas que buscan acercarse a visiones extranjeras, como Cartas desde Iwo Jima (retrato de la Segunda Guerra Mundial desde el lado japonés), Gran Torino, en la que es un viejo gruñón que debe convivir con un grupo de inmigrantes orientales, o The Mule con su mirada sobre el impacto del narcotráfico en la sociedad tanto yankee como latina.

Por todo esto se puede decir que, a pesar de considerarse a sí mismo como un libertario, este hombre de 90 años sostiene varias causas que pueden ser consideradas como progresistas. Esto le hace respetado en muchos sectores más allá del cine propiamente dicho. No es casual que Gorillaz decidiera darse a conocer con una canción llamada Clint Eastwood ¿Cuántas leyendas de la pantalla tienen un éxito pop con su nombre sonando en las radios?

 

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