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Palabra de Indio

Un recorrido por “Recuerdos que mienten un poco”, la esperada autobiografía del Indio Solari.

Durante la última década las publicaciones sobre el rock argentino y sus personajes más célebres se transformaron en un fenómeno editorial.  A los libros centrados en figuras esenciales como Charly García, Gustavo Cerati, Pappo o Sumo se suman los testimonios de aquellos que fueron parte de la historia y quieren contar su versión de los hechos. Zeta Bosio, Fabián Von Quintiero, Andrés Calamaro, Gillespie y Fernando Samalea son algunos de los que decidieron contar sus anécdotas en jugosos libros de reciente publicación. Entonces fue inevitable que un astuto editor le ofreciera a Carlos “Indio” Solari volcar su larga historia en el papel. El resultado final es un contundente volumen de 862 páginas, tan intimidante como adictivo.

En la introducción de Recuerdos que mienten un poco” el ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota aclara que no quiere refutar ni corregir la frondosa bibliografía que ya existe sobre su persona, aunque la pone en duda inmediatamente. El formato elegido no es el de una crónica en primera persona, si no el de una extensa entrevista realizada por el periodista y escritor Marcelo Figueras. Este irá mechando las preguntas con referencias a los acontecimientos históricos y culturales que rodean cada recuerdo, algo vital para poner en contexto las cosas. Todo está marcado por la particular forma de hablar del Indio, esa mezcla de hombre culto con poeta de arrabal  que vive en los márgenes. Además se incluyen dibujos y fotos inéditas del músico.

La evocación cándida de su madre y su padre nacidos en el interior, la mudanza a La Plata, las diferencias con su hermano mayor, la inclinación a ser un mal alumno y el interés temprano por los libros forman parte de lo que Solari recuerda como una infancia feliz. Ya en la adolescencia preferir filmar películas en Super 8 con un amigo antes que ir a la escuela desembocó en el secundario nunca terminado. “La verdad es que nunca laburé, lo que se dice laburar. Siempre inventaba alguna para pagar el alquiler” señala Solari al rememorar sus años como artesano, cuando supo mantenerse solo luego de la mudanza de sus padres. Luego vendrían el hipismo, el acercamiento a las filosofías orientales, la psicodelia, las drogas y el alcohol. Faltaba bastante todavía para la música.

El líder de los Fundamentalistas del aire acondicionado apenas nombra a la Cofradía de la Flor Solar, la comunidad cultural que tenía a Skay Beilinson y la Negra Poly entre sus integrantes. En el libro el mito del origen ricotero es bastante relativizado, partiendo del famoso viaje a Salta de 1978 en el que debutaron oficialmente y tuvieron que apretar al dueño del pub para cobrar. Luego llegaron los carnavalescos show platenses que llamaron la atención de la prensa porteña. “Aquello de los comienzos era una estudiantina feliz, no tenía nada que ver con lo que se armó después. Por eso te digo que esa gente que se quedó en el caldo prebiótico reclama cartel francés respecto de algo que todavía no era nada. Solo empezó a significar al después, cuando ellos ya no formaban parte del proyecto”. Con el tiempo la troupe de gente disfrazada, monologuistas y strippers que rodeaba al grupo desapareció, quedando solo los músicos como representantes de Patricio Rey.

Para quienes llevan décadas interpretando los significados ocultos detrás de las letras de Solari este libro es oro puro. Desde “Gulp” hasta “Momo Sampler”, el calvo cantante recorre cada canción de la banda. De acuerdo a sus declaraciones toda su discografía funciona como un diario paralelo de los sucesos locales de las últimas décadas, siendo menos herméticas de lo que se cree. Pero no duda en aclarar que las personas hacen su propia interpretación de la obra, lo cual es respetable. “Yo tengo la suerte de que el público de los Redondos ha proyectado sobre mí ciertas destrezas y aptitudes. Ha pretendido de mí cosas– con respecto a la honestidad, por ejemplo – que si yo tuviera que reivindicar en un examen probablemente no aprobaría ¿Qué pruebas tiene? Son necesidades de la gente, que precisa de algún muñeco que se calce ese chaleco” señala.

Esta última decisión sufrió un fuerte revés cuando los Redonditos de Ricota ocuparon la primera plana de los diarios luego de la muerte de Walter Bulacio en manos de la policía luego de un recital de la banda en 1991. Entonces se vieron obligados a tomar medidas serias rápidamente, quedando en un lugar polémico que muchos medios juzgaron como tibio, al publicar una carta en una poco conocida revista under sin tomar una participación directa en el caso. Solari explica: “Mucha gente me decía que estábamos haciendo algo disparatado, que íbamos a tener quilombo con la prensa, con la policía. Y si: la verdad siempre genera quilombo”. El otro gran suceso mediático ocurrió seis años después. La suspensión del recital que brindarían en 1997 en Olavarría obligó al grupo a dar su única conferencia de prensa televisada en cadena nacional, algo que aprovecharon los canales de noticias que se apostaban fuera de sus conciertos esperando desmanes. Era el precio a pagar por la fama obtenida de una manera alternativa.

El libro hecha luz sobre una enorme cantidad de anécdotas más o menos falaces que circulan desde hace años entre los fanáticos y el periodismo de rock. La generosidad de la familia Vitale durante las primeras grabaciones,  la propuesta de Charly García para producirles un disco, la amistad con Luca Prodan, el distanciamiento con Enrique Syms, el acercamiento a la música electrónica y el impacto de la llegada de su hijo Bruno. Todo con la búsqueda de la independencia como bandera, una resistencia a aceptar el juego propuesto por la industria y los medios masivos que lo acompaña hasta hoy. Como consecuencia de ello no duda en señalar una conspiración político-judicial detrás del caótico recital que realizó, ya como solista, en el año 2017 en Olavarría.

Por supuesto que muchos buscarán automáticamente aquellas páginas en las que el Indio cuenta su versión de cómo fue su distanciamiento definitivo de Skay y la negra Poli, el cual puso punto final a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El corte parece excesivo, teniendo en cuenta que lo que detonó la separación se relaciona con el manejo desprolijo de unos videos con un recital de la banda que custodiaban el guitarrista y su esposa. Nada que no tuviera solución. Pero mejor quedarse con las palabras cariñosas de Solari cuando dice: “Últimamente anduve curioseando viejos shows y me sorprendí. Lo tenía medio olvidado, pero los Redondos éramos una gran banda. Rendíamos en vivo, aun siendo medio maletas con los instrumentos. Había una energía desde lo artístico, una necesidad de comunicar algo”.  Una sentencia que puede servir de faro a cualquiera que desee dedicarse a la siempre romántica idea de tener una banda de rock.

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